Taller familiar 148

Taller familiar
Samuel Clark
Hogares de Paz

Queridos padres/madres cristianos:

Las palabras de las huestes celestiales en Lucas 2:14 siempre me animan a buscar esa paz que anunciaban: “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra a todos los que gozan de Su favor!” La profecía de la venida del Mesías en Isaías 9:6 dice que uno de Sus Nombres es “Príncipe de Paz”, así es que una de las señales de que somos ciudadanos de Su Reino es que practicamos “la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17). Esto es porque “el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo, paz…” (Gál. 5:22). Si no hay paz en nuestro hogar, algo está mal (y no es que Dios no puede producir la paz en nuestros corazones).

Cuando Jesús envió a Sus discípulos a dar testimonio en las ciudades de Israel, les dijo: “En cualquier casa donde entren, antes que nada digan ‘Paz a esta casa.’ Si allí hay gente de paz, la paz de Uds. reposará sobre esa gente; de lo contrario, la paz volverá a ustedes” (Lc.10:5,6). Lo hemos experimentado en nuestra casa cuando cristianos que tienen esa paz de Dios entran y nos dicen que sienten la paz de nuestro hogar. La paz del hogar es la paz de nosotros que Dios ha producido como un testimonio para animar a otros a abrir sus corazones a la Palabra de Dios. ¿Qué sucedería si cada hogar cristiano diera testimonio de paz a los que buscan dónde pueden crecer en el conocimiento de Dios? La realidad es que cuando no hay paz entre los que viven en una casa, también se siente el espíritu de contención y distancia entre los miembros de la familia.

Hay tres diferentes dimensiones de la paz que debemos experimentar como cristianos. Primero, la paz que Cristo nos dejó. “La paz les dejo…” (Juan 14:27). Por Su muerte en la cruz por nuestros pecados tenemos la paz con Dios. “Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom 5:1). Pablo dijo: “…en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, sin tomarles en cuenta sus pecados, y que a nosotros nos encargó el mensaje de la reconciliación.” (II Cor. 5:19). Los enemigos necesitan ser reconciliados para tener paz y Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y el nuestro si creemos en El.

Segundo, la paz con otros. Cristo es nuestra paz que “de dos pueblos hizo uno solo” cuando derribó la pared que nos separaba, que era la Ley del Sinaí que Moisés recibió como la manera de vivir antes de la venida del Mesías (Ef. 2:14-16). Ahora no hay enemistad entre diferentes grupos de cristianos porque Cristo puso fin a las divisiones siendo El mismo nuestra paz porque creemos que sólo por El somos salvos, no por leyes y mandamientos. Cristo abolió las divisiones con Su muerte por todos nosotros.

También Jesús dijo: “…mi paz les doy” (Juan 14:27). Esta es la tercera dimensión de la paz, Su propia paz ha sido dada a los que confían en El. En el Antiguo Testamento Isaías dijo: “Tú guardas en perfecta paz a quien siempre piensa en ti y pone en ti su confianza” (Is.26:3). Eso es lo que significa el pasaje de Filipenses 4:6,7 que dice “No se preocupen por nada. Que Sus peticiones sean conocidas delante de Dios con toda oración y ruego, con acción de gracias, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” También aprendemos de Colosenses 3:15, “Que en el corazón de Uds. gobierne la paz de Cristo…” La palabra griega para gobernar significa “actuar como árbitro”. ¿Qué hace un árbitro en un partido deportivo? Gobierna con pitazos cuando hay una falta o para parar el juego o comenzarlo. Así la paz de Cristo es un árbitro en nuestro corazón para decirnos cuando parar lo que estamos haciendo o cuando hemos faltado con Su voluntad. Esto implica que debemos acostumbrarnos a evaluar nuestras acciones con la pregunta, ¿Tengo paz en seguir con esta actividad? ¿Hay confianza? ¿Hay duda? Si no hay una perfecta paz puede ser que no estamos andando por fe sino por la carne.

La importancia de la paz para cristianos se revela en como el Señor y Sus apóstoles usaban la palabra como un saludo introductorio para lo que querían comunicar.

“Entonces Jesús les decía, La paz sea con ustedes.” (Juan 20:19)

“Entonces Jesús le dijo otra vez, La paz sea con Uds. así como el Padre me envió, también yo lo envío a Uds.” (Juan 20:21)

“Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con Uds.” (Rom 1:7; I Cor. 1:3; II Cor. 1:2; etc.)

Y si somos gente de paz, ese saludo nos comunica mucha paz y gozo, pero si no estamos en paz rebota de nuestro corazón duro y no recibimos las comunicaciones que necesitamos.

Hay varios enemigos de la paz: la preocupación que no nos deja dormir o que confunde nuestros pensamientos, el temor de alguien o algo que tenemos que hacer, el odio hacia una persona que tenemos que tratar, etc. Si queremos Su paz, la lectura y meditación de Su Palabra es imprescindible. He aquí unas sugerencias:

  • La lectura y discusión de la Biblia como familia. Yo sé que es difícil en nuestras vidas tan activas con cada miembro de la familia ocupado en distintas actividades, pero con disciplina se puede lograr.
  • Oración familiar para cada vida y las actividades es otra gran fuente de paz. Ningún problema es demasiado grande ni demasiado pequeño para traer a Él.
  • Invitar a cristianos maduros a comer, conversar y luego orar por la familia con frecuencia. Su bendición de paz será sentida en el círculo familiar.
  • Orar por otros: misioneros, obreros, vecinos y familiares en cada comida cuando están dando gracias por los alimentos. El orar por otros nos permite enviar nuestra paz a ellos.

Estos son algunos pensamientos que espero que nos motiven a buscar la paz como individuos y como familias para que nuestras casas sean la luz de Dios en un mundo que no conoce la paz.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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