Taller familiar 97

Taller familiar
Samuel Clark
El Lazo que Nos Une

Queridos amigos del Camino:

Dios dijo: “Por tanto, el hombre dejará a su padre y madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). Cuando un texto bíblico comienza con “por tanto” debemos dar un repaso a lo que acaba de decir. En este caso es el segundo relato de la creación. Explica más lo que Gén. 1:27 dice en forma general: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” La palabra “hombre” (en 1:27) es “Adán” en el hebreo y significa hombre y/o humanidad. Dios creó la humanidad como un acto aparte de y después de las otras creaciones de nuestro planeta. La creó en dos sexos, varón y hembra; nótese por favor, no tres.

Se aclara que fueron “formados”, una palabra que implica el contacto personal, el manoseo para formar de la arcilla una forma de hombre (varón, esta vez). Luego Dios le sopló el aliento de vida y fue hecho un alma viviente dentro de un cuerpo material (Gén. 2:7). El hombre (varón) fue hecho primero y la mujer después, tal vez mucho después, porque el varón hizo muchas cosas antes de recibir su regalo, su pareja. ¿Por qué? Tenía que darse cuenta de que estaba solo. Ningún animal podría llenar esa soledad. Anhelaba estar con otro ser como él. Al presentarle Dios su gran regalo, vio semejanzas y diferencias. Debe haber dicho “¡Wow!”. Dijo más o menos así: Ésta tiene huesos y carne. Vinieron de mi cuerpo. Le llamaré “varona” (Gén. 2:23). En hebreo “ISH” es varón e “ISHA” es mujer. Similar pero diferente. Un hombre masculino no es femenino ni una mujer femenina es masculina. Ahora podemos entender el v. 24: “Por esto, el varón dejará a su padre y madre y se unirá a su mujer, y los dos serán (llegarán a ser) una sola carne.”

Las diferencias atraen. Lo que el hombre tiene lo necesita la mujer y lo que la mujer tiene lo necesita el hombre para llegar a ser una sola carne y cumplir con la tarea que Dios les dio en Gén. 1:28: “Sed fecundos y multiplicaos…” Esta frase se entiende como la unión de los dos cuerpos en uno para recordarnos que la mujer vino del hombre pero los hombres venimos de las mujeres. Se necesitan varones y mujeres para hacer la humanidad. Dios hizo la primera pareja y ahora nosotros tenemos este privilegio de hacer más humanidad en nuestros hijos.

El sexo nos une física, emocional y generacionalmente. Es más que el amor EROS. EROS es egoísta; busca su propio placer. El amor AGAPE es el lazo fuerte que ayuda a los cónyuges a mantenerse fieles a sus votos. AGAPE busca el bien del otro, es un amor espiritual del alma. Hace que queremos agradar y respetar al cónyuge y sus necesidades y gustos. Es muy diferente al EROS que convierte a otros en “objetos sexuales”. EROS nunca puede lograr la unión de intimidad matrimonial. Se necesita AGAPE también. El AGAPE convierte el EROS en algo tierno, considerado, sensitivo, sano y santo.

EROS solo causa violaciones de mujeres. Abusos de niños y niñas. Prostitución. Fuera del plan de Dios descrito en Génesis 2:24, el sexo tiene otros nombres: pornografía, adulterio, fornicación, sodomía, homosexualismo-lesbianismo, masturbación, etc. Todos son perversiones de algo bueno, algo que Dios dice que es “honroso…sin mancilla” (Heb. 13:4). Por esta razón debemos abstenernos de toda inmoralidad sexual (1 Tesalonicenses 4:3). Este mandamiento es tan difícil de enseñar a los jóvenes en este tiempo cuando nadie quiere ser “virgen”. A los ojos de la sociedad moderna es casi tan malo como ser un pervertido. Lo que el hombre cambia para acomodarse a sus deseos carnales, la Palabra de Dios lo llama pecado, y el pecado tiene su alto costo de juicio y consecuencias tristes.

Mi propósito en todo esto es traer a nuestro conocimiento los fundamentos del hogar cristiano. Si los destruimos, va a causar grandes daños a la estructura del matrimonio y posiblemente destruir la unión que tuvimos cuando comenzamos. La Biblia ofrece un antídoto a ese veneno, una solución para ese problema: es el amor de la pareja. Un amor EROS-AGAPE que es santo y milagrosamente efectivo para unirnos por toda la vida. Cuando decae el amor en el matrimonio se deshace lo único que nos une.

Estoy convencido que el amor al prójimo es el resultado del amor a Dios. 1 Juan 5:3 dice que el amor es “que guardemos Sus mandamientos, y Sus mandamientos no son gravosos.” El amor de Dios es “amar a Dios con todo el corazón…” y el guardar Sus mandamientos se resume en el amor de Dios y el amor al prójimo. El prójimo más cerca de nosotros es el cónyuge y los hijos son prójimos cercanos. Ahora bien, si nuestro amor hacia Dios es lo que debe ser, la obediencia de amar a mi cónyuge y luego a mis hijos no va a ser pesado, sino un placer, un deleite.

Si tu amor para tu cónyuge está pesadito, ¿cuál es el problema? ¿El cónyuge? No, amigo, el problema es tu amor a Dios. Admítalo. Arréglate con Dios y verás qué sencillo y placentero es amar a cualquier otro. Voy a contarles un secreto: es muy agradable vivir con alguien que se siente y se conoce “amado”. Pero no es tan bonito convivir cuando no hay ese amor entre los dos.

Así es, amigos, que lo que Dios creó para unir a una pareja en un matrimonio duradero, feliz y productivo ha sido cambiado por el enemigo de nuestras almas y del Reino de Dios para traer al mundo entero bajo su influencia maligna. Se usa el sexo para vender productos, cautivar audiencias, engañar a los sencillos y separar al hombre del camino de Dios. Ahora el sexo, un acto en privado, es asunto público, pues, es inescapable en cuanto a su alcance. La tragedia es que es algo tan bueno cuando se obedece a Dios, y tan ruinoso cuando se hace con promiscuidad.

Padres de familia, tenemos una enorme tarea con nuestros hijos. Necesitamos presentarles otro modelo en nuestro hogar y ayudarles a entender la diferencia entre el Bien y el Mal en este asunto de la vida sexual en el matrimonio. Hace unas cuantas generaciones la tarea era enseñar a muchos que el tema del sexo no era algo pecaminoso y sucio. Ahora la tarea es convencerles que SÍ, PUEDE SER MALO Y PELIGROSO SIN IR AL EXTREMO de aquellos años de pensamientos negativos. Estudiemos todo lo que podamos y preparémonos para enseñar la verdad, porque la verdad es lo que nos liberta del pecado, el error maligno.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

Volver al taller de familia