Un buen enfoque

enfoque

He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.

Salmo 127:3

CÓMO ENFOCAR ADECUADAMENTE NUESTRA LUCHA ESPIRITUAL.
REFLEXIÓN PARA PADRES

La vida de los adolescentes tiende a ser dominada por la preocupación por el mundo que puede ser visto, tocado y saboreado. Se inquietan hasta las lágrimas por cómo se ven. Anhelan ser aceptados por sus semejantes. Guardan sus cosas celosamente. Hablan en términos dramáticos acerca de lo que les parece bello o es atractivo para ellos. Se desmoronan cuando alguien hace burla de su ropa. Se angustian con tan solo pensar en un posible rechazo. Los adolescentes tienden a ser intensamente materialistas, es decir, se enfocan en el mundo físico.

A menudo les parece irreal el mundo espiritual que es invisible y más importante. Los adolescentes tienden a creer dos mentiras mortales. La primera es que el mundo material es más real que el espiritual. No es de sorprenderse que la felicidad presente, física y personal parezca más importante que la bendición eterna. Segundo, tienden a creer en la permanencia del mundo físico. No les parece que es pasajero. Les parece que siempre está allí y les parece que está en dondequiera que van.

Qué diferente es esto de la perspectiva bíblica. Asaf, en el salmo 73, dice que la prosperidad del malo es como un sueño. ¡Qué análisis tan poderoso! Un sueño parece ser real, sin embargo no lo es. Termina en el momento en que el cuerpo despierta. Los bienes terrenales que una persona adquiere son pasajeros inclusive cuando se les está colectando. El mundo físico está destinado a perecer.

En 2 Corintios 4:16-18, Pablo lo dice de esta manera:

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

Pablo está interesado en lo que no se ve. Está enfocado en lo espiritual. No está invirtiéndose a si mismo en el mundo material y físico. ¿Por qué? Simplemente porque es temporal. Cristo dijo, “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mat. 16:26). Juan nos advierte en su primera epístola a no amar al mundo ni nada que esté en el mundo (1 Juan 2:15). Este tema está por todas partes en la Escritura. El sabio vive por lo que no se puede ver. El necio vive para construir otro granero para almacenar lo que perece y es inútil en el mundo venidero. El sabio anhela la bendición espiritual, el necio desea la recompensa física. El sabio mira hacia la eternidad, el necio vive para el momento.

Los adolescentes, no sólo tienden a vivir con un enfoque en lo físico, minimizando o pasando por alto la importancia del mundo espiritual, sino también tienden vivir con una mentalidad de

tiempos de paz. En tiempos de paz, la gente se entrega a los lujos, diversión y placer. Se enfocan en sus deseos y anhelos. Sin embargo, en los tiempos de guerra, la gente vive con otro enfoque. La fábrica que produce sistemas de sonido de lujo se convierte para producir equipo electrónico para la batalla. La línea de ensamble que producía automóviles de lujo comienza a producir tanques de guerra. Los jóvenes van a un entrenamiento militar en vez de ir a la escuela. La guerra demanda que se enfoquen no sólo de los soldados profesionales, sino también de la sociedad entera.

Aquí está el punto. La Escritura dice que la ¡vida es una guerra! Como le he dicho muchas veces a mis hijos, “Hay una guerra allí afuera. Se está peleando en el territorio de tu corazón. El motivo es el control de tu corazón. Cada situación que enfrentas hoy es una escaramuza en la guerra. Ten cuidado, se consciente de la guerra. No olvides que hay un enemigo astuto quien está afuera para engañar, dividir y destruir. Ve afuera sabiendo que para ganar debes luchar. No te debes relajar, no te debes olvidar de esto”. No es posible exagerar en decirle esto a nuestros adolescentes (o a nosotros mismos).

La gente sabia, madura y piadosa vive consciente de lo espiritual; lo ven en cada situación de la vida. Nunca ven la vida “debajo de sol” (ver Eclesiastés). Ven las implicaciones espirituales en todo lo que hacen, en cada situación en la que se encuentran. Esto es lo que debemos tener el propósito de producir en nuestros adolescentes. Para lograrlo nosotros mismos debemos tener una mentalidad espiritual. Debemos vivir conscientes de la guerra.

Hay dos cosas que evitan que enseñemos a nuestros hijos a enfrentar y pelear en la lucha espiritual. Primero, tenemos una tendencia a estar más preocupados por el mundo de lo que se ve que por lo que no se ve, especialmente cuando se trata de nuestros adolescentes. Nos enojamos más porque hayan perdido su trabajo y por cómo esto afectara a sus estudios futuros que por los asuntos espirituales internos que Dios está revelando en ese momento.

Nos preocupamos más por las calificaciones bajas en las notas que por lo que esas calificaciones revelan de la condición espiritual de nuestro hijo. Nos enojamos porque el cuarto es un desorden caótico de ropa sucia, y no vemos el corazón que está detrás del desorden. Nos enojamos por la abolladura en el carro y nos alborotamos mucho más por el daño físico que por el daño espiritual que puede estar ocurriendo al mismo tiempo en la vida del adolescente. Le decimos que su ropa se ve ridícula, o nos quejamos de que haya tomado la última leche, y que su música nos vuelve locos, todo esto mientras pasamos por alto lo que realmente es de importancia eterna.

Debido a esto, no aprovechamos las oportunidades diarias para recordar a nuestros adolescentes acerca de la lucha espiritual presente en cada situación de este mundo caído. Si es que vamos a producir adolescentes que estén involucrados en la lucha espiritual, necesitamos comenzar preguntándonos qué es realmente importante para nosotros. Por las cosas que nos preocupan y la manera como resolvemos los problemas, ¿Estamos demostrando lo opuesto de lo que profesamos creer? ¿Son consistentes nuestras vidas con lo que decimos que queremos producir en nuestros adolescentes?

La segunda cosa que nos estorba al tratar de abrir los ojos de nuestros adolescentes a la lucha espiritual es un mal entendimiento cultural. Nuestra cultura cristiana ha tendido a mal entender la lucha espiritual. Tendemos a pensar en ella como el extremo más raro de las cosas espirituales. Siguiendo el pensamiento mayoritario de los cristianos, si la lucha espiritual se representara en una película, la película tendría que ser producida por Stephen Spielberg con un libreto escrito por Steven King. La lucha espiritual nos hace pensar en posesión demoníaca, demostraciones horribles de control satánico y exorcismos dramáticos. Pero la Escritura presenta la guerra espiritual no como el extremo violento y raro de la vida cristiana, sino como lo que la vida cristiana es en realidad.

Cuando Pablo presenta el tema de la guerra espiritual el final de su carta a los Efesios (6:10-18), no está cambiando el tema para hablar del lado oscuro de la espiritualidad. Está haciendo algo muy diferente. Está resumiendo todo lo que ha dicho hasta ese punto. ¿En dónde ocurre la guerra espiritual? En el cuerpo de Cristo, en la relación matrimonial, en la relación entre padres e hijos, entre los esclavos y los amos, y cada lugar de la cultura a nuestro alrededor. Nuestros adolescentes necesitan aprender a pelear la guerra y a usar el equipo de batalla que el Señor ha provisto. La descripción de Pablo necesita moldear la manera en la que pensamos acerca de cada día, de la lucha de cada situación.

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

Si nuestros adolescentes van a permanecer firmes en la lucha espiritual, necesitan saber que existe un mundo espiritual en el que se lleva a cabo la guerra. Necesitan saber quién es el enemigo (y quién no es el enemigo). Necesitan conocer las armas de esta guerra y cómo usarlas, y necesitan saber cómo es la victoria en la vida diaria.

Esto es vital porque la guerra espiritual no sólo ocurre donde vivimos, sino es lo que vivimos. Por eso Pablo lo resume en su epístola a los Efesios de esta manera. No quiere que pensemos horizontalmente de todas estas situaciones y relaciones. Quiere que nos demos cuenta de que hay luchas dramáticas verticales ocurriendo en todas ellas. Así que nos dice que estemos alertas a las asechanzas del diablo, que permanezcamos firmes en el poder del Señor, que nos vistamos de toda la armadura de Dios y que oremos. Existe una guerra allí afuera. No es un aspecto de la vida cristiana, es la vida cristiana misma. Tristemente, la mayoría de los padres, debido a que han adoptado el mal entendimiento cultural, no les recuerdan constantemente a sus adolescentes acerca de la batalla ni los preparan para las victorias diarias que pueden ser experimentadas como hijos de Dios. Nuestra meta es crecer hijos que vivan muy atentos del mundo espiritual. Deseamos ser usados por Dios para producir adultos jóvenes que entiendan

las implicaciones espirituales de todo lo que hagan. Nuestra meta es producir hijos que existan en el mundo de lo que se ve, pero vivan por lo que no puede ser visto, tocado o saboreado.

Extracto del libro “Edad de Oportunidad”. Por Paul David Tripp.

+ 1. Chuy Olivares – Diez consejos para padres de adolescentes

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