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… Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

Lucas 5:10

“No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”

Lc 5, 1-11

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

SE AMONTONABA ALREDEDOR DE EL PARA ESCUCHAR SU PALABRA

Estando Jesús de pie a la orilla del lago de Genesaret, la multitud se amontonaba alrededor de El para escuchar su Palabra,
mensaje de verdad, de vida y esperanza, es por ese motivo que las gentes se apresuraba a oírla. Podemos suponer que las gentes buscaban la posibilidad de conseguir algo, de ver u oír algo nuevo, pero no solo eso es lo que ha levantado expectativas en el pueblo que se agrupa a su alrededor, la Palabra de Jesús seduce, cautiva, encanta, hay entonces gran interés para escuchar su mensaje.

En efecto la gente estaba ansiosa de oír la Palabra de Dios, ellos tenían hambre, sed de justicia y hambre de la Palabra.
En este párrafo del Evangelio, se dice lo que se hace, pero no se dice cuál es la enseñanza especifica de Jesús a las gentes que se agrupaban junto a Él.
Pero fijémonos en esta expresión: algunas versiones de este Evangelio, dicen que la gente se agolpaba, otras que se amontonaban, ambas son sinónimos de aglomerar o acumular, su Palabra entonces era absolutamente atractiva. Así es, como la gente rodea de tal forma a Jesús, que no le deja moverse libremente. “Entonces desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago”; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón (Pedro), y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.

NAVEGA MAR ADENTRO, Y ECHEN LAS REDES

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Con estos hechos aprendemos cómo Pedro llega a ser el discípulo que es de Jesús, como ha sido elegido, como Jesús le confía el ministerio y como lo llama para que lo siga. En efecto, Jesús le está encargando a Pedro su misión de discípulo, y es un cometido de tipo universal, no solo debe pescar gente de su misma nacionalidad, en este caso pescar “israelitas”, sino “personas” de todos los orígenes y razas, lo que constituirá el nuevo pueblo de Dios, que estará integrado por judíos y paganos, y así sucederá con el tiempo, como ocurrió en esta pesca, abundante.

Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. En efecto Jesús es el líder, él tiene el primer puesto, El dirige, Él tiene influencia sobre todos, Él sirve y entrega. Cuando las cosas se hacen sin la dirección de Jesús son distintas, como lo que le sucedió a Pedro y a su grupo, que se había pasado toda la noche trabajando mucho y afanosamente, pero sin embargo no habían pescado nada, pero cuando las cosas se hacen como señala Jesús, todo cambia. Importante lo que hace Pedro, inmediatamente acoge la petición del Señor, y puestos a la obra, “así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse”.

Siguiendo la orden de Jesús, el resultado es una pesca abundante a pesar de no ser la hora apropiada; tan abundante que tuvieron que hacer señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y “llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían”.

ADENTRO DE NOSOTROS, EN NUESTRAS PROFUNDIDADES, EN NUESTRA INTIMIDAD

Seguro que cuando Pedro hecho las redes al mar, a pesar de que durante la noche no había pescado, lo hizo con fe en su Maestro, así aprendemos que siempre debemos echar las redes en nombre de Jesús, siempre confiados en su palabra.

El navegar mar adentro, también es adentro de nosotros, en nuestras profundidades, en nuestra intimidad, en nuestro corazón, morada del Señor, fuera de todo bullicio, para oír solo a Dios. En el silencio para oírlo plenamente. Porque cuando el corazón esta despojado de todo, está mejor preparado para darle cabida a Dios. En la abstracción o separación de toda la realidad que nos rodea menos lo que es de Dios, el alma queda en sus mejores condiciones, y solo así es cuando podemos oír la Palabra del Señor.

CON JESÚS Y BAJO SU DIRECCIÓN, LAS REDES SE LLENAN EN  ABUNDANCIA.

¿Estamos preparados para echar las redes al mar? Cuando hemos remado mar adentro, cuando hemos sido capaces de penetrar en la soledad de nuestro interior, esa es la hora de echar las redes. Cuando nuestro corazón ha penetrado en nosotros mismos, es entonces cuando trabajamos con Cristo y echamos las redes en su nombre. Sin Él, nos fatigaremos inútilmente, sin frutos, si pescar lo que deseamos, pero con Jesús y bajo su dirección, las redes se llenan en abundancia.

“NO TEMAS, DE AHORA EN ADELANTE SERÁS PESCADOR DE HOMBRES”.

Así fue, como al ver este resultado abundante, bajo la orientación del Señor, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”.

Entonces, ellos atracaron las barcas a la orilla y, “abandonándolo todo, lo siguieron”. La parábola en acción de la pesca milagrosa le dice a Pedro y a los otros lo que va a ser su vida apostólica en adelante en nombre de Jesucristo. Y no sólo Pedro, sino el que los otros lo dejaron todo, es la vocación que aquí late en todo el fondo del pasaje, y porque no relata que dejando todas las cosas, no sólo se fueron con El, sino que mucho más: lo “siguieron”. La llamada fue eficaz. Aquel día tomó Cristo definitivamente sus cuatro primeros discípulos.

HAY QUE HACERLO TODO POR EL SEÑOR, SOLO EL DA SENTIDO A NUESTRAS OBRAS.

Ser discípulo implica, llegado el caso, “dejarlo todo”. Puesto que los discípulos se hacen miembros de una comunidad guiada por Jesús, las personas llamadas al discipulado tienen que estar preparadas para abandonar sus cosas y no separarse de Jesús, vivir estrechamente unidos a Él, todo cambia con El, eso fue lo que le ocurrió a Pedro, echo las redes en nombre de Jesús y pesco en abundancia.

Jesús nos quiere ver a su lado, pero no para ser visto por los hombres, sino para ser visto por Dios, para agradar a Dios, y para hacernos saber cómo trabajar para que los demás se salven.

Pero hay que hacerlo todo por el Señor, solo El da sentido a nuestras obras. Trabajemos con Jesús, en la oración y la contemplación, Él nos dirá dónde y cómo echar las redes, porque así como las gentes se agolpaban para oír al Señor, es necesario que nosotros oigamos y la meditemos la Palabra de Dios para saberla como transmitirla y para que nuestra pesca sea fructífera

El Señor les Bendiga: 


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