Taller familiar 88

Taller familiar
Samuel Clark
La Soledad

Queridos amigos:

Algo me pasó el otro día que me hizo pensar mucho en la vulnerabilidad espiritual de la soledad. Tenemos un amigo recién divorciado (contra su voluntad). Sabemos que se siente muy solo en estos días y Cari y yo decidimos invitarle a comer. Así fue la conversación telefónica:

Hola, amigo. ¿Cómo estás? – Pues, más o menos bien.
¿Quieres venir a comer con nosotros? – Sí. ¿A qué horas?
A las 2 p.m. si puedes. – Muy bien. A las 2. ¿Quién eres?

Casi se me cae el teléfono. ¡Este amigo estaba tan deseoso de comer con alguien que lo último que pensó era con quién! ¿Te das cuenta de la vulnerabilidad nuestra cuando sentimos la soledad? Desgraciadamente, uno no tiene que estar divorciado para sentirla. A veces se siente solo y abandonado en la misma cama con el cónyuge distanciado por alguna razón.

Creo que mis tiempos más vulnerables han sido cuando andaba solo en viajes lejos de mi familia, pero la otra noche tuve una pesadilla y cuando me desperté me sentía muy solo y me daba pena despertar a mi esposa a las 2 a.m. para platicar conmigo. ¿Qué hacemos cuando nos sentimos solos?

Algunos agarran una botella de algo para sentirse acompañados por un rato. Luego la soledad se sentirá aun más porque el alcohol es mal amigo y traicionero que confunde más al alma triste. Supongo que las drogas pueden ser apoyo falso también en esos momentos.

Algunos se dedican a trabajar duro y así cambiar la dirección de los pensamientos a alguna actividad diferente. Sólo ayuda por un tiempo. Luego vuelve la soledad para atormentar al afligido.

Permítanme sugerir algunas buenas maneras de quitar la soledad de la mente:

Lee la Palabra de Dios. Lo digo porque he encontrado que sin la Palabra no pienso bien, ni para orar. La Biblia está llena de promesas y yo trato de marcarlas con una P en el margen de la página para poder encontrarlas rápidamente en tiempos de necesidad. Una afirmación fuerte acerca de Dios, Jesucristo o el Espíritu Santo me sirve a mí como una promesa que puedo comenzar a pedir en oración. Encuentro que si empiezo por la oración, a veces no sé qué pedir y me siento peor. Comenzando con la Biblia tengo mucho que pedir y me siento apoyado y escuchado por Dios.

Creer las promesas de Su presencia con nosotros y no las emociones de soledad. Mira estas buenas promesas:

“El mismo ha dicho, Nunca te dejaré ni te desampararé.” Hebreos 13:5

“De manera que decimos confiadamente: El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?” Hebreos 13:6

“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.” Hebreos 13:

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” Romanos 8:35

“Y yo rogaré al Padre, y El os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre.” Juan 14:6

“No temas, porque Yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41:10

“…No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo…” Isaias 43.1,2

“Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará?, ¿ha hablado, y no lo cumplirá?” Numeros 23:19

Con estas promesas podemos combatir las emociones de la soledad, pero noten que Hebreos 13:6 dice que debemos decirlas confiadamente, o sea en voz alta, o por lo menos audiblemente, y no sólo leerlas o citarlas mecánicamente. Ahí es donde fracasamos tantas veces, pues, no estamos realmente convencidos ni confiados.

Busquen a un amigo espiritual, fuerte y fiel para que les ayude a volver a sentirse apoyados y no solos. No estamos solos, amigo. Es una ilusión. Estamos en Cristo y El está en nosotros. Estamos en Su Cuerpo, Su familia, Su Iglesia, con miles de hermanos que son amigos para los tiempos de soledad. Nuestra misión como hermanos es: “…exhortaos los unos a los otros cada día” (Heb. 3:13),

“y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras.” (Heb. 10:24)

¿Tienes amigos del alma que te pueden exhortar y estimular? ¡Pobre de ti si no los tienes! Consíguete unos ahora mismo porque los necesitas. ¿Cómo? Pues, hay que ir donde ellos están, donde se reunen, donde estudian y oran. No tenemos amigos si no somos “amigables”, si no buscamos la comunión con otros cristianos.

Una última sugerencia: No cedas a las soluciones traicioneras. Aléjate de ellas. Fíjate en los primeros tres versículos del Salmo 1 y ve cómo uno tiene que separarse de los malos amigos para poder encontrar la Gracia de la Palabra de Dios en su vida. Si quieres tener la vida descrita en ese Salmo tienes que poner de tu parte y tomar unas decisiones que permiten que la Palabra de Dios produzca Sus frutos en tu propio corazón y luego en tus obras.

Debemos tener amigos no cristianos como cristianos. Tenemos algo para enseñarles en la amistad verdadera, una que no es egoísta, ni hipócrita, ni dañina. Con los no cristianos debo mantener mi identificación como cristiano comprometido y por eso no voy a acompañarlos en todas sus actividades. Pero sinceramente deseo su amistad. Ellos necesitarán mi amistad en sus momentos de crisis o en su búsqueda de la verdad. En Cristo yo tengo lo que ellos necesitan.

No seamos vencidos por la soledad. Es lo que ha roto muchos matrimonios y ha arruinado muchas vidas. Camina con Dios momento por momento y verás como El llena toda la soledad.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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