Personajes y profetas

personajes

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

Hebreros 1:1

Lo que nos dicen algunos de ellos en la Biblia

PERSONAJES

1º Introducción
Nosotros somos los héroes valientes y atrevidos caudillos, que escribimos los grandes capítulos de la Historia de la Salvación. Por eso tenemos una perspectiva general para iluminar a todos los hombres de todos los tiempos, para que perciban cómo la historia tiene un punto culminante.
Presten atención, pueblos de todo el orbe, porque van a escuchar el concentrado de la historia, pero de manera especial se darán cuenta hacía dónde apuntan las Escrituras.

2º Adán
Yo soy el primer Adán. Conmigo comenzó el género humano. Por mí entró el pecado y la muerte en el mundo.
Pero vendrá otro Adán que será el iniciador de una nueva generación de salvados y redimidos, y con él comenzará una nueva humanidad. Él va a traer la vida y vida en abundancia. Cf. Lc 3,38; Rom 5,12-14; 1Cor 15,22; Jn 10,10.

3º Melquisedec
Yo soy Melquisedec, sumo sacerdote y rey de Salem (paz), que ofrecí pan y vino. Pero eso sólo era imagen de que en la plenitud de los tiempos, el Mesías será sumo sacerdote, y será príncipe de paz que ofrecerá el pan de su cuerpo y el vino de su sangre para la salvación de la humanidad.
Su sacerdocio será eterno. Cf. Heb 5,6-10; 6,20; 7,1-17.

4º Abraham
Yo soy el patriarca Abraham. A mí Dios me prometió que por mi descendencia serían benditas todas las naciones.
Yo sé que un descendiente mío será “el Bendito de Dios” para bendecir las naciones. Dios no se refería a mis descendientes, sino a “mi descendiente” uno sólo… el Mesías Salvador.
Yo no fui justifi cado por mis obras sino porque le creí a Dios.
Así como yo creí en que Dios era poderoso para resucitar a mi primogénito, así los que crean en que Dios ha resucitado a su Hijo primogénito, encontrarán la salvación, como yo.
Cf. Mt 1,1; Lc 1,55; Jn 8,56; Hech 3,25; Rom 4; Gal 3,6-29.

5º Isaac
Yo fui el primogénito, el hijo de la Promesa, pero un día mi padre Abraham cargó sobre mis espaldas la leña para el sacrifi cio y me llevó al monte Moriáh que está en las afueras de Jerusalén, para inmolarme en holocausto.
El Mesías deberá ser llevado a las afueras de Jerusalén, sobre un monte, para ser inmolado. Él es, como yo, el Hijo único y el Hijo amado de su Padre.
Cf. Rom 9,1-10; Gal 4,28; Heb 11,17-19; Heb 11,20; Gal 4,21-31.

6º José, hijo de Jacob
A mí me vendieron mis hermanos y bajé a Egipto, donde sufrí la calumnia y la cárcel.
Luego fui exaltado con un cargo sobre todo cargo y gocé de los benefi cios de la casa del Faraón.
Gracias a eso, salvé a mi familia que vino a Egipto.
El futuro salvador también será vendido por sus hermanos y bajará a Egipto para salvar su vida y la de sus hermanos. Después de la ignominia y la injusticia, él será la salvación para todos los hombres y se le dará un Nombre sobre todo nombre para que sea salvación de los suyos. Cf. Gen 37,12-36; Hech 7,9-14.

7º Moisés
Yo soy Moisés, el pastor de Madián, fui el libertador del pueblo de Dios.
Dios suscitará a otro libertador, que los liberará de todos los “Egiptos” que los oprimen y los sacará de la esclavitud del pecado.
Yo sólo he dado la Ley, pero él portará la gracia y la verdad. Él hará una Nueva Alianza, les dará el verdadero pan del cielo y los conducirá a la verdadera tierra prometida. Así como yo subí a la montaña para traer la Ley, él subirá al monte para propagar una Nueva Ley, superior e interior. Cf. Mt 17,3; Lc 24,27.44; Jn 1,17.45; 3,14; 5,46; 6,32; Hech 3,22; 13,38; 28,23; 2Cor 3,15-16; Heb 3,2-5.

8º Josué
Mi nombre, Josué, signifi ca “la salvación de Dios” y el futuro Mesías se llamará también como yo, Yeshuá.
Así como a mí me correspondió introducir al pueblo en la tierra prometida, el futuro Mesías abrirá las puertas de la Jerusalén celestial para que habite allí el pueblo de Dios.
Cf. Jos 1-7.

9º David
Yo soy el rey David. El futuro Mesías será como yo, rey, pastor y profeta; pero a diferencia mía, él no experimentará la corrupción.
Nacerá en Belén de Judá y estará lleno del Espíritu Santo. Será mi descendiente, que se sentará eternamente en el trono de Israel, como me lo prometió el profeta Natán. Se le llamará “Hijo de David”, pero a la vez será “mi Señor”.
Cf. 2Sam 7; Mt 12,3.23; Mc 10,47; Lc 1,32; 2,11; Hech 2,29-34.

10º Salomón
Yo soy el rey Salomón. Mi padre fue el Rey David. Fui famoso por mis riquezas y sabiduría. Mi fama traspasó las fronteras y desde pueblos lejanos vinieron a escuchar mis proverbios. Yo construí el primer templo donde Dios se encontraba con su pueblo.
Pero yo sólo simbolizo a otro hijo de David, el verdadero, que vendrá después de mí y que será mucho más sabio y rico que yo. Él construirá el Templo defi nitivo. Deseo y sueño, ver y oír a este hijo de mi padre David.
Cf. 1Re 3-10; Lc 11,31; Mt 12,42; Hech 7,47.

11º Jonás
Yo soy Jonás, el profeta desobediente, fui enviado a predicar la conversión de los paganos. Estuve tres días y tres noches en el vientre de la ballena. Pero desde lo profundo clamé con lágrimas al que podía salvar mi alma y me salvó, para ser capaz de anunciar la liberación a los ninivitas.
Un día vendrá otro Jonás, pero obediente, que estará tres días en el vientre de la tierra, y de ahí resurgirá para anunciar la salvación y el perdón de los pecados a todos los hombres. Cf. Jon 3,2; Mt 12,39-41; Lc 11,29-30.

12º Conclusión
Todos nosotros representamos y sintetizamos la persona y la misión del Mesías que Dios ha de enviar desde los cielos.
Ansiamos y soñamos ver el día del Señor. Bienaventurado aquel pueblo que le toque vivir la plenitud de los tiempos.

PROFETAS

1º Introducción
Nosotros representamos a los profetas de Dios. A nosotros, Dios nos reveló cómo serían los tiempos mesiánicos, pero sobre todo nos dijo muchas cosas sobre su Ungido, el Mesías que habría de venir. Esto es lo que queremos presentar a la comunidad de Israel. En quien se cumplan estos oráculos, ése es el Mesías verdadero, el enviado por Dios.

2º El protoevangelio
Yo soy un profeta ungido por el Espíritu de los cuatro vientos y quiero recordarles la primera gran profecía de la cual parten todas las demás promesas. En el paraíso cuando nuestros padres fueron engañados por la mentira de la serpiente, Dios prometió que un descendiente de la mujer aplastaría para siempre la cabeza de la serpiente.
Cf. Gen 3,15.

3º Moisés
Yo soy Moisés, el mayor de los profetas del Antiguo Testamento. Yo les aseguro que cuando llegue la plenitud de los tiempos, Dios enviará otro profeta mayor que yo para transmitir la palabra de salvación y les aseguro que sólo él tendrá palabras de vida eterna. Si lo escuchan, ríndanse ante él porque en él radica la gracia y la verdad. Cf. Deut 18,18-20.

4º Natán
Yo soy Natán y quiero recordar la Promesa que le hice a nuestro padre David, cuando de parte de Dios le anuncié que un hijo suyo se sentaría eternamente en el trono de Israel. No me refería a Salomón, el cual murió y su sepulcro está en las afueras de la ciudad, sino al verdadero Hijo de David que cumplirá esta Promesa de Dios.
Yo soy la voz profética de Israel que recuerdo que el Mesías será llamado “Hijo de David”.
Cf. 2Sam 7,12-16.

5º Miqueas
Yo soy Miqueas y te digo a ti, Belén de Efratá, que no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti nacerá el pastor y rey que apacentará a mi pueblo. En esto reconocerán al verdadero Mesías: nacerá en Belén de Judá, como David su padre.
Cf. Miq 5,1-3; Mt 2,1-6.

6º Daniel
Yo soy Daniel, el profeta de la esperanza, y estoy viendo que en la plenitud de los tiempos viene sobre las nubes del cielo, uno como Hijo del hombre que se acerca al trono del Anciano para recibir todo el imperio y el poder, un imperio eterno que nunca pasará y su reino no será destruido jamás.
Cf. Dan 7,13-14.

7º Zacarías
Yo, Zacarías, anuncio que en la restauración mesiánica. El Mesías entrará montado en un asno a Jerusalén.
Cf. Zac 9,9; Mt 21,5; Jn 12,13-14.

8º Joel
Yo soy Joel. Les aseguro que en la plenitud de los tiempos habrá una efusión generosa del Espíritude Dios sobre la creación. Cuando esto llegue, será la salvación de todo el que invoque el nombre del Señor.
Cf. Joel 3,1-5; Hech 2,17-21.

9º Ezequiel
Y yo, Ezequiel añado de parte de Dios: “Infundiré un espíritu nuevo. Quitaré su corazón de piedra y les daré un corazón de carne”.
Cf. Ez 36,22-32.

10º Jeremías
Yo soy Jeremías y vislumbro que vienen días, oráculo del Señor, en que Dios pactará con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza. No como la alianza que pactó con nuestros padres y ellos quebrantaron. Esta será la nueva alianza: “Escribiré mi ley en sus corazones y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.
Cf. Jer 31,31-34.

11º David
Yo, David, también soy profeta, y estoy viendo que el Mesías será rechazado, pero al mismo tiempo veo que la piedra que rechazan los constructores, se convierte en piedra angular.
Estoy viendo que Dios no dejará que su Hijo experimente la corrupción y que será glorifi cado, pues Dios le dice: “Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies”.
Cf. Sal 118,22-23; Mt 21,42; Sal 16,10; Hech 13,35; Sal 110,1; Hech 2,35-36.

12º Isaías (Isaías puede ser representado por varias personas)
Yo soy Isaías, el hijo de Amós y me llaman el profeta mesiánico, porque Dios me ha revelado muchas cosas sobre el Mesías y la plenitud de los tiempos.
Esta es la señal que yo les doy de la plenitud de los tiempos. El Mesías nacerá de una virgen y se llamará Emmanuel, que signifi ca “Dios con nosotros”. Cf. Is 7,14; Mt 1,23.
Además tendrá los títulos más extraordinarios: “Dios poderoso, Siempre Padre, Príncipe de Paz”. Cf. Is 9,1-3.5-6; Jn 8,12; Mt 4,12-16.
– De la raíz de Jessé, padre del rey David, brotará un retoño sobre el que se posará el Espíritu de Dios en plenitud; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Dios (Is 11,1-4; Rom 15,12).
– Su misión es una misión liberadora:
El Espíritu de Dios está sobre mí porque me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, la libertad a los cautivos, a abrir los ojos a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor. Cf. Is 61,1-3; Lc 4,18-19.
Una luz brilla en medio de las tinieblas, en la Galilea de los gentiles. La tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán.
El pueblo postrado en tinieblas ha visto una intensa luz, a los postrados en paraje de sombras de muerte, una luz les ha amanecido. Cf. Is 8,23; Is 9,1; Mt 4,15-17.
– Y lo más importante, morirá por su pueblo:
He aquí a mi Siervo, despreciable, varón de dolores. Eran nuestras dolencias las que llevaba. Él soportó el castigo que nos trae la paz. Dios cargó sobre él la culpa de todos nosotros y por sus llagas hemos sido curados. Ese Siervo sufriente será el Mesías.
Cf. Is 52,13; 53,4-12.

13º Conclusión
Nosotros los profetas hemos vislumbrado la plenitud de los tiempos, y hemos soñado y añorado con ver el día del Señor cuando aparezca en medio de su pueblo cumpliendo nuestros oráculos y profecías.
Si ustedes tuvieran la suerte que nosotros no tuvimos, reconózcanlo como el Mesías enviado a este mundo.

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