Taller familiar 134

Taller familiar
Samuel Clark
la importancia de la familia

Queridos Amigos:

Vivimos en un tiempo cuando la importancia de la familia está desapareciendo en casi todas las culturas del mundo, especialmente en los países más desarrollados económica y socialmente. Con el avance en la importancia de las instituciones educativas que influyen tanto en la vida de los educandos (entre 5-20 años) ha habido un cambio de la base de los conocimientos de valores morales y familiares, a nuevos valores, la ciencia y estudios sociales, que han producido un nuevo espíritu de libertad de todas las viejas normas y autoridades.

Podemos aprender de la situación en Israel cuando abandonaron la Ley que Moisés había recibido y enseñado al pueblo de los hijos de Abraham, Israel y Jacob. Hubo las consecuencias nefastas que el libro de Jueces narra. Todavía mantenían los israelitas ciertas costumbres religiosas pero mezcladas con las idolatrías e inmoralidades de las naciones paganas alrededor de ellas. ¿No es así en muchas partes de la América Latina hoy en la mayoría de las poblaciones metropolitanas?

Cuando se pierde la autoridad bíblica para una cultura, o una familia, entra la anarquía ̧ poco al principio pero siempre creciendo en perversiones inmorales y prácticas antisociales. Me parece que este cambio empieza en la religión, luego en la familia y por fin en todo el sistema.

Como sucedió en la antigua Nación de Israel, así ha sucedido en nuestros pueblos americanos. La decadencia en la importante influencia religiosa abrió la puerta para el debilitamiento de la familia, y después, de la cultura. Si este fenómeno es tan evidente ̧ ¿por qué no lo notan los líderes políticos, universitarios y religiosos? Parte de la razón es el enorme impacto de filósofos y educadores ateos, evolucionistas, anti-religiosos en las universidades, colegios e instituciones culturales durante muchos años. Esta influencia pudo cambiar el rumbo de la evolución de los países precisamente porque la religión estaba en decadencia.

Por esto, mi propósito con estas cartas sobre la familia cristiana es primero volver al fundamento de nuestra relación con Dios y edificar sobre estos cimientos de verdades bíblicas las familias de los creyentes, cambiando lo que esté mal y poniendo materiales duraderos que resistirán los elementos enemigos de incendios, inundaciones, temblores y tornados. 1 Corintios 3:9-15 es un pasaje que podemos aplicar al hogar si pensamos que los padres/las madres somos colaboradores con Dios que edificamos una “casa” (como los Apóstoles edifican iglesias). Vamos a ver cómo nos ayudaría seguir este modelo para edificar la familia.

v.9 – “Porque nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.” No es la responsabilidad de la Iglesia edificar a la familia; es la de los padres. ¿Cómo? Enseñado la Palabra de Dios, no la sabiduría de este mundo sino la de arriba, la que produce carácter y no sólo inteligencia. Hasta que cada padre y madre acepte esta responsabilidad, no habrá ninguna esperanza de impactar la cultura alrededor, sino al contrario. Tenemos que empezar con la relación con Dios en el hogar.

vs.10,11 – “Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como sabio arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica sobre él. Pero cada uno tenga cuidado cómo edifica encima. Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo.” Cuando el fundamento principal es la fe en Jesucristo, es sólido el edificio de la Iglesia y de una familia cristiana. Esto es tan básico pero cuántos padres no cumplen con su responsabilidad, y los hijos crecen sin estar firmemente arraigados y edificados en Cristo. Luego vienen las pruebas de la vida y se cae lo que negligentemente hemos construido. Dios es el Supremo Arquitecto. Los padres somos los “maestros de obra” que edificamos según el Plan Divino revelado en la Palabra de Dios.

vs.12,13 – “Ahora bien, si sobre el fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelado: el fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno.” Obviamente, sólo el oro, la plata las piedras preciosas pasan la prueba de fuego. Los demás materiales se destruyen. Cuando edificas tu familia con las verdades, las promesas, los mandamientos y las amonestaciones de la Biblia, y son aceptadas, creídas y obedecidas, la familia perdura en las pruebas. Las cosas de la carne y de otras filosofías no perduran. Lo que reciben en las escuelas es de esta naturaleza, así que tenemos que estar enseñando otras cosas.

vs.14,15 – “Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como por fuego.” Los padres fieles recibirán la recompensa de la bendición de Dios sobre su casa aquí en la Tierra y la reunión de todos en el Cielo algún día. Pero los infieles, negligentes, descuidados, malos ejemplos, etc., pierden esta recompensa bendecida, y pueden hasta perder la bendición de una familia cristiana aquí y en el Cielo. No pierde su salvación pero pierde la recompensa.

Este pasaje es una amonestación principalmente para los obreros cristianos; lo estamos aplicando a la familia para mostrar que el cambio de una cultura, o de la influencia de una cultura no cristiana, no sucede por ataques y protestas por las cosas malas, sino la multiplicación de discípulos de Cristo que usan el modelo bíblico para disciplinar a sus hijos. Muchas epístolas paulinas usan este modelo: enseñan las doctrinas claves de Cristo en los primeros capítulos y la práctica de una conducta cristiana como fruto para impactar al mundo alrededor. No puede haber cambios culturales sin una conversión a Cristo y un discipulado de los creyentes. Así es como familias cristianas pueden impactar toda una cultura para que el Reino de Dios venga a establecerse en la sociedad general.

Recuerdan, amigos todo comienza con la evangelización, y se extiende por el discipulado hasta la multiplicación de discípulos que sí influye en la cultura para el bien. Nuestras familias pueden ser parte de este plan de Dios para alcanzar al mundo.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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