Sígueme tú

sigueme

Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

Juan 21:22

“Cuando Pedro…vio (al otro discípulo), dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú”.

Introducción:
1. Vivimos dentro del marco del tiempo que dividimos en pasado, presente y futuro. Este se va, y con él, oportunidades y sueños no realizados. Cada día le damos vuelta a una página del libro de nuestra vida donde se escribe nuestra historia, libro que será leído en la eternidad.
2. El tiempo también es un camino: los años son kilómetros y los días son pasos en nuestra peregrinación en esta tierra, pues vamos de paso a la estación de la eternidad.
3. Los años se van y no vuelven; son como las chispas que se levantan a volar y no vuelven a la llama.
4. En la peregrinación de nuestra vida un montón de cosas nos desaniman: el tiempo malo, los negocios fracasados, las muchas dificultades, los desengaños recibidos, falta de aprecio a lo que hacemos, etc.  Existe la tentación de poner pie atrás o sentarnos a esperar sin hacer nada. Seguimos caminando, los días pasan y el tiempo avanza.
5. A nosotros Jesús nos dice: “Sígueme tú”.

I. “Sígueme tú” — ¿Qué a ti?

A. Seguir es empezar a andar: avanzar.
Ilustración: El caso de Mateo: Jesús le llamó y él siguió tras el salvador: Mateo 8:9

1. Para seguir a Jesús tuvo que levantarse del banco donde estaba sentado: “Y se levantó y
le siguió”.

2. Tuvo que empezar a andar. Nunca llegaremos a un lugar propuesto si no damos el
primer paso. En la vida cristiana es tan importante el primer paso, como el segundo y el
último — ¡todos! ¡Todos!

3. Mateo pudo haber actuado de dos modos:

a) Seguir sentado en el banco ó levantarse, andar y seguir andando tras Jesús.

b) Muchos cristianos son del primer tipo: sentados (apoltronados). Siguen a  Jesús sentados, estáticos, haraganes, sin actividad. –A lo sumo, lo siguen con la vista:
“Soy cristiano en mi casa”. Pero así no llegarán a ningún sitio. El agua estancada se corrompe, así el cristiano.

B. Seguir es continuar andando.
Ilustración: San Pablo (Filipenses 3:14) “Prosigo a la meta (blanco), al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. “No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12).

1. En la vida cristiana hay que activar en servir al Señor. Es mejor gastarse que
enmohecerse. Somos materia gastable; gastémonos siguiendo a Dios: útiles.

2. San Pablo porfiaba y procuraba: “Prosigo”. No sólo empezar a andar, hay que seguir.
No es sólo pensar que se va a andar; es una acción, un movimiento continuo. Es un paso que sigue a otro paso; la virtud no está sólo en empezar bien, sino en seguir bien y
terminar bien.

3. Desde el momento en que uno se detiene, ya no anda, ya no sigue. Así hacen muchos:
comenzando y parándose o deteniéndose. ¿Cómo nos cogerá el futuro? ¡No seguir, es
trágico!

4. Hay cosas que cuando no se hacen en su oportunidad, ya no se hacen nunca, nunca,
nunca. ¡Sí, jamás! No olvidemos esta verdad: Hay pérdidas irreparables:
oportunidades perdidas que ya nunca las tendremos.

II. Cristo nos dice: “Sígueme tú”, Sí, tú y yo.

A. La vista puesta en otros nos distrae de seguir—una distracción peligrosa.
Ilustración: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).

B. Pedro se olvidó de sí mismo para fijarse en Juan, más que en lo que Jesús le había dicho. Sintió curiosidad por saber qué sería el destino de Juan: quería saber si Juan habría de tener ciertos favores que él no tendría. Se olvidó de sus propios deberes y no siguió andando.

C. Así hacemos muchas veces, muchos de nosotros. Justificamos con las faltas de otros
nuestras propias faltas.

1. ¿Es correcto detenernos porque otros se detienen: caer, alejarnos, dejar de hacer?
2. ¿Es correcto dejar de asistir a la iglesia porque otros no asisten?
3. ¿Dejar de ofrendar porque otros no ofrendan?
4. ¿No cumplir con nuestros deberes porque otros no cumplen con los suyos?
5. ¿No seguir andando porque otros tampoco siguen adelante?
6. Nuestra salvación, servicio y testimonio no depende de ningún hermano. Así
olvidamos que el que tiene que seguir andando no es éste, o aquel, sino que eres tú,
que soy yo.
7. Si cada uno hubiera seguido andando sin fijarse en el otro, a estas horas no cabría la
gente en los templos. ¡Cuántos ponen la vista en otros!

III. Sigue a Jesús; el que lo hace no andará en tinieblas.

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Ilustración: Las sombras quedan por detrás de nosotros cuando marchamos hacia la luz.
Cuando contemplamos el sol, no vemos nuestra sombra.
A. Es fácil seguir a los hombres.

1. Pedro aquí seguía prácticamente a Juan: ¿Y éste qué?
2. Los cristianos de Corinto seguían a Pablo, a Cefas y a Apolos.
3. Ilustración: Jesús y los discípulos en el monte de la Transfiguración: éstos vieron
sólo a Jesús, después de estar distraídos por Moisés y Elías.
4. Es fácil seguir cualquier enseñanza humana, a cualquier líder: La tragedia en la
Guayana, ó al pueblo: Aarón al pie del Monte Sinaí, formando el ídolo de oro,
queriendo agradar—ser popular.
5. Mateo en el banco de los tributos estaba andando detrás de algo: el impío negocio de los publicanos.
6. Muy fácil es seguir tras el pecado y la corrupción, la política, los placeres y los
compromisos sociales.

B. Tenemos que seguir a Jesús.

1. El sólo es digno de ser seguido.
2. Le seguimos porque é sólo es digno de nuestra confianza.
3. Porque él tiene un mensaje serio, eficaz y feliz para nosotros.
4. Porque siguiéndole, la senda de la vida se ilumina: “No andará en tinieblas”.
5. Porque no sentimos la dureza del viaje; él lo hace suave y ligero: “Porque mi yugo
es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:30).
6. Porque nos conduce a un fin glorioso y nos lleva a Dios. Allá contemplaré a los
míos y a todos los amados que se fueron.
7. Porque con él encontramos un lugar de eterno descanso y paz, quietud y alborozo.

Conclusión:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28,29).

A. ¿Cómo empezar bien en la vida? Siguiendo a Jesús. Un camino así, bien andado, no puede traer sino felicidad a la vida. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).
B. “Sígueme tú” Sí, ¡Sígueme tú! “Maestro te seguiré donde quiera que fueres” (Mateo 8:19).
C. “Pon tu confianza en Dios, sigue la senda del deber. Fija en su palabra tu mirada firme y
después, cumple tu obra” (Lutero).
D. “Tu empero anda por tu camino hasta que llegue el fin: entretanto descansarás, y te
levantarás al goce de tu herencia al fin de los días” (Daniel 12:12 V.M.).
E. Piensa en Jesús, porque es el ideal más bello de la vida.
F. Busca a Jesús, porque es el tesoro más precioso, y más codiciado de la vida.
G. Mira a Jesús, porque es la meta más importante y más cierta de la vida.
H. Sigue a Jesús, porque es el mejor y el más fiel amigo de la vida.
I. “Sígueme tú” Eliseo, Arturo, Caleb, Guillermo, Juan, Moisés, Octavio, Fernando, José. “Si alguno quiere venir en pos de mí…tome su cruz cada día y sígame”.
J. Aunque nubes tan negros oscurecen los horizontes de este pobre mundo, puede oírse del alma en lo profundo la dulce voz de Jesús:

a. “La paz os dejo mi paz os doy”. Y esa es la paz que como ayer es hoy, una paz que
perdura y sobre abunda, aún en la ruda y negra tempestad; y su luz es la luz que nos
circunda en la densa oscuridad.
b. Un arco iris brilla para mí.

Por Eliseo Hernández Echegoyén
Usado con permiso

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