Manso y Humilde

venidami

 Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas

Mateo 11:29

Ayudados por la presentación gráfica, procedamos al análisis del contenido del
gráfico y en ello vemos tres cosas importantes:

1. Una invitación.

Dice el Señor “Venid a mí”, ¿por qué dirá de ésa manera? Porque estamos lejos
de Él……. Amorosamente el Señor nos está llamando, ¿no dice de ésa
manera en Apocalipsis?…veamos “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno
oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo
(Apocalipsis 3.20) Que amoroso es el Señor, que nos está buscando, que nos está
invitando…pero cuidado esa voz un día puede irse, puede apagarse y ¿qué
será de nosotros?
Por tanto: “Redimiendo el tiempo, porque los días son malos”. (Efesios 5.16), abramos los ojos totalmente y vayamos en busca del Salvador, quizás es nuestra última
oportunidad, no la desaprovechemos, ánimo hermano el Señor nos ama.
¿Para quienes es la invitación? Para quienes se encuentra cargados, que están
trabajados y los que tienen los ojos llenos de lágrimas que les impiden ver que
el Salvador está a su lado. La invitación es para la humanidad que está
sangrando por casi seis mil años ya. Ésa sangre que está clamando por el
Salvador, que clama por su liberación, tiene una amorosa invitación del Señor
de Señores

2. Llevar “Su Yugo”

Que es definida como “una carga” cuyo contenido tiene la característica de ser
ligera y fácil. Esta afirmación nos hace recordar el texto de Miqueas 6.8 “Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio,y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.
El Señor no nos pide cosas que no podamos obtener o que están fuera del alcance de nuestras posibilidades, pues el sabe cómo nos ha construido y conoce nuestra fortalezas
y nuestras debilidades
Esta carga es verdaderamente ligera y en consecuencia es fácil llevarla.
Veamos:
– Quien no puede “hacer juicio” es quien no tiene entendimiento y conocimiento de La Ley de Dios.
– Quien no puede “amar misericordia”, es quien no ha entendido la naturaleza de su propia debilidad y
– Quien no puede humillarse es quien no ha entendido que solo el cumplimiento de La Ley de Dios nos habilita para caminar junto al Salvador, Señor y Dios nuestro.

3. En ésta última parte se destacan dos secciones:

a. La primera que dice “Aprended”:

Wikipedia dice: El aprendizaje es el proceso a través del cual se adquieren o
modifican habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado
del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. Este
proceso puede ser analizado desde distintas perspectivas, por lo que existen
distintas teorías del aprendizaje. El aprendizaje es una de las funciones mentales más
importantes en humanos, animales y sistemas artificiales.

La Biblia también define el tema del aprendizaje de la siguiente manera
Apocalipsis  Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía,
y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca.5(
(Apocalipsis1.3) En este pequeño versículo encontramos el misterio del aprendizaje: tres son las etapas que permiten aprender, a saber:

1. Leer

2. Oír (ver)
3. Hacer

Es bien sabido que existe una graduación en el aprendizaje, si solo se lee
se llega a un nivel de entendimiento, si a ello se añade el oír/ver entonces
mejora el nivel de aprendizaje y se llega al clímax del aprendizaje cuando
se practica lo que se está aprendiendo. El aprendizaje tiene como
objetivo el conocimiento, aquel conocimiento que hace que las Hijos de
Dios estemos alertas “pues no ignoramos sus maquinaciones (2 Corintios
2.11). De manera tal que no se cierna sobre nosotros como una letanía:
“Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento.(Oseas 4.6) En suma, el
tema fundamental es que debemos estar permanentemente aprendiendo
y ejercitando el conocimiento adquirido, de suerte tal que en la práctica
resulte que “Mucha paz tienen los que aman tu Ley, y no hay para ellos
tropiezo.(Salmo 119.165)
Finalmente, es importante señalar que la acción de aprendizaje supone
que la persona debe utilizar su tiempo para éste fin, es decir, en vez de
hacer otras cosas, que obviamente significa organizar el tiempo y dedicar
al “aprendizaje” sus energías.

b. Que Soy manso y humilde.-

Es en éste lugar es donde se encuentra el centro del versículo. La
secuencia muestra un proceso que iniciándose en “oír” la invitación que
nos hace ver nuestra situación: “estamos cargados y trabajados”, pues
estamos solos cargando la carga, por tanto ésta situación que no solo es
fatigosa llevar sino que quita la atención del verdadero tema que es
nuestra necesidad de un Salvador y que es necesario cambiar nuestra
“carga “por otra que representada por su yugo, nos da una perspectiva
diferente del cumplimiento de sus mandatos, pues resulta “fácil” obedecer
a Dios y es “ligero” el peso de la carga PORQUE NO LA LLEVAMOS
SOLOS, al tomar la figura del yugo”, nos muestra que la carga será
llevada por dos personas, a saber, cada uno de nosotros Y EL
SALVADOR….vaya hermosa noticia, así si podremos llegar a puerto
seguro y lo único que necesitamos es tener fe de que Nuestro Salvador
nos ayudará. El yugo no deja que se aparten los bueyes y la carga se
distribuye equitativamente.
Bueno hasta aquí comentamos el texto completo, ahora nos dedicaremos a
analizar particularmente el sentido de la invitación del Señor de aprender
de Él.
Para empezar tratemos de comprender el contexto del verso:
Dice que está dirigido a aquellos que están cargados y trabajados y que por
tanto sienten la necesidad de ayuda, personalmente, no creo que haya una
sola entre los más de 7.000 millones de personas que habitamos el planeta
que no necesite de ayuda, de manera que la invitación es prácticamente
para todos. Ahora cuando se escucha la invitación debemos proceder a
cambiar de “carga”, vale decir, por la vía de la fe debemos convertir nuestra
carga en la propuesta por el Salvador. ¿Ycómo se logra semejante cambio?
Bueno, como todo cambio debe nacer en la intimidad de nuestros espíritus
que debe traducirse en una actitud firme de llevar el “Yugo” de Dios a través
del aprendizaje de la Masedumbre y de la Humildad. De esta manera, los
tres elementos: Aprendizaje, Mansedumbre y Humildad, están ímtimamente
ligados
Comenzaremos revisando el sentido de las palabras, para ello acudamos a
los diccionarios:

MANSEDUMBRE El elevado lugar que se concede a la mansedumbre en la lista
de virtudes humanas se debe al ejemplo y la enseñanza de Jesucristo. Los escritores
paganos mostraban mayor respeto por el hombre que confiaba en sí mismo. No
obstante, sus raíces se encuentran en el AT. El adjetivo ˓ānāw se trad. “manso”,
“humilde”, en general, como tamb. mediante otros términos relacionados con su
significado básico, “pobre y afligido”, del cual se deriva la cualidad espiritual de
paciente sumisión y humildad, p. ej. Sal. 22.26; 25.9; Is. 29.19). La
mansedumbre es una cualidad del rey mesiánico (Zac. 9.9, “humilde”), y el
tema del Sal. 37.11, “los mansos heredarán la tierra”, lo repite nuestro Señor en las
bienaventuranzas (Mt. 5.5). En mansedumbre Moisés, aunque retenía la fortaleza
del liderazgo, se mostró dispuesto a aceptar daños personales sin resentimiento o
recriminación (Nm. 12.1–3).
En el NT la palabra mansedumbre (prautēs y el adjetivo praus) se refieren a
una actitud interior, mientras que la *benignidad o ternura se expresa más bien por
una acción externa. Es parte del fruto del carácter semejante al de Cristo, producido
solamente por el Espíritu (Gá. 5.23). Los mansos no se resienten ante la adversidad,
debido a que aceptan todo como efecto del sabio y amoroso propósito de Dios para
ellos, de modo que también toleran injurias de los hombres (como lo hizo Moisés en
el ejemplo mencionado), sabiendo que Dios las permite para su bien final (cf. 2 S.
16.11). La mansedumbre y la ternura de Cristo fueron el origen del ruego de Pablo a los desleales corintios (2 Co. 10.1). El apóstol recomendaba la mansedumbre como
el espíritu en el cual se debía amonestar a un hermano errado (2 Ti. 2.25), y en el
cual debían soportarse unos a otros (Ef. 4.2). En forma similar, Pedro exhortaba
diciendo que era necesario responder con mansedumbre al pagano que inquiría o
discutía (1 P. 3.15). La mansedumbre se manifiesta en forma suprema en el carácter
de Jesús (Mt. 11.29; 21.5), lo cual quedó demostrado en grado superlativo cuando se
mantuvo sin replicar o justificarse a sí mismo ante quienes lo acusaban
injustamente.
HUMILDAD La importancia de esta virtud surge del hecho de que es parte del
carácter de Dios. En el Sal. 113.5–6 se representa a Dios como incomparablemente
elevado y grande, y sin embargo se humilla a prestar atención a las cosas que han
sido creadas; mientras que en el Sal. 18.35 (cf. 2 S. 22.36) se atribuye la grandeza
del siervo de Dios a la humildad (benignidad) que Dios le ha demostrado.
En todos los pasajes del AT que mencionan esta cualidad recibe alabanza (p. ej.
Pr. 15.33; 18.12), y a menudo las bendiciones de Dios recaen sobre los que la
poseen. Moisés es vindicado en razón de ella (Nm. 12.3), mientras que Belsasar es
reprendido por Daniel (5.22) porque no ha sacado provecho de la experiencia
anterior de Nabucodonosor, que podría haber provocado en él una actitud de
humildad. 2 Cr., en particular, la hace el criterio por el cual se ha de juzgar el
desempeño de sucesivos reyes.
Este término está estrechamente relacionado, en derivación, con la aflicción, que
a veces recae sobre los hombres por la acción de su prójimo, cosa que a menudo se
atribuye directamente al propósito de Dios, pero que siempre está calculada para
producir humildad de espíritu.
En forma similar, en el NT, en Mt. 23.12 y paralelos, se emplea la misma
palabra para expresar el castigo que merece la arrogancia (la humillación) y el
requisito previo de la promoción (la humildad). En el primer caso es un estado de
bajeza que sobrevendrá por el juicio de Dios. En el segundo es un espíritu de
humildad que permite que Dios envíe la bendición del adelanto o progreso. También
Pablo la usa en Fil. 4.12 para describir su aflicción, pero se apresura a aclarar que la
virtud reside en la aceptación de la experiencia, de modo que una condición
impuesta desde afuera se convierte en la ocasión para la manifestación de la actitud
correspondiente dentro de la persona. En la misma epístola (2.8) el escritor cita un
ejemplo que debemos emular. la humildad de Cristo, que deliberadamente dejó de
lado su prerrogativa divina y se humilló progresivamente, recibiendo a su debido
tiempo la exaltación que inevitablemente ha ser el corolario.
Como ocurre con todas las virtudes, es posible simular la humildad; y el peligro
está claramente expuesto en la carta que Pablo dirige a los colosenses. Cualquiera
sea la traducción del difícil pasaje de Col. 2.18, es evidente que tanto allí como en 2.23 el apóstol se refiere a un impostor. A pesar de todas las apariencias de
humildad, los falsos maestros en realidad están hinchados por el concepto que
tienen de su propia importancia. Al colocar su propio sistema especulativo en
contraposición con la revelación de Dios, niegan precisamente lo que su ascetismo
parecería proclamar. Pablo advierte a sus lectores contra esta falsa humildad, y en
3.12 los exhorta a que su humildad sea genuina

 

Anterior Siguiente