Devocional 12/04/2018

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+ Lectura y Audio de la Biblia:
El texto bíblico de hoy: Oseas cap 6 al 14
Oseas capítulo 06
Oseas capítulo 07
Oseas capítulo 08
Oseas capítulo 09
Oseas capítulo 10
Oseas capítulo 11
Oseas capítulo 12
Oseas capítulo 13
Oseas capítulo 14

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Y el capítulo 1 de Joel
Joel capítulo 01

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+ Banco de cheques de la fe
El banco de cheques de la fe 2011 de C. H. Spurgeon
12 de Abril

“Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” Jeremías 31: 34.
Cuando conocemos al Señor, recibimos el perdón de los pecados. Lo conocemos como el Dios de Gracia, que pasa por alto nuestras transgresiones. ¡Qué feliz descubrimiento es este! Pero cuán divinamente está expresada esta promesa: ¡el Señor promete que no se acordará más de nuestros pecados! ¿Puede Dios olvidar? Él dice que lo hará, y Él dice en serio lo que dice. Él considerará como si no hubiésemos pecado nunca. La grandiosa expiación quitó tan eficazmente todo pecado, que para la mente de Dios es como si no hubiera existido. El creyente es ahora tan acepto en Cristo Jesús como lo era Adán en su inocencia; sí, más aún, pues él lleva puesta una justicia divina, mientras que la de Adán era solamente humana. El Gran Señor no se acordará de nuestros pecados como para castigarlos, o como para amarnos una pizca menos por causa de esos pecados.
Igual que una deuda que, cuando es pagada, deja de ser deuda, así el Señor hace una completa cancelación de la iniquidad de Su pueblo.
Cuando nos estemos lamentando por nuestras transgresiones y deficiencias –y este es nuestro deber mientras vivamos- al mismo tiempo hemos de regocijarnos porque nunca serán mencionadas contra nosotros. Esto nos lleva a odiar el pecado. El perdón de Dios inmerecido nos conduce a vigilar para no ofenderle nunca más por medio de la desobediencia
+ Programa de formación Bíblica
3- Vida de Jesucristo
Vida de Jesucristo presenta los eventos principales de la vida de Cristo basado en una exposición del Evangelio según San Marcos. Considera el trasfondo histórico del tiempo para entender el mensaje de Cristo y cómo sirve de ejemplo para la Iglesia hoy.

3- Un Día en la Vida de Jesús por Ray C. Stedman

habían estado siguiendo durante un tiempo como sus discípulos. De modo que este no es un primer encuentro, sino que es el relato de su llamamiento oficial a un discipulado continuo. Lo asombroso acerca de ello, lo que realmente impresionó a Marcos fue el que Jesús afirmase su derecho a intervenir en sus vidas, pues les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.” Jesús asume toda la responsabilidad al respecto.

Estos hombres se dedicaban a pescar peces, eran sencillos pescadores galileos, un tanto ignorantes, sin estudios, sin conocimientos, hombres corrientes, dominados por sus pasiones y prejuicios judíos, con un punto de vista un tanto estrecho. Antes de que pudieran convertirse en pescadores de hombres, sería preciso que su mente se ampliase y fuese más universal. Tendrían que aprender a caminar de manera que dependiesen del poder del Espíritu de Dios y Jesús asume la responsabilidad para conseguir precisamente eso. ¡Eso a mi me sirve de estímulo! Porque siempre que El te llama a ti o a mi asume la responsabilidad de prepararnos para la labor si estamos dispuestos a seguirle y a ser sumisos a El.

En su libro What Should This Man Do? (¿Qué debería Hacer Este Hombre?) Watchman Nee hace una sugerencia de lo más cautivadora, en el sentido de que Jesús no solo tiene la intención de capacitar a estos hombres para la labor que les ha llamado realizar, sino que lo hace de tal manera que permite que cada uno de ellos conserve su propia personalidad. Esto queda perfectamente claro en lo que Marcos nos dice acerca de lo que estaban haciendo estos hombres en el momento en que Jesús les llamó. Pedro y Andrés estaban echando sus redes al mar, echando sus redes redondas a los lados de la barca para poder coger los peces con ellas. Esto nos sugiere que habían de convertirse en evangelistas. Ese sería el proceso mediante el cual llegarían a otras personas, alcanzando a los que estaban a su alrededor. Al continuar el relato veremos de qué modo se convierte Andrés en el discípulo que lleva a las personas a Jesús, del mismo modo que llevó a su hermano Pedro a Cristo. Pedro se convierte en el gran evangelista cuando predica el evangelio a tres mil personas en el día de Pentecostes.

Pero Santiago y Juan estaban haciendo algo diferente, estaban arreglando sus redes. La palabra griega “arreglar” es la misma palabra que aparece en Efesios 4, cuando Pablo dice acerca de los pastores y maestros que deben de “equipar” (o arreglar) a los santos para realizar el trabajo del ministerio. De la misma manera que Santiago y Juan estaban equipando sus redes, asegurándose de que estuviesen listas, cuando les llamó Jesús, esa sería la labor que desempeñarían como pescadores de hombres. Lo harían como maestros, equipando a los santos y, una vez más, es lo que vemos en las vidas de estos hombres a través de todas las Escrituras.

Este es un pensamiento precioso, porque indica que cuando el Señor nos llama no solamente nos capacita, asumiendo la plena responsabilidad de enseñarnos todo cuanto necesitamos aprender para poder cumplir nuestro llamamiento, sino que lo hace de tal manera que nos permite conservar los matices de nuestra propia personalidad que hace que seamos lo que somos.

Durante esta semana pasada, mientras me encontraba en la Facultad de Wheaton, se me acercó un joven estudiante al final de un culto en la capilla y con una mirada muy intensa en su rostro me dijo: “Oiga, usted ha estado toda la semana hablándonos acerca de cómo Cristo obra en nosotros, diciendo que El lleva a cabo la obra, pero tengo una pregunta que hacerle: ¿cómo puede Jesús obrar en nosotros sin destruir nuestra personalidad?” Estuve pensando en la respuesta y de repente me vino a la mente un ejemplo: “Cuando preparas el desayuno, si enchufas la tostadora electrica y la batidora al mismo enchufe, harían las dos la misma cosa?” Me respondió: “Ya veo lo que quiere decir.” Claro que no sirven los dos aparatos para lo mismo. Los dos usan la misma potencia, pero no sirven los dos para hacer lo mismo. Igual pasa con Jesús. El es el poder en la vida cristiana, el que vive en nosotros y se manifiesta a través de nosotros, sea cual fuere la exigencia de la vida, pero el resultado siempre conserva algo de nuestra individualidad. Lo glorioso del llamamiento cristiano es que todo recibimos el poder de ese Dios Poderoso, pero que no perdemos ninguna de esas características de nuestra propia personalidad.

Por lo que Marcos se siente impresionado con esa competencia tan asombrosa de Jesús, porque los hombres no acostumbran a actuar de ese modo. Si se matricula usted en un curso de desarrollo de la personalidad, o para desarrollar sus habilidades de mando, se verá invariablemente sometido a un proceso que es igual para todos, que intenta obligar a todo el mundo a que encaje en el mismo molde. Por desgracia, eso es algo que también hacemos en los círculos cristianos, por lo que a veces somos todos como si nos hubiesen cortado del mismo patrón, ¡como si todos fuesemos monigotes iguales! Pero no es eso lo que hace Jesús y Marcos se maravilla por la competencia de este hombre extraordinario.

La segunda señal de la autoridad la encontramos en el siguiente pasaje:

“Entraron (vemos que habla en plural, es decir, iban a Capernaum Pedro, Andrés, Santiago y Juan con nuestro Señor ) en Capernaum. Y en seguida, entrando él en la sinagoga los sábados, enseñaba. Y se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.”

En este caso, Marcos se queda asombrado por la enorme comprensión de Jesús, por su increible conocimiento, por su discernimiento con respecto a la humanidad y la vida. Se sentía especialmente impresionado por la autoridad con la que hablaba. Todos los que estaban presentes se sentían impresionados por la autoridad de la que hacía gala Jesús. No enseñaba como lo hacían los escribas a los que estaban acostumbrados a escuchar. “Hillel dice lo siguiente y Gamaliel añade tal cosa, mientras que otras autoridades argumentan que….” Jesús no hacía referencia a ninguna autoridad que no fuese él mismo. Pero con todo y con eso sus palabras mostraban tal percepción, eran tan reales en cuanto a la experiencia y las convicciones internas de los hombres y mujeres que le escuchaban que estos no podían más que asentir con la cabeza diciendo: “¡Claro que sí!” sabiendo que lo que decía Jesús era verdad. J.B. Phillips ha titulado una de sus libros The Ring of Truth (El Sonido de la Verdad), que es una descripción muy apropiada de cómo enseñaba Jesús. Sus palabras tenían ese sonido de la verdad, reconocidas por todos los que le escuchaban hablar. Era una verdad que le prestaban autenticidad, que correspondían con la convicción interior de cada una de las personas que le escuchaban, de modo que sabían que Jesús conocía los secretos de la vida.

Esto es de gran importancia porque significa que hemos de medir cada enseñanza con lo que dijo Jesús acerca del tema. La última vez que estuve en la Facultad de Wheaton fue hace varios años, cuando las universidades de este país se vieron destrozadas por los disturbios y la disensión y ni siquiera las universidades cristianas se libraron de esa situación. Me invitaron a que enseñase una clase acerca de los acontecimientos que estaban teniendo lugar y charlamos sobre los diferentes problemas, como la pena capital y, como es natural, la guerra del Vietnam. Me sentí profundamente consternado al escuchar a aquellos estudiantes referirse constantemente a la autoridad secular. Por fin hice un alto y les dije: “Escuchad, esta es una facultad cristiana, a pesar de lo cual nadie se ha referido para nada a lo que Dios tiene que decir con respecto a estos temas. Y Su punto de vista es, después de todo, el único que cuenta y la verdad se halla en lo que El dice.” La verdad es lo que encontramos en las enseñanzas de Jesús. Hemos de corregir, por lo tanto, nuestra psicología y nuestra filosofía basándonos en la verdad que El ha expuesto.

Quiero compartir con usted una cita con la que me encontré hace ya algún tiempo y que pertenece a un psiquiatra americano, llamado J.T. Fisher:

Si recogiesemos la suma total de todos los artículos de autoridad que jamás han escrito los psicólogos y psiquiatras más capacitados sobre el tema de la higiene mental, si los combinasemos y refinásemos, eliminando de ellos el exceso de palabrería, si nos quedamos con lo importante y eliminasemos la paja de dichos artículos, y si dispusieramos de estos fragmentos sin adulteración de puro conocimiento científico, expresado de una manera concisa por los poetas vivos más capaces, nos encontraríamos con un resumen absurdo e incompleto del Sermón del Monte y, con todo y con eso, sufriría inmensamente en la comparación. Durante casi dos mil años el mundo cristiano ha tenido en sus manos la respuesta perfecta a su anhelo más desasosegado e infructuoso. Tenemos aquí el programa detallado necesario para llevar una vida de éxito, para disfrutar de una salud mental óptima y sentirnos satisfechos.

Es por eso precisamente por lo que, en la sinagoga de Capernaum, se sintieron maravillados por las enseñanzas de Jesús. Cuando leo las Escrituras y veo las cosas que dijo Jesús, con frecuencia me siento totalmente atónito por la asombrosa sabiduría y por el discernimiento de la vida que representan y cómo Jesús pone de manifiesto lo lejos que con frecuencia se halla el pensamiento secular , lo equivocado que está, a pesar de que todo el mundo lo alaba y dice que está bien. Por eso es por lo que necesitamos el discernimiento de este hombre extraordinario, al estudiar nuestra vida y la vida humana en general.

La siguiente señal de la autoridad de Jesús es una respuesta asombrosa a la enseñanza de Jesús en la mañana del sábado, que encontramos en los versículos 23 al 28:

“Y en ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga de ellos, y exclamó diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para destruirnos? Se quién eres: ¡el santo de Dios! Jesús le reprendió diciendo: ¡Cállate y sal de él! Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó a gran voz y salió de él. Todos se maravillaron, de modo que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos él manda, y le obedecen. Y pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor de Galilea.”

Marcos nos lo resume todo ello en la respuesta de las personas que se hallaban en la sinagoga. Estaban sorprendidas, maravilladas y dijeron: “aun a los espíritus inmundos él manda y le obedecen.” Esto representa el mandato de Jesús. No hay duda alguna de que el espíritu inmundo estaba reaccionando a la enseñanza de Jesús y que ¡no la podía soportar! El discernimiento de que dio muestras nuestros Señor esa mañana fue tan penetrante, tan revelador del error y del pensamiento confuso de los hombres, que el demonio se sintió torturado por la verdad y por ello estalló y exclamó con una airada interrupción diciendo: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? Sé quién eres: ¡el santo de Dios!” y Jesús le reprendió, mandándole callar.

La película El Exorcista ha capturado de tal modo la imaginación de la gente que acuden a los cines en grandes números a verla. Yo no la he visto, pero he leído algunos críticas sobre ella. Es la historia de una muchacha poseida por un espíritu del mal, un demonio. Se supone que dos hombres interceden a su favor, pero a juzgar por lo que he oído y leído acerca de la película, no creo que sea lo que aparenta ser. Es posible que a la muchacha la liberasen temporalmente del espíritu malvado, pero no es una historia de triunfo sobre el mal. Es el demonio el que triunfa, porque destruye a los dos hombres en el proceso. Por lo tanto, es una película malvada y que produce temor.

Pero en este relato no encontramos nada por el estilo. Cuando el demonio se enfrenta con Jesús, se ve obligado a salir de la persona en cuyo cuerpo se encontraba y la palabra de Jesús es victoriosa desde el principio mismo. El espíritu se muestra reacio a salir, cosa que es evidente a juzgar por la manera en que le produce convulsiones a la persona y grita con una gran voz. Pero se ve obligado a marcharse, esa es la cuestión. Se ve abrumado por un poder superior y durante todos los siglos que han transcurrido desde entonces, el único nombre al que temen los demonios es el nombre de Jesús. El es quien libera a los hombres y a los oprimidos. Bueno es recordarlo, puesto que en la actualidad estamos experimentando una tremenda invasión de las fuerzas demoniacas, sabiendo que ni ningún ritual religioso ni eclesial va a liberar a las personas, solo lo puede hacer Jesús, al que temen los demonios y su autoridad cuando manda a los espíritus inmundos que le obedezcan.

Esta obediencia resulta tan extraordinaria que Marcos deja constancia de que “pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor de Galilea.” Cuando Marcos dice “pronto” no quiere decir en unos pocos días o una cuantas semanas, quiere decir en cuestión de horas. Aquella fue una situación tan asombrosa que al cabo de unas horas se había corrido la voz como la pólvora por toda la región y al llegar la noche, le estaban llevando a Jesús los enfermos de la ciudad y los que estaban poseidos de demonios para que los sanase, como veremos en un momento. Su fama se había extendido como el fuego y se habían enterado de que Jesús podía mandar a los espíritus de las tinieblas y estos le obedecían.

A continuación tenemos un relato de un acontecimiento sencillo en la casa de Simón y de Andrés, en los versículos 29 a 31:

“En seguida, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Jacobo y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y de inmediato le hablaron de ella. El se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Y le dejó la fiebre y ella comenzó a servirles.”

Eran las primeras horas de la tarde y Marcos enfatiza la compasión que movió a Jesús. Si leemos el relato de una manera un tanto superficial suena como si fuese un caso de falta de mano de obra. Simón y Andrés habían invitado a Jesús, a Jacobo y a Juan a que fuesen con ellos a su casa y se encontraron con que la suegra, que a lo mejor se ocupaba normalmente de servir, estaba enferma. Así que le pidieron perdón a Jesús “y le hablaron acerca de ella”. Las traducciones a los idiomas europeos parecen sugerir que hasta le pidieron que la curase, pero el griego deja claro que no fue así; fue a Jesús al que se le ocurrió hacerlo. Cuando se enteró de la enfermedad, tomó la iniciativa, se acercó a ella, puso su mano sobre la mujer y la fiebre desapareció. Y fue por la gratitud que sintió en su corazón por lo que esta mujer atendió a las necesidades de aquellas personas esa tarde.

Es cierto que no fue un milagro necesario porque no se encontraba gravemente enferma. Sin duda la fiebre habría seguido su curso y la mujer se hubiese recuperado en unos pocos días, pero es algo que nos habla acerca de la compasión que sentía Jesús en su corazón y, por ello, reaccionó frente al sufrimiento de esta querida mujer, aunque su enfermedad fuese leve y la tocó, liberándola y restaurándola al servicio esa tarde. Marcos deja constancia de un Cristo compasivo, que se cuida de las personas con autoridad y con poder.

A continuación nos encontramos con el relato de la noche, en los versículos 32 a 34:

“Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los endemoniados. Toda la ciudad estaba reunida a la puerta. Y él sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios. Y no permitía a los demonios hablar, porque le conocían.”

Cuando se ponía el sol terminaba el sabat, y comenzaron a traerle de toda la región de alrededor a los enfermos y endemoniados para que Jesús les sanase. Marcos nos dice que “toda la ciudad estaba reunida a la puerta”. Si visitan Capernaum se encontrarán con que es una ciudad muy pequeña, en la que no hay más que una docena de casas y en ella están las ruinas de la sinagoga. Algunos creen que es la misma en la que enseñaba Jesús, pero la opinión de la mayoría de los eruditos es que data del siglo segundo, aunque posiblemente fuese construida en el mismo lugar en que estuvo la sinagoga descrita en este relato, pero en aquella época Capernaum era la ciudad más floreciente cerca del lago, la ciudad más grande de todas y allí era donde Jesús tenía su hogar.

Así que las gentes le llevaban a Jesús sus enfermos y sus endemoniados para que los curase. ¡Qué tarde más ocupada pasaría en Capernaum! Marcos nos cuenta el enorme control que ejercía Jesús sobre estos demonios, colocándoles en cuarentena vocal. Jesús no les dejaba hablar porque le conocían y esto es altamente significativo, porque es la primera indicación del deseo que con frecuencia manifestaba Jesús de restarle importancia a lo espectacular, manteniendo la situación bajo control, para que el liberar a las personas de los demonios no pareciese un hecho extraordinario y para sanarles fisicamente. En una serie de ocasiones Jesús le dijo a los que sanaba: “no se lo digais a nadie”, es decir “no se lo digais a nadie, sencillamente aceptad que habéis sido sanados, pero no corrais la voz.” Pero ellos le desobedecían invariablemente y no tardó en resultar evidente que no podía ir ya a la ciudad a atender a sus necesidades, debido a las multitudes que le seguían. Es evidente que Jesús no quería verse rodeado por las multitudes, no por el motivo por el que le seguían.

¡Qué gran contraste con el modo de actuar hoy algunas personas! Hay sanadores que van haciendo propaganda de sus campañas de sanidades, que tratan de atraer a las multitudes precisamente de ese modo, enfatizando lo espectacular de lo que hacen. Pero en la Biblia no hallamos nada por el estilo. Incluso en el caso de los apóstoles, las sanidades físicas que realizaban en sus ministerios era algo a lo que le restaban importancia, como lo hizo Jesús y ellos nunca lo divulgaron. En las Escrituras no encontramos nada que nos indique que las personas diesen testimonio público de lo que les había sucedido para aumentar el número de las multitudes o de que “se sintiesen hechizadas por el poder de Dios” ni por tanto teatro como se le echa en la actualidad, conceptos totalmente contrarios a la Biblia.

No cabe duda de que Dios sana y de que debemos estar agradecidos porque lo haga, pero son solo bendiciones temporales como mucho. Lo que Jesús enfatiza continuamente es la sanidad del espíritu del hombre, el acabar con la amargura y la hostilidad, la lujuria y la ira, la preocupación y la ansiedad, además del espíritu crítico. Es precisamente lo que a Jesús le preocupa, que nos libremos de todas estas cosas tan negativas y malas porque eso es lo que tiene un valor eterno. La sanidad del espíritu es algo permanente, por lo que Jesús le da la espalda a la fama popular, intentando eliminarla y mantenerla bajo control, a fin de estar libre para un ministerio que tenía mucha más importancia.

Marcos nos ofrece el relato final, la última señal en los versículos 35 a 39:

“Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba. Simón y sus compañeros fueron en busca de él. Le encontraron y le dijeron: Todos te buscan. El les respondió: Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y fue predicando en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echando fuera los demonios.”

Después de un día tan completo, y vemos que lo fue realmente, qué ministerio tan pesado tuvo que realizar el Señor ese día, ¡con todas las sanidades que tuvo que realizar estando ya avanzada la tarde! Marcos nos dice que por la mañana, aún de madrugada, antes de que se hiciese de día, Jesús se fue a un lugar desierto y una vez allí, estando a solas, se puso a orar, pero ni siquiera allí se encontraba a salvo. Sus discípulos interrumpieron su comunión y le dijeron que todo el mundo le estaba buscando. Y Jesús revela el punto central y la sustancia de su oración en lo que dice en su respuesta: “vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.” Ese era el tema de su oración, para que Dios le guiase, para que se abrieran puertas y para que estuvieran dispuestos los corazones en las ciudades y pueblos a los que iría después.

¿Por qué buscaba Jesús el rostro del Padre de ese modo, a aquellas horas de presión? La única respuesta que podemos encontrar es que deseaba dejar claro que la autoridad que tenía no procedía de él. Eso es lo que el Señor está constantemente intentando hacernos ver en las Escrituras, que no actuaba guiado por su autoridad, sino por la del Padre.

No conozco ninguna doctrina que produzca más confusión actualmente en el cristianismo y que haya robado a las Escrituras de su autoridad y su poder en las mentes y en los corazones de un sinnúmero de personas, que aquella según la cual Jesús actuaba en virtud del hecho de que era el Hijo de Dios, que alega que la autoridad y el poder que demostraba tener eran debidos a su propia deidad. A pesar de lo cual El mismo realiza grandes esfuerzos por decirnos que no es ese el caso. “El Hijo nada puede hacer por si mismo.” ¿Por qué hacemos caso omiso de su explicación e insistimos en que es él, actuando como Hijo de Dios? El nos dice, sin embargo que “no soy yo, el Padre que mora en mi, El hace las obras.” Y todo el poder que manifestó Jesús tenía que venir a él constantemente de Aquel que moraba en él.

El motivo por el que Jesús enfatiza este hecho es que es lo que quiere que aprendamos. Nosotros debemos de actuar conforme a esa misma base. La reacción frente a las exigencias normales y corrientes de la vida y el poder para afrontarlas, debe de venir de nuestra confianza en él obrando en nosotros. Ese es el secreto, todo el poder para vivir la vida cristiana no es algo que procede de nosotros, aunque hagamos lo mejor de que somos capaces para actuar como Dios quiere que lo hagamos, sino de él; algo que se nos concede momento tras momento cuando la situación nos lo exige. El poder le es concedido a los que le siguen y le obedecen. El Padre obra en el Hijo y el Hijo, a su vez, obra en nosotros. Cuando lo aprendemos es cuando se nos concede el poder para hacer frente a las exigencias y a las necesidades que nos esperan en el ministerio que nos ha sido dado.

Ese era el motivo por el que Jesús se apartó al monte a orar, para que hubiese una profunda comunión en la relación con el Padre y para que no se produjese ningun impedimento en el fluir del Espíritu de Dios en Jesús al dirigirse a todas aquellas ciudades y pueblos. ¡Qué gran diferencia cuando empezamos a entender este principio!

Eso es precisamente lo que nos esforzamos en enseñarles la semana pasada a los estudiantes de Wheaton. Muchos de ellos lo entendieron y comenzaron a depositar su confianza en el poder que tiene Dios para obrar. Un estudiante dijo que se había ido a casa una noche pensando en las palabras “todo viene de Dios, nada viene de mi.” Al intentar concentrarse en sus estudios, no hacía más que pensar en su padre, que no era cristiano. De modo que le llamó por teléfono y le dijo: “Papá están poniendo en el pueblo la película de Billy Graham “Time to Run” (hora de correr) ¿quieres venir conmigo esta noche a verla?” Su padre puso algunos reparos y dijo que estaba cansado, pero el muchacho siguió insistiendo para que fuese y su padre le dijo: “Está bien, hijo, hace mucho que no he hecho nada contigo.” Fueron a verla y esa noche el padre recibió al Señor. ¡El muchacho estaba muy emocionado viendo cómo obraba Dios en él!

Hace unas semanas, cuando estuve en Méjico, pasé una velada con la Srta. Eunice Pike, la hermana del Dr. Kenneth Pike, los dos conocidos y habiles linguistas. La Srta. Pike me estaba contando cosas acerca de los primeros tiempos de Wycliffe Translators en Méjico. Cameron Townsend, el fundador, había ido a Méjico para intentar obtener un permiso del gobierno mejicano para traducir las Escrituras a los lenguajes de las tribus indias. Sin embargo, el gobierno se emperró en que eso no sucediese y se opuso totalmente. El oficial al que tuvo que apelar le dijo: “Mientras yo ocupe este puesto, nunca se le concederá el permiso. No queremos la Biblia en las lenguas indias, solo servirá para trastornarles.” Se negó totalmente a concederlo y Townsend hizo todo lo que pudo, yendo de un oficial a otro, pidiendo a todos sus amigos cristianos que orasen al respecto para que Dios abriese la puerta, pero al parecer la puerta seguía estando cerrada.

Finalmente decidió que dejaría de empeñarse en obtenerlo y que él y su esposa se irían a vivir en un pequeño y oscuro poblado indio, para aprender el idioma, para atender a las necesidades de las personas lo mejor que pudieran y esperarían a que Dios se moviese. Vivieron en una pequeña casa sobre ruedas en el pueblo, los dos solos. No pasó mucho tiempo antes de que se fijase en una fuente que se encontraba en el centro de la plaza y que producía un chorro precioso, de agua cristalina, pero que el agua iba colina abajo y se desperdiciaba. Sugirió que los indios plantasen algo en la región a la que pudiese llegar facilmente el agua, utilizándola de ese modo. No tardaron en poder cultivar el doble de los alimentos que antes y como resultado de ello mejoró considerablemente la economía del pueblo y los indios se sintieron agradecidos. Townsend escribió esto en un artículo y lo envió a un periódico de Méjico que pensó que podría interesarle.

El no lo sabía, pero el artículo llegó a manos del Presidente de Méjico, Lázaro Cardenas. El Presidente preguntó: “¿Qué es esto? Un gringo, un americano que se viene a vivir en un poblado indio, donde ni siquiera nuestra propia gente quiere vivir, ¿y además ayuda a la gente del poblado? ¡Tengo que conocer a este hombre!” Pidió que le preparasen su limusina y sus ayudantes y él se dirigieron hacia el pequeño poblado indio, donde aparcaron en la plaza. Sucedió que Townsend estaba allí y vio el coche. Preguntó quien iba en él y le dijeron que el Presidente de Méjico.

Cameron Townsend no es un hombre que desaproveche una oportunidad, de modo que se acercó al coche, se presentó a sí mismo y, ante su sorpresa, oyó decir al Presidente: “¡Usted es el hombre al que he venido a ver!” Le invitó a ir a la Ciudad de Méjico y a que le contase más acerca de su trabajo y cuando se enteró en qué consistía, le dijo: “¡Claro que sí! Puede usted venir a Méjico a traducir las Escrituras a las lenguas indias.” Eso dio pie a que surgiese una amistad que duró toda la vida del Presidente Cardenas, que falleció hace solo unos años. Su poder y su autoridad fueron usados por Dios durante todos esos años para abrir las puertas a los traductores de Wycliffe por todo aquel país.

Solo Dios puede hacer cosas así, ¡hacer que un Presidente vaya a ver a un hombre sencillo! Y eso es lo que echa de menos la iglesia de nuestros días. Tenemos las cosas planeadas, arregladas y estructuradas y demasiado organizadas de tal manera que a penas permitimos que Dios pueda actuar. Pero eso era lo que sabía Jesús, la manera en que Dios puede obrar de manera única y maravillosa, abriendo puertas que nadie podía ni siquiera imaginar, si la persona es un instrumento dispuesto y preparado a responder a esa clase de poder en su interior. Y ese fue el secreto que impresionó a Marcos, la autoridad del siervo. El que sirve es el que gobierna.

Oración

Padre, te doy gracias por lo que me recuerdas en estas lecciones. Ayudanos a entender que estas lecciones no tienen el propósito de ser solo lecciones sobre la antigua historia, sino que es como debemos de vivir hoy. Está vivo el mismo Dios, el mismo poder está disponible, se aplican los mismos principios, listos para que seamos instrumentos en cualquier situación que nos exija la vida. Lo pedimos en el nombre de Cristo, amen.

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Nº de Catálogo: 3303, Serie: EL SIERVO QUE GOBIERNA, Tercer Mensaje, Marcos 1:16-39, 6 de Octubre de 1974.

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+ Meditación semanal

Salvador Pardo – Esposo, una autoridad dada por Dios


+ Música cristiana:
Esta semana podrás escuchar la música de Marcela Gandara
Dame tus ojos Es una aventura Supe Que Me Amabas Por las llagas de Jesús
Un viaje largo Tu estas aqui Contigo Quiero Caminar
A Tí sea la gloria Adorandote Antes de Ti
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Esta semana puedes dispone de un libro cristiano de:
Charles H. Mackintosh – Dios por Nosotros
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Durante esta semana tendremos:
Escape del Infierno Película Cristiana

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