Un adelanto

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En mi adolescencia, salí con varios muchachos y me lastimaron mucho. Era una chica muy vulnerable porque deseaba que alguien me amara.
Escrito por alguien que aprendió demasiado tarde.

¿Qué es el amor?: Esto es sólo un adelanto del próximo martes, no te lo pierdas

EL tema del Amor, Noviazgo y Matrimonio siempre está en la mente de todos nosotros, por una causa u otra, nos pasamos los días buscando el amor y nos enredamos de tal forma que salimos lastimados, y al final hacemos esta pregunta: ¿Qué es el amor?.
En estos 12 apartados, vas a ser llevado de la mano para que veas y aprendas: «Qué es el amor», ¿Me acompañas?.

1. ¿Qué es el amor?

¿Qué es el Amor?


En mi adolescencia, salí con varios muchachos y me lastimaron mucho. Era una chica muy vulnerable porque deseaba que alguien me amara.

Deseaba que alguien se interesara en mí de verdad

Deseaba que alguien se interesara en mí de verdad. El problema era encontrar a la persona correcta para amar y que ella apreciara y disfrutara mi amor.

Cuando llegué a la universidad, no tenía intenciones de casarme o de enamorarme. Sólo pensaba: «Voy a pasarla bien. Voy a experimentar todo y no voy a atarme a ninguna persona o cosa. Voy a empezar con borrón y cuenta nueva. Simplemente voy a tener relaciones buenas y saludables, me voy a divertir y voy a descubrir de qué se trata asistir a la universidad».

Todo iba bien hasta que conocí a José. No creo que exista tal cosa como amor a primera vista, pero en ese tiempo yo era una joven romántica y cuando lo vi por primera vez pensé que era fantástico. El tenía mucho carisma y una personalidad dinámica. Cuando al fin me pidió que saliera con él, rebosaba de felicidad.

En nuestro primer paseo, hablamos mucho y nos esforzamos por impresionarnos el uno al otro. Pasó un mes antes de que me hablara y me invitara a otro paseo. Creo que para entonces él sabía que yo quería seguir saliendo con él. También se aprovechó de eso, y las cosas se volvieron muy íntimas.

Era muy vulnerable, porque deseaba que alguien me amara.

En realidad, nuestra relación no empezó con el «pie derecho«, porque cada uno intentaba impresionar al otro. Yo no quería que él saliera con ninguna otra chica. Creo que a esas alturas no abandoné ninguna de mis normas de moralidad, pero sí hice algunas cosas para impresionarlo y fortalecer mi relación con él.

Seguimos saliendo y tuvimos unas conversaciones muy serias. También tuvimos unas discusiones muy feas. El me fastidiaba a propósito con sus bromas. Yo intentaba esconder mis sentimientos heridos cuando él hacía esas cosas. Intentaba reírme con él, pero sí me dolía. Muchas veces en las fiestas él simplemente se iba y me dejaba sola. No me daba atenciones especiales y yo me sentía herida por eso.

Para entonces me di cuenta que nuestra relación estaba muy dispareja así que me esforcé mucho por lograr que él sintiera lo mismo por mí que yo sentía por él. Fue entonces que me metí en problemas. Me esforcé demasiado. Empecé a hacer cosas que yo sabía que él deseaba—cualquier cosa que le agradara. Eso incluía algunas cosas bastante sexuales. Pensaba: «Si yo no lo hago, él buscara por otra parte, y no quiero perderlo».

El tiempo pasó y terminamos en la cama juntos haciendo cosas que yo sabía que no eran correctas, pero sacrifiqué mis normas para no perderlo. Ese es el error más grande que puede cometer una chica. Ella cree que si sigue haciendo lo que un muchacho quiere, él va a estar loco por ella, pero eso no es verdad.

Sé que José dejó de respetarme. ¡Y yo había perdido tanto el respeto por mí misma que era terrible! Puesto que yo tenía un trasfondo cristiano, agonizaba constantemente por mi propio sentir de culpabilidad. Pero no lograba decir: «Perdóname, Señor», porque sabía en lo profundo de mí misma que lo volvería a hacer. Yo estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de no perder a mi novio.

Si ahora pudiera decirles algo a las jóvenes, sería esto: Cuando llegues a la edad en que te interesan los chicos, busca a un joven cristiano—alguien que no se avergüence de decir: «Soy cristiano, y tengo mis propias normas». Sé que parece un poco atrevido y emocionante salir con jóvenes que sabes que no son cristianos, quienes son un poco locos. Pero aléjate de esa clase de muchachos, porque si no, perderás algo por el camino.

José y yo teníamos problemas en nuestra relación. Discutíamos bastante. Me fastidiaba mucho y eso me lastimaba en gran manera. Intenté explicarle que tenía un sentir de culpabilidad por dormir con él. Yo intenté ponerle fin a esa situación, pero él no aceptaba eso.

Tuve que evaluar nuestra relación, y francamente, no era nada agradable. El no me trataba bien en lo absoluto. Pero yo pensaba algo vagamente: «Si nos casamos, todo será diferente. El va a amarme. Va a cuidarme, y se va a interesar en mí«. Ese fue un grave error de mi parte. Uno no puede cambiar a otra persona por más que lo intente ni por más que le ame.

Si tú observas la relación que tienes con tu novio y te imaginas cómo sería esa relación si se aumentara diez o veinte veces—entonces tendrás una idea de más o menos cómo será tu matrimonio en el futuro. La televisión, los libros, las películas, las canciones—todos estos medios de comunicación que tienen una influencia en nuestras vidas actualmente te hacen pensar que puedes sacar otro truco de la manga y hacer que todo salga bien. Pero no es así. El matrimonio es difícil. Incluso cuando dos personas se aman de verdad y ambos se esfuerzan para que las cosas marchen bien, sigue siendo difícil.

Uno no puede cambiar a otra persona... por más que le ame.

Si yo me hubiera imaginado cómo sería nuestra relación si aumentara diez veces, o tan siquiera cinco veces, me hubiera dado cuenta que en el futuro José me iba a ser infiel. Andaría con otras chicas, se enojaría, me golpearía, no me trataría como esposa ni tomaría la responsabilidad de ser esposo.

Nos escapamos y nos casamos

Pero no hice eso. Me movilicé rápidamente. Nos escapamos y nos casamos. Yo no puedo echarle la culpa a nadie más que a mí misma por el hecho de que huí con él y me casé, porque sabía que no debía hacerlo. Pero en ese momento, tomé la decisión sin pensar mucho. Decidí que si no lo hacía, lo perdería. Lo que debía haber decidido era que si él no me podía esperar y hacer las cosas a mí manera, entonces no valía la pena. Pero mis emociones ejercían un control completo, y no había claridad en mis pensamientos. Estaba muy confundida. No quería que me lastimara. Pero me lancé al matrimonio sin saber que sería el dolor más grande de mi vida.

Cuando les dijimos a nuestros padres, estaban muy heridos y desilusionados. Yo dejé de estudiar para poder pagar la universidad de él. Tomé cualquier trabajo que podía conseguir. Fui mesera. Trabajé en un bar de cócteles de noche, lo cual fue terrible. Trabajé como empleada en una tienda. Tuve muchas clases de trabajo para que saliéramos adelante.

Nuestro matrimonio no era nada. El no me amaba. Sólo yo le amaba a él y procuraba hacer que él me amara, intentando desesperadamente agradarle, sacrificando mis propios sentimientos. Pero no funcionaba. No podía funcionar. Tú no puedes hacer que otra persona te ame. O te ama, o no te ama. Vivía con temor constante de que él se buscaría a otra persona, y eso fue exactamente lo que hizo. No quería reconocerlo, porque deseaba que nuestro matrimonio funcionara.

Cinco meses después de casarnos, me embaracé y tuvimos una hermosa niña.

Cinco meses después de casarnos, me embaracé y tuvimos una hermosa niña. Después de eso las cosas cambiaron por un tiempo. El se emocionó mucho por tener una bebé. Pero un mes después de que nació la niña, las cosas empezaron a ser como antes—se enojaba y me dejaba sola con la bebé todo el tiempo, llevando sola la carga, intentado criar a una hija y proveer para nuestra familia.

Habíamos estado casados tres años cuando sucedieron algunas cosas que me hicieron reconocer que él no me amaba, que nunca me amaría, que no era un buen padre y que tampoco era un esposo responsable. No pude aguantar las cosas por más tiempo, así que nos divorciamos.

Tú no puedes hacer que otra persona te ame.

Al mirar hacia atrás, puedo ver que cometí muchos errores. Mi primer error fue el más grande—no acepté ni mantuve una relación constante con Dios. Si hubiera hecho eso, no me hubiera encontrado en la posición donde estaba. El amor de Dios es gratuito y Su amor no se puede comparar a ningún otro amor porque es completo.

Mi primer error fue el más grande—no acepté ni mantuve una relación constante con Dios

No le falta nada al amor que Dios te puede dar. No creas nunca que puedes vivir sin amor, porque no puedes. Tampoco puedes confiar en las personas que te rodean para que te den ese amor, pero sí puedes confiar en Dios. El siempre está allí y nunca cambia.

Otro error fue empezar con demasiada prisa. Parece ser lo más popular hoy en día. Uno piensa: «Bueno, me gusta y yo le gusto. Quizás estamos enamorados. ¿Por qué no vemos si las relaciones sexuales funcionan para nosotros y si de veras nos gustan?» De esta manera uno pasa por alto la parte donde los dos se vuelven buenos amigos. Eso era lo que faltaba en mi relación con José. No había respeto ni amistad. En realidad él no me respetaba ni yo lo respetaba a él. No había una amistad entre nosotros.

No había una amistad entre nosotros

Otro error fue involucrarnos sexualmente cuando no tenía yo derecho de hacerlo. No era casada. No tenía ni la edad ni la madurez para enfrentarme a las consecuencias de una relación sexual. El simple hecho de tener todas las características físicas necesarias para una relación sexual no significa que uno está preparado. No es simplemente un acto físico—involucra todas las emociones. Uno puede trastornar todas sus emociones al involucrarse sexualmente con alguien cuando no está preparado. Es algo que se debe conservar como sagrado para el matrimonio.

Si uno se pone a analizar cuáles son las bases de una relación, se dará cuenta que primero viene la amistad, en segundo lugar ambos son cristianos, y desde esas bases crece el amor. Y Dios ayuda a sostener ese amor. Entonces inicia el noviazgo y un compromiso formal y después el matrimonio.

—Escrito por alguien que aprendió demasiado tarde.


La mujer que escribió esta historia verídica estaba buscando amor. Es natural desear que alguien te ame y tener a quién puedas amar tú también. Esto es especialmente cierto en los jóvenes.

Si tú eres adolescente, lo más probable es que estés enamorado de alguien ahora mismo, o crees estarlo. Pero hay muchos conceptos erróneos en cuanto al amor.

Muchas personas confunden un capricho con el amor verdadero. Otros piensan que el «amor a primera vista» es real. Otros más no saben distinguir entre la lujuria y el amor, o entre la atracción sexual y el amor.

¿Qué es un capricho y cómo te afecta? ¿Cuál es la diferencia entre la lujuria y el amor? ¿Qué es la atracción sexual? ¿Qué es el amor verdadero? Vamos a considerar estas preguntas importantes.

¿Qué es un capricho?

Un capricho es estar completamente dominado por la atracción a una persona. El diccionario dice que el capricho es un deseo que no reflexiona. En otras palabras, uno siente tanto deseo que no sabe lo que está haciendo, pues no toma el tiempo necesario para reflexionar en las cosas.

Un capricho NO es amor verdadero

La persona que tiene un capricho romántico generalmente no puede pensar en nada o nadie más sino sólo en la persona de la que está «enamorada». Un capricho es una experiencia emocionante—un éxtasis—pero nunca dura mucho tiempo, porque NO es amor verdadero.

Una de las señales de que estás encaprichado es que tienes la tendencia de idolatrar a la persona que crees amar. Todo lo que dice o hace te parece perfecto. No puedes ver sus errores. Otras personas pueden ver muchas «señales de peligro« pero tú no puedes porque estás «locamente enamorado«. Tus sentimientos románticos dominan y no puedes usar tu sentido común.

Cuando estás involucrado en un capricho romántico, tienes la tendencia de ser desorganizado. No te portas de una manera normal. Te vuelves irresponsable y tienes la tendencia de desatender tus obligaciones.

Algunos jóvenes se la pasan soñando despiertos o de flojos sin cumplir sus obligaciones. Alguien quizás le pregunte a una chica: «¿Qué te pasa? ¿Por qué no te estás portando como siempre?» Ella contestará con una sonrisa dulce: «¡Es que estoy enamorada!»

¡Pero no lo está! Está encaprichada. Si estuviera enamorada, y su amor fuera verdadero, se preocuparía por realizar sus obligaciones, preparándose y haciendo planes para el futuro.

La mayoría de los caprichos no dura mucho tiempo. Lo que sí dura mucho tiempo es el fruto amargo por los errores cometidos durante el capricho. Recuerda, cuando tienes un capricho, no usas el sentido común. Tus sentimientos románticos están en control. Cuando esto sucede, es posible que hagas algunas cosas por las cuales te arrepientas el resto de tu vida.

Débora estaba encaprichada con Daniel. El era guapo y el hecho de que era un héroe de fútbol lo hacía aun más atractivo para ella. Entonces un día lo que ella tanto soñaba sucedió en realidad. Daniel le habló por teléfono y le pidió que saliera con él. ¡Ella estaba emocionada!

Me odiaba a mi misma por haber entregado algo tan precioso a un muchacho que ni siquiera se Interesaba en mi

Cuando él llegó, ella le preguntó a dónde iban a ir y él le dio una respuesta vaga. Manejaron hasta un lugar solitario dónde él se estacionó. Entonces él le dijo cuánto la «amaba».

Antes de que pasara mucho tiempo, las cosas estaban avanzando, pero ella no lo detuvo. Pensó: «Un poco de experiencia no me hará daño«. Esa «poca experiencia» resultó ser una relación sexual total.

Después Débora dijo: «Fue terrible. Yo estaba muy asustada. No sentí excitación en lo mínimo. Estaba pensando, ‘¿Qué tal si alguien pasa y nos ve?’ Unos minutos después, me estaba vistiendo otra vez y me estaba odiando a mí misma por haber entregado algo tan precioso a un muchacho que ni siquiera se interesaba en mí—y en el cuál yo tampoco me interesaba».

¿Qué es la lujuria?

La lujuria es EGOCENTRICA

La lujuria es un deseo intenso de satisfacer el apetito sexual propio. La lujuria suele considerarse bajo el nombre de «amor«, pero la lujuria y el amor son dos cosas muy distintas.

La lujuria es EGOCENTRICA—El énfasis es obtener algo. La lujuria exige satisfacción inmediata. La lujuria dice: «Lo deseo para mi propio placer, y lo deseo sean cuales sean las consecuencias y lo deseo ahora mismo».

El amor NO ES EGOISTA

El amor NO ES EGOISTA—el énfasis es dar. El amor desea lo que es mejor para la otra persona. El amor está dispuesto a esperar. El amor verdadero espera el momento correcto y las circunstancias correctas.

La Biblia nos da ejemplos tanto de lujuria como de amor. Amnón, uno de los hijos de David, pensaba que estaba locamente enamorado de Tamar, su media-hermana. La deseó tanto que literalmente se enfermó. Uno de sus malos amigos le sugirió un plan para tener a Tamar a solas. Amnón cumplió ese plan y forzó a Tamar a tener relaciones sexuales con él.

¿Pero qué sucedió después? Ya no se interesó en ella. Es más, la odió. El «amor» de Amnón ni siquiera fue amor. Sólo fue lujuria.

Por otro lado la Biblia nos dice mucho del amor que Jacob tuvo por Raquel. Jacob tuvo que trabajar para el padre de Raquel por siete largos años para poder tener a Raquel como su esposa. Jacob estaba dispuesto a esperar a Raquel, porque su amor era real. La Biblia dice que los siete años «le parecieron pocos días» por el amor que le tenía.

¿Qué es la atracción sexual?

Sentirse atraído sexualmente a alguien NO significa que estás enamorado de esa persona

La atracción sexual es una atracción física entre un hombre y una mujer. Somos creados con el impulso sexual que nos hace interesarnos en el sexo opuesto. No hay nada malo o pecaminoso en esto. Dios nos hizo de esta manera. El pecado viene cuando intentamos satisfacer nuestro deseo sexual de la manera equivocada.

Sentirse atraído sexualmente a alguien NO significa que estás enamorado de esa persona. Cuando un muchacho ve a una chica con un cuerpo hermoso, él dice: «¡Vaya, qué belleza!« Una muchacha ve a un futbolista guapo y su corazón palpita. ¿Es eso amor? No, simplemente es atracción física entre un muchacho y una chica.

Las películas, la televisión, la música popular, las revistas y los libros constantemente nos bombardean con esta idea: «Busca a alguien que te atraiga, si logras una buena relación sexual, eso es todo lo que importa«. La reina de la hermosura de la universidad se casa con el capitán del equipo de fútbol y todos suspiran y dicen: «¡Qué pareja más hermosa!« Pero dentro de poco tiempo, su matrimonio se quebranta. ¿Por qué? Porque no había amor verdadero entre ellos. Sólo se sintieron sexualmente atraídos el uno al otro y además, tenían pocas cosas en común. Pronto se aburrieron el uno del otro.

Recuerda, la atracción sexual no es amor verdadero. Hay un lugar vital para la atracción sexual en el matrimonio, pero el matrimonio no se puede edificar sólo en base a la atracción sexual. Existen miles de parejas que no pudieron resistir involucrarse sexualmente antes del matrimonio, pero ahora que están casados, no soportan ni siquiera tocarse el uno al otro.

¿Qué es el amor verdadero?

El amor verdadero tiene muchas cualidades. El amor sí incluye el elemento especial de la atracción física. Pero es mucho más que eso.

El amor verdadero tiene sus raíces en la amistad.

El amor verdadero tiene sus raíces en la amistad. En el amor verdadero, se ama a la persona total. Uno disfruta estar con esa persona y compartir cosas con ella.

El amor verdadero no es egoísta. Se sacrifica por la persona que ama. Y lleva consigo mismo la cualidad vital del compromiso. No se da por vencido cuando vienen los problemas.

El amor verdadero hace relucir sus mejores cualidades. Tú deseas que la persona que amas se enorgullezca de ti. Si sólo estás encaprichado con alguien, te la pasarás como un soñador y sin hacer nada; pero si tu amor es real, te esforzarás en tu trabajo y te prepararás para el futuro.

El amor verdadero no es sólo un hermoso sentimiento que se apodera de ti súbitamente. Toma tiempo para crecer y desarrollarse. Algunas de las canciones populares del mundo de la música dan la impresión equivocada de que enamorarte de alguien a primera vista es amor verdadero.

Pero uno no se enamora de repente—sino que el amor crece. Debes de conocer a la persona antes de que puedas amarla con amor verdadero. Es imposible conocer a alguien de verdad a primera vista; y por lo tanto, es igualmente imposible tener amor verdadero por alguien a primera vista. Quizás te sientas atraído a alguien a primera vista. Incluso, quizás te emociones con alguien la primera vez que lo veas. Pero no puedes genuinamente amar a una persona a quien no conoces de verdad.

Amor precioso

Satanás no desea que tú conozcas y experimentes el amor verdadero. Es por eso que él promueve toda clase de amor falso. El desea que tú te involucres sexualmente fuera del matrimonio. El desea echar a perder tu vida en general, para que te parezca que la vida no vale la pena.

Por otro lado, Dios tiene amor supremo por ti y desea sólo lo que es mejor para ti. El desea que tengas amor precioso—no sexo ilícito. Si es la voluntad de El que tú te cases, El tiene a la persona ideal para ti. El desea que tú tengas un compañero que te ame sin egoísmo y que esté comprometido contigo para toda la vida. También desea que tú te comprometas a esa persona de la misma manera. El desea que tu hogar sea un poco como el paraíso.

En mayo de 1973, en el pequeño pueblo en West Point, Mississippi, en los Estados Unidos, un hermoso matrimonio de 25 años terminó de una manera muy dramática. La dedicada esposa del editor de un periódico local, salió del servicio vespertino de su iglesia. Sonreía felizmente al hablar con sus amigos, cuando repentinamente cayó muerta sobre el jardín de la iglesia.

Los esfuerzos para revivirla no dieron resultado.

A sus amistades y a su esposo les pareció que salió de la iglesia y caminó directamente al cielo.

El pequeño pueblo estaba aturdido. El esposo se inundó de cartas y telegramas, porque ella había sido muy amada y admirada.

Un día, después del funeral, su esposo, Henry Harris, escribió un tributo largo, con todo su corazón, para su esposa:

Ella salió de la iglesia y caminó directamente al cielo.

Como un amigo lo expresó, llegó a West Point para ir a la iglesia, y de la iglesia se fue.

Ese amigo estaba recordándome la primavera de 1946, cuando ella se había graduado de la universidad estatal de mujeres de Mississippi, y había llegado a West Point para ser asistente del pastor de la Primera Iglesia Bautista… En realidad, ella consideraba su trabajo en West Point como temporal. Estaba convencida de que el Señor la había llamado para ser misionera al extranjero…Pero el Señor me había dado otro mensaje a mí. Yo sabía que ella era la mujer para mí. Más adelante, ese mismo año, en la noche del 10 de diciembre de 1946, con mucho nerviosismo le pedí que fuera mi esposa.

Su respuesta no fue claramente un «No». Más bien, fue silencio. Y ese silencio duró días y semanas. Ella me amaba. Me lo dijo tímidamente. Pero sentía muy firmemente que el Señor la quería en un campo misionero. Por todos los medios intenté persuadirla que Henry Harris sería su campo misionero para toda la vida. Y tomó meses de convencimiento. Y mucho más que eso. Verán, fue un noviazgo muy extraño pero maravilloso que incluía mucho más que «dulzuras vacías». Aunque yo deseaba que ella fuera mi esposa más que cualquier cosa en el mundo, también yo deseaba que se hiciera la voluntad de Dios. Por semanas y meses nuestros «paseos» fueron largos períodos de oración.

Exactamente un año después de que le propuse matrimonio, llegamos a ser marido y mujer. Nunca hubo lugar a dudas que se había hecho la voluntad de Dios. Nunca hubo un matrimonio más feliz. Algunas parejas más «modernas» no creerán esto, pero por veinticinco años, cinco meses y diez días nunca tuvimos un pleito. Seguramente, alguna vez estuvimos en desacuerdo; pero ahora, al mirar hacia atrás esos hermosos años, no puedo recordar un solo desacuerdo importante.

Sé que las siguientes semanas y meses serán extremadamente difíciles. Habrá momentos cuando tendré que encontrar un lugar tranquilo para dejar que las lágrimas fluyan. Eso no tiene nada de malo. Pero el cielo me parece más hermoso, porque Wanda me está esperando allí. Y sigo teniendo parte de ella a través de nuestros cuatro hijos hermosos.

El amor verdadero tiene sus raíces en la amistad.

Cada año en nuestro aniversario el día 10 de diciembre, yo le daba una rosa roja para representar cada año de matrimonio. En el último ramo, hubo 25 rosas. Luego, el martes, le dije a la mujer de la florería que cubriera todo el ataúd de rosas rojas y que pusiera dos urnas grandes a cada extremo llenas de rosas rojas. Verá, tienen que durarle por mucho, mucho tiempo…hasta que estemos juntos de nuevo.

No creo que haya pasado ni un solo día en esos veinticinco años que no le dije que la amaba. Y sin embargo, creo que ella nunca comprendió cuánto significaba realmente para mí, ni cuanto la amaba de verdad… y aunque no puedo seguir diciéndole de mi amor todos los días, puedo seguir dándole gracias a Dios por permitir que uno de sus ángeles verdaderamente preciosos compartiera esta porción de mi vida.

Cómo he dicho antes… al tratar débilmente rendirle tributo a una amiga que ha fallecido… pero nunca con más sentimiento que ahora… «¡Gracias a Dios por los recuerdos!»

Esto es amor precioso. ¿Qué joven no desearía lograr un matrimonio como este? Este tipo de matrimonio puede ser tuyo si buscas la voluntad de Dios, la encuentras y la sigues.

2. Tres clases de amor
3. Diez motivos por los que debes esperar hasta el matrimonio
4. Comprendiendo el deseo sexual
5. Lo que cada joven necesita saber sobre El Noviazgo
6. Cómo decir: “¡No!”
7. El Amor es más que un sentimiento hermoso
8. Diez trampas y cómo evitarlas
9. Cómo experimentar el amor de Dios (Parte 1)
10. Cómo experimentar el amor de Dios (Parte 2)
11. ¿Cómo puedo saber si es amor verdadero?
12. Eligiendo sabiamente

¿Te espero el martes?