Taller familiar 49

Taller familiar
Samuel Clark
Hay que Seguir Orando

Queridos amigos:

Algunos de Uds. saben que pasamos algunos años orando por nuestro hijo cuando no veíamos ninguna mejoría, al contrario, cada vez peor. No sólo en su comportamiento y creencias sino en su consciencia y concepto de Dios. Naturalmente él pasó unos años tristes en consecuencia a decisiones tomadas sin considerar a Dios. Estaba convencido de que el Dios de la Biblia era una fábula creada para manipular a un pueblo antiguo que no sabía mejor.

Pueden imaginar que esto no fue nada agradable para la familia. Como él no era hipócrita y no buscaba agradar a los hombres, no le importaba mucho decir cosas que nos herían, y pidió que no usáramos “aquel Nombre” en su presencia. (Después de un período de silencio él mismo quitó el tabú y nos dio libertad de hablar acerca de Dios.)

Les cuento esto por dos razones. Primero, yo sé que algunos de Uds. tienen uno o más hijos así y es de ayuda oír que otros tienen el mismo problema. Desgraciadamente, no hablamos mucho de esas situaciones por mantener la confianza o el peligro de los chismes y el daño que pudiera hacer al hijo al oír comentarios de personas insensibles. La segunda es porque quiero animarles a orar sin cesar por esos hijos. Les comparto nuestra experiencia de unos 15 años de oraciones.

Yo he pedido permiso de mi hijo para compartir esta historia. Me lo ha otorgado con la esperanza de que otro pueda ser ayudado. No viene con garantía pero creo que si creemos a Dios y en Dios, vamos a ver una diferencia en Su tiempo.

Leyendo el libro “La Vida con Propósito” encontré un desafío que no podía evitar. Era el ejemplo de la viuda pobre que oraba al juez injusto hasta que él le dio lo que pedía, la justicia. El autor preguntaba: “¿Qué tanto quieres lo que estás pidiendo a Dios?” El decía que esto se ve en cuánto lo pedimos y nos retó a orar cada hora por lo que realmente queríamos. Yo compré uno de esos relojes que odio que tienen una alarma cada hora, y la alarma me recordaba orar por mi hijo cada hora, 15, 20 o aún más veces algunos días.

Siempre he tenido unas promesas básicas para mi familia como Isaias 54:13; 49:24-26¸ Salmos 102:28, 128:3,4, etc. Comencé con estas viejas promesas pero necesitaba más.

Pronto me di cuenta de que yo no sabía orar efectivamente tantas veces al día. Encontré que repetía la misma oración tanto que hasta me aburría a mí mismo. Pedía al Señor enseñarme a orar sin cesar, sin tirar la toalla, sin rendirme. Es cuando aprendí que casi cualquier parte de las Escrituras nos puede hablar si estamos buscando a Dios y Su gloria, Su Reino y Su voluntad. Mi lista seguía creciendo. Encontré pasajes en todas partes que tocaban mi corazón para pedir por mi hijo. Ponía el nombre de mi hijo en el margen y oraba por las cosas que Dios me mostraba que El quería hacer.

Así es como comencé a orar las Escrituras por mi hijo. Nada podría ser mejor para él (y para todos nosotros) que experimentar la Palabra viva y eficaz en nuestra vida. El número de pasajes es incalculable cuando estamos orando sinceramente para algo bueno.

Una cosa más tuve que aprender y Dios me la enseñó: la fe necesita la paciencia para recibir lo que pedimos. Nuestra parte es pedir y creer y esperar. La parte de Dios es la cuestión del tiempo y el otro corazón que El está trabajando como Maestro Escultor. El no va a forzar a nadie a creer en Su Hijo y recibir el perdón y la vida eterna, ni va a forzar a ningún hijo descarriado volver a Su camino si no quiere. Pero hará mucho para que lo quiera. No podemos tratar de suavizar la mano de Dios cuando está haciendo esta obra de romper la piedra o quemar la paja en sus vidas. Hay una confusión en esto entre algunos que piensan que si pedimos la voluntad de Dios, ya tenemos lo que pedimos y sería falta de fe pedir dos veces. Pero hay pasajes que enseñan que debemos seguir pidiendo hasta recibir lo que hemos pedido. Mateo 7:7-11 es una ilustración de esta verdad. “Pedid y se os dará…” dice el versículo 11. El sentido en el idioma griego es “seguir pidiendo….” Es igualmente correcto entender el versículo que sigue: “Porque todo el que sigue pidiendo, recibirá…” y que nuestro Padre celestial dará buenas cosas a los que siguen pidiendo.

¿Cuántas veces debemos pedir algo que es según Su voluntad? Hasta que se cumpla o hasta que muramos sin haber recibido la respuesta.

Un gran hombre de Dios del Siglo XVIII, George Muller, fue un hombre de oración y fe. Vivió hasta pasados los 90 años orando cada día por tres amigos de su infancia que no habían sido salvos todavía. Uno se convirtió la última semana de su vida. Otro en el servicio funerario. El último se convirtió unos días después de haber muerto George.

Cuando se trata de un hijo, ningún sacrificio es demasiado para el que cree en un Dios misericordioso y perdonador de pecadores. Ningún caso es demasiado difícil para El.

Ofrezco un documento adicional con versículos que yo uso y ejemplos de cómo orar las Escrituras. “Orad sin cesar.”

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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