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+ Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. (Apocalipsis 2:4) Por: Chano

Pero ¿cómo se manifiesta este abandono del primer amor?:

 Antes el Señor y su amor era lo primero y sobre todo (Mt.22:37; Lc.14:26). Con todo el corazón, mente y fuerzas en ese afán. Encontraba mi deleite en Él. Ahora el mundo y sus placeres ahogan y ocupan su lugar.
 Antes mi alma anhelaba la comunión íntima con el Señor a través de la oración o la lectura de su Palabra (Sal.84:2). Esta era un alimento gustoso e indispensable a diario, ahora no es imprescindible una comunión íntima con Él, leer su Palabra se ha vuelto casi una obligación y a veces una carga, la oración ha pasado a ser una costumbre rutinaria. Ahora me aburro en los mensajes y el tedio se apodera de mí en las reuniones de alabanza.
 Antes a menudo ardía mi corazón, mis ojos eran abiertos a su Palabra. Reconocía sus manos partiendo el pan, ahora lo siento y lo veo en ocasiones.
 Antes pensaba siempre en el Señor, incluso en mis momentos de ocio, ahora no se dirigen Señor (Sal.10:4) y lo excuso en mi débil naturaleza.
 Antes luchaba contra el pecado; ahora sencillamente me dejo llevar (Mt.24:12) y lo veo como normal perdiendo sensibilidad espiritual.
 Antes asistía a las reuniones en la iglesia; ahora hay excusas. Ahora espero reuniones y actividades extraordinarias que atraigan mi interés. He olvidado que el solo hecho de estar con mis hermanos y la promesa de la presencia del Señor bastaba para enardecer mi espíritu. Ahora ni la iglesia es indispensable.
 Antes testificaba a otros sin temor y espontáneamente, ahora me avergüenzo y me da pereza (Mr.16:15). Se ha convertido en una carga difícil de llevar.
 Antes deseaba servir al Señor como fuese, ahora me planteo si tengo dones.
 Antes tenía propósitos y metas divinas; ahora mis prioridades han cambiado.
 Antes tenía claro que mis posesiones eran del Señor, ahora me cuesta dar para Dios con alegría (1ª Jn.3:17).
 Antes trataba a mis hermanos y a mi prójimo como trataría al Señor (Mt.22:37-40, 25:40), con amor fraternal, ahora me invaden otros sentimientos.
 Antes cuando ofendía buscaba el perdón (Ro.14:15), ahora he perdido la capacidad de perdonar.
 Antes me deleitaba en su Ley, ahora veo los mandamientos del Señor como “legalismo”, o como restricciones para mi libertad y felicidad (Jn.14:21).
 Antes buscaba siempre la aprobación del Señor en mis actos (Jn.15:29; 1ª Jn.2:15), ahora me preocupo más por “quedar bien” con la gente.
 Antes huía de la rutina buscando cada día sus nuevas misericordias, ahora busco la rutina y el piloto automático en mi vida. ¡Que no la complique nada!
 Antes era espontáneo y libre en mi relación con Cristo, ahora los conceptos y doctrinas suplantan a Cristo mismo.
 Antes exhibía fervor y entusiasmo; ahora muestro desánimo y apatía.
 Antes predicaba a Cristo con un mensaje simple y claro, ahora busco cosas originales que llamen la atención de la audiencia y satisfagan el intelecto.
 Antes todo era seguridad; ahora surgen dudas en todo.
 Ahora la obra de Dios es más importante que el Dios de la obra y la iglesia de Cristo más importante que el Cristo de la Iglesia.

Si no me reconozco en estos puntos todavía hay otros síntomas:

 Cuando dejamos nuestro primer amor: la sed viene a nuestra vida (Sal.42:1-2). Nuestra alma está diseñada por el Señor para beber del agua de vida que es Cristo todos los días, pues nada puede satisfacer la sed espiritual sino es la presencia de nuestro señor Jesucristo. Tratar de saciar esta sed con otras cosas nos alejan de Dios y, además, perdemos fuerzas y poder.
 Confundimos gozo con felicidad y buscamos diversión. En este camino la tristeza y melancolía viene a nuestra vida (Sal.42:3).
 ¿Dónde está mi fe? No puedo ni se enfrentar los problemas de la vida. Siento que las circunstancias me desbordan. Que mi vida espiritual y la de mi familia en lugar de mejorar empeora. Intento resolver los problemas por mí mismo y ya no sé qué es echar mi ansiedad sobre Él.
 Siento que su Gracia no me basta para vivir.

Este problema nos afecta individualmente y se traslada a la Iglesia como conjunto, manifestando los mismos síntomas. ¿Desolador verdad? ¿Cómo afrontarlo?
Te invito a bajarte el pensamiento completo pulsando aquí, y ponerlo por obra para que sea efectivo.