Taller familiar 104

Taller familiar
Samuel Clark
Venciendo el Miedo

Queridos amigos:

Vivimos en tiempos malos y peligrosos. Por lo menos en la mayoría de los países latino americanos. Fuerzas malignas amenazan la seguridad de la vida, o la vida de seres queridos constantemente. Personas desalmadas demandan dinero de los patrones de negocios para su “protección”, o lo peor que pueden imaginar. Para los que no sufren tales peligros esto les puede parecer alarmista y casi increíble, pero está sucediendo diariamente en muchos lugares.

Pero ¿cómo podemos vencer el miedo cuando hay tantos casos de violencias en todas partes? No podemos decir “Esto no puede suceder a cristianos.” ¡Oh, sí, nos puede suceder!

Después de un estudio bíblico de mujeres en la Cd. de Guatemala encontraron que una de las integrantes, que llegaba en silla de ruedas y con chofer por su enfermedad, ya no tenía coche. Se lo habían robado frente a la casa donde estudiaban. Luego, la que dirige ese estudio se iba en su coche cuando un hombre armado se le puso en frente tratando de pararla y robarla. Ella metió velocidad y el tipo le disparó, pasando la bala por un brazo y quedando en su pecho. Sí, amigos, estas cosas pasan a cristianos, tal vez porque son cristianos y Dios está haciendo grandes cosas por sus testimonios. Ya los esposos las prohiben asistir a estudios en aquella casa y tienen que reunirse en dos diferentes casas por estos acontecimientos. ¡Pero siguen reuniéndose!

Esta es la primera lección sobre cómo vencer al miedo: seguir haciendo la voluntad de Dios. El diablo trata de intimidar con estas cosas y necesitamos seguir adelante y no dejar que nos quite de nuestro servicio a Dios.

La segunda lección es que nuestra respuesta debe ser prudente. No era sabio seguir los estudios como antes, así que cambiaron la rutina y siguieron en otras casas. Hay una diferencia entre el valor y la imprudencia. Algunos piensan que debemos retar al diablo, a ver quién gana, con acciones imprudentes. Es cierto que tenemos promesas de Su ayuda, Su grandeza, Su victoria, pero la verdadera respuesta es “resistir al diablo” con oración y fe en las promesas prácticas de Dios. Cuando oramos, Dios entra en acción.

La oración de resistencia es efectiva cuando nos basamos en el Nombre del Señor Jesucristo y Su victoria sobre Satanás en el Calvario. No es una oración basada en nuestra “fuerza” espiritual o experiencias de victorias pasadas. Las victorias de ayer no valen para hoy. En II Reyes 6, el profeta Eliseo fue atrapado por unas tropas siriacas cuando estaba en cierta ciudad. El siervo de Eliseo vio las tropas y se asustó mucho pero Eliseo oró a Dios que le permitiera ver la solución de su problema. Dios abrió sus ojos para que viera muchos carros de fuego con ángeles protectores alrededor de ellos. Esto le quitó el miedo. Y nos quitará el miedo también si pedimos a Dios que nos muestre unas promesas divinas que nos darán la seguridad de la victoria (2 Reyes 6:16,17; 1 Juan 4:4; Josue 23:10,11; Deut. 3:22). El Señor es fiel a Sus promesas si las creemos y le seguimos obedeciendo.

La fe sólo puede crecer y llegar a ser fuerte si estamos en la Palabra de Dios, diariamente, aun constantemente. Tenemos que permanecer en Sus palabras para ser discípulos verdaderos del Señor. Los discípulos de Cristo son los que permanecen en Cristo y Su Palabra permanece en ellos (Juan 15:7,8). Estos son los que pueden orar con fe para llevar fruto para El.

Amigos, si no se han dado cuenta, miren bien la realidad de la vida cristiana: estamos en una lucha espiritual. El diablo quiere destruir los hogares cristianos. Cada hogar cristiano destruido por divorcio o abusos o mal testimonio es una ganancia para el diablo. Esos hogares no pueden resistirle y él puede intimidarlos fácilmente para que no lleven fruto y no le quiten sus esclavos para ser hijos de Dios.

Me parece que las cosas van de mal en peor en el mundo entero. No debemos tener esperanzas basadas en pronósticos humanos sino en la realidad de la vida descrita en la Biblia. Esa realidad es de una guerra espiritual entre el Buen Padre y el maligno Satanás. Dios ha hecho todo para que venzamos al diablo por la fe en Cristo el Señor. Tenemos que andar en Cristo y no en la carne humana. No hay victoria sobre el mundo, el diablo, la carne si andamos en nuestras propias fuerzas.

Hay dos prácticas o costumbres imprescindibles para enseñar a nuestros hijos esta realidad de la vida espiritual:

La lectura con meditación. Recuerda, amigo, la meditación mejor es hacer preguntas y buscar las respuestas de la misma Biblia. Cuando hacemos esto en casa, la fe de toda la familia puede ir creciendo y fortaleciéndose. Las historias de Josué,Jueces, I y II Samuel y I y II Reyes son muy buenas fábricas de fe. Los Evangelios son de mucha ayuda también porque vemos que la gente que veía a Jesús hacer milagros tenía la misma dificultad de creer como nosotros.

La oración familiar. Cada actividad, problema, necesidad o crisis de fe debe de ser motivo de oración, pidiendo respuestas específicas para enseñar a los hijos a vivir por fe mediante la oración. Filipenses 4:6,7 es un mandamiento y una promesa: “Por nada estéis afanosos sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Si obedecemos, El cumplirá.

Recuerden también amigos, uno de los mandamientos más repetidos en la Biblia es “No temáis…” Y la razón y lógica que acompaña Su mandamiento es la promesa, “Porqué YO estoy contigo.”

Ahora bien, ¿cómo practicar esto en las condiciones en que muchos de nosotros nos encontramos? Tenemos que unirnos en un esfuerzo grande de oración regular y extendida. No es tiempo para esas oraciones de 4 palabras: “Dios bendice a Carlitos”. Pongámonos en el lugar de Carlitos quien acaba de recibir una amenaza de muerto o el secuestro de sus hijos o esposa. ¿Qué quisieras que otros pidiesen en esa situación? Tenemos que apoyarnos en tiempos difíciles y llorar con los afectados. Sobre todo, no los abandonemos.

No sé por cuánto tiempo vamos a sufrir esas violencia, pero Dios nos ayudará a perseverar en oración y resistencia el tiempo que sea necesario con fe, esperanza y amor si estamos dispuestos a sufrir con y por Sus hijos. Así era Pablo:

“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por Su cuerpo, que es Su Iglesia” (Col. 1:24).

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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