Los profetas de Israel 8

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El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.

Lucas 4:18-19

Isaías 61:1-3 El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; 2a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; 3a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.

Nosotros podemos advertir que esta es una palabra profética que el Señor dio a través del profeta Isaías. En la época de Isaías, el pueblo vivía fuera de la voluntad de Dios; era un pueblo que se había vuelto idólatra, rebelde y desobediente. Es por ello que nuestro Señor envía a Isaías quien profetiza alrededor de 60 años. En la primera parte de este libro, aproximadamente 39 capítulos de él, el profeta se refiere principalmente a los acontecimientos que llevarían al pueblo de Israel a la cautividad.

En la segunda parte del libro se encuentran predicciones, advertencias, pero sobre todo promesas posteriores a la cautividad, especialmente nosotros podemos leer profecías en las que se anuncia la venida del Mesías. Isaías significa salvación de Jehová.

Pasaron poco más de 700 años de que profetizó Isaías, para la venida del Mesías y dice la Biblia, que un hombre llamado Jesús llegó a Nazaret, entró en la sinagoga y se levantó a leer. Cuando él hizo esto le dieron precisamente el libro del profeta Isaías, en donde él leyó:

Lucas 4:18-19 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19A predicar el año agradable del Señor.

Nosotros podemos encontrar aquí en estas palabras que nuestro Señor Jesús leyó, algo impresionante. Después de que él lee estas palabras, dice la Escritura, él enrolla el libro, lo entrega al ministro y se sienta. Un momento en el cual la atención de todos los que estaban en el lugar, estaba puesta sobre él. Estaban esperando qué más iba a decir. Tenía que venir una explicación en relación a esta escritura. Se acostumbraba que cada vez que pasaba alguien a leer la Palabra, hablaba algo respecto a lo que estaba leyendo. Todos estaban a la expectativa esperando el comentario que hiciera Jesús. El Señor los miró y les dijo:

Versículo 21 Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Qué impresión. Qué momento tan especial se estaba viviendo. Imagina el momento en el cual Jesús empieza a leer el libro de Isaías, está leyendo una profecía que habla en relación a la venida del Mesías, una promesa de Dios; el Señor había mantenido silencio durante 400 años, el último profeta Malaquías y 400 años de silencio. Y en estos momentos está diciendo que la Escritura, que la venida del Señor ya se había cumplido. Y esto lo estaban viendo aquellos que estaban en el lugar. Algo que dejó atónitos a todos, escuchar estas palabras. Yo creo que la gente no pudo alcanzar a entender lo que estaba sucediendo.

Si tú observas, tú podrás mirar aquí en estos versículos del evangelio de Lucas, que el Señor Jesús no leyó los tres versículos de Isaías, solamente leyó el versículo 1 y el principio del versículo 2, hasta donde dice: a proclamar el año agradable del Señor. ¿Por qué lo hizo así? Porque estaba viniendo a la tierra, a la humanidad el año agradable de Dios. No venía como dice la segunda frase de Isaías, el día de venganza del Dios nuestro. No, este no era el tiempo de la venganza. Esto no se cumpliría aun, apenas se estaba iniciando el tiempo de la gracia, esa gracia que procede de lo Alto, esa gracia de Dios.

Esa gracia a través de la cual nosotros podemos venir delante del Señor y ser aceptos a Él. Esa gracia a través de la cual nosotros estamos en la posibilidad de venir y arrepentirnos de nuestro pecado, ser redimidos y alcanzar la salvación; poder entrar a la presencia del Altísimo. Es el tiempo de la gracia.

El día de la ira de nuestro Dios será después. Después de que Jesús venga a la tierra por segunda vez. Dice la Escritura que habrá un tiempo en el cual sonarán las trompetas, se oirá el sonar de las trompetas y todo ojo verá descender de entre las nubes a Cristo Jesús. Dice la Escritura en Tesalonicenses que en esos momentos los muertos en Cristo se levantarán primero, irán hacia la presencia de Jesús. Y después los que estemos vivos nos iremos también. Y juntos iremos hacia la presencia de Dios Padre donde se celebrarán las Bodas del Cordero. Ahí estaremos con Él. Después de esto es cuando dice la Palabra de Dios que vendrá el día de la ira del Señor.

Pero en estos dos versículos de Lucas, nosotros podemos advertir que el Espíritu Santo que descendió sobre Jesús, lo ungió. Precisamente fue ungido como dice Isaías, para que se cumpliera el propósito de Dios en los 6 aspectos que está mencionando Jesucristo.

1) Dar buenas nuevas a los pobres.
2) Sanar a los quebrantados de corazón.
3) Pregonar libertad a los cautivos.
4) Dar vista a los ciegos.
5) Poner en libertad a los oprimidos; y
6) Predicar el año agradable del Señor.

Pero además de estos 6 aspectos, nuestro Señor Jesucristo también cumplió con otros cuatro aspectos que dice Isaías 61:2b-3, estos cuatro aspectos son:

1) Consolar a todos los enlutados.
2) A los afligidos darles gloria.
3) Gozo a los enlutados, y
4) Alegría en lugar del espíritu angustiado.

Nosotros podemos encontrar por lo tanto, 10 aspectos sobresalientes, que por supuesto necesita la humanidad. Y cuando leemos el Evangelio en sus cuatro versiones: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, vemos que el ministerio de nuestro Señor Jesús, cumple con estos aspectos. A eso vino y su ministerio es éste.

Vemos que su ministerio comprende la enseñanza de la Palabra, predicación de las buenas nuevas de salvación, sanidad a los enfermos, liberación de cautivos, es decir, echar fuera demonios, sanidad a los enfermos y lo que dice Isaías, todo esto lo lleva a cabo nuestro Señor Jesucristo.

Podemos ver cómo también todos estos aspectos están perfectamente bien entrelazados unos con otros. Cómo nuestro Señor Jesucristo va cumpliendo con todos estos aspectos y no solamente está así separado, sino que todo está perfectamente coordinado en su ministerio. Vamos a ver el primer aspecto:

1) Dar buenas nuevas a los pobres.

Lucas 8:1 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él.

Nosotros podemos advertir que nuestro Señor predica y anuncia el Evangelio. Evangelio significa las buenas nuevas. Él va dando a conocer estas buenas nuevas de salvación. Recuerda que antes de nuestro Señor Jesucristo vino otro profeta, Juan el Bautista. Dice la Escritura: voz que clama en el desierto. Juan vino y anunció que detrás de él venía precisamente aquel que traía salvación, redención a la humanidad. Para que la humanidad se arrepintiera de sus pecados y pudiera establecer su comunión con Dios.

Por lo tanto, cuando viene nuestro Señor Jesucristo, él dice: ahora sí, el reino de Dios ha llegado a ustedes. Este es el tiempo y estas son la buenas nuevas de salvación. Y con él iban los doce discípulos que él había llamado. Estos doce que él había escogido, iban junto a él aprendiendo en su ministerio, por todo lo que ocurriría después y la labor para la cual ellos se quedarían.

Juan 6:39-40 Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Nuestro Señor Jesucristo está enseñando y está predicando el Evangelio. Está diciendo cosas que nadie antes podía haber dicho. Está en primer lugar resaltando que ésta era la voluntad de Dios Padre quien lo había enviado a él, que llevara a cabo este ministerio. Y que todos aquellos que se acercaran, que creyeran en Jesús no los perdiera sino que los resucitaría en el día indicado. Que la voluntad de Dios era precisamente que el Hijo traiga vida, vida en abundancia y traiga vida eterna a todo aquel que en él cree. Todo el que ve al Hijo tiene vida eterna. Y estas fueron la buenas nuevas de salvación, y nuestro Señor Jesucristo viene y las anuncia y con él la gloria de Dios.

2) Sanar a los quebrantados de corazón.

Y nosotros tenemos que entender aquí algo importante. Muchas ocasiones por diferentes situaciones nuestro corazón se puede quebrantar. Puede ser por problemas de salud, por problemas económicos, por problemas emotivos, en fin, hay una gran cantidad de razones por lo cual un corazón se quebranta. Dice la Palabra, como un ejemplo, que una persona entre la multitud, de esas multitudes que seguían a nuestro Señor Jesús, salió entre todos ellos y le dijo: Maestro, mi hijo tiene un espíritu mudo desde que era niño, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

Lo primero que nosotros advertimos en esta historia, es el hecho de que un hombre, padre de familia, trae un problema, trae él un quebranto, una aflicción en su corazón. Él sabe que tiene un espíritu mudo su hijo, su hijo no habla. Pero no solamente es éste su problema, su problema es que ese espíritu de repente donde él quiere, lo sacude, le hace echar espuma por la boca, cruje los dientes y se va secando. Y clamó a los discípulos que estaban con Jesús para que lo echasen fuera, y dice: y ellos no pudieron. Y además agrega: le echa en el fuego, luego en el agua para matarle. Es decir, este espíritu quería matar a este joven. Un padre desesperado quebrantado en su corazón, y le dice a Jesús: pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos.

Imagina qué situación tan tremenda. Cuánto nos afecta a nosotros los padres los problemas que tienen nuestros hijos. Nos afectan más que nuestros propios problemas. Un padre que está viendo a su hijo sufrir, es un padre que vive oprimido, que vive quebrantado. No está cautivo, el cautivo era el hijo que tenía un espíritu inmundo y que tenía estos problemas. Él tenía un quebranto y estaba desesperado.

Cuántas ocasiones nosotros vemos que nuestros hijos tienen alguna enfermedad y sufrimos aun más que ellos. Cuando son pequeños nosotros vemos que nuestros hijos de repente están muy tristes, tienen su carita triste, y nos empezamos a angustiar, nos afligimos, no sabemos qué les pasa, no sabemos qué sucede con ellos, y es una situación muy, muy desesperante.

Por lo tanto este hombre tenía años de vivir en esta condición. Sabe de Jesús, sabe que él viene a sanar a los quebrantados de corazón, y trae su problema y lo pone delante de Jesús. Dice la Escritura en: Marcos 9:25-27 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. 27Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.

Aquí nosotros podemos ver tres aspectos importantes. 1) que nuestro Señor está trayendo liberación, está sacando de la cautividad a una persona. 2) Le está sanando. Y 3) está sanando el corazón del padre que estaba quebrantado.

Otro ejemplo: Juan 4:46b-49 Había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

Podemos advertir también aquí a un padre afligido, angustiado, quebrantado en su corazón. Tiene un hijo enfermo, un hijo que está por morir, y que no hay nada que se pueda hacer por él. Él sabe, porque ha escuchado de Jesús, ha oído de su testimonio, y aun Jesús lo sabe y le dice: si no ven señales, si no ven prodigios no van a creer. Y este hombre, este oficial le vuelve a insistir a Jesús y le dice: Señor, apúrate. Yo sé que tú puedes hacer algo por él, por lo tanto, Señor, desciende antes que mi hijo muera.

Juan 4:50-51 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

Nuestro Señor Jesucristo no necesitaba ir hasta el lugar donde había el problema, él desde donde se encontraba traía sanidad, traía liberación, traía vida. Y este hombre que había estado quebrantado en su corazón por la salud de su hijo, es también restaurado, es sanado.

Vamos a mirar otro ejemplo en Mateo 15:22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

Imagina en estos momentos la situación de esta mujer. Una mujer desesperada, una mujer también quebrantada en su corazón porque veía que en su hija estaba manifiesto un demonio, y que era terriblemente atormentada por él. Venía desesperada. Una mujer que no era judía, una mujer cananea.

Mateo 15:23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.

Imagina a esta mujer en su desesperación. Jesús judío, ella cananea; nada qué ver con los judíos. Viene, clama a Jesús. Jesús la ignora, no le hace caso. Sin embargo, esta mujer sabe que él es el Mesías, es el enviado de Dios, ha visto las señales, los prodigios que él hace, por lo tanto ella no se va, ella no desiste, ella sabe que puede haber salvación, que puede haber liberación. Ella permanece y aun viene detrás gritando: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Venía grite y grite, a tal grado que los discípulos ya se habían cansado de escucharla, ya estaban tan hartos que interceden con Jesús y le dicen: Jesús por favor ayúdala, despídela, ya dile que se vaya porque viene detrás de nosotros gritando. Ya no la aguantamos.

Mateo 15:24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Es decir, le está diciendo: mira mujer tú no tienes nada que ver conmigo, Dios me envió para con Israel, no para con los demás. Versículo 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Ella humillada, postrada ahí, a los pies de Jesús, clamando a Jesús pidiéndole ayuda. Te necesito, ayúdame, ten misericordia de mí. Versículo 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Palabras tan fuertes, sin embargo esta mujer quebrantada en su corazón sabe que ahí está la respuesta a su quebranto y a su problema. No importa.

Versículo 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Señor, aun yo sé que puedo recibir de tu misericordia, de esas migajas que tú tienes para tus hijos, deja caer algo y con eso va a ser suficiente para que yo esté bien, para que mi hija sea liberada. Versículo 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. Vemos el poder del Señor, vemos su gloria. La gente lo advirtió, la gente lo vivió.

3) Pregonar libertad a los cautivos.

Los cautivos, aquellos que estaban endemoniados. Aquellos que tienen un espíritu inmundo que los cautiva. Una gran parte del ministerio de nuestro Señor Jesucristo fue, precisamente liberar a los cautivos.

Lucas 8:2 Y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios.

Nosotros podemos advertir aquí en este versículo, cómo las mujeres seguían al Señor Jesús, cómo iban junto a él, cómo muchas de ellas habían recibido sanidad, una sanidad física, sanidad espiritual, sanidad del alma; y aun otras como está dando el ejemplo de María Magdalena que había tenido 7 demonios y habían sido echados fuera. ¡Gloria a Dios! Nuestro Señor Jesucristo manifestándose con gran poder.

También aquí en el Evangelio de Lucas, se narra la historia de un hombre que estaba endemoniado. Un hombre que vivía en la zona de los gadarenos, un lugar muy especial a donde los judíos no iban, un lugar en donde se llevaba a cabo la crianza de cerdos. Era un hombre que tenía demonios, demonios que se manifestaba en él, pero eran tan fuertes, que lo amarraban con cadenas y él las rompía. Era un hombre que estaba fuera de sí por este espíritu inmundo, por lo que aun andaba desnudo. Él se encontraba ahí entre los sepulcros, él ahí habitaba. Nadie se atrevía a pasar por ahí, ¿por qué? Porque este hombre era una amenaza para ellos.

Por lo tanto, nuestro Señor Jesucristo que sabía esto, va precisamente a ese lugar. Y va de un modo o de otro al encuentro de esta persona cautiva para liberarla. Era uno de los propósitos de Jesús, traer libertad a los cautivos. Este hombre necesitaba de Jesús, y él fue. Nuestro Señor Jesucristo se manifiesta con poder y sana a este varón. Este hombre tenía una legión de espíritus inmundos en su ser. Una legión conformada por 2 mil elementos, es decir, tenía 2 mil demonios en su interior.

Dos mil demonios que en ese momento ven la presencia de Jesús, del Mesías, del Hijo de Dios; tienen miedo, saben que van a ser echados, están siendo atormentados. Y le dicen: Señor, ¿podemos ir a ese ato de cerdos? Y el Señor les dice: sí, fuera. Van a ese ato de cerdos y dice la Escritura que entonces entran a los cerdos y los cerdos caen por un despeñadero, y todos se matan.

Lucas 8:34-35 Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. 35Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.

¡Qué impresionante! Cada vez que yo veo esta Escritura yo me impacto. Puedo advertir, puedo ver el poder de Jesús para liberar a los cautivos. Puedo ver cómo este hombre a la hora que salen de él estos demonios, por el poder del Señor. Él entonces está en su pleno juicio, y entonces está, dice la Escritura, vestido, sentado a los pies de Jesús oyéndole, escuchando la predicación de Jesús, las enseñanzas de él. Pero lo que a mí me impresiona todavía es el hecho de que la gente que está alrededor, la gente de la ciudad, la gente que conoce a esta persona, la gente que le tiene miedo, al ver que ya está sano, ¡tienen temor! Pero ¿cómo es posible? Era para que se hubieran acercado a Jesús y hubieran entregado sus vidas. Sin embargo les da miedo.

Versículo 36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. Podemos ver la gloria de Dios.

4) Dar vista a los ciegos.

Y la Escritura no solamente se refiere a ciegos físicos, también se refiere a ciegos espirituales, aquellos que no están en la capacidad de ver y menos aun de ver la gloria de Dios. Nuestro Señor Jesucristo vino a quitar esa venda de los ojos, vino a sanar a los ciegos, vino a sanar a todo enfermo. Cualquier persona enferma, dice la Escritura que era sanada.

Mateo 15:30-31 Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; 31de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.

Dice la Escritura que no había una persona enferma que trajeran a Jesús que no fuera sanada. Dice el Evangelio que a todo lugar, a toda ciudad, a toda aldea, a todo parte donde iba nuestro Señor Jesús, sanaba a todos los enfermos que había y liberaba a todos los cautivos. Pero siempre hay incredulidad en algunos.

Juan 14:8-9 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

Aquí podemos ver a una persona que estaba ciega espiritualmente. Felipe que le está pidiendo al Señor Jesús que le muestre al Padre, él lo quiere ver. Y a respuesta de Jesús es una muy sencilla: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Si no lo habías advertido, ahora lo puedes ver. Si tú ya me viste, tú ya conoces al Padre. Le vino a quitar esa venda también de los ojos.

Vino a sanar a los que tenían dolencias aun. Mateo 4:23-24 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.

Nosotros podemos advertir en estos dos versículos de Mateo, cómo nuestro Señor Jesucristo cumple con un ministerio prácticamente el cual es total, completo, absoluto. Todo lo que él hace se dice en unas cuantas palabras, no está separado. Todo está junto. No importa quiénes venían. Venía una persona con una necesidad espiritual, el Señor hablaba y lo sanaba. Una necesidad física, lo sanaba. Cualquier tipo de necesidad, era sanada por nuestro Señor Jesucristo.

5) Poner en libertad a los oprimidos.

Y nosotros podemos encontrar una diferencia marcada entre un quebrantado de corazón, un cautivo y un oprimido. Son tres palabras diferentes. Ya vimos que un quebrantado de corazón es aquel que su corazón se quebrantó porque está viendo la situación que está pasando con un ser querido, tal vez aun a él mismo le pudiera estar pasando algo por lo cual su corazón se quebranta. Un cautivo es una persona que tiene un demonio y que tiene que ser liberado. Un oprimido es alguien que está recibiendo una opresión en su corazón, no es un quebranto, es una opresión de parte del enemigo. Por lo tanto es diferente y nuestro Señor Jesucristo vino a traer sanidad a los tres.

Marcos 5:25-29 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor.

Lo primero que podemos advertir aquí es una mujer, precisamente con un problema, que de acuerdo a las leyes sanitarias establecidas por Dios, aquellas que le dictó a Moisés en el Monte Sinaí, y que estaban cumpliendo el pueblo de Israel. Una mujer con flujo de sangre no podía estar con la gente, aun en su casa era apartada. A ella, quien tenía un problema así se le ponía en un cuarto aparte, se le construía junto a la casa un cuarto, ¿por qué? Porque era considerada inmunda y no podía tener contacto con los sanos para no contaminarlos, tenía que estar apartada.

Una mujer que llevaba 12 años en esta condición. Doce años que no podía llevar una vida normal, que no podía salir de su encierro. Era una persona que estaba oprimida por una enfermedad. Por lo tanto, dice la Escritura que aun ella había visto a médicos, ella había gastado todo lo que tenía, no tenía dinero y sin embargo nadie pudo haber hecho nada por ella. Sin embargo, ella oye de Jesús. Ahí en u cuarto alcanza a oír de los milagros, de las maravillas que hace Jesucristo. Y sobre todo en este momento ella oye que Jesús está ahí en ese lugar.

Ella sale de donde está y dice versículos 27-28 Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.

Es decir, a ella no le importó la condición en la que se encontraba y la prohibición que había. Ella salió de su encierro y vino en busca de Jesús, ella sabía del poder de Él, y sabía que no necesitaba más que acercarse a Él y tocar su manto. Cuando tenemos problemas, cuando tenemos aflicciones, lo que nosotros tenemos que hacer es venir y buscar al Señor, buscar su presencia, venir y tocar su manto para ser sanos. Esto hizo esta mujer. Y se abrió paso entre la multitud, venía desde atrás. Eran multitudes las que seguían a Jesús, y detrás, ella vino abriéndose paso, vino empujando a las multitudes, aun a los discípulos y llegó hasta donde estaba Jesús, porque su ideal era tocar su manto porque ella sabía: si lo toco, soy sana.

Versículo 29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Qué opresión tan tremenda durante doce años. Pero llega el momento en el cual ella es sanada de su opresión, es sanada de su enfermedad, para llevar a cabo una vida normal conforme y la llevaba cualquier persona del lugar.

Pero también nosotros podemos estar oprimidos por nuestros trabajos, podemos estar oprimidos por los problemas, por los conflictos cotidianos, aun problemas familiares, problemas laborales, problemas escolares, problemas con vecinos, situaciones difíciles. En fin, puede haber muchas cosas que nos están oprimiendo y que ello ocasiona que nosotros vayamos cargando grandes lozas sobre nuestros lomos.

Mateo 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Una promesa maravillosa de nuestro Señor Jesús. Va a haber sanidad para ti. Tú estás trabajado, estás cansado, estás angustiado, estás desesperado, no te preocupes, ven y dame tu carga, dice Jesús, yo la llevo y tú puedes descansar, y tú puedes quitar esa opresión que has tenido durante todo este tiempo. Y es una promesa para todos también, una promesa a cual nosotros podemos tomar en el momento en que la necesitemos.

6) Predicar el año agradable del Señor.

Mateo 11:4-6 Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. 5Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; 6y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.

Sabemos que Juan el Bautista vino primero a anunciar que venía el Mesías, fue enviado por el Señor: voz que clama en el desierto, arrepentíos de vuestra maldad, arrepentíos de vuestro pecado. Viene tras de mí el Salvador, endereza tu camino, arrepiéntete. Viene haciendo este anuncio. Aparece Jesús, se bautiza, sigue el ministerio de Juan lo escucha y manda emisarios, no porque Juan no supiera que él era el Mesías, él lo sabía, pero para que sus discípulos quedaran convencidos.

Y van y le preguntan al Señor Jesús: realmente eres tú el que habría de venir. Y nuestro Señor les responde: vean todo lo que está sucediendo: los enfermos son sanados, los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, aun los endemoniados son liberados, los oprimidos son restaurados, los quebrantados son sanados, y aun estoy predicando el evangelio, las buenas nuevas de salvación. Vayan y díganselo a Juan para que esté tranquilo.

Nuestro Señor Jesucristo dentro de su ministerio lleva a cabo precisamente el predicar las buenas nuevas de salvación. Viene a decirnos que nosotros con nuestro arrepentimiento y a través de Cristo Jesús, podemos llegar a la presencia del Padre. Y aun que nosotros tenemos un lugar, un lugar allá en el reino de los cielos, un lugar al cual nosotros iremos en el momento indicado. Para lo cual nuestro Señor Jesucristo, pues digámoslo así, se adelantó.

Juan 14:1-3 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Promesa de nuestro Señor Jesús. Él se adelanta, prepara un lugar para que nosotros vivamos por la eternidad en la presencia del Padre. Y dice: y después vendré; como decía en un principio, descenderá entre las nubes el día que Dios Padre así lo decida, cuando Él lo ordene; nadie sabe el día que esto ocurrirá, ni Jesús mismo, solamente lo sabe el Padre, pero ese día vendrá. Y ese día descenderá entre las nubes, y su Iglesia de la cual nosotros formamos parte, nos iremos con él y estaremos en la presencia de Dios por la eternidad. Buenas nuevas de salvación, predicación del año agradable del Señor.

Pero hay algo importante, nuestro Señor Jesús físicamente ya no está en la tierra. Y Dios nos habla a través de Isaías, nos da esta profecía a la congregación para este año. ¿Qué es lo que nos está diciendo el Señor? Que ahora nosotros tenemos que hacer lo que nos toca hacer en este sentido. Del mismo modo que nuestro Señor Jesucristo fue ungido por el Espíritu Santo, nosotros también ahora tenemos el Espíritu de Dios para poder llevar a cabo esta obra que es del Señor.

Y esto es algo que está en el corazón y en el propósito de Dios. Aun nuestro Señor Jesucristo nos lo dice, él lo anunció, él anunció que así sería.

Juan 14:12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Una promesa de Dios. Nuestro Señor Jesucristo está diciendo algo muy importante que nosotros debemos entender y llevar a cabo. Todas estas obras que nos narra el Evangelio que hizo Jesucristo, nosotros como hijos de él, podemos llevarlas a cabo. ¿Por qué? Porque somos sus discípulos, porque hemos recibido el Espíritu Santo, y porque aun en nosotros está Jesús. Estas obras nosotros las podemos hacer también. Es una orden además.

También lo dejó establecido en Marcos 16:17-18 estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

¿Qué significa esto? Esto significa que nosotros al creer en Cristo Jesús hay señales que tienen que seguirnos. Nosotros no tenemos que seguir las señales. Hay cristianos que aun siguen las señales en otros cristianos, y eso está mal. La Palabra de Dios no nos establece que nosotros sigamos a las señales; establece que las señales nos tienen que seguir a nosotros, y si a nosotros no nos están siguiendo estas señales, algo está mal, algo está ocurriendo que está fuera de lugar. Detrás de nosotros tienen que venir estas señales. Yo creo en Jesús, por lo tanto debo hacer esto que dice Jesucristo, porque es lo que también a través de Juan estableció.

Es penoso ver que viene un hermano en Cristo a compartir, que viene a predicar o que viene a un tiempo de sanidad, y se llenan los estadios, se llenan los auditorios por puros cristianos. Cristianos que ven las señales que siguen a ese ungido del Señor. Cuando cada uno de esos que se congregan en ese lugar deberían ser seguidos por las mismas señales. Y esto es algo que debemos de entender y que debemos buscar.

Y ese es el propósito del señor al hablarnos para este año a través de Isaías 61:1-3, a través de Lucas como lo estábamos viendo en un principio, Lucas 4:18-19. Tienen que seguirnos estas señales. Y aun nuestro Señor Jesucristo nos da una autoridad, y tenemos la autoridad para hacerlo.

Mateo 18:18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

Es la autoridad que Jesús nos ha dado. Cristo Jesús recibió la autoridad del Padre, Dios le dio toda la autoridad. Pero nuestro Señor Jesucristo no se quedó con esa autoridad, sino que aun la delegó en nosotros. A nosotros nos delega, cada cristiano tiene esta autoridad. Cada persona que deja el mundo y se convierte a Cristo Jesús, tiene esta autoridad para atar y desatar, para hacer y deshacer, todo conforme y la voluntad y los propósitos de Dios.

Por lo tanto nosotros tenemos mucho que trabajar este año, tenemos mucho qué hacer. Tenemos mucho que buscar el rostro de Dios, para que esta unción que hemos recibido del Espíritu Santo, y esta promesa de Dios se cumpla en nuestras vidas.

Bendito Dios y Padre eterno te doy gracias por este tiempo, y permíteme poner en tus manos la vida de mis hermanos, pidiéndote que tú te manifiestes con gran poder a cada uno de ellos, para que cada uno de nosotros podamos hacer de acuerdo a lo que tú estableces en tu Palabra. Para que entendamos que éste es un tiempo importante en el cual tenemos que trabajar, en el cual tenemos que hacer de acuerdo a tu voluntad y tu propósito, para que la gente crea en ti, crea en Jesús. Para que en la gente haya arrepentimiento, para que en la gente haya sanidad, liberación y Señor tu gloria resplandezca. Y en el nombre de Jesús a ti sea la gloria y la honra. Amén.

Dios los bendiga.
Por: José Antonio Cano Mirazo de levantare


LOS PROFETAS DE ISRAEL CLASE 7, PROFETAS DEL REINO DEL SUR Y SU MENSAJE DE ESPERANZA

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