María Magdalena con Jesús

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Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).

Juan 20:16

Juan 20:13: “Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto”

¿Dónde han puesto a mi Señor? Era el clamor de una mujer que experimentó el Jesús y no podía vivir ni un segundo de su vida sin Él. Quien establece una relación de amor con Jesús, su vida cambia para siempre. ¿Cómo no amarlo? Si el primer encuentro con Jesús, no es condenación, es amor.

Hay líderes empeñados en esconder a Jesús en sus púlpitos, porque quieren personas que se unan a su grupo pero no a la Iglesia de Cristo. Cuando la iglesia ha desplazado a Jesús, comienzan las riñas entre las organizaciones cristianas.

Maria Magdalena mujer buscaba a Jesús de manera desesperada, porque entendió que no había ningún hombre en la tierra que llenará su vida como Jesús. Después de ser descubierta en pleno acto de adulterio, Jesús no la condenó y luego de ese encuentro, cuenta la historia que paso días sin salir de su casa, pues su corazón comenzaba a ser transformado.

Lucas 7:38: “y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume”

Esta mujer, al enterarse que Jesús va a comer en la casa del fariseo, se fue enseguida con un frasco de nardo puro. Una onza de este perfume, equivale a hoy día a cuatro onzas de oro puro. Lo cual significaba una gran cantidad de dinero ahorrado.

A esta mujer no le importó entrar a la casa y tocar los pies de Jesús, aunque sabía que esto era motivo para ser apedreada de nuevo, esta vez no le importó, porque lo haría por Jesús. Lo hizo delante de la mirada condenatoria del fariseo y los amigos de este hombre.

Hizo algo que la historia siempre registrará: lavó los pies de Jesús, porque para ella fue un gran honor, no ver su rostro, sino besar sus pies. Esta mujer no buscaba felicitaciones, ella estaba arriesgando su vida por amor a Él.

Tal vez, piensas que también lavarías los pies de Jesús, pero no hablas de Él a otras personas. Los discípulos estaban pendientes del frasco de perfume, pero no de Jesús. Esto también hace referencia a la visión de muchas iglesias que buscan el dinero de Jesús y no a Él.

Muchas personas piensan que es un desperdicio invertir dinero para predicar a Jesús, así como los discípulos pensaron que la acción de esta mujer hacia Jesús.

Juan 13: 45-47: “No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama”

Ella nunca pidió perdón por sus pecados, pero lo hizo con sus acciones. Hay personas que piden perdón con sus palabras, pero no lo hacen con el corazón.

Las personas sin conceptos, ni teologías, no se acercan a buscar el micrófono del altar, buscan los pies de Jesús, porque no venimos a ser servidos, sino a servirle a Él.

Esta mujer recibe el perdón de sus pecados, no porque pagó alguna penitencia, sino porque amó a Jesús. Hay personas que viven vidas intachables, pero Jesús no se alegra cuando los ve. Sin embargo, hay personas con errores que se acercan a Él solo para besar sus pies.

Si Jesús es tu Señor, es dueño de tu vida, no hay condiciones con Él. Para los doce discípulos, era su maestro, para esta mujer, era su Señor, digno de recibir todos sus ahorros. Para ella Jesús no era historia o religión, sino el amor más puro que había conocido en su vida.

María Magdalena amó más a Jesús que a ese costoso perfume. Luego de conocer a Jesús comenzó a predicar y liderar un grupo de mujeres que servían a Jesús con sus bienes.

Lucas 8:2-3: “y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”

Nada cambia a un individuo, solamente amar a Jesús y es eso lo que cambiará a este país. Amar a Jesús no basta con un “amén”. Lo que demuestra tu amor, no es lo que dices, es lo que haces.
El clamor de la Iglesia continúa y sigue preguntando ¿dónde han puesto a mi Señor? Y pronto miles de personas le conocerán.


¿Dónde han puesto a mi Señor? Pastor Javier Bertucci

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