Lama Sabactaní

mateo2746

Elí, Elí, ¿lama sabactani? esto es Dios mio, Dios mio, ¿Porqué me has desamparado?

Mateo 27:46

¡EL CRISTO DESAMPARADO POR DIOS!

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en la noche del día del Señor, Noviembre 28, 2004
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Cuando predico el Domingo en la mañana usualmente le hablo a la gente jóven. Lo hago porque en nuestra iglesia el Domingo por la mañana siempre hay mucha gente jóven que nunca ha oído el evangelio predicado claramente. Hemos salido a los centros comerciales y universidades y otros lugares donde los jóvenes se juntan, y te invitamos a venir. Y tú viniste, y estoy agradecido. Gracias por haber venido.
Pero hay otra razón por la cual yo le hablo a la gente jóven cada Domingo en la mañana. La segunda razón es porque la gente jóven de menos de treinta años tiene mejor posibilidad de experimentar la salvación que aquellos que son mayores. Cada estudio y encuesta que he leído lo refleja. Y mi propia experiencia muestra que es cierto. Si una persona ha de ser salva, usualmente sucede entre los diesiséis y veinticinco años de edad. Yo reconozco que hay excepciones, pero no son muchas.
¿Cómo podemos explicar esto? Una de las explicaciones es que la gente jóven está empezando a darse cuenta de que la vida es difícil y dura. Estás empezando a darte cuenta de que eres mortal, que morirás. Y estás empezando a ver que el mundo es un lugar atemorizante y a menudo solitario. Tú aún no has aprendido a encubrir tus temores con actividad frenética, y varias desviaciones.
La gente jóven está al principio de su vida adulta, y se pregunta: “¿Cómo he de vivir en un mundo tan frío, sin amor y solitario?” Y de nuevo regreso vez tras vez al tema de la soledad. Oh, yo entiendo muy bien que el tema de la soledad no le llama la atención a toda persona jóven. Yo sé que muchos de ustedes ya han aprendido a usar varios trucos de actividad frenética y desviaciones para evitar pensar sobre la soledad. Y yo sé que aquellos que ya han aprendido esos trucos no le pondrán mucha atención a mis sermones. Pero también sé que aquí y allá habrá un muchacho callado y una muchacha pensativa, que se irá a casa y dirá: “Aquel hombre me habló a mí hoy. Más me vale regresar y escucharlo predicar otra vez”.
Y es a ese muchacho y a esa muchacha a quien le hablo esta mañana. Mi tema es la soledad – la fría, dura, desgarradora, atemorizante soledad. Nunca ha sido mejor expresada, y nunca más completamente sentida, que cuando Jesucristo clamó desde la Cruz:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46).

Retrátalo en tu mente. Lo arrestaron mientras Él oraba, a solas en el Huerto de Getsemaní. Le arrancaron Su ropa y Lo golpearon casi hasta la muerte. Enterraron una corona de espinas en Su cabeza. Se rieron y burlaron de Él cuando arrastraba la Cruz por las calles. Clavaron Sus manos y pies. Lo alzaron sobre la Cruz. Su cuerpo estuvo colgado allí mientras Le gritaban palabras de burla. Finalmente Él clamó:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46).

I. Primero, ¿quién era este hombre Jesús?

Él no era un ser humano ordinario. La Biblia dice que Dios “ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Este hombre que clamó a gran voz era el Hijo unigénito de Dios. Además Él habló de
“aquella gloria que tuve contigo [Dios el Padre] antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).

Este hombre que clamó a gran voz desde la Cruz era Jesucristo, la Segunda Persona de la eterna Trinidad. Él estaba unido a Dios de tal manera que dijo:
“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30).

La unidad de Dios el Padre y Jesucristo el Hijo es de la eternidad pasada a la eternidad futura. Él es el Verbo de Dios.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3).

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”
(Juan 1:14).

Jesús bajó del Cielo. Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, vivió en la tierra. Pero permaneció unido a Dios el Padre durante Su vida terrenal. Aún en el oscuro Getsemaní, mientras los discípulos dormían, Jesús oraba y tenía compañerismo con Dios el Padre mediante la oración. Aún mientras era arrestado y falsamente juzgado, Dios estaba cerca a Él. Mientras era azotado y luego al ser crucificado, Él aún podía volverse a Dios y orar:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”
(Lucas 23:34).

Pero ahora ya todo estaba oscuro.
“Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:45-46).

Las tinieblas que descendieron sobre la tierra en esa terrible hora eran un retrato de las tinieblas que separaban a Dios el Hijo de Dios el Padre por la primera vez. Nunca antes Dios el Hijo había estado separado de Su Padre Celestial, pero hoy sí lo estaba. Y en esa hora tenebrosa Él clamó:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46).

¿Quién es este hombre? Él es Jesús, el eterno y unigénito Hijo de Dios – separado completamente de Su Padre Celestial por la primera vez.
II. Segundo, ¿por qué Él clamó a gran voz?

Me es muy difícil explicarte esto de una manera simple. ¡No es maravilla! Estas palabras de Cristo están más allá de cualquier explicación. Spurgeon tuvo la misma dificultad. Él dijo, acerca de estas palabras, que nadie puede entenderlas por completo. Spurgeon dijo:
Martín Lutero [el gran líder de la Reformación] se sentó en su estudio a considerar este texto. Hora tras hora aquel gran hombre de Dios estuvo quieto; y los que lo atendían entraban al cuarto vez tras vez, y estaba tan sumergido en su meditación que casi pensaron que él ya era un cadáver. Él no movía mano ni pie, no comía ni bebía; sino que estaba sentado con los ojos bien abiertos, como si estuviese en un trance, pensando acerca de estas maravillosas palabras: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Y después de muchas largas horas, en las cuales había parecido estar perdido a todo lo que sucedía a su alrededor, se levantó de su silla, y alguien lo oyó decir: “¡Dios desamparando a Dios! Nadie puede entender esto”; y así se fue. Aunque esa no es la expresión correcta – y tardaría a apoyarla – no me sorprende que nuestro texto se presentase bajo tal luz ante la mente de Lutero. Dicen que él parecía como un hombre que había bajado a una profunda mina, y había subido de nuevo a la luz. Yo me siento más como uno que no ha bajado a la mina, sino que ha mirado hacia adentro – o como uno que ha bajado solo parte, y fue estremecido al pasar por la espesa oscuridad, pero que no se atrevió a ir más al fondo porque este clamor [“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”] es un tremendo abismo; nadie jamás lo podrá comprender. Así que no trataré de explicarlo. (traducción de C. H. Spurgeon, “The Saddest Cry From the Cross,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, 1977, volumen XLVIII, pp. 517-518).

Yo estoy de acuerdo con Lutero y Spurgeon en que no podemos entender por completo como Dios el Padre pudo “desamparar” a Dios el Hijo. No trataré de explicar estas palabras, sino que simplemente dar unos cuantos pensamientos sobre ellas.
Cristo aquí habla como hombre. Él es completamente Dios, pero Él también es completamente hombre. Esta es la unión hipoestática, y Cristo es el Dios-hombre. Pero aquí Él habla como hombre. Solamente un verdadero hombre podría decir que Él fue desamparado por Su Dios.
Cristo fue desamparado por Dios porque nosotros merecemos ser desamparados por Dios. Allí sobre la Cruz Cristo tomó nuestro lugar, y sufrió por nuestros pecados.
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4).

Por el pecado de nuestro primer padre, transmitido a todos nosotros, nacimos y crecimos apartados de Dios, desamparados por Dios, y a solas; viviendo nuestras vidas en soledad, cortados de Dios, alejados de Él, por nuestra naturaleza de pecado y nuestros mismos pecados en sí.
“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Efesios 4:18).

¿Se te ha ocurrido alguna vez que tiene que haber un Dios? ¿Te has preguntado alguna vez por qué Dios no es real para ti? Aquí está la respuesta de la Biblia – Dios no es real para ti porque tu entendimiento espiritual ha sido “entenebrecido”, por la “dureza” de tu corazón. Es por eso que eres “ajeno de la vida de Dios”. El tiempo perfecto del verbo Griego enfatiza el estado continuo. No quiere decir que una vez conociste a Dios. Quiere decir que tú nunca lo has conocido a Él, y aún no Le conoces. Tú estás en un estado continuo de alejamiento, cortado de Dios continuamente “por la dureza de [tu] corazón” (ver Dr. Fritz Reinecker, A Linguistic Key to the Greek New Testament , Zondervan, 1980, p. 533).
Jesucristo murió en la cruz para traerte a unión con Dios.
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (I Pedro 3:18).

Cristo murió en la Cruz para “llevarnos a Dios”, para quitar nuestro alejamiento por nuestra naturaleza de pecado y nuestros pecados mismos, y llevarnos a una comunión con Dios. Para poder hacer eso Cristo tuvo que llevar nuestras “enfermedades” y sufrir nuestros “dolores” en la Cruz.
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4).

Siendo pecador inconverso, eres dejado a solas en el mundo. Tú lo sientes. Tú sientes que hay algo malo. Los jóvenes son los más aptos a sentir su soledad, su desamparo de Dios, en un mundo oscuro y a menudo atemorizante. Y es por eso que Dios a menudo convierte a la gente en su juventud. Cuando seas mayor aprenderás a ahogar esta sensación vacía y solitaria con drogas, o alcohol, o encuentros sexuales, o haciendo dinero, o viviendo tu “plan” para tener “exito”. Y cuando hayas aprendido a usar alguno de estos “trucos” para escapar de sentirte solo y vacío, ya será demasiado tarde para que seas salvo.
“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada” (Romanos 1:28).

Pero esta mañana, cuando aún estás jóven, Dios te está hablando. Es por medio de tus sentimientos de soledad que Dios te llama, que Dios le habla a tu corazón. Entonces, oye las palabras de Jesús cuando muere en la Cruz:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46).

Estas son palabras que te tocan especialmente ahora mientras aún estás jóven. Dios el Hijo sufrió la separación de Dios el Padre para expiar por tu separación de Él. Tú te has ido muy lejos de Dios – ¡y Cristo pagó la pena de tu pecado! Tú te olvidaste de Dios – ¡y Cristo pagó la pena de tu pecado! Tú faltaste a la iglesia Domingo tras Domingo para hacer cosas vanas y pecaminosas – ¡y Cristo pagó la pena por tu pecado! Tú viniste a la iglesia pero solo “recitaste” las palabras, sin pensar en Dios – ¡y Cristo pagó la pena por tu pecado! ¡Cristo pagó la pena de tu impiedad en la Cruz! ¡Qué precio tan horrible pagó Él!
Le arrancaron la ropa y Lo azotaron casi hasta la muerte. Clavaron Sus manos y pies a una Cruz. Las tinieblas descendieron. La ira de Dios cayó sobre Él:
“Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento”
(Isaías 53:10).

Dios castigó a Cristo vicariamente, en tu lugar, por tus pecados. Y al fin viene el peor castigo de todos. Dios desampara a Su Hijo y Se voltea a la oscuridad. Y Cristo el Hijo carga tu pecado a solas sobre la Cruz.
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46).

Ese terrible y horrendo interrogante clamor es contestado por el Apóstol Pedro, cuando dijo:
“Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo [Él] por los injustos [tú], para llevarnos a Dios” (I Pedro 3:18).

Tú abandonaste a Dios, y Jesús pagó por tu pecado al ser desamparado por Dios, Él mismo – en tu lugar, clavado a la Cruz, a solas, y separado de Dios el Padre, a quien Él amaba con toda Su alma.
Clavado desnudo a la cruz,
Expuesto a todo mundo y ser,
Retrato de sangre y dolor,
Demostracion de herido amor.

¡Oid! Cuando al alzar Su voz,
Los angeles se afectaron,
Ni un amigo le quedo,
Y aun su Dios le abandono.
(Traducción libre de “His Passion” por Joseph Hart, 1712-1768).

Hemos pensado solamente sobre un poco del misterio de las palabras de Cristo:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46).

No obstante, espero que tú hayas oído lo suficiente para saber que Jesús murió por tus pecados, y que Él ha resucitado, sí, a la diestra de Dios en el Cielo. Espero que hayas oído lo suficiente para ver que tu única esperanza está en Cristo – porque no hay ninguna otra esperanza sólida. Oro que vengas directamente a Cristo y lo recibas a Él y seas lavado de tu pecado por Su Sangre eterna – porque no hay ninguna otra salvación, ni en la tierra ni en la eternidad. Amén.


DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS DESAMPARADO? – Mt 27:46- por Lionel Alvarez Lira – I.L.M.

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