Taller familiar 114

Taller familiar
Samuel Clark
ídolos en casa

Queridos amigos:

Vivimos en un tiempo cuando pensamos que la advertencia del Apóstol Juan a sus hijos espirituales ya no es necesaria. Pensamos que ya superamos esa tendencia humana tan fuerte en el Primer Siglo cuando el cristianismo estaba entrando en muchas ciudades paganas. Y aquí en la América Latina tenemos la impresión de que ya la batalla con la idolatría fue ganada por los conquistadores y misioneros del Siglo XVI porque ahora hay templos cristianos en cada poblado en lugar de las pirámides antiguas.

Quiero hacerles pensar conmigo sobre el concepto de la idolatría como un peligro constante, especialmente en el hogar, en el seno de la familia. Quiero recordarlos de la experiencia de David cuando era comandante de tropas y yerno del Rey Saúl. Saúl, por envidia y su locura espiritual, varias veces quiso matar a David. Una vez envió a sus guardias personales a vigilar la casa de David y matarlo cuando saliera por la mañana (I Sam.19:11-16). Fue salvada su vida por el consejo de Mical, su esposa quien le dijo que si no saliera por una ventana, estaría muerto por la mañana. Luego ella puso un “ídolo doméstico” en la cama con una almohada de pelo de cabra que parecía ser el cabello de David para engañar a los soldados.

Bueno, David apenitas se escapó. Sin embargo me pregunto: ¿Qué hacía un ídolo doméstico en la casa de aquel cantante y salmista que afirmaba que Yahveh era su único Dios? Podría haber sido un botín de guerra valioso. Podría haber sido una “obra de arte” que compró en el mercado de artesanías. Lo más probable es que era propiedad de Saúl regalada a su hija Mical. Si es así, era una entrada para el diablo a la casa de David. De cualquier modo, estuvo en su casa y David no quiso deshacerse de él. Me parece que fue un obstáculo para su fe y testimonio.

Este incidente demuestra que podemos tener ídolos en casa sin darnos cuenta. Cuando no obedecemos a Dios por cualquier objeto, persona o motivo, aquello es un ídolo. Un ídolo es cualquier cosa que está bloqueando nuestra obediencia al Señor. “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama,” dijo el Señor (Juan 14:21). Así que debemos preguntarnos: ¿Tengo un ídolo en mi hogar / mi trabajo / mis relaciones? Si no obedecemos a Dios por alguien o algo que amo más que al Señor, es un ídolo.

La excusa que oímos muchas veces de los que desobedecen al Señor es que su esposo o esposa se opuso a lo que debe haber hecho para obedecer a Dios. A veces es un hijo/hija que es el obstáculo. Puede ser el trabajo que toma el control de una vida. O puede ser una diversión – deportes, T.V., fiestas, etc. Lo que muchos alegan como excusa es el hecho de no estar unidos por las actividades familiares que los diferentes individuos creen que tienen que hacer para no perder amistades o estatus con sus amigos.

Amigos, todas estas excusas son ídolos. Son otros dioses que no debemos tener en la familia. Tal vez David no se atrevía decir a Mical que se deshiciera de ese ídolo. Más tarde Mical aborreció a David en su corazón por danzar ante Dios. Esto causó una separación entre ellos, pues, ella no amaba a Dios como David lo amaba. La lección de todo esto es, no tener algo en nuestra familia que pueda ser un ídolo que luego nos causará problemas serios.

Como cristianos, Jesucristo merece tener toda nuestra adoración como Salvador Amado. “El amor de Cristo nos constriñe, pensando que si uno murió por todos, luego todos murieron, y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (II Cor. 5:14,15). El merece tener todo nuestro servicio, “porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos” (Rom. 14:9). Si algo o alguien interfiere en este amor o servicio, es un ídolo.

En la historia de Israel los profetas combatieron siempre la idolatría, pero desde el principio, en el mismo Sinaí, hicieron su becerro de oro y lo adoraron diciendo “Tú nos sacaste de Egipto”, una monstruosa mentira. El primer mandamiento es no hacer ni tener ni adorar a ídolos. Y era el primer mandamiento que desobedecieron. Una de las palabras traducida “ídolo” significa algo inútil, vana, falsa, o “nada”. Un profeta dijo que adoraban “no-dioses”. Imitaban a los cananeos alrededor de ellos y se olvidaron del Dios Invisible quien había hecho tantos milagros para ellos desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Esto mismo pasa hoy en día a los cristianos. Vivimos en culturas que tienen muchos “ídolos”, algunos abiertamente contrarios a la doctrina y los mandamientos de Dios. En esta forma el creyente empieza a imitar a la gente idólatra para no ser “diferente”. El problema es que Pablo nos enseña que detrás de cada ídolo hay un poder diabólico. “Lo que los gentiles sacrifican, lo sacrifican a los demonios y no a Dios; no quiero que seáis partícipes con los demonios” (I Cor. 10:20).

Por ejemplo, las adicciones fácilmente dominan la voluntad y la lógica humana para esclavizarnos a hacer lo que nos da un poquito de placer pasajero. Esas son ídolos también, pues uno termina siendo esclavos del placer carnal.

Dios quiere que estemos libres de los ídolos. Tanto Pablo (I Cor. 10:14) como Juan (1 Juan 5:21) nos exhortan, “Huid de los ídolos.” Tenemos que huir para escaparnos. Y tenemos que creer y practicar la fe que encuentra en el Bendito Señor Jesús toda la satisfacción de su sed y hambre espiritual primero y luego la libertad de las pasiones carnales. Cada vez que se presenta un ídolo que quiere quitarnos de la obediencia a Cristo, sólo tenemos que venir a El y comer, beber y recibir Su poderosa gracia para no necesitar aquello que promete “librarnos” cuando en realidad nos esclaviza.

Ídolos destruyen familias, relaciones y compromisos primero con Dios y luego con los miembros de la familia. Es la antigua mentira satánica: “Desobedece y no pasa nada.” La familia cristiana tiene que luchar para no perder las promesas y bendiciones de la vida de obediencia. “Todos lo hacen” es lo que nos dice nuestra mente rebelde. La única respuesta es tener la mente de Cristo por medio de la comunión continua con El.

“Hijitos, guardaos de la idolatría.”

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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