¿Qué buscáis?

juan138

Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis?

Juan 1:38

Es interesante constatar que buena parte de la enseñanza de Jesús a sus discípulos la hizo por medio de preguntas. A ellos, que eran rudos pescadores, les enseñó, mediante interrogantes simples, a plantearse los verdaderos problemas: “¿Quién es tu prójimo?”, “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si después se pierde a sí mismo?”, “¿Por qué lloras?”, “¿Qué buscáis?”… Preguntas sencillas que tienen perenne actualidad.
Estas y otras interrogantes nos llevan al fondo de nosotros mismos y nos obligan a buscar nuestra verdad. Una vez más, constatamos que los problemas se resuelven mejor si se plantean correctamente las preguntas.
Enseñar preguntando tiene la ventaja de ayudarnos a buscar en lo mejor de nosotros la respuesta y a construir el Evangelio prestándole nuestra propia vida.
Aprender a preguntarse es signo de madurez. Ello permite romper las falsas seguridades, tomar distancia de uno mismo y descubrir la hondura que tenemos.

Jesús al comenzar su ministerio, quiso responder a los más profundos anhelos humanos.
Yendo solo por las márgenes del río Jordán, Jesús se dio cuenta que dos hombres lo seguían…
Sintió tras sus huellas el caminar de unos hombres que añoraban algo. Era la humanidad en búsqueda, En esos pasos resonaba la larga marcha de Israel por los desiertos en perseguir la tierra prometida; en esos pasos había un eco de tantos pobres y profetas que esperaban un Mesías.
Presintió que allí había pasta de apóstoles. Volviéndose hacia ellos les preguntó: “¿Qué buscáis?”
Quisiéramos reflexionar sobre esta pregunta primera del Evangelio que tiene validez más allá de la circunstancia en que fue pronunciada. Puede ayudarnos hoy a reorientar nuestras propias marchas.
“¿Qué buscáis?” Detrás de esas palabras, Jesús deseaba saber hacia dónde querían ir esos hombres y por qué abandonaban sus seguridades, por qué dejaban a su antiguo maestro.
Jesús, que en el Evangelio enseñó preguntando, se vuelve hoy también hacia nosotros porque quiere saber tras qué cosas andamos. ¿Qué queremos realmente? En nuestro trabajo, en nuestra familia, cuando vamos a descansar, cuando discutimos de política ¿qué vamos buscando? ¿Vale la pena hacer lo que estamos haciendo? ¿Nuestro caminar nos conduce alguna parte?
El problema no es sólo personal. También lo tiene planteado la sociedad en su conjunto. Qué busca una sociedad, qué metas perseguimos como pueblo… Si queremos desarrollarnos ¿qué progreso, en verdad, nos interesa? Cuando nos imponemos, y mucho más cuando nos imponen sacrificios ¿qué se busca? ¿Cuál era nuestro proyecto real cuando nos impusimos la tarea de volver a la democracia?
¿Queríamos la libertad, la igualdad de oportunidades y derechos, la justicia, la verdad?
Las utopías y los sueños determinan una parte importante de nuestros desvelos. Una sociedad sin metas es una sociedad estancada. Del mismo modo una sociedad que proclama objetivos que en realidad no busca, tarde o temprano quedará cruelmente burlada. Es tarea primordial de los líderes, proponer objetivos y corregir las esperanzas falsas que llevan al fracaso.
El hombre es maestro en esconderse y camuflar sus anhelos. Uno de los primeros frutos del pecado que experimentó Adán fue su necesidad de ocultarse.… y Dios le salió al encuentro con una pregunta lacerante que es un llamado a la verdad: “Adán, ¿dónde estás?” (Gen. 3,9) Lo invitó a atreverse a salir del matorral que lo escondía y enfrentar su propia realidad. Las ideologías, las medias verdades, las pasiones humanas hacen muy difícil que el individuo y la sociedad se atrevan a decirse realmente qué andan buscando. Los prejuicios, los intereses de clase, los temores, las tradiciones nos quitan la libertad para escuchar la pregunta de Jesús y para responderla con honradez. “¿Qué buscáis?”…
Uno de los grandes desafíos pedagógicos es enseñar a buscar, a soñar, a ponerse metas que valgan la pena… y a dar la libertad para iniciar la marcha. Lo que uno busca define el camino que se recorre y en cierto modo anuncia lo que uno encontrará. La búsqueda orienta la marcha. Quien nada busca no sólo andará errante, sino que perdido todo rumbo jamás llegará a meta alguna.
Con mil variantes el hombre tiene un camino trazado un “camino real” para su vida. Ese camino lo hizo salir de Dios su creador y lo conduce hasta encontrarse un día con el Rostro del Señor que es padre y fin de todos los desvelos. Si la senda escogida no termina golpeando la puerta de Dios, el ser humano habrá errado su más profunda vocación. Todo lo que el hombre tiene, todo lo que es, todo lo que hace debe afirmar su paso hasta llegar a Dios.
Es bueno tomar conciencia de que si nosotros andamos en búsqueda es porque previamente el Señor anda tras de nosotros como mostró en el Génesis. Es Él quien nos busca con pasión, que quiere encontrarnos… pero ese encuentro nunca será posible si libremente no nos ponemos nosotros en su camino. Dios jamás va a tronchar nuestra libertad.
Es consolador constatar que todos los caminos, por errados que sean, se cruzan algún día con el camino de la Vida verdadera si nos atrevemos a reorientar los pasos. Por eso es bueno hacer resonar en nosotros con honradez la pregunta de Jesús “¿Qué buscáis?”. Nunca es tarde para responder

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