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+ “Los propósitos del año nuevo Por: Andrés Molina”

Los Propósitos de Año Nuevo

Algunas personas tienen la costumbre, de hacer una lista de propósitos para el año que empieza. La idea, es cumplir con esos propósitos a lo largo del año. Yo era una de esas personas. Durante años, cada 1 de enero, me proponía muchas cosas: tomarme en serio el gimnasio, ponerme en forma, aprender un idioma, ahorrar, encontrar pareja, dejar malos hábitos… si hiciera ahora una lista, una recopilación de todos los propósitos de año nuevo de mi vida, sería muy variada. Algunos los llevé a cabo, otros muchos no. Sin embargo, incluso aquellos propósitos cumplidos, que ahora podría subrayar en la lista, no cambiaron mi vida en realidad. Unos centímetros más de bíceps, o unos menos de cintura, más dinero en mi cuenta corriente o un trabajo nuevo, aportaron cierto bienestar a mi vida, autoestima, y la satisfacción de haber conseguido mis objetivos, pese a los muchos otros que quedaron pendientes. Pero cada nuevo año, volvía a redactar nuevos propósitos, con la sensación de seguir necesitando un cambio. Con la necesidad de una vida nueva, que tuviera realmente importancia.

Vivimos en una cultura que nos dice que el éxito se mide por tu dinero, por tu fama y por tu belleza. Esto encierra en si mismo un problema, ya que son cosas transitorias, cosas que no duran siempre. El tiempo hace desaparecer la belleza física en las personas, al menos en el sentido sensual en el que la sociedad entiende la belleza. La gente te olvida, y el dinero se gasta. Y aún en el mejor de los casos, del hombre o mujer con la mayor fortuna…podrían pagarse campañas publicitarias para seguir siendo conocidos por el mundo entero, podrían costearse continuas operaciones de cirugía estética para mantenerse atractivos…y aún así, un día la muerte haría imposible que siguieran conservando todo eso. Aún su dinero, con todas sus posibilidades, sería para otro. ¿El éxito de la vida tiene entonces los días contados? ¿Es cuestión de tiempo que termine?

Lo cierto es que cada 1 de enero, con cada lista de propósitos que yo me hacía a mí mismo, y aún cuando durante el año, conseguía hacer que fueran realidad y dejaran de ser sólo proyectos, en el fondo era consciente de que aquello que iban a aportarme, la plenitud, la autoestima, la autoconfianza…tenían los días contados. Mi vida, y mi destino, no iban a cambiar.

Hace siglos, uno de los hombres más ricos y poderosos de su tiempo, el rey Salomón, se hizo también muchos propósitos para encontrar la plenitud de la vida, y así lo dejó registrado en el libro de Eclesiastés, en la Biblia. Buscó en las riquezas, en el amor, en el placer sexual, en el enriquecimiento intelectual y finalmente dijo, que todo bajo el sol, todo en nuestra realidad, en nuestro mundo, tiene los días contados. Dijo que todo es vanidad: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo”. Aconsejo la lectura de Eclesiastés para este día, porque nos habla de que todos los propósitos que podamos marcarnos para este 2018, que tengan que ver con nuestra “dimensión”, con nuestra realidad terrenal “debajo del sol”, no van a producir en sí mismos un cambio realmente importante en nuestra vida. En el mejor de los casos, algún día cuando muramos, ya no importarán. Tu carrera, tu profesión, tu imagen…no van a durar siempre. Tienen los días contados. La palabra que se traduce al español como “vanidad”, es en realidad “hebel” en hebreo, idioma original en el que fue escrito el libro, y literalmente significa “soplo”, es decir algo que pasa muy rápido, algo transitorio e insatisfactorio. Hoy, mirando atrás veo que exactamente eso eran mis propósitos de cada año nuevo.

Pero no es todo vanidad…no todo es pasajero. Salomón escribió sobre todo lo que hay “debajo” del sol, y tenía razón. Las cosas que duran para siempre, los propósitos que cambian nuestro destino y el de otros, están por encima del sol. Son los propósitos que tienen que ver con lo espiritual, los que tienen que ver con Dios.

De allí, de un lugar más allá del sol, más allá de nuestra “dimensión”, llegó el Hijo de Dios. Y suena increíble, porque estamos tan acostumbrados a nuestra perspectiva, a nuestra realidad, que parece mentira. Pero si realmente estamos interesados en algo que dure siempre, algo que no termine, debemos volver a pensarlo. El Hijo de Dios, vivió una vida perfecta, como hombre, y murió como culpable sin tener culpa, por tus pecados y los míos. Y después de muerto, resucitó, y vivo, volvió a ese lugar que está por encima del sol. Una vez, hace ya años, me puse un nuevo y radicalmente diferente propósito, sin que hiciera falta comenzar un nuevo año. Me propuse creer en Jesús, me propuse descubrir hasta que punto era real, y lo conseguí. Y ahora, sé que hay vida eterna, se que hay cosas que van a durar siempre. No me puedo llevar mi coche nuevo a la eternidad, pero sí a mí familia si ellos también creen en Jesús, y a mis amigos, si ponen su fe en Él. Hay cosas que sí duran siempre.

Hoy empieza otro año nuevo, el 2018. Sigo siendo de esas personas, que cada 1 de enero se hacen una lista de propósitos. Ahora intento que esos objetivos que me marco para el año que entra, sean de los que duran para siempre. Sean de los que realmente tienen importancia.

No sé cuales son tus proyectos para este año, una carrera, una boda, una mudanza…espero que ya seas de los que se han propuesto creer en Jesús, el Hijo de Dios, y lo han cumplido. Pero sean cuales sean los planes para este 2018, haz que merezcan la pena. Que hagas lo que hagas, en el lugar que estés, pueda llegar a tener que ver con Dios, y con las ganancias espirituales que duran siempre. No importa qué dice la sociedad, no midas el éxito por las cosas que duran unos pocos años, si no por las que van a durar eternamente. Proponte que tu vida actual y tus propósitos dejen de tener los días contados, y sean realmente importantes.