Devocional 23/11/2018

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El texto bíblico de hoy: Esdras cap 9 al 10
Esdras capítulo 09
Esdras capítulo 10

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Y los capítulos 1 al 8 de Nehemías
Nehemías capítulo 01
Nehemías capítulo 02
Nehemías capítulo 03
Nehemías capítulo 04
Nehemías capítulo 05
Nehemías capítulo 06
Nehemías capítulo 07
Nehemías capítulo 08

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+ Banco de cheques de la fe
El banco de cheques de la fe 2011 de C. H. Spurgeon
23 de Noviembre

“Y Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco.” Deuteronomio 7: 22.
No debemos esperar ganar victorias para el Señor Jesús de un solo golpe. Las prácticas y principios perversos tardan en morir. En algunos lugares toma años de trabajo echar siquiera a uno de los muchos vicios que corrompen a los habitantes.
Debemos continuar la guerra con toda nuestra fuerza, aun cuando sólo seamos favorecidos con un pequeño éxito evidente.
Nuestro deber en este mundo es conquistarlo para Jesús. No hemos de hacer concesiones, sino que hemos de exterminar los males. No hemos de buscar popularidad, sino que hemos de mantener una guerra incesante contra la iniquidad. Infidelidad, papado, bebida, impureza, opresión, mundanalidad, error; todo esto ha de ser “echado fuera”.
Sólo el Señor nuestro Dios puede lograr esto. Él obra por medio de Sus siervos fieles; y, bendito sea Su nombre, Él promete que obrará de esta manera. “Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti.” Esto lo hará gradualmente, para que aprendamos la perseverancia, crezcamos en la fe, vigilemos con denuedo, y evitemos la seguridad carnal.
Demos gracias a Dios cuando haya un pequeño éxito, y oremos pidiendo más éxitos. No enfundemos nunca la espada hasta que la tierra entera sea conquistada para Cristo.
¡Ten valor, corazón mío! Prosigue poco a poco pues muchas pequeñas victorias constituirán un gran todo.
+ Programa de formación Bíblica
8- Homilética
Homilética es el arte y ciencia de predicar para comunicar el mensaje de la Palabra de Dios. Se estudia cómo organizar el material, preparar el bosquejo y predicar efectivamente. Presenta a través del estudio de sermones ejemplares un modelo útil para los que empiezan a lanzarse al dificil arte de la predicación, mostrándo cómo decir las cosas de un modo claro y concreto.

26- EL REPOSO DE LOS SANTOS (Hebreos 3:12-14)

Introducción

Estamos en época de vacaciones. Muchos habéis pasado unos días de solaz, apartados del trabajo rutinario de cada día; gozando del verdor, encanto y magnificencia de las al­turas, o de las caricias del mar. Y tendréis que empezar (o habéis empezado) dentro de x días, la labor diaria, con su fatiga, sus preocupaciones, sus sinsabores y dificultades.

Por esto me parece oportuno hablaros del trabajo y del descanso desde el punto de vista humano y espiritual.

  1. Trabajo y reposo divino

El trabajo es ley universal. Dios mismo trabaja en su alta esfera, y también reposa, o diríamos, aumenta y disminuye su actividad creadora y organizadora en ciertos lugares del Universo. ¿Qué significa, si no Génesis 2:1-3? Por esto, cuando oigo decir que este mundo tiene tantos centenares de millones de años, o que la roca o el fósil hallado en tal o cual lugar de la costra terrestre los debe tener también, no digo que no; pero me quedo algo dudoso. ¿Sabéis por qué? Porque me parece que los científicos juzgan las cosas por el ritmo actual de la naturaleza, de acuerdo tan sólo con su actual experiencia. Es decir, juzgan y calculan basándose en lo que saben, pero ¿y lo que no saben? Sabemos hoy, por ejemplo, lo que se desconocía hace treinta años, que por medio de radiaciones isotópicas pueden hacerse aparentes milagros. Que vegetales expuestos en condiciones adecuadas a la radioactividad pueden crecer en días y hacerse gigantescos. ¡Quizás esto explica la existencia de los imponentes animales antidiluvianos que precedieron a la creación del hombre! Quizás algún día la ciencia tendrá que reconocer, no sólo lo que ya se ve obligada a admitir ahora, que hubo seis épocas diversas, días de la creación, y su ordenada sucesión, en la forma exacta que lo describe la Biblia, sino también que en aquellas seis épocas creativas las cosas se hicieron más aprisa. En otras palabras: que Dios obró con una actividad extraordinaria durante aquellas susodichas seis épocas geológicas, y reposó (o mejor dicho, está reposando todavía) en la séptima, la actual; en la cual la materia está perdiendo lentamente radioactividad, sin recibir nueva potencia creado­ra y organizadora.

Quizás esto explique el hecho notablemente extraño, dados los incontables recursos de la Naturaleza, tal como los vemos manifestados en este mundo, de que nos hallemos rodeados de mundos compañeros de la tierra en el mismo sistema planetario del Sol, tan atrasados, al lado del que nosotros habitamos. Entonces será quizá reconocido que si nuestro planeta es tan diferente de la luna y de otros planetas de la misma edad geológica, es no solamente por las causas físicas a las cuales ellos atribuyen tal diferencia, por lo que encontramos expuesto en Génesis 1:2, o sea, que Dios obró con una actividad extraordinaria, y especialmente intencio­nada sobre la tierra durante las seis épocas de la creación, y ahora nos hallamos en la séptima, cuando el Creador reposa, o sea, no interviene sino muy raramente, en el aspecto físico, en este maravilloso mundo en que vivimos, mientras que no ha tenido a bien intervenir de un modo particular en dichos planetas.

  1. Trabajo y reposo humano

Cuando el gran Artífice invisible cesó de actuar directamente sobre los elementos físicos, o sea, reposó, dio al hombre, creado a su imagen y semejanza, la ley del trabajo, para que completara su magnífica obra aprovechándose del maravilloso orden, por El establecido, y de los recursos naturales puestos por su sabia providencia en nuestro planeta.

  1. a) El trabajo no es un castigo. No le dio el trabajo como castigo, sino como un privilegio;  el privilegio de cooperar con su Padre celestial en el perfeccionamiento de este mundo. A tal objeto le puso en una especie de museo o jardín botánico preparado en el Asia Menor, el paraíso del Edén. Observad que había allí oro, el metal más manejable, piedras preciosas, fuentes de aguas, árboles, plantas y animales de todas clases (Génesis 2:10-15).»Aquí está todo, por lo menos los tipos originales que después se han desarrollado en razas —parece decirle—; úsalo. Nada te será contrario, sino todo favorable; trabaja, no en los términos de una labor, sino de una distracción y satisfacción.» Sin cardos ni espinas, sin plagas con que luchar, el primer labrador humano no tenía una tarea pesada, y mucho menos lo habría sido de haber podido utilizar los instrumentos que los conocimientos científicos (más rápidamente alcanzados de no ocurrir la tragedia del pecado) le hubieran proporcionado poco después. El trabajo que Dios dio a Adán no era sino un privilegio de colaboración; como el padre que permite al niño poner su manita en el asa de la cesta, para que parezca que hace algo…. Para que puedas escoger las plantas y frutos que te apetezcan —parece decirle Dios—; pon la semilla y cúbrela de tierra. Esto es todo. Del resto me encargo yo, pues tú, pobre criatura, nada más puedes hacer.»
  2. b) El pecado, maldición del trabajo. Pero sobrevino el pecado, el virus criminal de la desconfianza a Dios, con su secuela de sentimientos malévolos; la ambición, el egoísmo, a envidia, el odio. El simple acto de tomar y coger del árbol prohibido fue sólo la primera manifestación, el primer fruto le la terrible semilla del mal, del contagio, de la peste del recado que surgió del averno en la persona del Tentador.

Entonces apareció el trabajo como castigo, como labor penosa, como una lucha con fuerzas hostiles de la Naturaleza; y aun peor que todo, con fuerzas hostiles dentro de la propia humanidad. Si el pecado hubiese sido un mero acto y no una infección; un hecho erróneo que tuviera que recibir como castigo la expulsión del Edén, no habría sido nada grave. Un día u otro tenían que esparcirse los hombres sobre la tierra, saliendo de la «Escuela Museo Didáctico de Dios», para colonizar el mundo. Pero no fue esto sólo, sino que el pecado corrompió el corazón del hombre, haciéndole capaz de actos criminales; le transformó de un hijo de Dios en un criminal en potencia. Cuando vieron los hombres que matando a sus prójimos se obtenía la ventaja de apoderarse de sus bienes y de sus mujeres; utilizando la extraordinaria inteligencia con que Dios les había dotado, empezaron a moldear las piedras y a fraguar los metales, no tan sólo para defenderse de las bestias, sino para guerrear entre sí. De Lamec, el biznieto de Caín, leemos que cuando alguien le ofendió y golpeó, él lo asesinó a mansalva, y advirtió a sus dos mujeres Ada y Zula: «Al que me toca, yo le liquido» (Génesis 4:23-14). Pero, como dice el refrán, que «donde las dan las toman», otros hombres hicieron lo mismo, y la tierra empezó a llenarse de violencia hasta llegar a la depravación que trajo el diluvio.

Por esto, antes y después del diluvio, los hombres se dedicaron a formar agrupaciones, nombrando un jefe, para protegerse mejor de sus enemigos; edificaron ciudades amuralladas; surgieron guerras entre tribus y entre grupos de tribus; se hicieron prisioneros y se inició la tragedia humana de la esclavitud, que ha durado siglos, y ha hecho penosa y miserable la vida de millones de seres humanos, en lugar de cumplirse el plan ideal del Creador, de independencia familiar, mayormente agrícola, en un mundo abundante para todos y bien distribuido. En Hebreos 2:15 se nos describe la triste condición de la raza caída al decir: «Por el temor de la muerte estuvieron sujetos toda la vida a servidumbre.» En efecto, en siglos pasados, a causa de las guerras y de mala organización social maleada por el pecado, millones de hombres trabajaron de sol a sol, nada más que por una miserable pitanza que les permitiera seguir viviendo. Los millones de esclavos que edificaron las pirámides de Egipto, las murallas de Tarragona, la gran muralla de China, etc., etc., tenían descanso: día tras día y año tras año, más que las breves horas de la noche. No existía para ellos ni el reposo semanal, exclusivo de la nación hebrea por mandato de Dios, ú tampoco tiempos de vacación como los que hoy tenemos. Cuán agradecidos debemos estar de vivir, hoy día, en una sociedad que, aunque dista mucho de ser perfecta, es, indefectiblemente, mejor que la de aquellos oscuros tiempos.

  1. c) El trabajo en el Reino de Dios. Porque El es quien tiene en su mano el porvenir del mundo, el cuadro que nos dan las profecías del reino de Dios sobre la tierra, es diferente del que nos presentaba cierto programa de televisión, hablando de los problemas de la vivienda y de la contaminación en el año 2000. Porque creemos que el Señor ha de intervenir antes de que la humanidad llegue al estado que prevén los pensadores humanos, sabemos que en aquella época feliz del futuro,»cada cual se sentará debajo de su parra y de su higuera». (Miqueas 4:4.) Esto significa que la humanidad, bajo el gobierno divino, volverá a la tierra, distribuida equitativamente, y gozará de los beneficios de una civilización extraordinariamente desarrollada por el contacto con el cielo. Vivirán los hombres repartidos por el mundo, no concentrados en grandes capitales, redimidos totalmente del trabajo duro por máquinas a las que solamente se tendrá que hablar para que sus computadores electromagnéticos las lleven a hacer toda clase de labores penosas.
  2. Una vocación eterna

Pero la perspectiva del futuro todavía es mucho más halagüeña para los redimidos de Dios; los que durante esta época le prueba pusieron su confianza en Cristo y vivieron de cara al porvenir: «Queda un reposo para el pueblo de Dios», leemos en la carta a los Hebreos. Prácticamente, y a la luz de las enseñanzas proféticas queda una vacación eterna.

En efecto, ¿qué hacemos durante las vacaciones? Abandonando los trabajos pesados, procuramos cambiar de am­biente, nos dirigimos a otros lugares para disfrutar más y mejor de las buenas cosas que Dios ha puesto en este mundo. Y esto es lo que nos aguarda en el Reino de los Cielos.

  1. a) Seguridad de la vacación celestial. Los judíos tenían poco conocimiento de la vida futura. Para la mayoría de ellos las bendiciones de Dios se cifraban en la presente. Por esto, el apóstol trata de demostrarles que el reposo prometido por Dios a los padres, no era sólo la Canaán terrenal como algunos pensaban. El rey David ya había entrado y vivía en Canaán cuando exhorta a la fidelidad a Dios a fin de no perder el reposo prometido. Si Josué les hubiera dado el reposo —dice el texto— no hablaría después de otro día.

Este reposo existe y no es la muerte, como algunos piensan. La muerte, como fin de la existencia, no es reposo. Los esqueletos no puede decirse que reposan, porque reposo es lo opuesto a cansancio, lo que no está cansado, no puede descansar. Implica el disfrute del descanso. Descansa el labrador tumbado sobre la hierba, descansa el caballo en el pesebre, o en el prado, pero no descansa literalmente el carro o la azada, porque son instrumentos inertes que ni se cansan ni pueden descansar. El descanso no significa, pues, cesar de existir, o dejar de ser, sino disfrutar de una existencia mejor, exenta de labores penosas, y esto es cabalmente el cielo; no un estado de inactividad sino de servicio deleitoso y glorioso (Apocalipsis 22:4 y Efesios 3:10). (Véase como ampliación de esta idea los libros Cuando El venga, págs. 221-220; La Nada o las Estrellas, págs. 313-324; y El Cielo, páginas 189 a 209.

  1. b) Trabajando para el verdadero reposo. Hemos dicho que Dios actúa en dos esferas, la física y la espiritual. Cuando cesó su actividad en la esfera física, empezó la gran labor moral y espiritual de reparar la obra nefasta de Satanás y redimir para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras, Jesús se consideraba un obrero de Dios en este terreno, y dice,»Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.»(Juan 5:17.)

«Conviéneme hacer las obras del que me envió» (Juan :4).

«Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que hiciese, ahora glorifícame tú acerca de Ti mismo» (Juan 17:4-5).

He aquí la misma ley del trabajo y el descanso, aun en esta esfera tan elevada, la del Hijo de Dios obrando en favor e un mundo perdido. Nosotros somos los beneficiados por la obra redentora de Cristo. Pero, ¿para qué?

  1. c) Nuestro trabajo para el Reino. Efesios 2 nos expone plan divino de un modo muy claro: A los que»estábamos muertos nos dio vida.»»Somos salvos por gracia» pero «para que andemos en las buenas obras preparadas por Dios». Un muerto no puede trabajar. Los que están muertos en delitos pecados pueden hacer muchas buenas obras según el mundo, pero no pueden tomar parte en la obra más importante, la de comunicar la buena nueva de salvación a las almas perdidas, pues ellos mismos no entienden nada en este terreno; el más sencillo creyente puede hacerlo, sobre todo entre los de su esfera. Un resucitado con Cristo ha sido salvo para servir, para vivir una vida cristiana eficaz y activa. Por esto decía Jesús (Juan 6:27). Lo peor es cuando los afanes de la vida nos impiden cumplir los deberes cristianos. Cuando estamos fríos espiritualmente, no tenemos ganas de glorificar a Dios; ni con nuestro tiempo ni con nuestro dinero.

Nuestro texto presenta el caso de los israelitas que salieron de Egipto y anduvieron por el desierto; pero no llegaron a Canaán porque su corazón se llenó de incredulidad, se sintieron cansados de seguir la nube…. A algunos les ha ocurrido esto, en el terreno espiritual. Les hemos visto activos celosos, pero solamente por un tiempo. Se cansaron, no del servicio de Dios, sino de servir a Dios. Pero si hemos sido fieles; si hemos vivido para Cristo, si le hemos glorificado en la tierra como Cristo glorificó al Padre, nuestras obras nos seguirán (Apocalipsis 14:13). Quizá nada quede aquí, o se borre en pocos años, pero quedará allá. Por esto podemos decir que es hermoso cansarse sirviendo a Dios…. A los tales está prometido el descanso feliz y verdadero. Pero es catastrófico cansarse de servir a Dios. Recordemos que aun cuando la salvación es por gracia, Dios dará a cada uno según sus obras.

En el mundo existe la injusticia social (quienes disfrutan cada día de descanso sin trabajar) pero esta injusticia no existe en el terreno espiritual. ¿Queremos que El pueda decirnos «ven, buen siervo fiel, entra en el gozo», el descanso, la vacación eterna de tu Señor? Procuremos ser sus fieles siervos aquí, busquemos cómo podemos servirle en nuestras circunstancias, y continuaremos siendo sus siervos, sus felices siervos, en la Canaán celestial.

Posiblemente, haya allí también períodos de más o menos actividad y de actividades variadas; pero todo nuestro servicio será, comparado con las penalidades del presente, como una feliz vacación, pues podrá sernos dicho, como de aquellos siervos de Salomón, de quienes declaró la reina de Saba: «Bienaventurados tus varones, dichosos tus siervos que están continuamente delante de ti y oyen tu sabiduría.» Porque estaremos con Aquel que aun durante su humillación era mucho mayor que Salomón. Oiremos su sabiduría y compartiremos sus glorias en una vacación eterna, por siglos de siglos.

Púlpito Cristiano por Samuel Vila

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