Taller familiar 86

Taller familiar
Samuel Clark
El Único y Seguro Fundamento de la Familia

¡Estamos bajo ataque! ¿No lo han notado? De todos lados y aún desde adentro. Esto no es el último rumor de una conspiración internacional ni la teoría de algún profesor desde su torre de marfil en una universidad prestigiosa. Es lo que oigo de personas a quienes respeto mucho desde el Cono Sur hasta Alaska y desde los cinco Continentes. De todas partes oigo el grito de dolor de familias bajo el ataque del enemigo espiritual que quiere destruir el hogar cristiano tradicional que desde el tiempo de los Apóstoles hasta el Siglo 20 mantenía su fundamento seguro contra terremotos, guerras, tsunamis, plagas y persecuciones.

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:11). El verdadero fundamento sólido y seguro es Jesucristo, Señor y Salvador nuestro. Si Jesús de Nazaret, el crucificado y resucitado Señor, no es tu fundamento personal, no puede ser el fundamento de tu hogar. Por esto el Apóstol Pablo enseñó a los corintios: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Cor. 6:14).

Se supone que el cristiano es justo porque practica la justicia, y es luz porque tiene a la Luz del Mundo en su corazón. Si se une con alguien que no tiene ningún compromiso de ser justo ni de brillar como luz porque obedece al Señor Jesús, va a haber choques, “guerra civil” dentro de su familia (o negocio, o club). El fundamento es igual para ambos lados de la pareja y por supuesto los hijos que resultan (si dura un matrimonio inseguro) van a tener los mismos problemas.

El único fundamento seguro para la pareja y para el hogar es el Señor Jesucristo. El es el único quien nos puede unir en un solo propósito y práctica diaria de una vida realmente cristiana. Cuando el esposo y la esposa reciben la Palabra de Dios y la ponen en práctica, el fundamento está puesto sobre la Roca, no sobre la arena (Lucas 6:46-49). Si no obedecen Su Palabra, Jesús no es su fundamento y las inundaciones, tarde o temprano, harán la destrucción. Infidelidad, falta de entrega a la familia, el divorcio emocional, hijos rebeldes y otras cosas suceden cuando Jesús no es el fundamento de la vida.

El ataque del mundo contra este concepto del matrimonio ha sido fuerte desde el siglo pasado. Puedes contar con una mano los ejemplos buenos de una familia cristiana que han salido últimamente en los medios de comunicación, porque las empresas mundanas (libros, cine, T.V., música popular, la prensa) sólo buscan la ganancia monetaria. Hay una guerra y los cristianos no se dan cuenta. Pero el enemigo está ganando. El hogar cristiano va de pique. Desde la niñez las caricaturas les ciegan a los niños de creer en Jesús porque sus héroes ficticios son de países como el Japón y la China que están en contra del cristianismo. Y más alarmante son los Simpson y otras idioteces que son los modelos para los jóvenes (y quizás para los adultos) del lenguaje soez, la falta de modales y respeto, la inmoralidad abierta y hasta nociones metafísicas como fantasmas, diablillos, dragones y extraterrestres. El número de películas de terror se ha multiplicado tanto que en cualquier momento uno puede ver ese tipo de mensaje diabólico. Y por supuesto, la violencia que llaman “aventuras” es lo más popular con una fuerte influencia oriental. Si no creemos que estas cosas son ataques al hogar, entonces nosotros ya no sabemos qué es en verdad una familia cristiana.

Por esto comencé hablando de la importancia del fundamento. Cualquier arquitecto nos puede explicar el problema de los malos cimientos en cualquier estructura. La rotura desde abajo es el principio de la caída total. Igual para un árbol o una planta: si la raíz está mal, todo se va a arruinar.

No construimos “en el aire” castillos y palacios de sueños románticos. Nuestros hogares existen aquí en la tierra donde tienen que resistir las fuerzas de la naturaleza. Nuestra familia se establece aquí en la tierra en medio de los que no creen en Cristo como su Salvador en una forma práctica. Si construimos igual que ellos, que no conocen ni aceptan a Jesús como el Señor, nuestra familia no va a tener el fundamento seguro. Y el enemigo de la familia cristiana es especialista en atacar en el punto débil de la familia.

El punto débil de la familia “cristiana” moderna es éste: ya no se cree en la Biblia como la Palabra de Dios, la Verdad, y la Luz para nuestro camino. ¿Cómo está tu familia en este punto? ¿Cuánto se leyó la Biblia en tu familia esta semana? Si no leyeron todos los días, aunque sea corto, creo que no confías en la Biblia como debes para enfrentar los ataques.

Otra evidencia de la falta de fe en la Palabra como nuestra guía fiel y suficiente es la falta de seguimiento de sus enseñanzas y mandamientos. ¿No lo ves? ¿Cómo está el amor bíblico que Dios mandó: “Amarás al Señor tu Dios con TODO el corazón, con TODO el alma y con TODA la mente”? ¿O el segundo, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”? El prójimo más próximo es tu cónyuge, tu hijo/hija. Si no hay ese amor, no está puesto el fundamento verdadero.

O para ser más práctico: ¿Cómo está el amor del esposo a la esposa? ¿Le ama como a su mismo cuerpo? ¿O la sumisión de la esposa a su esposo – como la Iglesia debe estar sumisa al Señor? ¿O el de la obediencia y honra de los hijos a los padres? ¿O de la disciplina y entrenamiento, sin violencia, de los padres a los hijos? Si estas enseñanzas y mandamientos no se practican en el hogar, el fundamento que debe de ser Jesucristo no está firme. No podrá soportar los ataques.

Me parece que el problema principal es que se ha perdido el Señorío de Jesucristo en el hogar “cristiano”. En la práctica se parece a cualquier otra familia. Este es el punto débil del hogar moderno que quiere aparentar ser cristiano con decoraciones piadosas en la pared pero con un fundamento débil, o uno ni si quiera existente.

Amigo, obviamente no soy perfecto y mi familia no es perfecta, pero prosigo a la meta de tener un matrimonio y una familia cristiana, no sólo en nombre sino en la práctica. ¿Por qué? Porque me enseñaron a saludar a mi oficial y decir “Sí, Señor” cuando me mandó hacer algo. No importaba si me fuera fácil o difícil, posible o “imposible”, divertido o contra mi voluntad. Porque yo era un soldado puedo entender el asunto de “autoridad”. He aceptado desde hace muchos años la autoridad de Cristo sobre mi vida. Algunos lo aprendimos en nuestras familias, otros en la escuela, otros en el mundo real del trabajo, pero aprendimos a obedecer. La familia moderna casi no entiende la palabra obedecer o guardar mandamientos divinos. Por esto estamos como estamos. ¿Es Cristo el Señor de tu vida? ¿De tu familia?

Hay un solo Fundamento. Asegúrate de que tú con tu familia esté puesto sobre el Señor Jesucristo.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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