Taller familiar 107

Taller familiar
Samuel Clark
Discipulando de los hijos II

Queridos Amigos:

Jesús dejó un mandamiento para Sus Apóstoles y la Iglesia momentos antes de ascender a Su Casa, Su Trono, Su Gloria. Me ha parecido a mí el mandamiento resumen de todo lo que hizo y enseñó. “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,enseñándoles a guardar todo lo que os he enseñado…” (Mateo 28:19,20). Hay sólo un verbo imperativo: HACED discípulos (una sola palabra en el griego, mostrando que éste es el objetivo del cristianismo: hacer discípulos, seguidores, aprendices de Cristo. Si hemos de hacerlo en todas las naciones, ciertamente debemos hacerlo en nuestra familia y contexto del hogar. No enviar a los hijos a escuelas o grupos, sino discipularlos en la relación más íntima donde el ejemplo vale tanto que es imposible imaginarlo si primero falta el discipulado en los padres. Es un axioma claro que “sólo un discípulo puede hacer discípulos”, especialmente en casa.

Los otros tres verbos son gerundios en el griego, mostrándonos cómo cumplir este gran mandamiento: “yendo, bautizando, enseñando”. Yendo significa intencionalidad, salir del “ensimismo” egoísta, tomar iniciativa, invitar a otros a aprender de nuestro Maestro. Bautizándolos significa evangelizarlos hasta que estén dispuestos a identificarse públicamente como cristianos que no sólo oyen sino hacen lo que Cristo les dice. Enseñándoles significa transmitir el mensaje del Evangelio del Reino que el Señor y Sus Apóstoles nos han enseñado en las Escrituras. Quiero subrayar que eso no es una religión, prácticas y costumbres que los hombres han añadido al Evangelio. Es enseñar la Biblia a nuestros hijos espirituales para que guarden todo lo que Jesús mandó.

Debemos contestar tres preguntas básicas:

  • ¿Qué quiere Dios que hagamos?
  • ¿Por qué debemos hacerlo?
  • ¿Cómo podemos lograrlo?

La primera pregunta es clave. La ignorancia es la mayor razón porqué los cristianos modernos no están haciendo todo lo que Cristo mandó. Por esto hay tantas religiones, sectas, filosofías y “caminos a Roma”. La primera tarea en el discipulado de los hijos es darles la información correcta sobre lo que Dios espera de Sus hijos. ¡No todos los mandamientos en una sola lección! Poco a poco y ordenadamente. El alfabeto antes que la lectura, las letras antes que la escritura, los números antes que la matemática. Hay que poner el fundamento antes que las paredes, el resto de la casa. Puedes bajar del Internet del sitio de los Navegantes (LosNavegantes.net) planes organizados que te ayudarán con tus hijos..

Esto en cuanto al qué hacer como discípulo. Luego, inmediatamente, es necesario enseñar el por qué: las razones bíblicas y prácticas por qué y para qué hacemos lo que hacemos. Estas razones tienen que ver con la voluntad del Señor y con las consecuencias para el discípulo si lo hace o si no lo hace. Muchos creen que el discipulado es “una opción” y optan por el camino más fácil, menos costoso y más placentero, pero no saben lo que están perdiendo porque nadie les explicó el por qué obedecer a Dios, es siempre lo mejor. Tenemos la obligación de motivar a nuestros hijos creyentes a seguir el Camino Real del Señor Jesucristo. Cristo dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mí….” No es a la fuerza. Si hay un deseo y una decisión de hacer algo por razones correctas, podemos enseñarles el cómo. Van a querer aprender las cosas prácticas para poner por obra la Palabra de Dios.

El cómo hacer lo que Dios quiere es el proceso de la información a la formación de carácter. Hay dos aspectos que tienes que atender: la parte práctica de métodos o acciones propicias para el aprendizaje, y la parte espiritual o la dinámica del Espíritu Santo. La parte práctica puede ser la lectura de la Biblia, la oración, el compañerismo. La parte espiritual es aprender a caminar en el poder del Espíritu de Dios y no confiar en los métodos mismos. Estos dos aspectos son necesarios en el discipulado de tus hijos. Muchos saben buenas razones porqué obedecer y lo quieren hacer, pero nadie les ha discipulado con las cosas prácticas ni con la ayuda espiritual que todos necesitamos.

Vi un ejemplo de esto en una conferencia para obreros en Costa Rica. El gran amigo Lauro Vieira de Florianópolis nos contaba cómo fue su consternación sobre el tema que le fue asignado para compartir con nosotros: “Cómo Apasionarme de Jesús.” Le fue asignado ese tema precisamente porque es un hombre apasionado de Jesús, pero al tratar de desarrollar una plática, le fue imposible organizar sus pensamientos y terminó diciendo “Yo no sé cómo hacer esto”. Estaba a punto de decir al director de la conferencia que no podía dar esa plática cuando un día, orando y caminando por la playa, el Señor le mostró que debía hablar sobre el porqué debemos apasionarnos de Jesús, no cómo hacerlo. Su mente se llenó de pasajes de las Escrituras sobre quién es Jesús, lo que es y ha hecho por nosotros. Se dio cuenta que uno aprende a hacer algo haciéndolo, en este caso, adorando a Jesús por tantas razones. El cómo viene fácil cuando hay el deseo profundo en el corazón. Estoy aprendiendo esto ahora en otras áreas de mi vida y me sorprende cuán rápido encuentro los métodos cuando mi motivo es correcto.

Padres, nuestros hijos necesitan pasar por ese proceso de formación de su carácter. Oremos por cada uno de ellos en sus problemas y luchas. ¡Qué Dios nos ayude a ser hacedores de discípulos en nuestra familia!

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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