Curso biblico avanzando


Curso Bíblico Avanzado





 

Curso Bíblico
Avanzado

Dirección para
correos: lawndalecoc@yahoo.com

Por correo
ordinario: Lawndale Iglesia de Cristo, P. O. Box 230346,
Houston, Texas 77223

 

CURSO BÍBLICO AVANZADO

(en forma sencilla)

 

Si es posible, estudiar el Curso Básico antes de
comenzar este Curso Avanzado. Este estudio no es un estudio
más profundo de las cosas de la Biblia, pero un estudio
para entender la mejor manera de vivir una vida cristiana.

(Esto curso también es bueno para una serie de
clases.)

Lección
1
– ¿Qué significa
ser cristiano?

Lección 2
Adoración: pública y pivada

Lección 3
¿Qué sabe usted acerca de la Biblia?

Lección 4
Las buenas obras

Lección 5
La vida diaria

Lección
6

La naturaleza
divina

Lección 7 – La
iglesia y usted

Lección
8
– Venciendo al
pecado

Lección 9
Estableciendo diferencia entre lo bueno y lo malo

Lección 10
Continuando el crecimiento

Lección
1

¿Qué significa ser
cristiano?

Toda persona experimenta acontecimientos importantes en su
vida. Lo más importante en la vida de todo individuo es
hacerse cristiano, ya que esto le afecta tanto a él, como a
los demás por toda la eternidad. Aquí está lo
que ser cristiano significa.

1. Significa que usted es salvo

Dios ha perdonado todos los pecados de su vida pasada. Esta
idea se encuentra en los siguientes textos: Ezequiel 18.21,22;
Hechos 2.38; Hechos 22.16; Romanos 6.17,18.

Si Dios perdonó sus culpas pasadas, en lo que queda por
adelante lo tratará como si nunca las hubiera cometido
(Hebreos 10.16,17). El es ya un Padre para usted (Romanos 8.16,17;
2 Corintios 6.17,18).

Esta nueva relación con Dios trae consigo innumerables
bendiciones. Goza usted de la compañía de Dios en la
soledad (Hebreos 13.6; 2 Timoteo 4.16,17). Puede usted obtener el
perdón de los pecados mediante la oración (1 Juan
1.9); el seguir adelante con esta relación depende
únicamente de usted (Santiago 4.8).

Si Dios ha perdonado nuestros pecados por medio de Cristo,
siempre tendremos con él la deuda por esta gran merced. Es
muy fácil olvidar los favores que se nos hacen. Los
cristianos a veces olvidan este favor inmerecido (Apocalipsis
2.4). El pueblo de Dios, en los relatos del Antiguo Testamento,
muy a menudo olvidó los favores recibidos de Dios
(Jeremías 2.32). Generalmente, este olvido es el que
conduce a la recaída en el pecado.

2. Significa que usted ya no se pertenece a sí
mismo

Los cristianos pertenecen a Dios, habiendo sido comprados por
los méritos del sacrificio de Cristo (1 Corintios 6.19,20;
2 Corintios 5.14,15; 1 Pedro 1.18,19). Ya no podemos hacer lo que
a nosotros nos parezca.

También quiere decir que nunca dejaremos ya el servicio
de Dios. Estando en nuestros trabajos, en nuestros hogares, en las
diversiones legítimas – siempre pertenecemos a Dios. Su
voluntad es lo primero, todo lo demás ocupa segundo lugar.
Cristo es nuestro ejemplo, cuando oró, según el
texto de Mateo 26.39.

Por lo mismo, la religión no consiste en asistir
ocasionalmente a los servicios religiosos, sino que es hacer la
voluntad de Dios en todo, todos los días (Mateo 6.33;
Romanos 6.12,13,19). Cuando somos diligentes en nuestros
atenciones, servimos a Dios (Romanos 12.11). Cuando una mujer
trabaja con toda fidelidad en su hogar, está sirviendo a
Dios (1 Timoteo 5.14). Siempre que estemos entregados a cualquier
actividad honorable y honesta, estamos sirviendo a Dios.

3. Significa que usted ha entrado a una nueva
vida

No hay nada que exprese más exactamente la idea de la
vida nueva que Romanos 6.4, donde hay una comparación de la
persona que está muriendo y vuelve a vivir.

Este cambio es más grande y más difícil
para algunos que para otros. Depende principalmente en la clase de
la vida pasada que se haya llevado. Para un hombre como Cornelio,
no fue difícil. Leer Hechos 10.1-6. Para algunos de los
cristianos de Corinto, fue muy difícil. Leer 1 Corintios
6.9-11.

Dios hace que esta nueva vida sea posible perdonando las culpas
pasadas, como ya hemos visto. No es muy probable que podemos
terminar con todos nuestros pecados pasados. No solamente
encontraremos difícil romper viejos hábitos malos,
sino que la persecución nos dificultará aún
más la tarea. La persecución puede ser a veces
física; pero hay ocasiones en que el ridículo puede
herir aún más a una persona. Se siente mucho no
pertenecer ya al grupo de nuestros antiguos compañeros.
Leer 1 Pedro 4.3,4; Lucas 6.22,23; Mateo 10.22.

Es tan grande este cambio, que Jesús se refirió a
el como a «nacer de nuevo» (Juan 3.3). Por supuesto Dios
proporciona ayuda a sus hijos, para poder llevar adelante esta
nueva vida. Esta ayuda se describe en los siguientes pasajes: 1
Corintios 10.13; Filipenses 4.13. En una lección más
adelante, estudiaremos más detenidamente algunas de las
ayudas que Dios ha preparado.

4. Significa que usted ha entrado en una vida
feliz

En los tiempos bíblicos, el hacerse cristiano era
ocasión de gran gozo (Hechos 2.41; Hechos 8.39). La
felicidad viene primeramente de estar convencidos de que ya
estamos en paz con Dios.

El hecho de que somos hechos hijos de un rey, y tenemos una
gran herencia, también nos causa alegría (Juan
14.1-4). Romanos 8.17 dice que somos coherederos con Cristo de
toda su gloria. Todos pueden sentir anhelo de llegar a un lugar
tal como el que se describe en Apocalipsis, en donde habrá
solamente felicidad.

Nuestra felicidad proviene también del gozo de la
comunión con los cristianos, de hacer el bien a nuestros
prójimos, de enseñar la palabra de Dios y muchos
otros privilegios. Con razón se nos amonesta a
«regocijarnos siempre en el Señor» (Fil. 4.4).

TESTIMONIO PERSONAL

1. Confía en la promesa de Dios de perdonar sus pecados,
cuando usted obedeció al evangelio?

2. ¿Se siente usted realmente deudor con Dios por esta
bendición?

3. ¿Su idea de una vida cristiana es la de «hacer lo que
le parezca bien»?

4.. ¿El convertirse en cristiano significó un gran
cambio en su vida?

5. ¿Ha encontrado usted que este cambio ha sido muy
difícil?

6. ¿Siente usted que su vida actual de cristiano es
agradable a Dios?

 


Lección
2

Adoración: pública y
privada 

Las nuevas relaciones implican nuevas obligaciones. Si lo duda
usted, pregúntele al padre de un recién nacido. Para
el nuevo cristiano, la adoración es una de estas nuevas
obligaciones.

1. Adoración en público

La Biblia da ejemplos (Hechos 20.7) y mandamientos (Hebreos
10.25) acerca de este particular. Sin embargo, la adoración
en forma correcta no es algo que pueda exigírsele a las
personas, sino que debe nacer en forma espontánea de un
deseo sincero de alabar y agradecer a Dios sus bondades. A este
respecto puede leerse lo que dice el Salmo 100.

 

La pregunta entonces es: ¿Cuán a menudo debo adorar
a Dios? Los cristianos primitivos siempre se reunían a
adorar a Dios el primer día de la semana invariablemente.
En algunas otras ocasiones, se celebraban reuniones en otros
días, tal y como sucede ahora también.

Los cristianos que tienen una ansia de agradar a Dios
desearán asistir a todas las reuniones que se hagan para la
adoración (Mateo 5.6), también los que desean estar
gozosos en la comunión con el Señor Jesucristo
(Mateo 18.20). Son los cristianos «tibios» (Apocalipsis 3.15,16)
los que adoran en forma irregular o muy raras veces. Nunca debemos
estar temerosos de ser exagerados en este respecto (Lucas
17.10).

La experiencia demuestra que el cristiano que asiste a todas
las reuniones de adoración experimenta que éstas le
ayudan a vivir una vida mejor; que también da el buen
ejemplo a otros hermanos y a los que no son cristianos.
Ciertamente, esto es lo que el Señor Jesús
haría. 

La adoración requiere acción.
Estudiaremos a continuación los actos de
adoración ordenados por Dios mismo.

1. Oración. Estudie los siguientes ejemplos de
oración en público:

Hechos 2.42; 4.23-24; 12.12; 1 Cor. 14.15. Este último
texto nos demuestra que hay dos cosas que son necesarias en la
oración: a) que comprendamos lo que se dice y b) que el que
ora sea sincero en lo que dice. Por regla general, en las
oraciones en público, hay una persona que dirige la
oración en voz alta, mientras los demás se unen a la
misma en silencio. Siempre que nos dirijamos a Dios debemos
mostrar toda nuestra reverencia. 

2. Canto. Los mandamientos al respecto pueden
encontrarse en los siguientes pasajes: Colosenses 3.16; Efesios
5.19; Hebreos 13.15. Dios no tiene mucho interés en la voz
o la entonación, sino más bien juzga la actitud del
corazón del que le adora por medio del canto. El desea
comprensión y sinceridad. La música de instrumentos
no es aceptable en la adoración a Dios, y no debe tratar de
usarse para tal fin. Adoramos de acuerdo con los mandamientos
divinos y no debemos hacer nada que no esté comprobado que
tiene autorización divina. Solamente leemos en la Biblia
que se habla del canto y se le autoriza, pero no se dice nada de
los instrumentos musicales.

3. La enseñanza. En Hechos 20.7 vemos que la
enseñanza era parte de la adoración pública
en la iglesia primitiva. En la misma forma en que los niños
desean el alimento, los cristianos desean aprender más y
más (1 Pedro 2.2). A medida que se crece, se verá
que va naciendo el deseo de enseñar a otros (2 Timoteo
2.24; Hebreos 5.12).

4. La cena del Señor. Esta parte de la
adoración se hace en memoria del sacrificio de Cristo. Es
conocida por varios nombres, tales como aparece en Hechos 20.7 y 1
Corintios 10.16. Léase la descripción que da Pablo
en 1 Corintios 11.23-29. Debe ser recibida con toda reverencia, ya
que se toma como ya se dijo, para recordar el sacrificio de Cristo
y su segunda venida. El tomarla, «significa que estamos unidos
unos con otros por medio del cuerpo que Cristo entregó al
ser crucificado» e indica nuestra dependencia de Cristo para
nuestra vida espiritual. La Biblia dice. «Porque si come y bebe
sin fijarse en que se trata del cuerpo del Señor, come y
bebe para su propio castigo». Los que no aprecian el sacrificio
pascual, o no aman a Cristo, dejarán de observar este
ordenanza de la adoración, o la observarán con
negligencia. El tomarla da una magnífica oportunidad para
examinar nuestras vidas de acuerdo con el modelo cristiano.

5. Ofrenda. El corazón del cristianismo se
encuentra precisamente en la gracia de contribuir o dar para la
obra. Dios nos ha dado abundantemente a los cristianos,
¿qué más podemos hacer, qué darle a
Él a nuestra vez? Los cristianos deben dar de sus ingresos
semanarios para la obra del Señor. Léase lo ordenado
en 1 Corintios 16.1,2; aun cuando la Biblia no dice con exactitud
qué cantidad hay que dar. Leer 2 Corintios 8.12; 9.6,7. En
el Antiguo testamento vemos que los judíos daban, a Dios
cuando menos, el 10% de sus ingresos. esto era conocido como el
«diezmo». Es muy lógico pensar que Dios desea que en la
actualidad le demos esta parte, si no es que más, porque
nosotros hemos recibido aún más bendiciones que los
judíos. Es muy importante planear lo que se va a dar, a fin
de que no gastemos en otras cosas. La parte que corresponde a Dios
debe ser la que primero apartemos (Mateo 6.33).

2. Adoración en privado

Sin embargo, nuestra adoración no está limitada a
la que rindamos a Dios en los servicios públicos. Debemos
orar diariamente en privado. Lea Mateo 6.6. El dar gracias por los
alimentos es también parte de la adoración en
privado. Leer 1 Timoteo 4.4,5. Es también algo
magnífico que la familia del cristiano aparte unos minutos
diariamente para orar, leer las escrituras y hasta para entonar
himnos. El culto familiar es de mucha bendición para los
hogares. Si no es posible que el cristiano asista a las reuniones
de adoración el Día del Señor, puede efectuar
su adoración en privado un una forma completa y
satisfactoria. Hay que recordar, sin embargo, que la
adoración en privado nunca puede reemplazar a la
adoración en público (Hebreos 10.25). 

La adoración es una parte tan importante de la vida
cristiana, que el desatenderla es el primer paso para volverse
atrás, al camino malo. Mientras más constante en la
adoración sea el cristiano, mayor gozo irá
obteniendo de ella.

Testimonio personal 

1. ¿Asiste usted a todos los servicios de adoración
que se celebran en el lugar donde usted se encuentra?

2. ¿Le da usted a Dios cuando menos el 10% de sus
ingresos?

3. ¿Está usted convencido de que está dando
la preferencia a sus obligaciones con Dios sobre todos otros
compromisos?

4. ¿Ora usted en secreto alguna vez durante el
día?

5. ¿Sinceramente, desea usted hacer todo lo que debe por
Dios?


Lección
3

¿Qué sabe usted acerca de la
Biblia?

 

¿Es un libro misterioso?

¿Es un libro de fábulas?

¿Es un libro católico?

¿Es un libro protestante?

La mayoría de los cristianos recién convertidos
encuentran dificultad para iniciar el estudio de la Biblia. Este
es un deber importante del cristiano, y es enfatizado por la misma
Biblia. Ver lo que dicen los siguientes pasajes: 1 Pedro 2.2; 2
Pedro 3.18; 2 Timoteo 2.15; Hechos 17.11.

I. ¿Por qué es tan importante el estudio de
la Biblia?

1. La ignorancia lleva al pecado. Debemos depender de Dios para
que nos indique lo que está bien y lo que está mal
en nuestras vidas, porque es muy fácil cometer errores, si
estamos ignorantes de lo que indica la Biblia (Salmos 119.11; 1
Timoteo 1.12,13).

2. Siendo ignorantes, no podemos enseñar. Los cristianos
deben enseñar a otros (Mateo 28.19; Hebreos 5.12; 1 Pedro
3.15).

3. La ignorancia engendra error, en la misma forma en que la
suciedad engendra enfermedades. Los falsos maestros tienen mucho
éxito cuando la gente no ha estudiado (Efesios
4.14,15).

4. La ignorancia priva a la iglesia de dirigentes. Los hombres
y jóvenes cristianos pueden aspirar a ser ancianos y
diáconos. Las mujeres pueden enseñar a las
jóvenes y a los niños (Tito 2.3,4). El hacer estos
trabajos requiere estudio. Si la iglesia no tiene los dirigentes
adecuados, no podrá cumplir su misión.

II. ¿Por qué se descuida el estudio de la
Biblia?

1. Algunos cristianos se conforman son «aceptar lo que el
predicador dice», y por ese motivo no estudian por sí
mismos. Casi todos los predicadores son personas rectas, pero todo
ser humano puede cometer errores. Encontramos un ejemplo de esto
en Hechos 18.24-16. (1 Juan 4.1; 2 Corintios 11.13-15).

2. Hay algunas personas que afirman que no pueden comprender la
Biblia. Esto puede resultar cierto si no la han estudiado
suficientemente, o porque no saben como progresar en su estudio.
Algunos, además, no han hecho ningún esfuerzo para
comprenderla.

3. Otras personas dicen que «no tienen tiempo». Los que
estudian la Biblia también son gentes con ocupaciones, pero
dejan pendientes cosas de menor importancia. Mateo 6.33 nos invita
a buscas primeramente las cosas que pertenecen al reino.

III. Algunas sugerencias para el estudio

1. El tiempo: Este es un factor clave para el éxito del
estudio de la Biblia. Debe fijarse un tiempo regular para dicho
estudio. Las condiciones físicas afectan al estudio, y por
esto, efectuarlo ya tarde en la noche, no es buena
práctica. El estudio familiar es muy recomendable, pero
además cada persona necesita fijar una hora adecuada para
encontrarse a solas y cara a cara con el mensaje de Dios.

IV. Diversas ayudas

Traducciones: Dado que el Antiguo Testamento fue escrito
primeramente en hebreo y el Nuevo Testamento e griego, casi todos
nosotros necesitamos estudiar las traducciones. Estas traducciones
de la Biblia se denominan «versiones». La traducción al
español más conocida es la de Cipriano de Valera
(1602) con sus revisiones de 1862, 1909 y 1960.

Estas versiones tienen algunas palabras diferentes, pero el
sentido es igual en todas. No afirmamos que las «versiones» o
traducciones sean divinamente inspiradas, pero sí que los
traductores las han realizado con sumo cuidado.

Diccionarios bíblicos: El no conocer con exactitud el
sentido de las palabras, es uno de los obstáculos para
comprender la Biblia. Puede usarse un diccionario común y
corriente al estudiar la Biblia, pero es más aún de
recomendarse el uso de diccionarios bíblicos. La persona
que esté enseñando, puede ayudar al estudiante a
conseguir estos libros.

Concordancias: Estos son estudios muy útiles y contienen
diversas palabras y temas en orden alfabético, y
también se encuentra en ellos la lista de los pasajes de la
Biblia en que pueden encontrarse. Hay concordancias tan extensas
que dan la lista de cada palabra que hay en la Biblia, dando el
versículo en donde pueden encontrarse dichas palabras. Esto
es muy útil para aprovechar el tiempo al tratar de
encontrar los versículos relativos a determinada palabra o
tema.

V. Métodos de estudio

(El estudio de la Biblia es más provechoso cuando se
hace sistemáticamente. Aquí se señalan tres
métodos para efectuar este estudio.)

1. El método de las lecciones planeadas. Las presentes
lecciones son un ejemplo de este sistema. Alguien prepara una
lección acerca de determinado tema, y luego se estudia en
la clase bíblica o en el hogar. Estas lecciones son
práctica común en las clases de varias iglesias.
Muchas veces, estas lecciones llevan al estudiante a desear seguir
estudiando en privado. Sin embargo, ningún cristiano debe
limitase a estudiar la Biblia exclusivamente por este
método.

2. El método de las lecciones por temas. Este estudio se
hace escogiendo algún tema. (por ejemplo, el tema del
bautismo), y luego buscando y estudiando todos los pasajes de la
Biblia relacionados con ese tema. Esto puede hacerse mediante el
uso de una concordancia o con las Biblias que tienen referencias.
Generalmente es bueno anotar todos los pasajes en un papel, para
poder estudiarlos cuidadosamente y por separado. Por
último, puede llegarse a la comprensión de lo que
enseña la Biblia, usando la información derivada de
cada uno de los pasajes estudiados.

3. El método del libro. Este consiste en un estudio
intensivo sobre los libros individuales dela Biblia, es decir,
sobre cada uno de los libros que componen la Biblia. Este
método es especialmente bueno para el estudio de las
epístolas del Nuevo Testamento. Una vez elegido el libro
que se va a estudiar, primero se hace la investigación
acerca del autor y de aquellos a quienes fue dirigida la
epístola. Luego debe leerse el libro completo en forma
más bien rápida, a fin de alcanzar una idea general
acerca de su tema y también para tener un conocimiento
completo del libro. Luego, hay que volver a leer el libro,
dividiendo el mismo en secciones, de acuerdo con el esquema que se
haya formulado previamente. Es necesario usar el diccionario, para
comprender bien todas las palabras. Hay muchas personas que
cometen error de leer la Biblia por capítulos, en vez de
por temas. Hay que memorizar los versículos que parezcan
más interesantes. Hay que comparar continuamente, lo que se
va estudiando, con experiencias de la vida diaria del
estudiante.

Cada uno de los métodos indicados tiene sus ventajas;
todos ellos deben ser usados. Hay ciertas partes de la Biblia que
se prestan más para un determinado método, y otras
para otro. Generalmente, puede decirse que es preferible estudiar
Mateo, Marcos, Lucas y Juan en conjunto y no separadamente, ya que
son narraciones acerca de la vida de nuestro Señor
Jesucristo y a menudo cuentan los mismos eventos. También
es conveniente estudiar a los profetas del Antiguo Testamento en
relación con la porción histórica del mismo
Antiguo Testamento a la que corresponden. Con toda probabilidad,
el método de libro por libro es el más adecuado para
los estudios regulares diarios; pero los otros dos deben usarse
también a discreción, para obtener resultados
favorables.

Testimonio personal

1. ¿Cuánto tiempo diario dedica usted al estudio de
la Biblia?

2. ¿Estudia usted en su hogar las clases que va a tener en
sus servicios religiosos?

3. ¿Si no lo está haciendo ya, ¿está
dispuesto a que de ahora en adelante dedicará media hora
diaria para el estudio de la Biblia?

4. ¿Cuál es su problema más grande en el
estudio?


Lección
4

Las buenas obras

Aun cuando la adoración y el estudio son importantes,
también hay otros deberes para el cristiano. Otro de
nuestros deberes incluye las buenas obras. Estas buenas obras son
en favor de nuestros semejantes.

1. Los cristianos deben hacer buenas obras

No hay que malinterpretar el propósito de las buenas
obras. No sirven para comprarnos el cielos. Uno de sus
propósitos es que sirven para que otros aprendan a
glorificar y obedecer a Dios (Mateo 5.16; 1 Pedro 2.11.12).

Las buenas obras son la forma en que mostramos que tenemos una
fe viva (Santiago 2.14-16).

Las buenas obras son necesarias se queremos ser semejantes a
Jesús. El iba «haciendo el bien» (Hechos 10.38).

Dios salva a los hombres porque los ama, pero le agradan las
buenas obras que los salvos hacen para servirlo (Efesios 2.10;
Tito 2.14 y 3.8,14).

2. Cuales buenas obras debemos hacer

Las obras buenas se dividen en dos clases, a saber:

a) Buenas obras espirituales. Estas corresponden
más al alma que a los cuerpos de las gentes. Cuando
Jesús enseño a la gente la voluntad de Dios, estaba
haciendo una buena obra espiritual.

Podemos enseñar a otros cómo ser cristianos.
Debemos ser «pescadores de hombres» (Mateo 4.19; 2 Timoteo
2.224,15). Un cristiano que no enseña a otros es
egoísta porque se niega a compartir sus bendiciones. Hay
muchos lugares apartados en el mundo que han tratado de mejorar,
pidiendo que los que saben leer que enseñen a los que no
saben. ¡Que cada uno enseñe a leer a una persona!
¡Qué maravilloso sería si cada cristiano
convirtiera a una personas cada año!

Podemos animar oros cristianos. En verdad somos guardianes de
nuestros hermanos. Dios no quiere que cada cristiano vaya por su
camino solitario, sino que desea que nos ayudemos unos a otros.
Hay muchos cristianos que necesitan que continuamente se les
esté animando (Hebreos 10.24). Esto es especialmente
aplicable a todos los dirigentes, que frecuentemente se sienten
desanimados con tantos problemas y dificultades. Podemos darles
palabras de aliento, y cada quien puede imaginarse lo que
significa una palabra de ánimo dada oportunamente. No
debemos quedar mal con nuestros hermanos (2 Corintios 1.3,4).

Parte de nuestra obligación para con los hermanos es
ayudarlos a que corrijan sus errores (Gálatas 6.1,2 y
Santiago 5.16). En caso de que seamos ofendidos por otros, debemos
ir a buscarlos y pedir que se reconcilien con nosotros (Mateo
18.15-17). En la misma forma que tendríamos interés
en evitar que una persona tomara veneno, debemos tratar e evitar
que nuestros hermanos cometan pecados que les impidan llegar al
cielo.

b) Buenas obras materiales. Aunque el alma es más
importante que el cuerpo, los cristianos no se niegan a hacer
buenas obras en favor de la gente en una forma física.
Estas son las buenas obras materiales. Se nos ocurre de inmediato
el buen ejemplo que dio Jesús al curar a los enfermos
(Lucas 7.22). Los apóstoles y los cristianos primitivos
continuaron con esta práctica.

Cuando Jesús habló del juicio, nos reveló
que seremos juzgados por todas nuestras buenas obras. Hay varias
cosas que él sugirió, indicadas en Mato 25.34-46. Es
muy interesante saber que Jesús considera que cualquier
obra buena que hagamos por sus hermanos más pequeños
la hacemos a él. Otra afirmación familiar de
Jesús se encuentra en la historia que está en Lucas
10.30-37. Nos ilustra el disgusto de Jesús con la gente
religiosa que se cree «demasiado buena» para ayudar a los
necesitados y afligidos.

Estas buenas obras son tan importantes, que en Santiago 1.27 se
dice que son una parte de la «religión pura». Debe
entenderse aun la palabra «visita» que se usa en este pasaje no es
una visita social, sino que significa el llevar ayuda. Las mujeres
particularmente tienen buena oportunidad de hacerse ricas en
buenas obras. Se encuentran buenas sugestiones para ellas en 1
Timoteo 5.10 y Tito 2.3,4.

El Nuevo Testamento enfatiza en muchos lugares la gran
importancia de ayudar a los necesitados (Hechos 20.34;
Gálatas 2.10; Efesios 4.28; Hebreos 13.2). Ya que no
podemos ayudar a todos los necesitados, nuestro deber primordial
es para con los cristianos y los miembros de nuestra propia
familia (Gálatas 6.10; 1 Timoteo 5.8-16).

En Hechos 6.1-5, siete hombres fueron designados por la iglesia
especialmente para atender estas buenas obras. Probablemente estos
hombres fueron los primeros diáconos. Por supuesto que
podemos hacer muchas obras de éstas, sin necesitad de que
sea la iglesia la que se encargue de ellas.

Es una desgracia, pero, ¿qué puedo
hacer?

«Pues tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y
no me dieron de beber; anduve como forastero, y no me dieron
alojamiento. Me faltó ropa, y ustedes no me la dieron;
estuve enfermo, y en la cárcel, y no me vinieron a
visitar… Y el rey les contestará: En verdad les digo, que
cualquier cosa que no hicieron por una de estas personas, por
humilde que sea,tampoco por mí no hicieron» (Mateo
25.42-43, 45).

Testimonio personal

1. ¿Está usted tratando ahora de enseñar a
alguien a conocer a Cristo?

2 ¿Cree usted que está haciendo suficientes buenas
obras?

3. ¿En cuáles buenas obras materiales siente usted
que está fallando?

4. Cuando algún hermano en Cristo lo ofende, ¿sigue
usted lo que indica Mateo 18.15-17?

5. ¿Trata usted de dar ánimo a sus hermanos
cristianos siempre que tiene oportunidad?


Lección
5

La vida diaria

Hay personas que dicen que no creen que hay que «mezclar la
religión y los negocios». Quieren tener a la
religión guardada dentro de límites muy estrechos.
Eso no puede hacerse con el cristianismo. El cristianismo se
relaciona con todas las actividades de la vida, 24 horas al
día, 7 días de la semana.

1. La aspiración general de la vida
cristiana

El cristianismo es una forma positiva de vida. Prohibe algunas
cosas, pero la fuerza principal del cristianismo estriba en que no
se funda en lo que dice que no hay que hacer, sino en lo que hay
que hacer.

La aspiración del cristiano es imitar en todo la vida de
Cristo (1 Pedro 2.21; Filipenses 2.5 y 1 Corintios 11.1).
Indudablemente esta es una razón por la que se nos dieron
cuatro libros de la Biblia que habla de la vida de nuestro
Señor Jesucristo.

Otra manera de expresar esta aspiración se encuentra en
Filipenses 1.20. Debemos «magnificar» a Cristo. Magnificar algo es
acercarlo más hacia la persona que lo ve, para que se vea
más grande. Las gentes podrán ver mejor a
Jesús si lo contemplan en la vida de los cristianos.
Pregúntese si está usted «magnificando» a Cristo con
su vida, o si, por el contrario, lo está usted escondiendo
de los demás.

Vemos por tanto, que los cristianos son como espejos que
reflejan al Señor para que el mundo entero pueda verlo.
También somos como luces que brillan en un mundo sumido en
tinieblas. Nuestra luz es nuestra semejanza con Cristo – un
carácter como el de Cristo (Proverbios 20.27; Mateo 5.14;
también Filipenses 2.15).

2. La vida cristiana con respecto a varias
relaciones

Cuando una persona se hace cristiana, todo cambia en su vida (2
Corintios 5.17). A fin de ayudarnos a ser como Cristo, la Biblia
nos enseña nuestros deberes para con Dios, en todas las
relaciones importantes de nuestra vida. Estudiemos algunas de
ellas.

1. Los padres. El cristianismo afecta esta
relación. Para los jóvenes cristianos que viven en
su hogar con sus padres, se dan los siguientes mandamientos:
Efesios 6.1-3 y Colosenses 3.20. El mismo Jesús puso el
ejemplo y podemos verlo en Lucas 2.15. Cuando los hijos salen de
su hogar paterno, aún se espera que honren a sus padres.
Esto significa que deben seguir respetándolos y cuidando de
ellos cuando así lo necesiten (1 Timoteo 5.4,8,16).

2. El gobierno. Aún cuando la Biblia no hace
ninguna recomendación acerca de la clase de gobierno que
debe tener cualquier nación, sí enseña sobre
los deberes del cristiano bajo el gobierno donde le corresponda
vivir.

Debemos pagar los impuestos (Mateo 22.17-21; Romanos
13.6,7).

Debemos mostrarnos respetuosos con los gobernantes (1 Pedro
2.17).

Debemos orar por nuestros gobernantes (1 Timoteo 2.1-3)

Debemos obedecer las leyes (Romanos 13.1-5, 1 Pedro
2.13-15).

Los cristianos obedecen las leyes sin temor de que les
encuentre violándolas. La única forma en que el
cristiano puede desobedecer las leyes es cuando éstas van
en contra de nuestra obediencia a Dios (Hechos 4.18-20; Hechos
5.29).

3. En nuestro trabajo. Se nos ordena que debemos
trabajar si no estamos físicamente imposibilitados para
ello. (2 Tesalonicenses 3.10-12; 1 Tesalonicenses 4.11,12). Hay
instrucciones en la Biblia tanto para los patrones como para los
empleados, y pueden verse en: Efesios 6.5-9; Colosenses 3.2213;
Colosenses 4.1 y 1 Pedro 2.18.

4. Casamiento y hogar. De acuerdo con Mateo 6.33,
debemos poner ante todo al Reino de Dios. Al hacer planes para
casarse, los cristianos deben buscar compañero o
compañera que sea una ayuda para vivir la vida cristiana.
El compañero de una persona tiene mucha influencia en la
vida de ella, y uno que no tenga interés en esta vida,
puede hacer que el cristiano se vuelva frío o alejado de la
vida cristiana.

Los cristianos deben comprender que el casamiento es algo
permanente. Aún en los casos en que las leyes civiles
permitan fácilmente el divorcio, según el
cristianismo, el divorcio y el contraer nuevamente matrimonio son
pecaminosos, a menos que existan las razones que Cristo dio, que
pueden justificar el divorcio (Mateo 19.9).

Algunos de los deberes de la esposa cristiana pueden
encontrarse en 1 Pedro 3.1-6; Colosenses 3.18, Efesios 5.22 y Tito
2.4,5.

Algunos de los deberes del esposo cristiano se encuentran en 1
Pedro 3.7; Colosenses 3.19 y Efesios 5.25.

5. Los hijos. Los deberes de los padres cristianos
están citados en: Efesios 6.4; Proverbios 22.6; Colosenses
3.21 y 2 Timoteo 3.14,15. El más importante de todos los
deberes es enseñar a los hijos la voluntad de Dios. En esto
se incluye el darles buenos ejemplos. El padre que no sepa hacer
su deber en relación con este renglón, pierde el
derecho de ser elegido para diácono o anciano de la iglesia
(1 Timoteo 3.4,5,12). El ejemplo de Samuel en el Antiguo
Testamento nos enseña cómo se pierde la influencia
sobre los demás cuando no se educa bien a los hijos (1
Samuel 18.1-5).

6. El mundo. Los cristianos debe ser diferentes de los
demás (Romanos 12.1,2; 1 Pedro 2.11,12). Esta diferencia
estriba en la forma de vida y en los altos niveles de la moral.
Los cristianos deben aprender a resistir la tentación que
encierra la expresión: «todo el mundo lo hace». El pecado
de «mundanalidad» es aquella condición en la que los
cristianos viven una vida igual a la que viven los que no son
cristianos.

7. Los enemigos. Hasta el mismo Jesús fue
maltratado y tuvo enemigos. Probablemente usted, como cristiano,
también los tendrá. ¿Cómo tratar a los
que nos ofenden? Romanos 12.18-21 nos da la respuesta. El ejemplo
del mismo señor Jesús lo encontramos en 1 Pedro
2.23. Es muy difícil de seguirse, pero es una parte de la
vida diaria del cristiano (Mateo 5.43-48).

8. Conversación. Hasta la forma de hablar del
cristiano cae bajo la ley de Cristo. Debemos controlar nuestra
lengua. Santiago 1.26: esto incluye el evitar usar palabras
profanas o maldecir. Mateo 5.33-37: evitar conversaciones necias o
sucias. Santiago 4.11: se nos prohibe murmurar del prójimo
y mentir. Estudie Colosenses 4.6 y 1 Timoteo 4.12 en este
respecto.

9. Cuidado del cuerpo. Aun cuando éste no es de
importancia primordial, sí es importante (1 Timoteo 4.8);
esto se debe a que el cuerpo es el templo del Espíritu
Santo (1 Corintios 6.19). El cuerpo no debe hacer nada que creamos
que Cristo no quiere que hagamos. Su espíritu mora en
nosotros y por eso debemos comportarnos con toda limpieza y
rectitud (1 Corintios 6.13-15).

Testimonio personal

1. ¿Desea usted con toda sinceridad imitar a
Jesús?

2. ¿Cree usted que su deber para con Dios está en
primer lugar antes que su deber para con el gobierno, si llegan a
estar ambas cosas e conflicto?

3. ¿Trata usted de preguntarse «¿Qué
haría Jesús» más a menudo cuando toma alguna
decisión?

4. ¿Es usted de los que creen que la religión debe
mantenerse separada de la vida diaria?

5. ¿En realidad está usted tratando de devolver
siempre bien por mal?


Lección
6

La naturaleza divina

En nuestra última lección tratamos sobre la
aspiración de que nuestra vida sea una imitación de
la vida de Cristo. En esta lección vamos a estudiar las
cualidades, tanto de carácter como de disposición,
que nos ayudan a conseguir este ideal. Toda la lección
está basada en 2 Pedro 1.2-11.

1. La dádiva completa de Dios para los
cristianos (ver. 3)

Dios nos ha proporcionado todo lo que necesitamos para que
nuestra vida cristiana sea un éxito total. «Su divino poder
nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y a la
piedad».

¿Qué es lo que nos ha dado para ayudarnos? Tenemos
las Escrituras, que nos enseñan nuestros deberes (2 Timoteo
3.16,17). Los hermanos cristianos también son una ayuda
(Gálatas 6.1-2). La adoración (con sus oraciones,
himnos, comunión y enseñanza también es otra
ayuda (Colosenses 3.16). el privilegio de orar en privado es
siempre una preciosa ayuda para la vida cristiana (Romanos
8.26).

2. Nuestro ideal: La naturaleza divina (ver.
4)

Con el fin de darnos estímulo, Dios nos hace preciosas
promesas. Algunas de ellas se encuentran en los siguientes textos:
Juan 14.1-4; Romanos 8.28 y 2 Corintios 6.17,18.

Estas promesas son para animarnos a hacernos «partícipes
de la naturaleza divina». Esto significa simple y llanamente que
debemos llegar a ser como Dios o como Cristo. La palabra
«naturaleza» está relacionada con el carácter, o sea
lo que una persona es en realidad. La palabra «divina» demuestra
que es precisamente a Dios a quien deseamos imitar.

Conforme nos vamos haciendo partícipes de la naturaleza
divina, nuestra propia naturaleza va cambiando. Probablemente
hayamos escuchado el siguiente dicho, «La naturaleza humana nunca
cambia». Tal vez sea cierto, excepto en el caso de la persona que
se convierte en cristiana. Gradualmente, su naturaleza va
cambiando (Romanos 12.12). Es de la naturaleza humana tratar mal a
los que nos tratan mal, y es parte de la naturaleza divina el
retornar bien por mal. Es propio de la naturaleza humana el ser
egoísta; es naturaleza divina el dar generosamente para
otros, sin esperar nada en cambio. Todas estas cosas que parecen
difíciles de lograr conforme se va adquiriendo la
naturaleza divina.

3. Los pasos para llegar a la naturaleza divina (ver.
5-7)

El llegar a ser como Cristo no es algo que llegue
milagrosamente y sin esfuerzo alguno. Debemos poner de nuestra
parte «toda diligencia». Esto quiere decir, que hagamos todos los
esfuerzos posibles. El punto de partida es la fe que alcanzamos
cuando nos volvemos cristianos. Otras cosas vienen a ser
«añadidas» a la fe.

Virtud: Esta palabra significa «firmeza, valor
hombría». Es decir, que una persona no debe tener
únicamente fe, sino que debe poseer valor para sostener
aquello en lo que cree. Vemos un ejemplo de falta de valor en
Pedro (Mateo 26.69-75; Marcos 8.38; 2 Timoteo 1.8; 1 Pedro
4.16).

Conocimiento: El conocimiento que tenemos cuando nos
hacemos cristianos es vital, pero nos es necesario tener mucho
más conocimiento para llegar a ser semejantes a Cristo.
Debemos continuar aprendiendo. La mayoría de las iglesias
tienen clases bíblicas cada semana, y todo cristiano debe
aprovechar esas clases. Pablo es un ejemplo admirable: aún
en su ancianidad, y sujeto a prisión, tenía una
verdadera ansia de conocimiento (2 Timoteo 4.13).

Domingo de propio: Algunas veces se usa también
la palabra «templanza». Esta expresión significa el dominio
que de ejerce sobre uno mismo para hacer lo que es recto. Puede
abarcar dos cosas: 1) Negarse a hacer ciertas cosas que son malas,
como excederse en vinos, jugar o usar lenguaje profano; 2) Hacer
ciertas cosas que son buenas, pueden llegar a ser malas, si se
abusa de ellas. Es bueno descansar, pero si se descansa con
exageración, se cae en el pecado de la pereza. Es bueno
comer, pero si come en exceso, se cometa el pecado de
glotonería.

Paciencia: Lo que esta palabra significa es el ser fiel
a Dios aún bajo condiciones adversas. Job es un ejemplo de
esto, y se cita en Santiago 5.11. Se puede leer acerca de
él en Job 1.1-22; 2.1-10. Probablemente la mayoría
de nosotros hubiéramos caído en la
frustración si hubiésemos estado en el lugar de Job.
Muchos de nosotros, en la actualidad, servimos a Dios solamente
cuando no tenemos graves impedimentos.

Piedad: Esto parece que significa reverencia y respeto
hacia Dios. Aquellos que maldicen y toman en vano el nombre del
Señor están cometiendo terrible falta de respeto
para él. Los que acostumbran estar hablando o
distrayéndose en los servicios de adoración,
también están faltándole al respeto debido a
Dios.

Afecto fraternal: Esto significa simplemente el
interés por nuestros hermanos cristianos y nuestro deseo de
ayudarlos (1 Corintios 12.26; Efesios 4.31,32). El amor de unos
para con otros era algo muy firme en los tiempos bíblicos
(Hechos 4.34,35). Muchas de las dificultades entre las iglesias
hoy en día se originan por la falta de afecto fraternal, o
sea que los cristianos no saben amarse unos a los otros.

Caridad: Esto significa lo mismo que lo explicado en el
párrafo anterior, sólo que se extiende no
sólo a los hermanos cristianos, sino a todos los humanos
(Gálatas 6.10). El amar a los semejantes significa hacer
todo en bien de ellos, en todos los tratos que se tengan con todos
los hombres.

4. El resultado de este crecimiento (ver.
8.11)

Todos nosotros deseamos estar «seguros» de que alcanzaremos el
cielo. Esto ocurrirá al desarrollamos estas cualidades, o
sea si alcanzamos nuestro crecimiento como cristianos.

El desarrollar estas cualidades nos librará de pecar.
«Si hacéis todas estas cosas, nunca caeréis». En
esta forma, vemos que aún cuando es posible que el
cristiano caiga en pecado, no es necesario que lo haga.

«Porque de esta manera os será otorgada amplia y
generosa entrada en el reino eterno». En estas palabras se
describe nuestra entrada al cielo, y se hace la comparación
del regreso de un gran héroe que viene de un país
lejano. Es posible que se haga un gran desfile en su honor. Una
alegre bienvenida donde miles de personas lo aclaman. Esta es una
«entrada amplia y generosa» y es esta manera debe ser nuestra
entrada en el cielo. Realmente consideramos que cualquier esfuerzo
vale la pena de hacerse para obtener tal resultado. Este es el
resultado de hacernos «partícipes de la naturaleza divina»
(Apocalipsis 21.1-6; 22.1-5).

Testimonio personal

1. ¿Se siente usted alguna vez avergonzado de ser
cristiano?

2. ¿Cuáles de las virtudes estudiadas en esta
lección cree usted haber desarrollado más?

3. ¿Cuáles de ellas siente usted que debe tratar de
aumentar?

4. ¿Siente usted que está adquiriendo conocimiento
como cristiano?

5. ¿Alguna vez se siente desalentado en sus esfuerzos para
vivir la vida cristiana?


 Lección
7

La iglesia y usted

 

I. ¿Qué es la iglesia?

La iglesia está compuesta de todos aquellos que han sido
salvados. Dios controla a la membresía de la iglesia y
añade a ella a los que han sido salvos (Hechos 2.47;
Efesios 5.23). Algunas veces se le da a la iglesia el nombre de
«familia de Dios» (1 Timoteo 3.15).

La palabra «iglesia» tiene relación con los salvados en
dos aspectos: 1) Los salvados en todo el mundo; 2) Los salvados en
un determinado lugar. Encontramos ejemplos del primer significado
en los siguientes textos: Mateo 16.18; Efesios 5.23; Colosenses
1.18. Los siguientes pasajes dan ejemplos sobre el segundo
significado: 1 Corintios 1.2; Apocalipsis 1.11. Por todo esto
puede verse que la iglesia no es una determinada
denominación, ni la combinación de varias
denominaciones.

La iglesia universal nunca tiene reuniones; tampoco tiene
oficiales, excepto el Señor Jesucristo. Sin embargo, la
mayoría de los cristianos pueden pertenecer a una
congregación local, y en esta forma pueden determinarse sus
responsabilidades dentro de ella.

II. Responsabilidades dentro de la iglesia
local

1. Todo cristiano debe estar identificado con una
iglesia local. Cuando Pablo regresó a Jerusalén
viniendo de Damasco después de su conversión, se
identificó a sí mismo con la iglesia en ese lugar
(Hechos 9.26,28). Generalmente hablando, todo cristiano debe estar
identificado con la iglesia fiel que más cerca quede del
lugar donde él está. En esta forma, su influencia en
la comunidad puede alcanzar su máxima utilidad.
Además, es difícil que los ancianos de una
congregación puedan vigilar a los que no viven en la
comunidad donde está ubicada físicamente la iglesia.
Cuando se va de un lugar a otro, el cristiano no debe abandonar su
membresía, sino buscar la iglesia que le corresponda en el
nuevo lugar de su residencia. Los cristianos son responsables ante
Dios, estén en el lugar donde estén. Nuestra
membresía va con nosotros adonde los lleven nuestras
responsabilidades. Debemos identificarnos, en estos casos, con la
iglesia que sea fiel y que exista en el lugar adonde vayamos.

2. Se debe colaborar con los dirigentes. En todo iglesia
bien organizada, debe haber ancianos para vigilar la obra. En la
Biblia, los términos: anciano, pastor, obispo, supervisor,
son todos aplicados al mismo servicio. La palabra «anciano» es la
que más frecuentemente se usa. Encontramos que estos
términos se usan, indistintamente, en los siguientes
textos: Hechos 20.17,18; Tito 1.5-7; Efesios 4.11.

Todo cristiano debe conocer a los ancianos de su iglesia (1
Tesalonicenses 5.12). Los debe respetar: 1 Tesalonicenses 5.13; 1
Timoteo 5.17. Se les debe obedecer cuando amonesten
bíblicamente (Hebreos 13.17). No se debe hablar de ellos en
forma despreocupada o irrespetuosa (1 Timoteo 5.1,19).

En la mayoría de las iglesias hay también otros
obreros designados por los ancianos para trabajar bajo su
guía. Los diáconos trabajan especialmente en las
obras de caridad de la iglesia (1 Timoteo 3.13). Puede haber
evangelistas que dediquen su tiempo a la predicación (2
Timoteo 4.5). Hay también diversas clases de maestros
(Efesios 4.11; Hechos 13.1). Todo cristiano encontrará
oportunidad de colaborar con todos estos obreros.

Los ancianos serán los consejeros espirituales. Son
cristianos experimentados y conocedores que tienen encomendado
«vigilar nuestras almas». Se puede tener confianza para consultar
con ellos todos los problemas espirituales.

3. Debe contribuirse económicamente con
regularidad para la obra de la iglesia. Ya se ha estudiado sobre
esto en otra lección. No debe servirnos de muestra lo que
otros den para la obra. Muy a menudo la parte más pesada de
la obra de la iglesia es llevada adelante mediante los sacrificios
de la minoría. Ninguno de nosotros recibirá
bendición por una obra en la que no haya participado (2
Corintios 8.13,14).

4. Cada quien debe hacer su parte en la obra de la
iglesia. No podemos pagar para que se haga nuestra parte de la
obra dentro de la iglesia. No recibimos ningún
crédito por el trabajo que otros hagan. Esto se explica
claramente en Mateo 25.14-30. En la parábola de los
talentos, cada quien fue juzgado por lo que había hecho
personalmente. No se puede decir que se trataba de una tarea de
grupo, sino de la obra individual.

5. Debe ayudarse a mantener la unidad de la iglesia. Esa
unidad no es algo accidental. Hay aquí algunos ejemplos de
lo que se puede hacer. Ser pacificador cuando haya diferencias
entre los hermanos (Mateo 5.9). No debe el cristiano entrometerse
en los asuntos particulares de los demás (1 Tesalonicenses
4.13; 2 Tesalonicenses 3.11-22). Evitar murmuraciones (1 Timoteo
5.13). Evitar discusión de asuntos sin importancia (2
Timoteo 2.23; 1 Timoteo 6.3,4). Esto también quiere decir
no discutir asuntos sobre los cuales no haya una clara
revelación o que no sean de importancia. Evitar
parcialidades (1 Timoteo 5.21). Esto quiere decir que todo
cristiano debe conocer bien a todos los miembros de su iglesia y
tratarlos a todos en igual forma, hasta donde sea posible.

6. Debe vivirse una vida que represente a la iglesia.
Estudiar 1 Timoteo 4.12 y Tito 2.7,8. Los enemigos de la iglesia
se deleitan si encontrar a algunos cristianos que no llevan una
vida recta, y en usarlo como disculpa para atacar a la iglesia.
Hay que evitar que los que enseñan el evangelio sean
colocados en la posición embarazosa de tener que ofrecer
disculpas por los que se hacer llamar cristianos sin vivir vidas
rectas. Ninguno de nosotros es perfecto, pero todos debemos
esforzarnos para ser un ejemplo viviente de lo que es un
cristiano. El pecado de David ocasionó vergüenza a
Israel (2 Samuel 12.13,14).

7. Debe a ayudarse a que la iglesia complazca a Dios en
todas las cosas. Hay que revisar todo lo que dice la Biblia sobre
estas cosas e insistir en que sólo se dé
enseñanza apegada a las Escrituras (2 Juan 9.11). Animar a
los otros hermanos a que trabajen más por el Señor y
a que sean fieles (Hebreos 10.24). Cuando se sepa que hay alguna
buena obra por hacer, llévese a la atención de los
ancianos y de los demás hermanos. Debe vigilarse con todo
celo que la iglesia se mantenga pura y a salvo de personas
pecadoras y malvadas. Dios nos indica qué es lo que hay que
hacer con éstos, y sabemos que se disgusta si no se siguen
sus indicaciones sobre el particular (2 Tesalonicenses 3.6,14; 1
Corintios 5.1-11). Siempre que sea necesario y oportuno
amonéstese a los hermanos que estén siendo
infieles.

Testimonio Personal

1. ¿Hay ancianos en su iglesia? ¿Los conoce
usted?

2. ¿Está usted contribuyendo económicamente
con toda liberalidad para la obra de su iglesia?

3. ¿Está usted haciendo la parte de la obra de la
iglesia que le corresponde?

4. ¿Cree usted que su vida es un buen ejemplo de lo que
debe ser una vida cristiana?

5. ¿Está usted animando a los otros hermanos a que
trabajen más por el Señor?


Lección
8

Venciendo al pecado

Para que podamos llegar al cielo debemos obtener el
perdón, no solamente por pecados pasados sino
también para mantenernos libres de pecado (Apocalipsis
2.10). Satanás hará todo lo posible para hacernos
pecar (1 Pedro 5.8). Sin embargo, tenemos la ayuda de Dios, y Dios
vence el poder de Satanás, según se explica en 1
Corintios 10.13. La ayuda de Dios es para los que se resisten
hasta el límite de sus fuerzas. Esta lección trata
de cómo podemos obtener ayuda para vencer al pecado.

I. Como crece el pecado

Para encontrar la curación de una enfermedad, los
médicos deben saber primero en que forma se desarrolla la
enfermedad: cómo entró al cuerpo, qué parte
del mismo afecta y en qué forma lo hace. Cuando tales cosas
son conocidas, es posible desarrollar un plan para atacar a la
enfermedad.

Santiago 1.12-15 describe la forma en que el pecado se
desarrolla en el hombre. Primero estudiaremos este desarrollo, y
luego veremos qué es lo que puede ayudarnos a vencer el
pecado. Hay que leer este pasaje con todo cuidado.

Primera etapa: Tentación (ver. 14). Antes de que se
cometa el pecado, ha existido la tentación. Esta incluye
dos cosas: 1) el deseo vehemente o codicia de algo; 2) la
seducción, que es la oportunidad y el estímulo para
satisfacer el deseo. Así, se puede poner en una sencilla
fórmula, como sigue:

Tentación = Deseo + Oportunidad

He aquí una sencilla ilustración: Un niño
siente la tentación de robar algunos panecillos, cuando los
desea y tiene oportunidad de tomarlos. La tentación
será muy fuerte si de veras tiene un gran deseo de los
panecillos, y si se la facilita apoderarse de ellos.

Por supuesto que comprendemos bien que el ser tentado, no es
pecaminoso. Jesús mismo fue tentado por Satanás,
pero no pecó (Hebreos 4.15).

Segunda etapa: Pecado (ver. 15). «Entonces la concupiscencia,
después que ha concebido, da a luz el pecado». Esto
significa sencillamente que una tentación se convierte en
pecado cuando se actúa, cediendo a ella. Vimos que la
tentación era deseo y oportunidad. El pecado abarca estas
dos cosas, agregando a ellas la acción. Se expresa la
fórmula así:

Pecado = Tentación + Acción

Tercera etapa: Castigo final (ver. 15). «El pecado, siendo
consumado, da a luz la muerte». Esta muerte que se menciona
aquí, es descrita en Apocalipsis 20.12-15. El pecado es
«completo», cuando el pecador se niega a arrepentirse de
él. En una fórmula, esto se indica así:

Castigo eterno es el resultado del pecado sin
arrepentimiento.

II. Como vencer al pecado

En la primera parte de la lección vimos las tres etapas
del desarrollo completo del pecado. Por lo tanto, al poner estas
fórmulas juntas, vemos lo siguiente:

Deseo + Oportunidad + Acción + Falta de
arrepentimiento = Castigo

El pecado y Satanás habrán vencido, si usted
recibe este castigo final. Pero usted habrá vencido se
evita este castigo y alcanza el cielo. Podemos vencer al pecado
deteniendo su desarrollo en cualquiera de estas etapas, que son
las que llevan al castigo final. Veamos como podemos hacerlo.

1. Deseo: Debemos aprender a controlar nuestros
deseos.

Es parte del crecimiento del cristiano cambiar gradualmente sus
deseos. Leer los siguientes textos: Romanos 12.2; Gálatas
5.24 y Colosenses 3.2. Cualquier persona podrá preguntarse:
¿Cómo puede hacerse esto? El estudio de la Biblia
ayudará a toda persona a sentir el deseo de hacer las cosas
buenas, especialmente cuando se habla de las recompensas que Dios
da a los justos, y el castigo a los pecadores. Mientras más
se ame a Dios, más deseará la persona agradarlo, y
más deseará hacer todo lo que Él quiere que
hagamos. Pensando sobre las bendiciones de Dios, la persona se
fortalecerá y esto le ayudará a amarlo.
También se encontrará que al vivir la vida
cristiana, se deseará más y más obrar
rectamente.

Gradualmente, se verá que se tiene menos tendencia a
sentir las tentaciones de mentir, usar lenguaje profano, tomar
bebidas embriagantes y otros pecados; simple y sencillamente
porque ya no se desea hacer esto.

2. Oportunidad: debemos poner un límite a las
oportunidades para pecar.

Es un gran error el meterse en situaciones donde habrá
tentaciones muy fuertes y oportunidades para pecar, especialmente
cuando aún no controlamos debidamente nuestros deseos (1
Corintios 15.33). Aquí vemos la importancia que tiene el
saber escoger nuestras compañías en forma prudente,
para evitar el pecado. Las malas compañías nos
inducen pecar. Estudiar también el Salmo 101.6,7. La
persona con quien se contrae matrimonio tendrá mucha
influencia ya sea para ayudar a pecar, o para evitar el caer en el
pecado (Deuteronomio 7.1-4; 1 Reyes 11.1-9). Los lugares de
diversión también pueden tener influencia en nuestra
posibilidad de evitar el pecado o caer en el (Salmo 101.3).

3. Acción: Debemos desarrollar el control sobre
nuestro cuerpo y mente, para no ceder a la
tentación.

Jamás nos será posible evitar por completo todos
los deseos y las oportunidades para pecar, y por este motivo
debemos aprender a controlar nuestras acciones. Esto es
sencillamente «el control de uno mismo» (Proverbios 16.32).
Jesús tenía un perfecto control de sí mismo
(1 Pedro 2.21-23). La palabra «templanza» se usa muy a menudo en
la Biblia para designar esto (1 Corintios 9.25 y Gálatas
5.23). Este control sobre uno mismo se necesita especialmente
cuando la vida cristiana no goza de las simpatías de toda
la gente, y el cristiano es ridiculizado porque no hace todo lo
que la demás gente hace (Lucas 6.22,23).

4. Impenitencia: Debemos arrepentirnos de los pecados
cuando los hayamos cometido.

Al tratar de controlar nuestros deseos, las oportunidades y las
acciones, podemos muchas veces cometer pecado. Sólo hay
entonces una cosa que nos permite vencer al pecado. Esta es el
arrepentimiento, porque Dios comprende que somos débiles y
nos ha dado una forma para ser perdonados de cualquier pecado
cometido. Cuando nos hacemos cristianos, todos nuestros pecados
pasados son perdonados, especialmente al ser bautizados. Ahora que
ya somos cristianos, el plan de Dios para con nosotros es
diferente.

El arrepentimiento, la confesión y oración son
los requisitos que Dios tiene fijados. Estudiar Hechos 8.22 y 1
Juan 1.9. Cuando el pecado ha sido público y notorio,
entonces se convierte en una ofensa contra Dios y contra la
iglesia. Entonces hay que hacer confesión ante la iglesia
(Santiago 5.16). Dios está dispuesto a perdonar los pecados
cuantas veces nos arrepintamos y estemos dispuestos a confesarlos.
Sin embargo, no nos perdonará si continuamos practicando el
pecado deliberadamente, sin arrepentirnos de ello.

Testimonio personal

1. ¿Vive usted o trabaja con personas que le hacen
difícil vivir la vida cristiana?

2. ¿Cree usted que se va sintiendo más y más
fuerte para evitar el pecado y vencer la tentación?

3. ¿Pide usted diariamente a Dios que perdone sus
pecados?

4. ¿Desea usted con toda sinceridad complacer a Dios por
encima de todas las demás cosas?


Lección
9

Estableciendo diferencia entre lo bueno y lo
malo

En Hebreos 5.13,14 se describe a los cristianos en dos etapas
de su desarrollo o crecimiento, en niños y en adultos.
Estos últimos «tienen sus sentidos ejercitados en el
discernimiento del bien y el mal». Esto plantea un problema a los
cristianos sinceros: En qué forma discernir lo que es bueno
y lo que es malo. Nadie pude saber la respuesta a este dilema
«automáticamente». No hay persona en la tierra que pueda
hacer esta elección por usted o por mí. Es la
voluntad de Dios la que resuelve en este asunto. Esta
lección nos ayudará a estar preparados a comprender
la voluntad de Dios.

1. La Biblia dice claramente que algunas cosas son
malas

Para lo que se menciona en la Biblia, el problema está
resuelto. Pero no todos los pecados están enumerados en la
Biblia, pues si así fuera, la lista no terminaría
nunca. Hay listas de pecados específicos en Efesios 5.3-6;
Gálatas 5.19-21 y 1 Corintios 6.9-10. (Siempre que se
encuentre con palabras poco conocidas, es conveniente usar el
diccionario). Como se podrá ver, hay algunos nombres de
pecados que se repiten; también se trata generalmente de
pecados que son reconocidos por todos como perjudiciales.

2. Los hechos semejantes a esos también son
pecados

Léase nuevamente Gálatas 5.19-21. Lo
último que dice es: «cosas semejantes a estas». Así,
pues cuando tengamos duda acerca de algo, podemos ver si
está en la lista, o si se parece a alguna de las que
figuran en ella. Además, en Gálatas 5.22,23 se
encuentra una lista de actos buenos; y escribiendo ambas listas en
forma paralela e una hoja de papel será fácil
apreciar si algún acto del que se duda se acerca más
a lo que la lista condena, a lo que aprueba o viceversa. Por
ejemplo, la Biblia no condena específicamente los juegos de
azar, sin embargo es fácil comprender que puede agregare
este acto a los comprendidos en las palabras «cosas
semejantes».

3. Todo acto que moleste a la conciencia es
malo

Esto se nos enseña en Romanos 14.23. «Lo que no proviene
de fe» tiene relación con la conciencia (Hechos 24.16). Aun
cuando la conciencia no es una guía perfecta, no debe irse
contra ella. La conciencia es la parte de nosotros mismos, la cual
nos indica si hemos hecho algo contrario a lo que se nos ha
enseñado que es bueno. Podemos fácilmente ver que la
forma en que la conciencia actúa depende de la forma en que
se nos haya educado. Lo importante es recordar que si abusamos de
nuestra conciencia, ésta no podrá ayudarnos ya a
discernir lo bueno de lo malo y a obrar en común acuerdo.
Dios describe esta mala condición como «tener la conciencia
calcinada como con un hierro ardiente». En la misma forma en que
los nervios muertos ya no siente, así la conciencia de la
que se ha abusado dejará de avisarnos cuando hemos
procedido mal (1 Timoteo 4.2).

4. El consejo de otros cristianos puede
ayudarnos

Hebreos 5.14 dice que los cristianos «adultos» pueden discernir
mejor lo bueno de lo malo. La experiencia enseña lecciones
que no pueden ser aprendidas en ninguna otra forma. Es por esto
que es necesaria la ayuda de otros cristianos en este asunto. En 1
Reyes 12.6-20 se narra la historia de un rey joven, la cual
enseña en forma magnífica el valor del consejo de
personas de mayor edad y con experiencia de la vida. Los ancianos,
maestros y predicadores son algunas de las personas con quienes
podemos consultar nuestros problemas. Tito 2.3,4 enseña que
las mujeres de edad deben enseñar a las jóvenes.

5. Estudiar el efecto de algunos actos en otras
personas

Más que ninguna ora persona, el cristiano debe tener
siempre presente la influencia de su ejemplo en otras personas.
Debemos pensar en nuestra influencia sobre los que no son
cristianos. No es posible convertir totalmente a nadie,
únicamente comprobándole cuál es la doctrina
buena. La forma de vida de los cristianos tiene una influencia
decisiva para la conversión de los que no lo son (1 Timoteo
4.12).

También es de considerarse la influencia que podamos
ejercer sobre los cristianos. Cualquier acto que pueda ocasionar
que un cristiano peque o se desaliente es malo (1 Corintios
8.8-13).

6. Estudio del efecto de algunos actos en uno
mismo

Todos tenemos dos partes en nuestro ser: la física (el
cuerpo) y la espiritual (la mente y el alma). Debemos considerar
el efecto de determinados actos sobre ambas partes.

Estudie 1 Corintios 6.13-20. Este pasaje nos muestra que
nuestro cuerpo e «para la gloria de Dios», y además, que es
«el templo del Espíritu Santo». Debemos glorificar a Dios
en nuestros cuerpos. Esto significa que debemos cuidar de nuestro
cuerpo. Lucas 2.52 indica que Jesús también
cuidó de su cuerpo físico.

Sin embargo, de mayor importancia aún, es el efecto de
los actos malos en nuestro espíritu. Hay algunos de ellos
que hacen que la persona se preocupe menos de adorar a Dios, de
leer la Biblia y de llevar una vida cristiana (Salmo 101.3).
Algunos actos que no son malos en sí, pueden absorber el
tiempo del cristiano, restándolo al que puede dedicarse a
la adoración, la lectura de la Biblia y a la vida cristiana
en general. Estas cosas son malas cuando llegan a tal extremo
(Mateo 6.33).

7. ¿Le ocasiona algún acto al desperdicio
de tiempo o dinero?

Los cristianos deben considerarse como «mayordomos» de su
tiempo, dinero y todo lo que Dios les ha concedido. Vea usted la
palabra «mayordomo» en un diccionario. Se nos pide usar lo que
Dios nos ha dado para poder estar preparados a dar buena cuenta a
Dios (Mateo 5.14-30). Efesios 5.15,16 enfatiza el uso que debemos
dar a nuestro tiempo. Muchos de nosotros desperdiciamos el tiempo
que debería bastar para leer la Biblia completa durante un
año. Quizás una nación pagana podría
ser evangelizada con el dinero que nosotros desperdiciamos.

El descanso y la distracción no son en forma alguna
desperdicio de tiempo y dinero, puesto que preparan nuestro cuerpo
y mente para hacer mejor nuestro trabajo. Jesús
descansó. También fue invitado a la fiesta de una
boda.

8. Hagamos la pregunta: ¿Haría Jesús
esto?

Cuando llegamos a conocer bien una persona, podemos imaginarnos
lo que le gusta y lo que le disgusta. Así ocurre con
Jesús. Mientras más conozcamos su vida y
enseñanzas, mejor podemos discernir lo que es bueno o malo,
haciéndonos la pregunta: «¿Haría Jesús
esto?» Si siente usted en lo profundo de su corazón que
él no lo haría, probablemente se trata de algo
malo.

Con gran probabilidad usted puede recordar a alguien, tal como
un maestro o maestra, su madre o su padre cuando usted era
pequeño, que le lanzaba una mirada de reproche cuando
estaba haciendo algo indebido. Será de mucha ayuda para
usted recordar siempre que Jesús está
mirándonos. Nos ve con intenso interés (Salmo
139.1-4). Cuando escribió a varias iglesias, Jesús
les dijo: «Conozco tus obras». Leer Apocalipsis 2.2, 9,13,19. El
recordar siempre esto, nos ayudará ciertamente a discernir
lo bueno de lo malo.

Testimonio personal

1. ¿Conoce usted algún cristiano «adulto» en quien
sienta usted confianza para pedirle consejo?

2. ¿Está usted convencido de que siempre reflexiona
en el efecto que su conducta puede tener sobre otras personas?

3. ¿Está usted verdaderamente haciendo lo posible
por tener una buena conciencia?

4. Cuando tenga usted duda acerca de algún acto,
está dispuesto a preguntarse y responderse sinceramente la
pregunta: ¿Haría Jesús esto?


 Lección
10

Continuando el crecimiento

Los «niños» en Cristo deben seguir creciendo en la misma
forma en que lo hacen los niños en el hogar. El crecimiento
es necesario en todas las cosas de la vida: en la ciencia, en los
negocios, en la industria, todos se esfuerzan por avanzar o
crecer. Los siguientes textos enfatizan el crecimiento cristiano:
Efesios 2.19-21; 4.14.15; 1 Pedro 2.2; 2 Pedro 3.18; 2
Tesalonicenses 1.3.

El crecimiento en sí mismo no es suficiente. Debe ser un
crecimiento bien equilibrado y completo en todo sentido. El
cristiano, por tanto, debe crecer en celo, en capacidad para
enseñar, en fe, en carácter semejante al de Cristo,
en buenas obras. Tampoco debe estar lleno de conocimientos
teóricos, mientras que en la práctica sigue siendo
diferente a Cristo.

Esta lección nos enseñará a crecer en la
vida cristiana.

I. Impedimentos para crecer

1. Falta de esfuerzo. El crecimiento del cristiano no es
automático. Puede permanecer siendo «niño» durante
muchos años (Hebreos 5.13; 1 Corintios 3.1,2). La
crecimiento implica esfuerzo, y hay muchos que escogen el camino
de la pereza y la pasividad.

2. Desaliento. Algunos principian bien, pero luego se
desaniman y abandonan todo. Esto puede deberse a dificultades en
la iglesia, a dificultades personales, a falta de estímulo,
a falta de enseñanza o conocimiento (esto hace que el
estudio de la Biblia resulte muy dificultoso). Pocos de nosotros
podremos tener los motivos de desaliento que tuvo Pablo (2
Corintios 11.24-28; Filipenses 1.15-20). Frecuentemente el
desaliento viene a consecuencia de un sentimiento de inutilidad.
Para curar esto léase 1 Corintios 15.58.

3. El atrofia. Hay una ley que enseña que todo
órgano que no se usa se atrofia. Por ejemplo, si un
cuchillo se deja sin usar y mojado, se llenará de
herrumbre. Mateo 25.14-30 enseña en qué forma opera
esta ley. Perdemos nuestras capacidades, conocimientos y
oportunidades si dejamos de usarlos.

4 La ley de la interferencia. Las plantas, los
árboles y las flores no alcanzan su debido desarrollo
cuando se siembran muy juntos unos de otros. Los cristianos
pueden, en forma semejante, dejar que otras cosas se aglomeren en
su alma, impidiéndoles su crecimiento (Marcos 4.18,19). Un
hombre de negocios puede ser absorbido de tal manera por sus
propios negocios, que se olvida totalmente de los de Dios. Una
mujer puede dedicarse tan ardientemente a las tareas de su hogar,
que se olvida de Dios. Una persona joven puede sentirse tan
ocupada con los estudios que abandona la oración, la
lectura de la Biblia y las buenas obras. Esto es muy fácil.
Leer lo que pasó en el relato de 1 Reyes 20.3,40.

Algunas sugerencias para el progreso en el
crecimiento

1. Ser activo en la obra de su iglesia.

Es esencial que todo cristiano principie de inmediato a
trabajar en la obra de su iglesia. Hay trabajo para todos, pero es
un error tratar de hacer el trabajo para el que no está
preparado (Salmo 84.10). Aquí se trata de un trabajo
completamente sencillo, pero David se sintió feliz de
hacerlo. No importa cuán pequeño parezca un trabajo,
usted debe encontrar algo que hacer en su iglesia. Estas son
algunas sugerencias:

Trate de convertir a alguna persona. Lea lo que hicieron dos
discípulos de Jesús (Juan 1.4-46). Debemos ser
ganadores de almas para Cristo (Mateo 4.19). Esto puede lograrse
invitando a lo amigos a ir a las reuniones de la iglesia con
usted, estudiando la Biblia con ellos en su hogar, repartiendo
folletos sobre temas bíblicos o llevando a algún
cristiano «adulto» con usted para evangelizar. Una de las
experiencias más felices de la vida es la de saber que se
es directamente el causante de que alguna persona se haya
convertido.

Ofrezca sus servicios a los ancianos de su iglesia. Estos
hermanos se darán cuenta de sus capacidades. Muchas veces
tienen trabajo que debe hacerse, pero no se animan a invitar a las
personas para que lo hagan, porque no saben si están
dispuestas a hacerlo. Los hombres tienen distintas tareas que
desempeñar en la iglesia de las que le tocan a las mujeres,
pero hay trabajo para todos. Lo importante es tener el
espíritu de Isaías, como vemos en Isaías
6.8.

Busque usted mismo algún trabajo que deba hacerse. El
empleado ideal es aquel que busca trabajo que hay que hacer, sin
necesidad que nadie se lo señale, paso a paso. La
mayoría de nosotros somos muy buenos para critica a los
demás. Esta tendencia puede ser bien aprovechada en la
siguiente forma: Cuando algo que se hace en la iglesia no le
parece bien hecho, trate de hacerlo usted mismo. Los errores de
los demás pueden ser nuestra oportunidad. Nuestra capacidad
de crítica puede ser una forma que use Dios para indicarnos
el trabajo que podemos hacer.

II. Buscar y seguir un programa de estudio con
regularidad.

Hemos seguido un programa sobre el estudio de la Biblia. El
estudio nos proporcionará el alimento espiritual que
necesitamos para nuestro crecimiento como cristianos. Ahora debe
usted buscar un programa regular para estudiar la Biblia y otros
estudios relacionados con éste. Hay muchos libros sobre
temas bíblicos que pueden servirle de ayuda. También
es bueno leer periódicos evangélicos. La persona que
le ha dado este curso puede orientarlo en ese asunto. Pablo nunca
dejó de estudiar, aun siendo anciano y estando en
prisión (2 Timoteo 4.13). El eunuco etíope aun
cuando no era cristiano y no podía entender mucho de lo que
leía, puede avergonzarnos con su empeño para tratar
de estudiar la Biblia (Hechos 8.27-31).

III. Ejercer un continuo examen de sí
mismo

Hay niños que marcan su estatura pintando una rayita en
la pared cada año, para ver lo que han crecido durante el
mismo. Luego, miden con un metro no estatura. El examen de
sí mismo es indispensable. Los negocios hacen su inventario
periódicamente. Las escuelas efectúan
exámenes también periódicamente. Si no
hacemos esto, nunca podremos conocer nuestra condición
real. Entonces, nos podrá suceder lo que le sucedió
a la iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3.17,18; 2 Corintios 13.4).
Algún día todos seremos examinados por Cristo. Y,
naturalmente, no desearemos que se nos diga lo que el gran rey
oyó en el relato de Daniel 5.27.

A continuación hay una lista de las cosas que cada
cristiano debe preguntarse a sí mismo tan a menudo como sea
posible:

¿Tengo un conocimiento mayor de la Biblia del que
tenía yo hace un año?

¿Tengo tanto interés ahora en la iglesia como
cuando fui bautizado?

¿He ayudado a alguien a convertirse a Cristo?

¿Me estoy gozando en llevar una vida verdaderamente
cristiana?

¿Han mejorado mi vida y mi carácter, y se han
enmendado mis flaquezas para hacerme cada vez más
semejante a Cristo?

¿Estoy siendo ejemplo para otros cristianos?

¿He abandonado alguna buena práctica que
seguí anteriormente, como la oración, el estudio
de la Biblia y la asistencia a los servicios de
adoración?

El examen de sí mismo es difícil, pero el
crecimiento es imposible sin el.

Testimonio personal

1. ¿Ha iniciado usted algún estudio bíblico
con regularidad?

2. ¿Ha tratado de convertir a alguien?

3. ¿Desea usted sinceramente y se ha hecho el firme
propósito de crecer en su vida cristiana?

4. ¿Cuál cree usted que sea el principal
obstáculo para su crecimiento en la vida cristiana?

 

 

«Procura con
diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no
tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de
verdad» (2 Timoteo 2.15).


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Cristo

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