Taller familiar 45

Taller familiar
Samuel Clark
¿Se necesitan dos para bailar el tango?

Queridos amigos casados:

Por más que quisiéramos, no podemos creer que cada matrimonio “cristiano” va a ser un rincón del cielo aquí en la tierra. Las causas son muchas, pero estimo que en muchos matrimonios que conozco íntimamente, sólo uno de los cónyuges pone el mayor esfuerzo para lograr una familia verdaderamente cristiana. Tal vez porque el otro no conoce en verdad al Señor, o nunca se ha rendido al señorío de Cristo. Otros evidencian abiertamente que están divididos porque uno no quiere creer en Cristo personalmente. Quizá parecía ser cristiano, pero por alguna circunstancia ha manifestado su rechazo de Jesús. Y por supuesto, algunos cristianos son bebés, carnales, debiluchos o sencillamente incrédulos en cuanto a la fe que es necesaria para vivir una vida diferente, nueva y obediente.

Como dice el dicho: “Se necesitan dos para bailar el tango”. Si tú te sientes solo porque tu cónyuge no coopera, no pone de su parte, no te apoya, espero que esta carta te ayude a tener una esperanza fuerte en el triunfo final de nuestro Señor. Tu compromiso puede ser el instrumento que Dios usará para sanar tu matrimonio. Por un tiempo, y puede ser largo, tendrás que hacer muchísimo más que tu cónyuge para lograr ese matrimonio que anhelas.

“Compromiso” viene de dos palabras en el latín: promesa + con (otro, o varios). La Biblia habla del matrimonio como un pacto, un voto, una promesa que hacen dos personas delante de Dios y testigos. ¿Recuerdas los votos que hiciste? No importa si el cónyuge los esté cumpliendo o no, tú le prometiste muchas cosas y a Dios a la vez. ¿No es algo serio no cumplir tus votos a Dios? Malaquias 2:14 habla a un esposo que ha sido desleal a su compañera, la mujer de su pacto. Proverbios 2:17 habla a la mujer que ha dejado al compañero y ha olvidado el pacto de su Dios. Es muy serio hacer votos a Dios (Eclesiastes 5:1-7).

“…¡No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra… Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque El no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmplelo. Es mejuor que no hagas votos, a que hagas votos y no los cumplas…”

(Sería bueno que los novios leyeran estos versículos antes de casarse.)

Para el cristiano, el que trata de salvar su matrimonio, este compromiso debería ser su meta primordial, su motivación para hacer todo cuanto esté en su poder para preservar lo que Dios ha unido. Amigo(a), esto es un esfuerzo de fe. No lo lograrás si no estas haciendo diariamente aquellas cosas que aumentan y fortalecen su fe. El estudio bíblico, la oración, el compañerismo con cristianos fuertes y la alabanza practicada para glorificar a Dios nos ayudan a creer y vivir la fe.

También quiero recordarte que Dios está contigo en tus luchas y problemas. No estás solo. Más bien, él está “apostando sobre ti” con Sus dones y ayudas si tú le buscas, le pides y le crees. Si bajas al nivel de la carne para tratar de aguantar o arreglar esos problemas, estás perdido(a). No podrás hacerlo solo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). El Señor Jesús dijo. “Sin Mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Todo o nada es la sentencia bíblica. Nada es imposible para Dios (Lc. 1:37), ni tu matrimonio tan difícil. Jesús dijo a un padre desesperado: “Si puedes creer, al que cree todo es posible” (Mateo 9:23).

Tienes que ver por los ojos de la fe lo que Dios puede hacer con un instrumento totalmente entregado en Sus manos. La promesa de 1 Pedro 3:1 sigue en pie:

“…si algunos de ellos (esposos) son desobedientes a la Palabra pueden ser ganados sin palabras por la conducta de sus mujeres”.

Creo que es igual si la mujer es la desobediente y el hombre decide practicar la conducta de amor descrito en el v. 7:

“Y vosotros maridos, igualmente convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honra como a coheredera de la gracia de la vida…”

Con estos pasajes podemos ver el poder de una vida obediente, aún cuando la otra vida no lo sea. Si Dios tiene a uno completamente comprometido puede obrar maravillas y rescatar un matrimonio de la ruina.

No será sin sufrimientos, posiblemente durante años. No puedo garantizar resultados rápidos, un fin feliz, cambios grandes, etc. Pero Dios te promete y garantiza la gracia que necesitarás para hacer tu parte en esta obra de Dios. II Corintios 12:9 nos promete la gracia que “basta” para soportar sufrimientos. Si resistimos y rehusamos sufrir, obviamente no habrá gracia divina, sólo carne reaccionando contra carne. La vida de gracia es una vida de sufrimientos. La gracia los hace tan aceptables que podemos alegrarnos en medio de ellos.

María Guyón vivía en Francia en la Edad Media. Como muchas jóvenes de familia noble, sus padres la casaron con un hombre mayor que necesitaba a una esposa. No tuvo un matrimonio feliz. Los problemas y sufrimientos le llevaron a buscar a Jesucristo con toda su alma. ¡Y le encontró profundamente, gloriosamente! Pero el matrimonio no se arregló. El esposo no se convirtió. La seguía tratando cruelmente por mucho tiempo. Luego ella sufrió un encarcelamiento cruel por años. Por fin allí murió. No nos parece un fin correcto. Pero Madám Guyón nunca olvidó su compromiso con Dios. Se sujetó a su esposo en todo menos lo tocante a su fe. Y aunque en vida no vio realizado su deseo, Dios la usó para escribir libros sobre la vida cristiana, cómo llevar la cruz y seguir a Cristo. (¡Cuántas personas han recibido ayuda de esos libros; claro, no sabemos el resto de la historia, todo lo que Dios ha hecho porque siguió fiel a Dios.)

No estoy diciendo que uno tiene que quedarse en una situación abusiva y abiertamente infiel. Dios llamó a Madám Guyón, como a Oseas en el Antiguo Testamento, a vivir este Camino de la Cruz. La cruz de Cristo no es nada cómoda ni placentera. Es un instrumento brusco, tosco, de muerte, pero por el poder del Espíritu es la puerta a una vida de poder donde el mismo Señor Jesús se manifiesta en nosotros. Es la única manera de manifestar la aroma de Su conocimiento cuando andamos como El anduvo.

Estoy diciendo que tú tienes que estar comprometido(a) a obedecer a Dios en este asunto. El es el único que te puede guiar. No escuches tus propios sentimientos ni los de otros. La voluntad de Dios sólo puede ser conocida cuando estamos dispuestos a obedecerle en todo. “Encomienda tu alma al Señor y El enderezará tus pasos” (Prov. 16:3). La pregunta no es si uno puede divorciarse sino si debe divorciarse. Sólo Dios puede dar una respuesta perfecta.

Hay otras historias con un fin feliz. Hay muchos testimonios de matrimonios arreglados porque uno de los dos decidió hacer todo lo posible para que Dios obrara en su matrimonio. Pero siento que el asunto es comprometernos a buscar a Dios y hacer Su voluntad para cumplir nuestros votos, pase lo que pase. Dios busca a esta clase de persona para manifestarse poderosa y gloriosamente a su favor (2 Cronicas 16:9). ¿Eres tú, soy yo, esa persona? ¡Que así sea!

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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