El apego en la vida cristiana

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  Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

Efesios 5:33

La relación de apego en la vida cristiana

Emocionalmente el apego surge cuando se está seguro de que la otra persona estará siempre presente; facilitando que aparezcan la empatía, la comunicación y el amor ágape.

El vínculo suele darse entre los infantes y sus progenitores o cuidadores.

Gordon Newfeld, psicólogo y médico canadiense, en su libro “Cómo retener a nuestros hijos”, establece que no importa cuán preparados intelectualmente seamos, cuánta comprensión tengamos, o cuánto amor prodiguemos; la crianza de los hijos será efectiva en la medida en que sepamos administrar nuestra autoridad.

Para que los hijos sean receptivos a la crianza paterna, debe existir una relación padre-hijo conocida como apego, o afecto. Cualquier teoría relacionada con la buena crianza, falla si no se fundamenta en esta interacción.

El apego es un vínculo afectivo duradero que se desarrolla entre dos personas; cuyo objetivo es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza para proporcionar seguridad, consuelo y protección.

Emocionalmente el apego surge cuando se está seguro de que la otra persona estará siempre presente; facilitando que aparezcan la empatía, la comunicación y el amor ágape.

El vínculo suele darse entre los infantes y sus progenitores o cuidadores. La importancia del apego radica en asegurar la supervivencia de la cría, proporcionar autoestima y la posibilidad de intimar; tener comunicación emocional privilegiada, así como refugiarse en situaciones de angustia o confusión.

Desafortunadamente en la sociedad actual, el apego desarrollado en la familia está siendo menoscabado en la medida en que los hijos se vinculan a un mundo donde no se le da importancia a dicha relación. La tesis planteada por el Dr. Newfeld es que la falta de afecto familiar tiene relación con la influencia ejercida por amigos y condiscípulos, quienes por razones que tienen que ver con la edad, los lleva a identificarse afectivamente con sus colegas.

¿Cómo aplicar la relación de apego a la vida cristiana?

En el Salmos 139:9-10 podemos leer: “Si tomare las alas del alba, Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano”.

El salmista muestra al Eterno como un ser omnipresente, todopoderoso y padre amoroso e incondicional; siempre dispuesto a la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza.

Abraham, por su relación de apego con el Eterno, fue constituido en padre de una nación grande a partir de la cual serían benditas todas las familias de la tierra.

Otro ejemplo lo encontramos en Pablo. Veamos Hechos de los Apóstoles 22:14-15: “Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.”

Los personajes nombrados, incluyendo a María, Ester, Ruth, Lidia, Juan el Bautista, Daniel, José, David, Salomón; lograron sobrevivir y salir victoriosos en un mundo adverso, por la relación de apego que mantuvieron con el Eterno. Esto quiere decir que es posible para el cristiano vencer el mal a través de una relación afectuosa con el Eterno, confiando en las promesas hechas a todo aquel que siga el camino de Cristo, la única vía que nos lleva al Padre y a su plan de salvación.

¿Qué podemos decir con relación a la Iglesia?

Al respecto el apóstol Pablo en Romanos 1:12 afirma: “esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.”.

En el capítulo 12 verso 5 continúa: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”.

Estimados hermanos y amigos, oremos a Dios para nos permita desarrollar nuestra relación de apego cristiano, tanto individual como colectivamente, a través de nuestro Señor Jesucristo. Que así sea.


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