Hombre de valor

daniel312

Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.

Daniel 3:12

La estatua de oro

“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.” Dan. 3:1.

Nabucodonosor levantó su estatua a propósito en el amplio campo de Dura. Hizo algo parecido a lo que Nimrod había hecho al levantar la torre de Babel en las llanuras de Sinar. Gén. 10:8-12; 11:2. El propósito era que todo el mundo la pueda ver con facilidad desde la distancia.

La estatua era enorme para su época. Tenía 27 metros de alto y 2.7 metros de ancho. Esta estatua era visible desde varios kilómetros de distancia. Y los rayos del sol resplandecían y brillaban sobre su superficie dorada. Con seguridad era motivo de conversación durante meses.

En las dimensiones de la estatua y las circunstancias relacionadas a su dedicación, encontramos otro indicio del origen del misterioso número 666. Su alto era 60 y su ancho 6. Hasta ahí ya tenemos 66; y para su dedicación se utilizaron 6 instrumentos diferentes, completando el 666. Dan. 3:5.

El número 6 correspondía al sistema sexagesimal de Babilonia y fue considerado sagrado. El número 6 es simbólicamente el número de lo humano en contraste con el número 7, que es el número simbólico de la medida perfecta y santa*, como demuestran muchos ejemplos bíblicos, sobre todo apocalípticos (7 iglesias, 7 estrellas, 7 truenos, 7 plagas, 7 candeleros, 7 sellos, 7 trompetas, 7 ángeles, 7 cabezas, 7 montes, 7 reyes, 7 copas, 7 ojos, 7 espíritus, etc.). Ap. 1:20; 5:1, 6; 8:6; 10:3; 12:3; 15:1; 16:1; 17:9, 10.

*“El Antiguo Testamento. Traducción directa de los textos primitivos: Daniel.” Autor: Juan Strabinger, (Buenos Aires: Ediciones Descleé de Brouwer, 1951), 1121, n. 1.

Nabucodonosor había recibido un sueño y una revelación acerca del futuro, como vimos en el tema anterior. En ese sueño Nabucodonosor y su reino de Babilonia, eran tan solo la cabeza de oro de la estatua. Con seguridad el rey estaba satisfecho de ser la cabeza de la estatua, representada con el metal más valioso. Pero no le agradó ser sucedido por otro reino. Dan. 2:39. Así que levantó una estatua de puro oro, representando lo contrario a lo que Dios le había revelado acerca del futuro:

¡La dorada Babilonia es eterna, nunca caerá y reinará por siempre!

La falsa profecía de Babilonia

De esta manera Nabucodonosor estableció una falsa profecía, convirtiéndose en un falso profeta. Y ya que él representaba a Babilonia, siendo la cabeza de su reino, Babilonia como tal se convirtió en un “falso profeta”. Nabucodonosor deseaba que los habitantes de su reino acepten esa su propia versión acerca del futuro, opuesta a la que Dios le había revelado tan sobrenaturalmente, en el capítulo anterior.

Nabucodonosor convocó a todos los administradores y funcionarios de su gobierno a la dedicación de su estatua. Se trataba de los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y gobernantes de las diferentes provincias. Nabucodonosor deseaba que todos ellos se postren y adoren la estatua que él había levantado. Nabucodonosor deseaba de esta manera reafirmar la adhesión de su clase gobernante. El plan de Nabucodonosor era que todos ellos acepten su nueva versión profética acerca del futuro, y rechacen el sueño y la interpretación acerca de la secuencia de los reinos y la venida del reino eterno de Dios, que habían conocido y aceptado en el capítulo anterior. Con seguridad el rey exigía que estos sus representantes y dirigentes regresen luego a sus provincias y transmitan la nueva versión profética, contraria a la de Dios, a sus bases, para que toda la población de Babilonia la acepte y crea en ella. Dan. 3:2, 3.

  • ¡Nabucodonosor estaba en abierta rebelión a la Palabra y profecía de Dios y quería implantar la adoración babilónica, contraria a la verdadera, sobre todos los moradores de la tierra!

La imposición dictatorial

El pregonero del rey anunciaba: “Mándese a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado.” Dan. 3:4, 5.

  • Pero no se trataba de una invitación voluntaria a postrarse y adorar la estatua. Era una reunión de adoración forzada.

Pues el pregonero de Nabucodonosor amenazó diciendo que “cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiente”. Dan. 3:6.

La música jugaba un rol importante en esta falsa adoración idólatra. A la vez, los habitantes de Babilonia fueron influenciados con preciosa música, majestuosa e imponente que manipulaba sus sentimientos y emociones conduciéndolos a la falsa adoración, y al mismo tiempo, la amenaza de muerte, por no postrarse y adorar la estatua, resonaba claramente en sus mentes.

  • El placer y el dolor han sido siempre los motivos más poderosos para forzar a los hombres en cualquier dirección. Y Babilonia utilizaba estas motivaciones manipulativas magistralmente.

Nabucodonosor tenía un éxito tremendo con su plan babilónico cuando vio que “todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro” que él había levantado. Dan. 3:7.

Nabucodonosor era muy religioso. Toda Babilonia era sumamente religiosa. Pero era una religión pagana con decenas de templos para una multitud de diferentes divinidades y dioses que fueron adoradas mediante imágenes y estatuas. Nabucodonosor no solo era jefe político sino también líder religioso de Babilonia. En él se unían el Estado y la Iglesia. Es por eso que tuvo el poder de dictar esta ley religioso, imponiendo una creencia sobre las conciencias de sus súbditos

Un gran reto

Para los hebreos era un gran reto vivir en Babilonia entre tanto paganismo. Pues ellos solo adoraban a un Dios, y no mediante imágenes ni estatuas, como lo había ordenado Dios en los 10 mandamientos:

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy el Señor tu Dios…” Éxodo 20:4, 5.

Recordemos las consecuencias de la desobediencia. Dios instruyó claramente diciendo:

“Si no oyeres la voz del Señor tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos… vendrán sobre ti todas estas maldades, y te alcanzarán… El Señor te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra.” Deut. 28:15, 36.

Esto es justamente lo que ocurrió con los hebreos a causa de su rebelión e infidelidad con Dios como vimos en temas anteriores. Ahora se encontraban en Babilonia frente a estas situaciones tan difíciles.

Entre los administradores del gobierno de Nabucodonosor había algunos hebreos, que contaban entre los “sabios” de Babilonia. Conocemos solamente a Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego (recuerde el capítulo 2 de Daniel). Pero probablemente había varios otros hebreos en funciones administrativas.

Cuando todo el mundo se postró para adorar a la estatua, el rey Nabucodonosor estaba feliz. Pensaba haber logrado su propósito. Pero entonces escuchó noticias acerca de tres varones judíos que no habían participado en la adoración de la estatua, que le llenaron de ira y enojo. Dan. 3:12.

La Biblia cuenta quealgunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos…”ante Nabucodonosor. Dan. 3:8-12.

Posiblemente se trataba aquí de algunos de los “sabios” que no pudieron explicar al rey Nabucodonosor el sueño profético que había tenido en el capítulo anterior. Dan. 2:2. Habían sido humillados en aquella ocasión, al ser descubiertos como engañadores. Y ahora seguían con resentimientos por aquel fracaso, buscando una oportunidad para vengarse y deshacerse de sus “competidores” que envidiaban. Hay que recordar que fueron salvados por sus colegas hebreos en aquella ocasión. Aún así se muestran terriblemente ingratos. ¡Cuán vengativa es la envidia! Para más detalles recuerde el capítulo 2 de Daniel, que analizamos en el tema anterior.

  • Fueron solo tres varones judíos que no participaron en la idolatría. Es una lástima que los que tienen la verdad religiosa siempre sean la minoría frente a los que sostienen lo falso y espurio.

Ante el rey

Las “acusaciones maliciosas” eran fuertes. Se les acusó prácticamente de deslealtad y traición por no adorar a los dioses de Babilonia. Los acusadores recordaron al rey que él mismo los había puesto sobre los negocios de la provincia de Babilonia. Y a pesar de ello no hacían caso al mandato del rey. Dieron a entender que los hebreos son unos ingratos que desprecian al rey y su autoridad. Además los acusadores manipularon el ego y orgullo de Nabucodonosor llevando el asunto a un nivel personal diciendo: “No te han respetado; no adoran tus dioses, no adoran la estatua de oro que tú has levantado.” Dan. 3:12.

Vale la pena preguntar: ¿Por qué los tres amigos hebreos estaban ahí presentes en la dedicación de la estatua, sabiendo que no pueden adorar imágenes, estatuas ni ídolos?

¡Los hijos de Dios pueden cumplir los requerimientos del rey, o de cualquier autoridad humana, hasta donde fuera posible sin comprometer sus principios religiosos!

  • El rey exigió estar presentes. Esto era algo que si podían cumplir.
  • El rey exigió adorar la estatua: Esto era algo que no podían cumplir.

El creyente debe sujetarse a las leyes que exige su país. Pero cuando esas leyes se oponen a las leyes de Dios, nuestra lealtad está obviamente con nuestro Creador. Tal como lo expresaron Pedro y los apóstoles, diciendo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” Hechos 5:29.

¿Y dónde estaba Daniel en esta historia? No lo sabemos con exactitud. Pero hay varias posibilidades. Pudo estar enfermo o de viaje. Posiblemente también recibió un permiso especial de Nabucodonosor para no tener que estar presente en la dedicación de la estatua. Posiblemente el rey se quería evitar un mal momento, conociendo la integridad y lealtad de Daniel hacia su Dios. Recuerde que fue Daniel el que le explicó el sueño y su interpretación correcta en el capítulo anterior. Daniel nunca aceptaría esa estatua con su falsa religión y profecía. Además sabemos que Daniel seguía siendo tan leal hacia Dios como siempre, gracias a la historia del foso de los leones en un capítulo posterior a este. Vea Dan. 6.

El decreto de muerte

Nabucodonosor hizo traer a Sadrac, Mesac y Abed-nego ante su presencia con ira y enojo. Al instante fueron traídos ante el rey quien les ofreció una segunda oportunidad. Esto demuestra su alto grado de tolerancia, pues a otros reyes de su época hubiese bastado tal grado de desobediencia intencional y deliberada, para sellar su muerte de inmediato. Pero la amenaza de Nabucodonosor era clara y directa diciendo que si no adoran la estatua al escuchar la música “en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiente; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” Dan. 3:13-15.

Al decir: “¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” expresó algo parecido a que una vez dijo el Faraón de Egipto a Moisés negando al verdadero Dios, diciendo: “¿Quién es el Señor, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco al Señor, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Éx. 5:2.

Pero los tres jóvenes respondieron valientemente al rey Nabucodonosor, diciendo: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Dan. 3:16-18.

Que frustración debe haber sentido el rey. Les había adecuado durante tres años en su “Universidad babilónica”, les había cambiado sus nombres; pero no pudo cambiar su corazón ni su mente, pues la opinión y postura de los hebreos, y su lealtad hacia Dios, era innegociable. Dan. 1:4, 5, 7.

Estos jóvenes judíos habían tomado su decisión. Eran hombres de palabra y convicción. Para ellos un “Sí” era un “Sí” y un “No” era un “No.

  • Nabucodonosor, el hombre más poderoso de su época, el hombre que dominaba el mundo, no pudo dominar a estos tres jóvenes, ni su propio espíritu.

Embriagado por el poder ilimitado, Nabucodonosor no podía soportar la desobediencia y la contradicción, se llenó de una ira irracional y perdió su cordura. Entonces decidió enviarlos a la muerte cruel en el fuego. “Ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.” Dan. 3:19. Era tanto el calor que los verdugos, hombres muy vigorosos del ejército babilónico, murieron por el fuego al cumplir su tarea de arrojar a los hebreos al horno ardiendo. Dan. 3:19-22.

El horno de fuego

Ahora estaba en juego la reputación de Dios, pues los tres amigos habían dicho: Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey…” Dan. 3:17.

¿Qué ganó el rey con su furia al ordenar calentar el horno 7 veces más de lo acostumbrado? En vez de provocar una muerte más terrible, que aparentemente era su intención, estaba provocando en su irracionalidad lo contrario. Es decir una muerte más rápida, como muestra el hecho que los verdugos murieron al solo acercarse demasiado al horno.

  • ¡Pero se ganó mucho por causa de la verdad! Pues cuanto más intenso y caliente era el fuego, más impresionante era el milagro, que estaba a punto de suceder.

“Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.” Dan. 3:23.

Nabucodonosor deseaba que los tres judíos experimenten el tormento de la hoguera. Este terrible instrumento inquisitorial de tortura y muerte, era un invento de Babilonia para amenazar, castigar y eliminar a los “herejes”; a los disidentes de la fe universal babilónica; a los que no querían aceptar la falsa adoración exigida. Otros judíos ya fueron asados al fuego por el rey de Babilonia. Vea Jer. 29:22. Hay evidencias arqueológicas (documentos cuneiformes) que demuestran que este bárbaro método de ejecución ya se aplicaba 1200 años antes del evento escalofriante en el campo de Dura. Ver John B. Alexander, “New Light on the Fiery Furnace”, JBL 69 (1950) pág. 375, 376.

¡Cuán diferente es la verdadera adoración! Dios no fuerza ni obliga. El nos invita a un servicio de adoración libre, voluntario e inteligente. Vea: Salmos 100:1, 2; Ap. 22:17.

La liberación milagrosa

El rey Nabucodonosor se espantó y dijo: “¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.” Dan. 3:24, 25.

¡Todo el mundo se olvidó de la adoración de la estatua!

La atención completa estaba sobre el milagro que estaba ocurriendo ante sus ojos. El fuego estaba bajo el dominio de un ser sobrenatural, pues no tocó a los jóvenes, sino tan solo consumió las cuerdas con los que habían estado atados.

El rey describe al cuarto como “semejante a hijo de los dioses”.

Y estaba bastante acertado, pues era el hijo de Dios, Jesucristo, que vino a salvar y vindicar sus seguidores leales, que habían permanecidos firmes contra la idolatría.

Nabucodonosor no podía dudar no negar lo que estaba ocurriendo. Solo le quedó reconocer nuevamente al verdadero Dios diciendo y confesando: “Siervos del Dios Altísimo”… “Bendito sea el Dios de ellos”… “No hay Dios que pueda librar como éste”. Dan. 3:26, 28, 29.

A continuación Nabucodonosor les invitó a salir nuevamente del horno de fuego y venir ante su presencia. Curiosamente los tres amigos estaban tan felices en la presencia del Cuarto en el horno de fuego, que recién salieron cuando el rey se los pidió. Además fue el rey que había ordenado que entren al horno de fuego y al rey le tocaba invitarlos nuevamente a salir del mismo.

En la presencia del “cuarto”

No importa si también nosotros estamos en el fuego de la persecución. Lo que sí importa es que estemos con Cristo y él con nosotros. También en nuestras pruebas, aflicciones y tribulaciones, ¡si nos acompaña “el cuarto”, nos basta!

Dios promete a sus hijos fieles: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Is. 43:2.

Además: “El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.” Sal. 34:7.

Jesucristo nos dice: No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación… Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” Ap. 2:10.

Esta era la fe de esos muchachos fieles y valientes. Ellos confiaban en la resurrección y la vida eterna en aquel reino eterno y divino que Dios había prometido en el sueño profético del capítulo anterior.

Un nuevo decreto de muerte

En aquella época cada nación tenía sus dioses. La victoria sobre una nación era considerada que los dioses de la nación derrotada no tuvieron el poder para salvarla. Ya que los hebreos habían sido conquistados por los babilónicos, ellos hablaron despectivamente del Dios de los judíos, blasfemando. Ahora finalmente Nabucodonosor reconoce que no era su éxito sobre los judíos, sino que fue por sus pecados que Dios permitió que fuesen subyugados por Babilonia. El rey reconoció que Dios los había entregado en sus manos, y no porque a Dios le faltase poder. Vea Dan. 1:2; 2 Cro. 36:14-17. Así que Nabucodonosor prohibió hablar mal del Dios de los israelitas.

“Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar.” Dan. 3:29.

Reconocer al Dios verdadero no dio a Nabucodonosor el derecho civil ni moral de imponer nuevamente una amenaza de muerte. Pues recuerde que Dios nunca fuerza la conciencia. Pero este era el carácter emotivo del rey de Babilonia que cayó de un extremo al otro.

Dios puede librarnos

Recuerde que los tres jóvenes respondieron valientemente al rey Nabucodonosor, diciendo: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Dan. 3:17-18. Ellos obviamente no querían morir. Pero prefirieron morir antes de pecar y traicionar a su Creador amante.

Los hijos de Dios sabemos que Dios puede librarnos milagrosamente, pero no lo hace siempre, ni lo tiene que hacer obligatoriamente. Es su decisión divina y providencial. Pero sabemos con seguridad que ¡Dios está siempre con nosotros, “todos los días, hasta el fin del mundo”! Mat. 28:20.

Sadrac, Mesac y Abed-nego cayeron dentro del horno de fuego sin saber si iban a morir o sobrevivir milagrosamente. Lo que sí sabían es que iban a ser leales y obedientes a Dios hasta la muerte.

Con seguridad recordaron a sus antepasados que fueron librados milagrosamente de la mano de Faraón, cuando Dios intervino, derramando las 10 famosas plagas sobre Egipto, abriendo el mar y destruyendo al ejército enemigo. Éx. 5-14. Seguramente recordaron también la liberación milagrosa de Jerusalén de la mano de los asirios. Is. 37. Pero también recordaron al fiel profeta Urías que denunciaba los crímenes del impío rey Joacim y Dios permitió que sea ejecutado. Jer. 26:20-23.

Recordemos al Señor Jesús en el monte Getsemaní. Como hombre tampoco quería morir. Nadie quiere morir. Así que oro y puso la decisión en las manos de su Padre, diciendo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Mat. 26:39.

La respuesta fue su muerte en la cruz del Calvario por amor hacia la humanidad, para abrirnos el camino del arrepentimiento y del perdón de nuestros pecados. Dios es el omnisapiente. Es por eso que a veces permite, ya sea la muerte o la salvación milagrosa de sus hijos, para dar un testimonio especial.


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