Taller familiar 125

Taller familiar
Samuel Clark
aprendiendo a Cristo

Queridos Amigos:

Nuestra tarea como padres es enseñar a Jesús mismo a nuestros hijos. Efesios 4:20,21 nos muestra que como discípulos de Cristo debemos “aprender a Cristo” para poder vivir una vida que amerita el nombre “cristiano”. La clave es “enseñar en El, conforme a la verdad que hay en Jesús.” Sólo podemos aprender a nuestro Señor si por Su Espíritu somos enseñadas la verdad en Jesús, Quien es en sí mismo, la Verdad.

El misionero teólogo del siglo pasado Oswald Chambers nos advierte de la diferencia en las vidas de los que aprenden doctrinas cristianas y las pueden defender y los que aprenden a Jesús: las vidas de aquellos no demuestran a Jesús pero las de éstas son un aroma suave del Señor Jesús. “Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento” (2 Cor. 2:14). “Su conocimiento” significa nuestro conocimiento personal de El que ha transformado nuestra vida a Su semejanza. 2 Corintios 3:18 explica el proceso: “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.”

Los que le hemos llegado a conocer íntimamente somos espiritualmente cambiados a ser como El. Esta “metamorfosis” es interna pero se ve en cambios de actitud, de la manera de hablar, del modo de tratar a los demás, y es cualidades descritas en 1 Corintios 13:4-7 como “el amor desinteresado”. Cuando alguien te ama así puedes estar seguro que es uno que conoce a Jesús íntimamente (1 Juan 4:17).

En la enseñanza cristiana en el hogar el tema principal debe ser JESÚS MISMO, no listas largas de deberes. El fracaso del discipulado legalista es que todavía están en el Pacto Antiguo (la Ley y no en el Pacto Nuevo que no es “de la letra sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida” (2 Cor. 3:4,5). Cuando enseñamos “reglas” producimos doctrinas muertas que no pueden producir vida espiritual solamente producen religiosidad fría y muerta. Enseñar a Jesús como está en el Evangelio es una Buena Noticia de amor gracia, misericordia y vida nueva por Su Espíritu en nosotros y no por nuestras obras de justicia que sólo son imitaciones de la vida verdadera.

El texto principal para aprender a Jesús son los mismo cuatro Evangelios que presentan cuatro enfoques del Señor. Mateo, el enfoque judío, presenta evidencias de 40 pasajes del Antiguo Testamento que prueban que Jesús es el Mesías prometido y esperado. Con estos pasajes del Antiguo Testamento se ganaban a muchos judíos no sólo en Judea y Galilea sino en muchas ciudades en el Mundo Romano. El tema del Reino de Dios (los Cielos) y el Rey, Hijo de David, como el Salvador de Su pueblo está claramente anunciado por este autor, según la tradición más antigua un apóstol de los 12 originales.

Marcos fue escrito por un joven testigo de muchos de los eventos narrados, con énfasis en las obras milagrosas de Jesús para probar al mundo gentil que Jesús es un Salvador práctico y poderoso.

Lucas escribió como un historiador que recogió todos los datos de las obras y enseñanzas de Jesucristo de testigos oculares. Nos da el relato más histórico y cronológico de Aquel que era el Hijo del Hombre, un hombre perfecto en todo sentido.

Juan escribió de último y presenta a Jesús como el Hijo Eterno del Padre enviado al mundo a tomar la naturaleza humana y morir, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su Evangelio es limitado a siete eventos claves que muestran que Jesús es el Hijo de Dios quien nos salva de la perdición eterna con Su vida eterna, el regalo de Dios que brota de Su inmenso amor por la humanidad.

Prácticamente, todo el resto del Nuevo Testamento es una revelación continua de estos cuatro enfoques. Presentan enseñanzas prácticas sobre las implicaciones y aplicaciones del Evangelio en la vida de los discípulos de Cristo en el mundo de culturas que chocan con este mensaje de amor.

Nuestros hijos necesitarán conocer las epístolas en su desarrollo como cristianos, pero los cuatro Evangelios son materia prima para conocer a Jesús y aprender a El. En la oración de Jesús por Sus discípulos – los once y los que iban a creer en El por Sus palabras (y nosotros) – el Señor dijo, “Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado” (Juan 17:3). Es necesario conocerlo personalmente. El método más efectivo es leer los Evangelios y notar todas estas cosas, cómo van saliendo en la misma “Historia Más Grande del Mundo.” Si los padres saben Quién es Jesús, lo van a enseñar en todas las historias contadas por los evangelistas. Pero sin meditación es imposible sacar las riquezas de la Palabra de Dios. Tenemos que enseñar a nuestros hijos a meditar, haciendo preguntas (“inquiriendo” – Salmos 27:4), despertando sus mentes a descubrir ellos mismos la verdad. Lo que uno mismo “descubre” no se olvida tan fácilmente.

Este método requiere mucho de los padres: Primero, oración por sus hijos para que tengan el deseo y deleite de estudiar la Biblia. Segundo una preparación personal para poder dirigir sus meditaciones y evitar una lectura fría de la Palabra Divina. Tercero, un seguimiento con obediencia personal y aplicación práctica de la Verdad, o sea, con su ejemplo.

Amigos, ¡no es fácil enseñar a Jesús! Se necesitan padres valientes y fieles para hacerlo. ¿Eres un padre de este tipo o un típico perezoso cristiano a medias? Que Dios nos despierta a nuestra verdadera tarea de padres cristianos.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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