Impactando a la sociedad

mateo516

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 5:16

En los siguientes versículos, Jesús se dirige directamente a los discípulos y comienza con la palabra ustedes. Esta es una afirmación muy directa y en el sermón la repite 171 veces. Jesús les está explicando cómo cambiará su existencia si las bienaventuranzas se vuelven realidad en sus vidas: cómo influirán en el mundo que los rodea, su lugar en este mundo y el propósito de su existencia. Leamos lo que dijo Jesús:

“Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija (un almud), sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. 16 Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”.

Aquí Jesús nos presenta 2 metáforas extraordinarias–estas dos imágenes de la sal y la luz describen nuestro lugar y nuestra posición en este mundo. En varias ocasiones me han dicho: “Steve, en el tipo de oficio que tengo (y mencionan profesiones como carpintero, plomero, o secretaria) lo que yo hago no tiene importancia. Lo que un juez hace, sí parece tener importancia.” Lo que tú haces sí tiene importancia. Ellos me dicen que no ven ningún propósito eterno en lo que hacen. Yo les contesto: “Estás pasando por alto el verdadero propósito de tu vida; la razón por la que fuiste creado, por la cuál fuiste salvado, y cuando no captas esto, no captas nada.”

Antes de ser un carpintero, un doctor, un abogado, una enfermera o una secretaria eres primeramente, la sal y la luz de este mundo. Este es tu llamado principal, esta es tu profesión principal como persona y como creyente en este mundo. Si no reconoces el llamado principal en tu vida, todo lo que hagas no tendrá importancia. Si pierdes de vista el propósito principal de tu vida, lo pierdes de vista todo. Esta es la razón por la que sientes que tu oficio o profesión no tiene importancia. Has pasado por alto el propósito principal de tu vida. Esta es una de las preguntas más penetrantes que debes contestar: ¿Cuál es tu lugar en este mundo? ¿Cuál es la razón de tu existencia y por qué estás haciendo lo que haces hoy? Bueno, aquí está la respuesta, debes, primeramente, ser la sal y la luz de este mundo.

Ahora, considera la metáfora de la sal en el versículo 13. La sal tiene un propósito triple. Primero, la sal es un conservante que impide la corrupción. Por lo tanto, presenta una imagen de pureza y santidad. En las Escrituras es una ilustración contraria a la levadura. La levadura también se usa como ilustración en la Biblia. El pan que el pueblo comió durante la Pascua o los holocaustos que la gente ofrecía bajo el Pacto Antiguo tenían que estar libres de levadura. La levadura es un agente corruptor y la sal es un agente purificador. La Biblia nos dice que cada holocausto que se ofrecía ante Dios tenía que ser sazonado con sal. Esto se puede ver en Levítico 2:13 donde dice “Además, toda ofrenda de cereal tuya sazonarás con sal, para que la sal del pacto de tu Dios no falte de tu ofrenda de cereal; con todas tus ofrendas ofrecerás sal.” Eso incluía los holocaustos de corderos, carneros o machos cabríos. Él dijo “con todas tus ofrendas”. La sal es un conservante. Por supuesto que en esos días cuando mataban a un animal no tenían refrigeración y no podían simplemente poner la carne en el congelador. Entonces lo que hacían era frotar la carne con sal para evitar que se descompusiera y así duraba más tiempo. Por lo tanto, la sal era un agente protector y conservante que impedía la corrupción.

Segundo, la sal era un sazonador para la comida como lo es hoy. Acá en nuestro texto Jesús dice en el versículo 13, “pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez?” Claramente, el propósito de la sal es sazonar la carne. A mi me encanta la sal en muchas de las comidas que como. ¿Qué sabor tendría la comida sin sal? Hoy en día, la mayoría de las comidas empacadas que compramos en los supermercados ya tienen sal. ¿Por qué? Porque es un agente conservante que todavía se usa con ese propósito—para conservar y también para sazonar. El ser un sazonador en este mundo ilustra la influencia que ejerces en el mundo. Tú le das a este mundo el sabor de Cristo. Debes sazonar al mundo porque tú vives en Cristo. Y entonces, primero conservas a los que te rodean para que no se corrompan en el mundo y luego les das el sabor a Cristo. Recuerda, no pierdas ese sabor o perderás el propósito de tu vida.

Tercero, sin sal no se puede preservar la vida. Los científicos que entienden la estructura de la célula y los procesos que ocurren dentro de las células del cuerpo, nos dicen que sin sal, las células no funcionan. Sin sal, las células no se reproducen. ¿Por qué? Porque la sal regula la hidratación de la célula y así regula el cuerpo entero. La sal regula la eliminación de las toxinas de cada una de las células dentro del cuerpo. De manera que la sal es esencial para la vida. Sin la sal, no habría vida. Esta es la imagen que Jesús está representando en este pasaje. Él les dice a Sus discípulos, “Mira, tú eres un conservante en este mundo por lo que yo he hecho en tu vida—la manera como te he transformado. Tú preservarás tu vida, preservarás las relaciones que te rodean, preservarás tu iglesia y tu nación.” Es por eso que Jesús les dijo a los discípulos que debían tener sal en sí mismos. Marcos 9:49-50 dice, “Porque todos serán salados con fuego La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonarán?” Luego les dice “Tengan sal en ustedes y estén en paz los unos con los otros”. Por lo tanto, si eres un discípulo salado le traerás paz al grupo. Esa sal es un conservante de paz en las relaciones con los demás. ¿Por qué? Porque si vives una vida piadosa como la describen los primeros 12 versículos de este capítulo, entonces serás una persona mansa, procurarás la paz, serás misericordioso— ¿Y qué consigues con eso? Eso le traerá paz a tus relaciones personales. Por lo tanto, la sal es esencial para tu propia vida espiritual, te mantiene vivo–lo cual afecta e influye sobre los que te rodean en la familia, la iglesia, la comunidad y la nación. Pero antes de ser la sal del mundo, primero debes permitir que la sal, la Sal Verdadera, te purifique. Fíjate en el versículo 8 de las bienaventuranzas, Él dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.” La sal de la pureza en tu propia vida es esencial para tu progreso y salud espiritual; y también es esencial para esta iglesia en general. La pureza es esencial para tu matrimonio y para toda relación que tienes. Entre más puro seas por dentro, más grande será la transformación y eso le traerá paz a todas tus relaciones. Ahora, si reconoces este propósito de la sal, su significado bíblico y lo importante que es esta materia, entonces comenzarás a captar la importancia de tu vida en este mundo como discípulo de Cristo.

Un último punto histórico e importante acerca de la sal. ¿Sabías tú que se han declarado guerras por la sal? ¿Piensas que esto es una locura, que no puede ser? No, la gente reconoció el valor de la sal y que a veces la sal es más valiosa que el oro, porque conserva la comida misma que sostiene la vida. Por ejemplo, durante la guerra civil en los Estados Unidos, lo primero que hizo el ejército de la Unión fue tomar las minas de sal que se encontraban en el estado de Luisiana para que los Confederados no pudieran conservar la carne. El ejército de la Unión creía que esto era esencial para ganar la guerra. Parte del salario del soldado romano se pagaba con sal—así es como surgió la palabra, salario, que deriva de sal. Así también es como surgió el dicho de “una persona que tiene sal”. La sal es una imagen muy impactante y ha jugado un importante papel en la historia.

¿Cómo puede un cristiano con sal conservar el mundo que le rodea? Primeramente, te conviertes en sal cuando permites que el Señor te de el carácter piadoso descrito en los versículos 1-12. Es por eso que Jesús les da a sus discípulos esta exhortación inmediatamente después de explicar las bienaventuranzas. Ahora, consideremos esas bienaventuranzas. ¿Cuáles son las actitudes esenciales que necesitas? Debes reconocer que eres pobre espiritualmente; que no tienes nada que ofrecerle a Dios. Cuando reconoces que no tienes nada bueno de índole espiritual dentro de ti, humildemente lamentas tu pecado y te arrepientes. Adquieres un carácter maleable ante Dios y eso te ayuda a ser manso con los demás. Esta actitud de tu corazón despierta en ti el hambre y la sed de justicia. Esto es lo que te impulsa a crecer, madurar y buscar lo que Él quiere para ti. Dios te cambia por dentro y te hace más compasivo con los demás. Sin compasión no puedes mantener una relación con otras personas porque son pecadoras y tú eres un pecador; y los pecadores se ofenden mutuamente. Cuando eres compasivo, tienes un corazón puro ante Dios. La compasión te induce a procurar la paz con los demás. Dios te da una buena disposición para sufrir por Él y por lo que Él quiere hacer en este mundo. Estas son las características de un hombre piadoso y de una mujer piadosa. Esto es lo que te hace un conservante en este mundo. Es lo que te permite influir en las personas más allegadas a ti. El Padre quiere que influyas en tu cónyuge y tus hijos. Ellos necesitan ver el ejemplo de un hombre piadoso o una mujer piadosa. Tu influencia también los protegerá de la corrupción que les rodea. Este mundo está repleto de perversión, y como cristianos, tú eres el conservante de este mundo.

La segunda manera de ser la sal en este mundo es por medio de tu habla. Pablo dijo en Colosenses 4:6 “Que su conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona”. Fíjate en lo que el apóstol dice aquí. La conversación sazonada con sal es una conversación con gracia. Es una conversación cariñosa. Las palabras que salen de tu boca edifican a los demás en lugar de destruirlos. Pablo también declara en Efesios 4:29: “No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala (corrompida), sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. De esa manera Pablo relaciona el habla con la sal. Y entonces la pregunta es, ¿eres chismoso o censurista? ¿Eres hipercrítico o les hablas a otros con dureza? Si es así, tu habla es todo lo contrario a la sal.

Mira lo que Jesús dice en el versículo 13 “Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres”. ¿Qué quiere decir Jesús con esos comentarios? Está declarando que es esencial ser la sal de este mundo. En otras palabras, si no ejerces una influencia piadosa sobre este mundo, no tienes razón de existir. No tienes razón de existir porque no estás cumpliendo el propósito para el cuál fuiste creado. Tu estilo de vida piadoso y tu habla piadosa son muy importantes para el Reino de Dios. Mira lo que dice Santiago acerca del habla: “Si alguien se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana”. La religión vana es como la sal insípida. Por lo tanto, si no controlas la lengua, si eres hipercrítico y les hablas a los demás con dureza, si eres chismoso y te gusta inventarte cosas, ¿qué tipo de influencia tendrás en los que te rodean? Tendrás el efecto contrario al de la sal. Destruirás, arruinarás, lastimarás y ofenderás. Hasta que tú mismo recibas este tipo de trato, no te darás cuenta cómo hieres u ofendes con tus palabras. Además, cuando defiendes la verdad y la justicia en este mundo, te conviertes en el conservante que protege contra la corrupción que te rodea. Tu vida es un conservante. Tú le das al mundo el sabor a Cristo e impides que las personas que te rodean tomen el mal camino de la corrupción. Como ves, influyes mucho a tu familia y a esta iglesia. Y esta iglesia influye a la comunidad. Cada iglesia en nuestro país influye a toda la nación. Yo creo que la decadencia de la nación es una manifestación de la decadencia de la iglesia y del lugar donde se encuentra la iglesia hoy en día. La iglesia no está cumpliendo su papel de ser la sal o la luz del mundo y la nación está experimentando las consecuencias de eso. Proverbios 14:34 dice: “La justicia engrandece a la nación, Pero el pecado es afrenta para los pueblos”. La justicia es lo que engrandece a una nación. La palabra engrandecer en el hebreo original significa levantar o hacer que crezca. La palabra afrenta en la frase “pero el pecado es afrenta para los pueblos” es una palabra hebrea que significa vergüenza, deshonra o algo que le causa vergüenza a la nación. Los 15 billones que los Estados Unidos le debe a países extranjeros es un comprobante del deterioro de la nación; y creo que eso es una consecuencia del deterioro de la iglesia porque la iglesia no defiende la justicia como debería hacerlo. Por lo tanto, la nación está sujeta a la servidumbre de la deuda externa. Las Escrituras nos dicen que el deudor es el siervo del acreedor. Nosotros somos los siervos de las naciones acreedoras. Solamente una persona verdaderamente justa puede hacer que la nación se engrandezca lo cuál la hará crecer y madurar. Es por eso que tienes que ser la sal y la luz del mundo. Considera el comienzo de nuestra nación y mira cómo estamos hoy! Jesús dijo claramente que si no somos la sal, no servimos para nada, sino para ser echados fuera y pisoteados por los hombres. Y si no vemos un arrepentimiento, nuestra nación caerá y seremos el polvo bajo los pies de naciones extranjeras.

¿Se puede volver insípida la sal? ¡Seguro que sí! Cuando la sal es expuesta a la tierra, la lluvia o el sol, con el tiempo pierde su sabor. Cuando la sal almacenada se volvía insípida y perdía su sabor, la tiraban. Tomaban la sal y la echaban en las veredas para matar la maleza y evitar que volviera a brotar. ¿Por qué hacían esto? Porque la sal ya no servía para su uso original. Acá Jesús usa una imagen clara que todos entienden. Él dice que si tú o la iglesia no están cumpliendo el propósito por el cual fueron creados, no sirven para nada. No tenemos razón de existir, simplemente estamos jugando “a la iglesita”. Pero si esta iglesia es verdaderamente la sal del mundo, será porque tú personalmente, eres sal. Tienes sal en tu interior porque estás experimentando la obra purificante de Dios. Tú influyes en otras personas y eso provocará un enorme cambio en tu vida y en la vida de aquellos con los que te relacionas. Jesús le dijo algo muy parecido a la iglesia en Laodicea en Apocalipsis 3:15-20: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de Mi boca. 17 Porque dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”. Esto es todo lo contrario a la primera bienaventuranza. La iglesia creía que no tenían necesidad de nada. La primera bienaventuranza declara que reconoces que necesitas de todo porque sabes que no tienes nada. Jesús dijo: “Porque dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad.’ No sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo. 18 Te aconsejo que de Mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos y que puedas ver”. Jesús se está refiriendo a la transformación espiritual que Él quiere efectuar en la vida de la persona y continúa diciendo: “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete. 20 Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. En otras palabras, Jesús le dijo a la iglesia en Laodicea que no estaban obligados a continuar así. Ellos podían cambiar a la hora que quisieran hacerlo; simplemente tenían que ser fervientes y arrepentirse. Tenían que reconocer su necesidad y acercarse a Él. Él llama a la puerta y dice: “Déjame entrar”. Jesús fue expulsado de la iglesia en Laodicea, así como lo han expulsado de muchas otras iglesias en el país. Él no se encuentra en ellas.

Pero la pregunta es, ¿se encuentra Jesús en esta iglesia? ¿Está Él en mi corazón? ¿Mora Él dentro de ti? Solo tú puedes contestar esa pregunta. Jesús les dijo lo mismo a sus discípulos en Juan 15:6: “Si alguien no permanece en Mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman”. La frase, “si alguien no permanece en mí” tiene el mismo mensaje que se encuentra en el texto de esta mañana. Estos no son pasajes agradables, son palabras punzantes. Jesús es la sal para nosotros mientras nos exhorta a que seamos la sal del mundo. Si tú no eres la sal, no estás cumpliendo el propósito para el cuál fuiste salvado.

Ahora consideremos la metáfora que tú eres la luz del mundo. Fíjate en los versículos 14 al 16. ¿Cómo puedes ser una luz? Esta imagen es muy diferente de la metáfora de la sal porque es lo contrario a la sal. La sal impide que algo malo ocurra, pero la luz permite que algo bueno suceda. ¡Es todo lo contrario! Cristo mencionó las dos imágenes juntas porque las dos son esenciales. No puedo ser sólo un conservante, también tengo que ser una luz. No sólo debo resistir lo perverso, sino también debo fomentar lo que es bueno y ser un buen ejemplo.

La luz tiene varios propósitos. La luz ilumina, revela, educa, da conocimiento y vence la oscuridad. Jesús dijo en Lucas 8:17 “Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz”. Fíjate que Jesús menciona la capacidad de la luz para revelar, dar conocimiento o revelar algo oculto. En Juan 9:5 Jesús dijo de sí mismo: “Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo”. Jesús declara que Él es la luz del mundo sólo mientras está en el mundo. Les está diciendo que Él no siempre estará aquí; se irá. Es por eso que les dice a los discípulos, “ustedes son la luz del mundo”. Él les dice, “Yo estaré aquí por un tiempo. Ustedes pueden cumplir esta responsabilidad porque la luz del mundo morará en su interior”. De esa manera se convierten en la luz. Por lo tanto, no puedes ser la sal si no tienes por dentro la vida purificante de Cristo. No puedes ser la luz, hasta que tengas la luz de Cristo morando en ti. ¿No es esto lo que sucedió cuando le entregaste tu vida a Cristo? Es como prender una luz. ¿Qué le sucede a la oscuridad cuando prendes la luz del cuarto? La luz vence la oscuridad. La oscuridad huye de la luz. Las Escrituras nos dicen en Juan 1:5 que “La Luz brilla en las tinieblas, (refiriéndose a Cristo) y las tinieblas no la comprendieron”. O literalmente, la palabra en el hebreo se puede traducir no la dominaron. Las tinieblas no pueden dominar a la luz—jamás dominarán a la luz. Las tinieblas o la oscuridad, existen solamente cuando no hay luz.

Es por eso que la nación y la iglesia se están deteriorando—es porque carecen de la luz de Cristo. Tengo que tomar en serio el concepto que soy una luz porque es mi responsabilidad y es tu responsabilidad. Nosotros debemos ser la luz del mundo. No puedes decir “la iglesia está hecha un desastre, o la nación está hecha un desastre”. No, tú tienes la responsabilidad de efectuar un cambio en este mundo al ser la sal y la luz.

¿Cómo puedes ser la luz del mundo y dejar que brille tu luz delante de los hombres, para que vean tus buenas acciones y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos? Te daré varias maneras de hacer esto. Primeramente, para ser una luz tienes que ir a la Luz. Así es como comienza todo. Para aquellos de ustedes que no conocen a Cristo personalmente, si nunca le has entregado tu vida a Cristo—aquí es donde debes empezar. Debes entregarle tu corazón a Cristo. Debes recibirlo personalmente. Él es la luz del mundo. Así es como vas a la Luz para poder convertirte en una luz. Jesús dijo en Juan 3:20: “Porque todo el que hace lo malo odia la Luz, y no viene a la Luz para que sus acciones no sean expuestas”. Aquí Él explica el propósito de la luz, que es revelar la verdad. Cuando compartes el evangelio con alguien, la persona se acercará a esa luz que estás compartiendo o buscará cualquier excusa, motivo o razón para rechazar la verdad y huir de esa luz porque la luz expone su perversidad. ¿Recuerdas la primera vez que alguien compartió el evangelio contigo? Tú probablemente querías salir corriendo lo más pronto posible. No fue hasta más tarde que tú reconociste la necesidad y corriste hacia la luz del evangelio.

Segundo, el ser una luz significa que eres un ejemplo de la vida que Cristo le da al ser humano. La vida que Él te da es un testimonio impactante y una luz en este mundo. La luz por su naturaleza da vida. Esta relación se ve en los primeros versículos del evangelio de Juan. Juan establece que la vida y la luz tienen un vínculo. Considera el mundo físico, sin la luz del sol no crecería nada en este planeta. Por lo tanto, la luz y la vida están directamente vinculadas. En Juan 8:12 dice: “Jesús les habló otra vez, diciendo: “Yo soy la Luz del mundo; el que Me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida”. La persona que recibe a Cristo deja su estilo de vida pecaminoso y lo sigue a Él. Él le dará vida. Cuando esto te sucede a ti, los demás percibirán esa vida en tu interior. No la puedes ocultar. Hace algunas semanas estaba en la fila del supermercado para pagar. El cajero me saludó con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba lleno de vida y era muy evidente. Yo le dije: “¡Hombre! Parece estar muy feliz el día de hoy” y él inmediatamente comenzó a compartir conmigo su fe en Cristo. Yo le dije “¡Ah! Eres cristiano” Él me dijo “Sí señor” y yo le dije: “Pues yo también y pude detectar una diferencia en ti”. Este hombre estaba lleno de vida. Eso es lo que el Espíritu Santo hace en tu interior—te da vida y es evidente porque rebosas de vida.

Tercero, el ser la luz del mundo se refiere a un andar en santidad que influye a los que te rodean. En Romanos 13:12 Pablo dice: “La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz”. Andar en la luz significa que tengo que desechar las obras de las tinieblas y eso es santidad, eso es pureza. Acá también la sal y la luz obran juntas. Cuando vine a la Luz, abandoné mi estilo de vida pecaminoso y eso me permitió vestirme con las armas de la luz. Me gusta la frase “armas de la luz” porque la luz de Cristo es precisamente un arma muy potente. Entonces, la luz de una vida santa es un arma espiritual que desecha las tinieblas y efectúa un cambio en el mundo. Figúrate que cada vez que te acercas a Dios en oración y le pides que te llene con Su Espíritu Santo, es como si prendieras la luz en tu vida personal. La luz te transforma y te conviertes en un arma en la mano de Dios para Su reino.

Cuarto, el ser una luz en este mundo significa que fielmente les comunicas a otros el mensaje de Dios. Jesús describió a Juan Bautista como una luz ardiente y luminosa. El libro de Juan capítulo 5 versículo 33 dice: “Ustedes han enviado a preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad”. En el versículo 35 Jesús dice: “El era la lámpara que ardía y alumbraba, y ustedes estaban dispuestos a regocijarse por un tiempo en su luz”. Como ves, este hombre era una lámpara que ardía en el nombre de Cristo. Si tú quieres ser una lámpara, eso es lo que tienes que hacer. Tienes que hablar con valentía. Tienes que dar testimonio de la verdad. Cuando alguien te pregunte acerca de tu fe, ¿te quedarás callado o hablarás y darás testimonio, como lo hizo el cajero en el supermercado? En otras palabras, aprovecha cualquier oportunidad para compartir tu fe. Eso es ser una luz.

Quinto, el ser una luz significa que compartirás su Palabra en amor. Recuerda que la luz expone las malas obras, pero necesitas amor para poder hacerlo. Es importante que vincules estas verdades. Cuando dices la verdad en amor, desechas las tinieblas. Existen ocasiones en las que tienes que atreverte a hablar (hablar con valentía) y decir “esto no está bien. No puedo formar parte de esto. Lo siento, no lo puedo hacer”. Cuando te ves obligado a tomar este paso, despides esa luz. Estás desenmascarando algo perverso y dices “no puedo hacer eso porque es una maldad. No está bien y no participaré en ello”. Cuando tomas esta postura, enfrentas persecución. La gente te condenará por defender la justicia. Por eso es que debes decir la verdad en amor. Puedes decir la verdad de una manera severa, altanera o con aires de superioridad. Si lo haces así, no manifestarás la gracia de Dios ni el amor de Dios. Por lo tanto, debes aprender a hablar con diplomacia, delicadeza y cariño. Pero a la vez debes ser muy directo y firme. Yo sugiero que hables con amor y de una manera personal. Puedes decir: “me he dado cuenta que si hago esto, mi vida será un desastre. Ya no quiero vivir así”. Y alguien te dice, “¿De veras, por qué dices eso?; ¿Por qué es tu vida un desastre?” Eso te permite compartir tu testimonio. Expones la maldad de una manera personal y con cariño y eso te da la oportunidad de compartir el evangelio. No culpas a nadie, usas tu propia vida como ejemplo. Esa es la manera más fácil de hacerlo. Lo haces con amabilidad y delicadeza. Déjame demostrarte esto en Efesios 5:8-11. Pablo dice: “Porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor, anden como hijos de la luz”. Aquí nos dice cómo convertirnos en hijos de la luz. Él dice: “el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad”. Examinen qué es lo que agrada al Señor y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien desenmascárenlas. De aquí viene la idea de cómo la luz desenmascara las obras malas. ¿Cómo nos dice él que debemos desenmascarar la maldad? Él dice: “el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad”. El fruto del Espíritu no solo se encuentra en Gálatas 5:22-23, lo cual es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad etc. Es más que solo una actitud amorosa, es actuar justamente. El fruto del Espíritu implica las dos cosas. Él Espíritu te da la actitud ideal de amor y te da la medida adecuada de justicia. Debes juntar estos dos conceptos. Él dice que esto agrada al Señor y es lo que permite que las malas obras sean desenmascaradas adecuadamente. 1Juan 2:10 dice: “El que ama a su hermano, permanece en la Luz y no hay causa de tropiezo en él”. En este texto el amar y permanecer en la luz están directamente vinculados. El amor y la luz son esenciales para andar en amor y en la justicia verdadera. Juan también declara esto en el primer capítulo de 1Juan donde también vincula la justicia con la luz. En otro pasaje en Filipenses 2:14-15 dice “Hagan todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo”. ¿Qué te permite resplandecer? Haz todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones. Esto brota de una vida santa. Brota de un corazón centrado en el amor y la justicia. No debo señalar los pecados de los demás. Eso causaría disputas y conflictos. No debo murmurar y quejarme todo el día. Debo vivir de una manera totalmente diferente. Si mi corazón realmente ha cambiado, entonces seré la luz que Él quiere que sea.

¿Cómo ocultas tu luz debajo de una vasija? Él te advierte que no hagas eso. No vas a encender una lámpara para ponerla debajo de una vasija. ¿Qué sentido tiene eso? Si realmente soy la luz del mundo, entonces seré como una ciudad situada sobre un monte que no se puede ocultar. Si caminas en la luz no puedes estar oculto. No puedes ser un discípulo secreto. Todos reconocerán que hay algo diferente en ti. Cuando Jesús predicó este sermón en el monte con vista al mar de Galilea tenía una ciudad situada sobre un monte como ejemplo. Esa ciudad aun se encuentra allí en la costa norteña del mar de Galilea. La ciudad se llama Safed. Es una ciudad verdadera situada sobre un monte. Cristo probablemente la señaló mientras hablaba. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar por su luz resplandeciente. Si quieres ser una luz, no ocultes el hecho de que eres cristiano. No te quedes callado respecto a tu fe—eso sería esconder tu lámpara debajo de una vasija. No sigas a la manada para hacer lo que todo el mundo hace. No practiques el pecado con el resto del mundo. No regreses a las obras de las tinieblas porque eso sería ocultar lo que el Señor ha hecho en tu vida. El Señor quiere que seamos hombres y mujeres que influimos sobre los que nos rodean. Eso lo puedes hacer solamente si eres sal y luz. ¿Influyes a alguien tú? ¿Estás permitiendo que resplandezca tu luz? Dios tiene un llamado para cada vida. Él te quiere usar. Tu vida marca la diferencia. Por lo tanto, debes ser la sal y la luz.

Acerquémonos a Él en oración. “Padre, te damos gracias porque tú has venido a revelar la Luz verdadera para que podamos acercarnos a esa Luz y disfrutar la vida que Tú nos quieres dar. Te pido que nos ayudes en este momento a examinar nuestros corazones. Ayúdanos a ver en qué aspectos no somos la sal ni la luz que Tú deseas que seamos. Ayúdanos a hacer los cambios necesarios—cambia nuestro rumbo. Señor, ven y vierte tu sal en cada uno de nuestros corazones con la obra purificante de tu Espíritu. Llénanos con la luz, el amor y la justicia de Cristo. Haznos hombres y mujeres que realmente influyen en las personas que nos rodean. Creemos que lo harás. Creemos que estás obrando en nuestro interior en este momento. Si no conoces a Cristo, o si no estás seguro si eres cristiano o no, no quiero que pierdas esta oportunidad de permitir que Cristo venga y tome control de tu vida. Si reconoces que eres un pecador, si sabes que has quebrantado las leyes de Dios, pídele perdón. Eso es todo lo que tienes que hacer: Reconocer tu pecado, pedirle perdón e invitar a Cristo a que tome control de tu vida. Si quieres hacer eso, quiero que ores conmigo en este momento. Dile, “Señor, perdóname. Reconozco mi pecado. He quebrantado tu ley. Jesús, ven y toma control de mi vida. Quiero seguirte. Quiero ser sal. Quiero ser luz. Cámbiame. Te lo pido en el nombre de Cristo”.


John Stott – (Sesión 6) Como hacer un Impacto en la sociedad

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