Taller familiar 124

Taller familiar
Samuel Clark
la adoración en el hogar

Queridos Amigos:

Una de las actividades principales del hogar cristiano debería de ser el acto de adoración a Dios. El diccionario define la palabra adoración como cualquier homenaje que se hace a una persona o ser divino, incluyendo a ídolos que son “no dioses” en el idioma hebreo, y en griego significa “una cosa vana” o algo no real. Algunos creen que este acto pertenece a los templos o santuarios y no se debe hacer en otro lugar. El Señor Jesús dijo a la samaritana, en Juan 4:20-26, que la hora había llegado (con Su venida al mundo) cuando los verdaderos adoradores adorarían a Dios en espíritu y en verdad en cualquier momento o lugar, no sólo en Jerusalén o en otro lugar especial. Esta declaración abrió la puerta a la adoración en las casas. “En espíritu” significa que en nuestros espíritus estamos en la presencia de Dios no importa dónde esté el cuerpo ni en qué posición esté ese cuerpo – parado, arrodillado, postrado, caminando, acostado o en un vehículo de transporte.

De hecho, los primeros cristianos adoraban a Dios en casas, en cuevas, en jardines o en cualquier lugar donde se podrían reunir y en cualquier ciudad del mundo, convirtiendo al cristianismo en la primera religión adaptable a cualquier raza o cultura. Esto se debe al hecho de que la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo abrió la puerta cerrada del Cielo a los que creen en Cristo como el Hijo de Dios que quitó nuestros pecados en la cruz del Calvario. Ahora El es nuestro Mediador único y suficiente en el Cielo, como dice 1 Timoteo 2:5.6: “Porque hay un solo Dios y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos…”. El vs. 8 añade: “Por consiguiente, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones.” Nuestro privilegio es poder entrar a la presencia de Dios sin sacrificios de animales ni oficio de sacerdotes para adorarle en espíritu y en verdad.

Todas las demás religiones exigen lugares, posiciones corporales, ropa especial y otras cosas materiales que dicen que son necesarias. La mayoría de los cristianos en el mundo no tienen esta confianza en las Escrituras y dependen de formas y reglas humanas para creer que estén en presencia de Dios. Es una lástima que tantos estén tan esclavizados a prácticas del Antiguo Testamento o de otros libros que elevan a la misma posición o más alta, en vez de lo que la Biblia nos declara tan claramente en enseñanzas y en ejemplos de aquellos primeros creyentes.

Además, hay pasajes claves que prohíben la adoración de hombres (por santos que fueran), ángeles o espíritus diferentes. Hechos 10:25,26 muestra como Pedro prohibió la adoración que le hizo Cornelio. Pablo y Silas lo prohibieron en Hechos 14:8-18. En Apocalipsis 19:10 y 22:8,9, el poderoso ángel le prohibió a Juan el Apóstol que le adorara y añadió “Adora a Dios”. ¿Recuerdas como el diablo trató de lograr que Jesús le adorara, en Mateo 4:7-10? Jesús le dijo lo que Deuteronomio 6:13 manda: “A El adorarás…” No debemos adorar a ningún otro sino Dios.

Pero, muchas veces en los Evangelios y luego en las epístolas de los apóstoles, observamos cómo los hombres y mujeres adoraban a Jesús y El aceptó esta adoración de los que creían en El como el “Unigénito Hijo de Dios” que vino en la carne humana para revelarnos la gloria del Padre invisible (Juan 1:14 y 18). Ni los judíos ni los musulmanes aceptan esta verdad revelada en el Nuevo Testamento, que Jesucristo es el Hijo Eterno que vino a ser el cumplimiento de la profecía en Isaias 7:14 como “Emanuel” (Dios con nosotros).

Así es que en nuestros hogares debemos enseñar a nuestra familia a adorar a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu como un solo Dios en tres Personas. En Su bautismo vemos que el Padre dijo “Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido” mientras vino sobre El el Espíritu Santo en una forma visible, “como una paloma” (Mateo 3:16,17).

Este misterio es tan grande que los hombres más inteligentes no pueden explicarlo pero tan sencillo que un niño puede creerlo. Como muchos otros misterios en la Biblia, esperamos hasta nuestra experiencia celestial personal para entenderlo plenamente, pero mientras tanto podemos practicar la adoración de Dios en nuestros hogares por la sencilla fe en Su Palabra.

Creo que la oración familiar es el mejor tiempo y método para enseñar esta adoración de Dios. Enseñamos a nuestros hijos que somos nosotros, los que hemos recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, hijos de Dios como lo dice Juan 1:12,13: “Mas a todo los que le recibieron, les dio el derecho de ser hijos de Dios, es decir a los que no nacieron de sangre, ni de voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.”

El creer en Su Nombre, Jesús, el Cristo (Mesías) el Hijo de Dios, podemos orar en Su Nombre y el Padre nuestro nos escucha y nos responde (Juan 14:13,14). El Espíritu Santo nos es dado para guardarnos en la gracia de Dios (Efesios 1:13,14) y garantizar nuestra membresía en su familia terrenal y celestial para siempre. Por esto oramos con la ayuda del Espíritu de Dios para tener comunión con Dios y Su hijo y unos con otros (1 Juan 1.3).

Esta adoración en el hogar puede ser enseñada en los tiempos que damos gracias por la comida, cuando oramos por nuestras necesidades, cuando tenemos problemas de salud o en los sufrimientos de la vida como en las victorias y momentos de gozo como familia cristiana.

Los niños aprenden a orar viendo y oyendo a sus padres y otros cristianos orar, así como nosotros aprendimos a orar orando con otros cristianos más maduros. Es la forma natural. no necesitan clases. Necesitan buenos ejemplos. Y ahí está el detalle. Estoy sorprendido al darme cuenta que muchos de mis hermanos en la fe no oran con su hijos, ni en la mesa, mucho menos en otros tiempos. No debemos desaprovechar los años cuando son todavía suaves de corazón y moldeables para formarlos como hijos de Dios y discípulos de Cristo. Es mucho más difíil tratar de enseñar estas prácticas cuando son adolescentes y jóvenes. No es imposible pero es una edad cuando las influencias de afuera del hogar están haciendo mucha presión para formarlos como la gente del mundo. Es cuando cristianos pueden ayudar a poner buenos ejemplos para su desarrollo espiritual que luego se practica en el hogar, en la escuela y más tarde en grupos sociales.

El hogar cristiano es el lugar donde la gran mayoría de los niños son ganados para el Señor. Esperar hasta la edad universitaria es perder una oportunidad dorada y pocos llegan a conocer a Cristo después de la juventud. Siento la necesidad de hablar de esto regularmente porque ya en mis años de vejez estoy más consciente que nunca de la crisis en los hogares de los cristianos. Espero que mis comentarios les animen a hacer la lucha para tener esta bendición en cada familia.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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