Los regalos para Jesús

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Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Mateo 2:11

Los magos de oriente son personajes citados en la Biblia y, más concretamente, en el Nuevo Testamento. Es poco lo que se sabe de ellos: se ignora cuántos eran y de qué tierras procedían. Sólo se sabe lo que cuenta el Evangelio de Mateo: vinieron de oriente, no se nos da el número des estos magos. La idea tradicional de que fueron tres deriva del número de regalos que trajeron. Estos no eran reyes, sino magos, que quiere decir astrólogos, cuyo conocimiento de las Escrituras hebreas pudiera trazarse desde tiempos de Daniel.

Para el momento en que los magos llegaron, María y José estaban en una casa y no en el establo, (Mateo 2:11). Oro, Incienso y Mirra; regalos propios de un rey (Isaías 60:6). El hecho de que gentiles hubiera ofrecido este tipo de alabanza tuvo significado profético también. (Salmo 72:10). Como Salomón había recibido regalos de la reina de Saba, así predecía que el Rey que vendría habría de recibir regalos también y más significativos.

Oro, – símbolo del Rey

El oro es un metal blando, brillante, amarillo, maleable, dúctil que no reacciona con la mayoría de productos químicos, pero es sensible al cloro y al agua regia. Es uno de los metales tradicionalmente empleados para acuñar monedas. El oro se utiliza en la joyería, la industria y la electrónica.

Podemos decir que todos sabemos lo que es el oro: el metal valioso que acostumbramos relacionar con la riqueza y el poder. Antiguamente las monedas de más alto valor eran de oro. Entonces no existía el papel moneda, esto es, lo que hoy llamamos “billete”. El oro traído al Señor fue, pues, un regalo simbólico. Es como si al depositar a los pies del niño Jesús el cofrecito con monedas de oro, el primer sabio de Oriente hubiese dicho: “Te traigo oro porque reconozco en ti al que ha de tener más poder que todos los reyes de la tierra, al que ha de ser Rey de los Reyes”.

Incienso, – símbolo de Dios

De thuo, ofrecer en sacrificio. Denota un combustible aromático, incienso (Lucas 1:10, 11); en plural (Rev. 5:8 y 18.13; 8.3, 4, significando incienso aquí). En relación con el tabernáculo, el incienso tenía que ser preparado con una mezcla de estacte, uña aromática, gálbano aromático, e incienso puro, en partes iguales. Se prohibía la imitación para usos particulares (Éxodo 30:34-38).

El incienso (del latín incensum, participio de incendere, “encender”) es una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que a menudo se añaden aceites esenciales de origen animal o vegetal, de forma que al arder desprenda un humo fragante con fines religiosos, terapéuticos o estéticos

El uso del incienso como símbolo de adoración a Dios o de respeto a cosas relacionadas con Dios, es una tradición muy antigua, anterior al Cristianismo. El incienso sigue usándose hoy en ceremonias religiosas de varias iglesias cristianas.

El incienso fue otro regalo simbólico al Señor. Es como si al depositar a los pies del niño Jesús el cofrecito conteniendo incienso, el segundo sabio de Oriente hubiese dicho: “Te traigo incienso porque reconozco en ti al que todos han de reconocer como a su Dios verdadero.”

Mirra, – símbolo del hombre

Nombre smurna, de donde procede el nombre de Esmirna, es término de origen semítico; en hebreo mor, de una raíz que significa amargo. Es una resina gomosa de un arbusto que crece en el Yemen y en regiones circundantes en África. El fruto es liso y un poco más grande que un guisante. El color de la mirra varía desde un amarillo rojizo pálido hasta un marrón rojizo o rojo. Su sabor es amargo, y tiene propiedades astringentes, usándose como antiséptico y estimulante. Se usaba como perfume (Salmo 45:8, donde el lenguaje habla figuradamente de las gracias del Mesías; Prov. 7:17; Cantares 1:13; 5.5). Era uno de los ingredientes del «aceite de la santa unción» para los sacerdotes (Éxodo 30:23; «mirra excelente»). Se usaba también para la purificación de las mujeres (Ester 2:12); para embalsamar (Juan 19:39); como calmante. En el NT se usa transitivamente, con el significado de mezclar o combinar con mirra (Marcos 15.23); la mezcla indudablemente se la ofrecía para sedar el dolor.

La mirra es una sustancia perfumada que los antiguos tenían por un bálsamo precioso. Viene en forma de lágrimas y tiene un color rojizo. He aquí, pues, características que pueden convertir la mirra en un símbolo del hombre: el color rojo representaría la sangre, la forma de lágrima representaría el dolor. La mirra simbolizaría así la sangre y el dolor del hombre convirtiéndose en bálsamo para el género humano. ¿No fue Jesús, precisamente bálsamo para nosotros al sufrir la tortura de la Crucifixión? La mirra constituye otro regalo simbólico al Señor. Es como si al depositar a los pies del niño Jesús el copón conteniendo mirra, el tercer sabio de Oriente hubiese dicho: “Te traigo mirra porque reconozco en ti al Hijo del Hombre que ha de sufrir y derramar su sangre por salvar a la humanidad doliente”.
La Navidad, nos habla del amor de Dios. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

El canto de los ángeles, la aparición de ejércitos celestiales que aquella noche cantaron gloria a Dios, la estrella que guió a los magos hasta Belén, el humilde pesebre donde estaban la madre y el Niño, nos hablan de la gracia y el amor infinitos de Dios. El Hijo de Dios venía a habitar entre nosotros, pecadores del mundo, con el propósito de llevar nuestros pecados sobre si y redimirnos de la maldad. Bien exclama el apóstol Pablo:

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”.

La Navidad nos habla de este regalo, el regalo de Dios que perdura. “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6); “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). En aquella primera Navidad, Dios nos entregó el más grande regalo de toda la historia, el Hijo amado de su corazón. El Admirable, el Consejero, el Dios Fuerte, el Padre Eterno, el Príncipe de Paz, Jesucristo el Salvador.

La Biblia declara que el regalo que nos da Dios, es vida eterna a través de Jesucristo nuestro Señor. El verdadero significado de la Navidad es que este regalo de Dios tiene que ser recibido. Jesús vino al mundo y nació de una virgen, es verdad, pero este no es el final de la historia. El murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y ahora vive. El Niño de Belén es el Cristo de los Cielos, el Señor de señores y Rey de reyes.

Para conocer y experimentar la vida eterna debes abrirle el corazón a Jesús. Hubo un primer pesebre en la aldea de Belén pero debe haber un segundo pesebre. Esto no quiere decir que el Señor Jesús va a nacer de nuevo como hombre. La Biblia declara que una vez fue suficiente; la obra fue perfecta y no hace falta repetirla. El segundo pesebre que debe haber es tu corazón en el cual Cristo quiere entrar. Es por eso que nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

¿Has abierto ya el pesebre de tu corazón para que el Señor Jesús nazca allí?

¿Y la luz de Dios se revele en tu alma? Tu Navidad en este año puede ser la Navidad más maravillosa que hayas conocido. Si recibes el regalo de Dios, que es Cristo mismo, en tu corazón, esta celebración tendrá un significado incomparable. Recibe al Señor Jesús en tu corazón y entonces tendrás paz con Dios y paz interior. ¡Y eso si que es digno de celebrarse!

Tengamos presente que es Navidad. Es Dios mismo hecho hombre naciendo en un humilde pesebre, de Maria virgen, por obra y gracia del Espíritu Santo. Este pequeño niñito llamado Jesús, es nuestro amado Señor y Salvador, que vino a esta tierra para cumplir el propósito Divino de salvarnos para una eternidad junto a Dios.

Este es el verdadero sentido de la navidad, el nacimiento de Cristo entre nosotros. Que Dios mueva nuestros corazones a un tiempo de recogimiento y devoción por “Aquel” que siendo Dios se hizo hombre, “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”

“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido”

Amén y Amén


El Regalo a Jesús | Predicaciones Cristianas

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