Ilustraciones

Happy and sad balloon faces

“Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina”.

Marcos 4:2

Las parábolas que vemos en la Biblia, hacen posible que las personas que escuchan puedan estar visualizando la escena y de esa forma entender mejor la enseñanza.

Los que han trabajado en la evangelización saben que existen muchas ilustraciones que pueden emplearse con el objeto de ayudar a la presentación del Evangelio.

LA SANTIDAD DE DIOS

Pensemos en una orquesta que está presentando un concierto. Todos los instrumentos están tocando armónicamente. De repente, uno de ellos suena discordante. El director
no tiene que eliminar la orquesta; pero sí está en la obligación de eliminar al músico que está tocando mal. En relación con la justicia de Dios, nuestro instrumento suena discordante.
El es justo; nosotros, injustos. El es perfecto; nosotros, imperfectos. Dios es inmaculado; nosotros, pecadores. Así como es necesario que el director de la orquesta eche al músico que toca mal para que haya arman ía, así también es necesario, para que Dios continúe siendo perfecto y se mantenga en armonía consigo mismo, echar al pecador de su presencia.
Dios no puede convivir con el pecado. El no quiere ninguna relación con nada que
no sea perfecto como El. Y El es absolutamente perfecto, santo y justo.

REHABILITACIÓN DEL PECADOR

Después de la ilustración anterior, si el evangelizado está realmente oyendo, se sentirá
sumamente desesperado, en caso de que comprenda realmente su condición pecaminosa.
Cuando esto ocurre se puede emplear una ilustración que le haga comprender cuán grande es la obra de Dios para hacer que el pecador pueda equiparse con El. Por ejemplo, se puede emplear el caso de la moneda que cayó en el fango. Por el lodo han pasado animales y vehículos y han acabado la moneda realmente.
Nadie podía rescatarla de allí. Fue necesario que se hiciera algo extraordinario para que reapareciera lo que antes era moneda.
Pero entonces no servía absolutamente para nada. Había dos maneras para volverla a su forma prístina: limpiarla con líquidos, y ácidos y estopa y martillearla para tratar de enderezarla; o fundirla por completo, echarle en el mismo molde en que fue hecha y así hacerla de nuevo. Afortunadamente, el que se la encontró fue el mismo que la había hecho y, en el mismo molde, la hizo de nuevo, y quedó brillante y original. Esa es la condición del pecador. En el lodo del pecado todo le ha pasado por encima. Está oxidado, corroído, arruinado. Se hizo necesario que el mismo Dios que lo hizo bajara del cielo y lo hallara en el fango. El método que El escogió para devolverle al pecador la imagen de Dios, fue el de vaciarlo otra vez en el molde. Lo derritió, le sacó toda la escoria, y lo hizo nueva criatura en Cristo Jesús. Después de tan maravillosa obra de Dios, el pecador perdonado llega a estar “en lugares celestiales con Cristo”.

IMPOSIBILIDAD DEL HOMBRE PARA SALVARSE

El evangelizador y uno de sus compañeros se levantan de sus sillas. El que está haciendo la presentación del Evangelio las coloca en  medio, y dice que cada una de ellas representa una montaña. La una montaña es el mundo; la otra, la vida eterna. Entonces explica que todos los seres humanos nacidos y por nacer están en la montaña de este mundo. Para poder llegar a la vida eterna tienen que dar un gran salto. Hay que declarar que la distancia entre las dos montañas es de diez metros.
¿Cuál es el salto más largo que haya dado cualquier persona? [Sólo llega a nueve metros y medio! Entonces, ¿cuántos pueden dar el salto para poder llegar a la vida eterna?
Ni uno solo. Es verdad que algunos podrán saltar más que otros, pero lo cierto es que ninguno llega a la vida eterna por medio de sus propios esfuerzos. Esto es real en el caso de la relación entre Dios y el hombre. La distancia que hay entre Dios y el hombre es la misma que hay entre el Creador y la criatura, entre la perfección y la imperfección. Buscamos la manera de saltar lo más que podamos. Vamos a la iglesia, hacemos buenas obras, no le hacemos mal a nadie. Pero no podemos llegar por nuestra cuenta a la vida eterna. Alguien tiene que trasladarnos allí gratuitamente, de lo contrario no podremos llegar. Esa es la obra de Cristo. Ese es el mensaje del Evangelio.

La siguiente es otra buena ilustración para aclarar la incapacidad del hombre para salvarse.
En el solar hay varios limoneros. Según su naturaleza sólo producen limones.
Pero queremos que produzcan naranjas dulces.
Para el efecto, les quitamos todos los limones y colgamos en sus ramas naranjas dulces.
Pronto el limonero se ha convertido en naranjo.
Pero en realidad lo que tenemos todavía es el limonero. Su naturaleza es la de producir limones y no naranjas. Esa es la razón por la cual no podemos guardar los mandamientos.
Nuestra naturaleza no puede actuar conforme a la voluntad de Dios. No tenemos ninguna capacidad interna para producir frutos que sean dulces para Dios. Si nos colgamos la religión, las buenas obras, las bondades, no por eso dejamos de tener la misma naturaleza que es contraria a Dios.

La ilustración del cerdito es también útil para indicar la incapacidad del hombre para salvarse. El amo lo toma en sus manos, lo baña, lo seca bien, le echa talco y perfume, le alisa cuanto puede las cerdas, le pone en el cuello un lazo rojo con una medalla de oro.
Ha transformado por completo al sucio cerdito.
El amo suelta el cerdito, y éste lo primero que hace es meterse en el fango. Ese es su ambiente. Esa es su naturaleza.
El no puede cambiar, ni el amo es capaz de cambiarlo. Así somos los pecadores. Ni el perfume de la religión, ni la medalla de las buenas obras, ni el baño de la justificación propia, ni nada puede cambiar nuestra naturaleza pecaminosa. Hay que cambiarle al hombre su propia naturaleza, y sólo Cristo es capaz de cambiarla.

LA OBRA DE CRISTO

Para jóvenes que estudian bachillerato La obra de Cristo puede ilustrar la relación del pecado del hombre y la justicia de Dios mediante fórmulas de ecuaciones. El pecado del hombre más la justicia de Dios, igual condenación del hombre.
Es una perfecta ecuación. No puede dar otro resultado. Es la única respuesta válida.
Pero si colocamos otro factor en la ecuación, la hacemos variar por completo. Pecado del hombre más justicia de Dios más amor de Dios, igual la cruz de Cristo. No hay otra alternativa. Es la única respuesta en el cielo y en la tierra, en el tiempo y en la eternidad.
Dios hizo esta ecuación en la misma eternidad y estuvo dispuesto a llevarla a la práctica.
Como Dios amó tanto al mundo, con amor eterno, le fue necesario enviar a Jesucristo para que derramara su sangre en la cruz por nosotros.

LA FE

Se dice que un famoso equilibrista colocó La fe una cuerda a través de las Cataratas del Niágara, y anunció que ofrecería allí una función.
Multitudes llegaron a presenciar la hazaña. Cuando llegó la hora, le hizo señal a la multitud de que guardara silencio y les preguntó:
“¿Ustedes creen que puede atravesar sobre la cuerda?” “Síiii … !” tronó la multitud.
El hombre se subió a la cuerda, pasó y volvió y fue ovacionado. Les volvió a hacer señal de silencio. Tomó una silla, la colocó sobre su hombro, y preguntó: “¿Creen ustedes que puedo atravesar con la silla?” Se oyó otro estruendo: “Síiii … ! ” El hombre fue y volvió y recibió muchos aplausos. Volvió a hace la señal de silencio. Luego preguntó: ” ¿Creen ustedes que puedo pasar con un hombre sentado en esta silla, sin que caiga ninguno de los dos en las cataratas?” La alegría y el entusiasmo desbordaban. De en medio de la multitud se oyó un “Síiii … ! ” Con mucha seriedad el hombre preguntó entonces: “¿Cuál es el primer voluntario para sentarse en la silla?” Un silencio sepulcral se apoderó de la multitud. Sólo se podía percibir el ruido de los pies que buscaban la manera de alejarse del equilibrista. Así hay mucha gente con respecto a los asuntos espirituales. Siempre dicen: ¡Creo, creo, sí, cómo no, yo creo en Cristo! ” Pero no quieren confiar en que Cristo los puede pasar con toda seguridad a través de las horribles cataratas de este mundo que amenazan con la muerte eterna, y llevarlos con plena certidumbre a la ribera de la vida eterna.

Otra ilustración sobre la fe puede ser breve.
Muchas mujeres tuvieron fe de que tomando una droga llamada talidomida el embarazo sería más fácil. La tomaron, y la consecuencia fue que tuvieron hijos monstruosos. Eso quiere decir que no basta tener fe. La fe en sí no tiene ningún valor intrínseco. Para que la fe sea de valor tiene que ponerse en algo o en alguien. El valor de la fe depende de aquello en lo cual la ponemos. La fe en un objeto como la talidomida es una fe que trae consecuencias catastróficas. Si uno se levanta de noche con un gran dolor de cabeza y, sin encender la luz, busca a tientas una pastilla, y al hallarla se la toma, pensando que es aspirina, pero en realidad era una pastilla para matar cucarachas, claro que tiene que morir, y en el cementerio se le puede’ colocar este epitafio: “Murió por fe”. Pero, ¿qué clase de fe es esa? La fe en la talidorrida no es fe, sino atrevimiento; la fe en la pastilla para matar cucarachas no es fe; sino descuido; la fe en cualquier cosa secular o religiosa que no tenga valor absoluto no es fe, sino engaño de Satanás para impedir que la persona deposite la fe verdadera en Jesucristo.

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