Taller familiar 32

Taller familiar
Samuel Clark
Cosechas lo que Siembras

Queridos amigos casados:

He estado repasando un versículo que aprendí hace años y de repente leí unas palabras de exhortación sobre ese pasaje que me hizo pensar profundamente sobre este tema. Quiero compartir algunos de mis pensamientos con Uds. que están en la batalla para formar familias cristianas. Este es el vers ículo:

“No os dejéis engañar; de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” Gál. 6:7,8
Hay noticias buenas y malas. ¿Cuáles quieren? Creo que todos queremos las buenas sin las malas pero Dios no es así. Casi siempre nos da las malas antes que las buenas. Creo que es así porque sin las malas las buenas no nos atraen tanto. Las malas son dos verdades importantes:

No debemos engañarnos, creyendo que podemos engañar a Dios. ¿Sabes qué, amigo? Ni podemos engañar a los hombres por mucho tiempo. Siempre sale la verdad, tarde o temprano. Todo lo que sembramos, lo tenemos que cosechar, con consecuencias. Me dices, “Pero yo lo confesé y Dios me perdonó.” Pero eso no resuelve el problema de las tristes consecuencias prometidas: la cosecha de la carne es corrupción, ruina, infección mortal.

En su excelente libro sobre David, el reconocido autor C. R. Swindoll nos muestra cómo la teología moderna ha llevado a los hombres a pensar que el pecado no es un problema porque Cristo ya lo pagó por nosotros y nos perdona. Luego dice lo siguiente:

“¿Ve lo que una teología incorrecta nos ha llevado a creer? Nos hemos creado un modo de pensar muy particular en cuanto al pecado. Nos hemos dicho a nosotros mismos que la gracia significa que las consecuencias son quitadas inmediatamente, y por eso nos dejamos absorber por el poder de la carne, en vez de creer lo que Pablo enseña: No tenemos que pecar día tras día. Pecamos porque queremos. Tenemos el poder, mediante el Espíritu Santo, de decir ‘no’ al pecado en toda circunstancia de la vida. Si escogemos decir ‘sí’, sufriremos las consecuencias y, tristemente, también las personas inocentes relacionadas con nosotros. Son estas consecuencias en el seno de la familia las que crean lo que ha llegado a conocerse como ‘familias disfuncionales’.”

La buena noticia es que si sembramos al Espíritu vamos a tener vida abundante, victoriosa, fructífera y eterna. Es una vida que todos queremos pero ¿cuánto la queremos? Me temo que si no vemos las malas noticias no podemos evaluar bien cómo queremos vivir en realidad.

Amigo, es sencillo. ¿Cuál cosecha quieres? Espérate un momento. Antes de decir cuál quieres tengo que preguntarte ¿cuál cosecha quieres para tus hijos y nietos? Tal vez algunos estén dispuestos a sacrificar la buena cosecha para disfrutar de “los placeres del pecado por un tiempo”. Pero ¿están dispuestos a sufrir tal cosecha mala el resto de tu vida y condenar a tu familia a sufrirlo? Tú escoges tu cosecha. Sí, es una decisión nuestra. Dios nos está diciendo esto desde antes para que no nos podamos quejar después del “maltrato” divino que nos tocará.

Yo he vivido 72 años, 48 de ellos en el Señor y he visto muchísimas cosechas en mi propia vida y las de mis amigos y hermanos en Cristo. Puedo declarar que este pasaje es la purísima verdad. He visto a hombres y mujeres que tenían pecados “secretos”, luego descubiertos, y sus vidas han sido atormentadas con las cosechas nefastas de su pecado. He visto a líderes cristianos de mucho fruto durante años que se olvidaron de esta verdad y han tenido que sufrir las cosechas corruptas prometidas. Algunos han sufrido terriblemente con enfermedades incurables y algunos han muerto porque la cosecha vino tal como Dios prometió.

Cuando Dios nos castiga es para restaurarnos. La confesión y el arrepentimiento traen el perdón. Pero las cosechas no son castigos. Son consecuencias de la siembra que hicimos. El perdón y la restauración de comunión y servicio no cancelan la cosecha. Digamos que te emborrachaste, tienes un choque en que otros mueren y tú pierdes un brazo. Dios te perdona si lo buscas en arrepentimiento pero tienes una cosecha inevitable. Toda la vida vas a tener consecuencias de ese pecado.

Realmente, debemos poner más énfasis en 1 Corintios 10:13 que en 1 Juan 1:9 en los momentos de la tentación:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.

“Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.”

El que piensa que puede pecar y será perdonado no está amando a Dios. “Porque este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3). Ese hombre debería estar pensando en orar para encontrar la salida para no experimentar el problema de la cosecha mala.

Hay una vida que podemos llamar “la vida cristiana normal”. Es nuestra si andamos en el Espíritu. “Pero gracias a Dios, que en Cristo, siempre nos lleva en su triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento” (2 Cor. 2:14). Esta es la vida que evita la siembre para la carne de pleitos, enojos, griterías, ofensas, divorcios…. En los Fundamentos para la Familia Cristiana estoy tratando de mostrarles cómo evitar los problemas y cómo salir de ellos, si ya están metidos en ellos, para que no tengan las malas cosechas en sus familias. Esta advertencia seria es con este fin: “preventivo” para algunos y “correctivo” para otros. Espero que todos lo tomen muy en serio y que sea una ayuda para su familia ahora y en los años venideros.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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