Viviendo bajo la cruz

 juan330

Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

Juan 3:30

Vamos a mirar dos contextos que son importantes aquí en este versículo. Dos contextos, uno relacionado con Juan el Bautista y el otro, relacionado con nuestro Señor Jesucristo. Primero, el Señor Jesús había iniciado su ministerio, él ya había llamado a sus discípulos, empezaba a caminar predicando la Palabra, haciendo milagros, empezaba a echar fuera demonios, a sanar enfermos. En fin, ya había empezado su ministerio con gran fuerza, y dice la Escritura que él se encontraba junto con sus discípulos bautizando.

El segundo contexto es con Juan el Bautista; dice la Biblia que en estos momentos mientras Jesús hacía esto con sus discípulos, Juan el Bautista se encontraba con sus discípulos en Enón, bautizando. Él ya llevaba varios años anunciando que el pueblo se arrepintiera de sus pecados, porque el reino de los cielos decía, había llegado, se había acercado.

El propósito de Dios para con Juan el Bautista fue precisamente que clamara, que anunciara lo que decía Isaías, y que él se convirtiera en aquel profeta voz que clama en el desierto, anunciar la venida del Señor. Entonces él iba diciendo e iba anunciando que venía detrás de él el Poderoso, el Rey, el Salvador; y por lo tanto la gente se tenía que arrepentir de su pecado para recibir el reino de los cielos. Y esto es lo que él estaba proclamando.

Jesús por una parte con sus discípulos bautizaba, y Juan con sus discípulos también estaba bautizando de acuerdo al ministerio que tenía. Pero dice la Biblia que los discípulos de Juan vinieron a él y le dijeron: maestro, aquél que estaba contigo, aquél que tú bautizaste allá del otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, fíjate que está bautizando y todos vienen a él.

Yo puedo ver y nada más como un paréntesis lo comento, ese celo que luego tenemos por nuestro ministerio y cuando surgen otros pues también como que qué pasa, de qué se trata ¿no? A ver Señor, tú dijiste que esta iglesia iba a crecer y como que ya está creciendo otra.

Entonces como que hay cosas donde le reclamamos al Señor, y vienen sus discípulos y le reclaman a Juan y se lo dicen, ¿qué pasa aquí Juan? Mira, está pasando todo esto. Y Juan los escucha atentamente y les dice: miren, les voy a comentar algo, y entonces les responde y les da cinco puntos que son importantes. En el contexto ustedes lo pueden leer.

1.- Que el hombre no puede recibir nada si no le fuere dado del cielo. Juan el Bautista está reconociendo que lo que está haciendo Jesús es algo que tiene que hacer, porque Dios para eso lo ha traído, para cumplir con un propósito. Y si la gente lo está siguiendo, ¡gloria a Dios! Eso está dentro del propósito de Dios para la salvación de la gente. Por lo tanto, Juan con toda tranquilidad les dice a sus discípulos, esto es de Dios. Y como es de Dios, adelante esto tiene que seguir.

2.- Les dijo: ustedes son testigos. Cada discípulo de Juan que había dicho Juan que él no era el Cristo. O sea, en otras palabras, yo les comenté que no era yo el Cristo, el Enviado de Dios; yo solamente soy alguien que anuncia la venida del Señor. Eso soy yo, yo no soy el Cristo, por lo tanto no voy a entrar en un ministerio, en un área que a mí no me compete. Yo fui enviado para otro propósito.

3.- Les dice que él es amigo del esposo, y el esposo es el que tiene que estar con la esposa. Cuando nosotros leemos el Evangelio nosotros nos damos cuenta a qué se estaba refiriendo él al decir esto. Y sabemos hoy día y después con todo lo que dice el Nuevo Testamento, que la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo es la esposa, es la novia en este momento del Señor, y la está preparando para un día estar con ella por la eternidad.

Un día se realizará como dice la Biblia, las Bodas con el Cordero, es decir, Jesucristo va a venir por su Iglesia, nos vamos con él y se van a celebrar las Bodas del Cordero, la Iglesia con Cristo Jesús en la presencia del Padre y por la eternidad. Tiene la revelación en estos momentos Juan de que precisamente viene el esposo, y que el esposo es el que tenía y tiene que estar con la esposa, no hay de otra, no hay un tercero en discordia. Por lo tanto, Juan dice: yo no soy aquel, con permiso él es. Y él es el que tiene que estar con ustedes. Sigue ubicado en un lugar.

4.- Que él se goza al escuchar la voz de Jesús. ¿Por qué? Porque el tiempo ha llegado. Empieza su ministerio Jesucristo y Juan dice: yo me gozo porque ya lo estoy oyendo. Y estoy viendo que loas profecías se cumplen, y estoy viendo que esto ya es el tiempo. Por supuesto que Juan sabía lo que iba a pasar con él, lo que iba a suceder. Sin embargo, él toma la actitud que debe tomar y dice: me gozo, y me gozo porque estoy escuchando la voz del Salvador, porque ya llegó, ya es su tiempo, ya es su ministerio. Por lo tanto, le doy la gloria y la honra a Dios.

5.- Que el propósito para el cual fue enviado, se ha cumplido. Ya, se terminó el tiempo del ministerio de Juan el Bautista., Y él lo reconoce así y con toda tranquilidad se lo expresa a sus discípulos, y les dice: yo hasta aquí llegué, les recuerdo todo esto y es importante que ustedes lo tengan en su mente.

Después de haberle dicho todo esto a sus discípulos, Juan concluye diciéndoles: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. ¿Qué significa la palabra menguar? Significa disminuir, venir a menos. En otras palabras Juan dijo: Mi tiempo se terminó, lo que yo era, el ministerio que yo tenía hasta aquí llegó. Ahora le toca crecer a Jesús, este es el tiempo de él, ya no es más mío, yo me hago a un lado.

De acuerdo a la voluntad de Dios Juan el Bautista había llegado precisamente al término del ministerio y él lo sabía, Jesús ya estaba presente, ya no había que anunciar más: “arrepentíos de vuestros pecados porque el reino de los cielos se ha acercado”, ya era el tiempo de que ya llegó, y ahora Jesús era el que tenía que predicar y lo tenía que hacer de otro modo conforme y vemos en el Evangelio. Por lo tanto, Juan reconoce que tiene que menguar.

Y nosotros podemos advertir estas palabras de Juan y verlas en nuestra propia vida aun cristiana o cuando empezamos a caminar en el Señor. Todos tenemos un tiempo, tú tienes un tiempo, yo tengo un tiempo, todos tenemos un tiempo en el cual Jesús llega a nuestra vida, de un modo o de otro; bajo unas circunstancias o bajo otras. Pero hay un tiempo en el cual Jesús hace su aparición.

Tal vez nos han insistido en muchas ocasiones o nos insistieron en que aceptáramos a Cristo Jesús, en que lo viéramos, en que pusiéramos nuestros ojos en él. Pero la verdad no quisimos. Muchas de las ocasiones seguimos, como en mi caso, con la vida que yo llevaba y no me importó lo que me decían, no me importaban las presiones de la familia de la que ahora es mi esposa, no me importaba lo que decían sus hermanos de la iglesia, no me interesaba nada, yo llevaba mi vida y me divertía mucho.

Pero hay un momento en el cual el Señor me confronta y en ese momento yo volteo y miro al Señor, y le digo: Sí Señor, aquí estás y aquí estoy yo. Juan dijo en ese momento que aparece Jesús, y él ya lo oyó, él ya reconoció su voz, ya empezó el ministerio; Juan dice: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. Ya hasta aquí llegué. Si yo quiero que Jesús esté en mi vida y esté en plenitud, esté en poder, yo tengo que hacer lo mismo que hizo Juan, yo tengo que menguar no hay de otra. Y yo tengo que menguar a la vida que yo llevaba.

Y sabemos que esto no es fácil, esto es muy difícil, esto es muy complicado. Si yo no menguo, Jesucristo no va a crecer en mí. Jesucristo no va a venir a pelear un lugar. Él va a tomar el lugar que yo le de. Él, dicen, que es todo un caballero y por lo tanto, no irrumpe en nuestra vida. Él llega y toma el lugar que yo le doy. Y si yo le doy todo el lugar de mi corazón, él lo va a tomar. Si yo solamente quiero alguna parte, lo tendré ahí prácticamente en un rinconcito de mi corazón, de mi vida y yo sigo haciendo lo mismo, pues él nunca va a crecer, él ahí se mantendrá de un determinado tamaño, haciendo ciertas cosas pero otras no.

El que yo haga su voluntad depende de mí, depende de mi decisión, de nadie más. El que yo deje las cosas que venía haciendo y mengue, depende de mí. No depende ni del pastor, ni de los líderes, ni de la iglesia, ni de Dios mismo. Nada más hay un problema con Jesús, o le damos todo a él o no le damos nada. Jesús no cabe con alguien más, Jesús no se va a pelear, no lo va a hacer.

Está él un tiempo esperando a que nosotros entendamos este proceso, y si nosotros lo entendemos ¡gloria a Dios, él actúa y va a ir creciendo poco a poco! Pero si no lo entendemos y yo quiero seguir viviendo lo que antes vivía, mira, Jesús no se va a pelear y simplemente se va a hacer a un lado. Yo debo entender que hoy como creyente en Jesús, yo tengo que vivir de un modo diferente. Tengo que vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

El apóstol Pablo dijo: Ya no vivo yo mas Cristo vive en mí (Gálatas 2:20). Pero qué difícil es poder decir algo así. Qué difícil nos resulta decir: Ya no vivo yo, yo ya muero a lo que yo era. ¿Por qué? Porque significa que tenemos que dejar muchas cosas, y es algo en lo que Dios quiere insistir en nuestra vida, tenemos que dejar cosas a las cuales nosotros estamos acostumbrados, cosas que nos gustan, cosas que nos causan placer.

Y por qué no decirlo, muchas de las veces cosas que aun son ilícitas. Y nos gustan y vivimos con ellas y nos sentimos bien, y muchas de las ocasiones hacemos cosas que van en contra de la voluntad de Dios y las hacemos. Otras veces hacemos las cosas en contra aun de lo que dice la sociedad o de lo que dicen las propias Leyes. Y las burlamos y todo y ahí vamos. Y es difícil un cambio, no es sencillo. Tener un cambio de pensamientos, de sentimientos, para tener un cambio de actitudes es difícil, no es nada sencillo. Tenemos que renunciar de una manera plena a lo que nosotros éramos.

Tenemos, como dijo nuestro Señor Jesucristo, que morir. Y tenemos, como dice Pablo, morir juntamente con Jesús. Y tengo que morir a lo que yo era porque el muerto ya no puede hacer nada, está muerto. Ahora tengo que hacer las cosas de acuerdo a lo que Dios establece. Pero luego aun estando en Cristo y tratando de caminar conforme y la voluntad de Dios, nos estamos peleando con el Señor por lo que dice su Palabra, y no permitimos que Jesús crezca, no le damos la oportunidad. No hay una definición en nosotros clara, categórica, no somos radicales.

Ah pues andamos un poquito en el Señor y le pedimos su bendición y si nos acordamos oramos, y si nos acordamos leemos un poquito la Biblia; pero pues nos siguen jalando cosas que antes hacíamos en el mundo, y nos siguen convenciendo esas cosas, y esto impide que Jesús crezca en nosotros.

Cuando nuestro Señor Jesucristo oró en Getsemaní, es una de las oraciones más impresionantes que hay en la Biblia porque es un tiempo en el cual Jesús está orando y no solamente ora por aquellos que estaban en ese momento junto con él, no solamente ora Jesús para él mismo sino que Jesús intercede por todos aquellos que habían de creer, por todos aquellos que vendrían al conocimiento de la verdad. Y es una oración en donde el Señor Jesucristo te incluyó a ti. Nos incluyó a ti y a mí en ese momento tan especial. Es ahí donde nuestro Señor Jesucristo dice una de las promesas más maravillosas que yo pueda encontrar en la Biblia.

Juan 17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Fíjate qué maravillosa promesa está haciendo Jesús. Yo en ellos, Jesucristo está diciendo que vendrá a sus discípulos, que vendrá a los creyentes, que él estará en nosotros. No va a estar alejado, no va a estar en el cielo, no va a estar en un lugar físico, en un templo; no, dice la Palabra del Señor, y él hace esta promesa y le dice al Padre: Dios yo en ellos, en cada uno de ellos.

Yo en ellos, y tú en mí. O sea, en Jesucristo está el Padre, está el Espíritu Santo y él en nosotros está por lo tanto, él, el Padre, el Espíritu Santo. Él está con nosotros y entonces nosotros podemos dar testimonio, dice la Palabra, de una Unidad perfecta. Perfecta no solamente entre nosotros sino de una unidad perfecta con Cristo Jesús porque Cristo Jesús está con nosotros. Y este es el modo a través del cual el mundo puede reconocer que Dios habita en medio nuestro.

Y dice la segunda promesa: Y que los has amado a ellos del mismo modo como me has amado mí. Fíjate qué maravilloso. Cuánto ama Dios a su Hijo. Qué amor tan profundo le tiene el Padre a su Hijo. Un amor tan grande que todas las cosas las puso en las manos de su Hijo, todo. Es heredero de todas las cosas, de todo lo que Dios tiene se lo heredó a Jesús. Claro nosotros conocemos también del amor de Jesús y nos hizo copartícipes de esa herencia. Somos herederos del reino de los cielos, herederos de todas las cosas de Dios junto con Jesús, somos sus coherederos, y esto es maravilloso.

Ese profundo amor que le tiene Dios a Jesús, ese amor tan grande es el amor que ahora el Padre nos tiene a nosotros. Extraordinario. ¿Qué hicimos para merecer este amor? ¡Nada! Simplemente decirle al Señor, Señor yo quiero estar a tu lado, yo quiero que tú estés conmigo. Yo reconozco el sacrificio de Jesús. Yo quiero que Jesús entre a mi vida, entre a mi corazón. Esto es lo que yo quiero. Y eso fue suficiente para que el Padre nos ame del mismo modo.

Cuántas ocasiones y nosotros vemos la gente que está a nuestro alrededor, y nosotros mismos, ¿cuánto amor tenemos nosotros por nuestros hijos? Yo creo que cualquier padre en términos normales, hay unos vándalos que no pero bueno; en términos normales todo padre ama profundamente a sus hijos, los ama muchísimo. Los amamos y somos capaces de dar nuestra vida por nuestros hijos, así de sencillo.

Tú ves a otra persona a otro niño, y la verdad no lo amas como a tu hijo. Puedes tener sobrinos y a esos sobrinos no los amas como a tus hijos. Los amas porque son parientes o familiares, pero amarlos como a tus hijos, ¡NO! Alguien de afuera, el vecino de allá enfrente que es un latoso, que es un horror, que es terrible, es de lo peor, varias veces me ha venido a tocar el timbre o me ha aventado de pedradas a mi casa, ¡ya parece que lo voy a amar! Qué tremendo, no los amamos y hay niños que los vemos como so y no los amamos, decimos: no. Si fuera como mi hijo tal vez.

Pero no los amamos y aquí dice la Palabra algo extraordinario, y es una promesa del Señor que el amor que Dios le tuvo y le tiene a su Hijo, es el mismo amor que nos tiene a nosotros. ¡Extraordinario! Por lo tanto, su promesa: Yo en ellos, Jesús en cada creyente como dijo el apóstol Pablo: Jesús siendo formado en cada uno de los creyentes, en el interior de cada persona.

Para que Jesucristo nuestro Señor sea formado en cada uno de nosotros, nosotros tenemos que hacer algo: tenemos que menguar. No podemos seguir teniendo la misma actitud que antes teníamos. Tenemos que menguar a lo que nosotros somos, en nuestro carácter, en nuestras actitudes, nuestro comportamiento, nuestra forma de pensar, nuestra forma de sentir. Todo aquello que no está de acuerdo a lo que dice la Palabra, yo lo tengo que quitar, yo lo tengo que menguar, y lo tengo que entender.

Pero aun para ayudarnos Dios puso a los líderes y puso a la Iglesia. Por ello la Iglesia tiene que trabajar con sus miembros, no es que nos guste luego estar repitiendo algunas cosas aquí donde no solamente van para los demás, van para uno mismo. Y Dios trata con todos nosotros y nosotros tenemos la obligación de hablar la Palabra de Dios conforme y está escrita. Y tenemos que darla a conocer ¿por qué? Porque es la visión de Dios. Son los propósitos de Dios y los tenemos que dar a conocer para que toda la congregación, toda la Iglesia pueda vivir de acuerdo a lo que Dios establece.

Nuestro Señor Jesucristo dijo que un día va a venir por su Iglesia, una Iglesia la cual él está preparando para presentársela pura, sin contaminación, sin arruga, y sin mancha. Dios está trabajando con cada uno de nosotros. No es que nosotros como predicadores queramos insistir en algunas cosas que están mal porque pues nos gusta molestar a la gente, nos gusta molestar a los hermano, ¡NO! Es necesario, así tiene que ser. Muchas ocasiones yo creo que para que nadie se enoje con los predicadores, digo: pues estaría bien predicarles por ejemplo del Pato Donald, de algunos cómics que sean interesante, algunas historietas, y así todo mundo estaría feliz, no habría ningún problema, nadie se enojaría.

Pero bueno la Palabra de Dios dice algo diferente, en Colosenses 1:28 A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.

Fíjate que importancia de lo que tenemos que compartir, de lo que tenemos que predicar. Dice la Escritura que cada persona se tiene que presentar delante de Dios, va a haber un día en el cual tú te vas a presentar delante de Dios, toda la humanidad se presentará delante de Dios. ¿Cómo nos tenemos que presentar? Perfectos. ¿Perfectos en qué? En Cristo Jesús. No perfecto yo, perfecto en Jesucristo. Jesucristo tiene que crecer por lo tanto en mí, en el creyente. Tiene que crecer en mí y esto es lo que verá Dios.

¿Qué tan crecido está el Señor Jesús en tu vida? ¿Qué tamaño tiene Jesús en ti? ¿Cuánto has menguado tú y has permitido que Jesús crezca? Esto es lo que va a ver, por eso dice que tenemos que amonestar a todo hombre, y enseñar a todo hombre la Palabra de Dios, la palabra de sabiduría para que cada uno haga conforme y lo que tiene que hacer para que mengüemos en nuestra carne, mengüemos a lo que nosotros somos y en nosotros crezca Cristo Jesús. Para que el día que nos presentemos delante de Dios seamos aprobados.

Si yo no menguo, cuando me presente delante de Dios no voy a ser aprobado, no voy a pasar, me va a reprobar. Y no importa que yo tenga como cristiano ya varias décadas, no importa que yo haya venido todos los domingos, no importa lo que yo haya hecho, si en mí no nació, no creció Cristo como debiera crecer, no voy a entrar al reino de los cielos. Para que nos podamos presentar conforme y la voluntad de Dios, perfectos en Cristo Jesús, insisto, tenemos que menguar a lo que somos y Jesús va a crecer en nosotros, no hay otra forma, no la existe.

Juan el Bautista cuando dijo esto estaba plenamente consiente del proceso que se tenía que dar. Yo menguo, Jesucristo crece, no hay más. No puede crecer Jesús en donde hay una plenitud mía, no es posible. Yo no puedo meter a un refrigerador lleno de alimento más alimento, no es posible. Para que yo pueda meter cosas nuevas y aun lo dice la Palabra, yo tengo que sacar lo viejo; saco lo viejo meto lo nuevo, así de sencillo.

Es lo mismo en nuestra vida. Yo quiero poner lo nuevo, yo necesito que Jesús crezca, entonces saco lo viejo, saco lo que yo tengo mío, yo menguo y entonces Jesucristo crece en mí. Esto es así de sencillo. Y el Señor nos va preparando para algo importante para su venida. Él nos está preparando para su segunda venida como lo dice la Escritura. Y yo puedo advertir a través de diferentes ministerios en diferentes partes del mundo, como Dios está hablando a través de sus profetas, le está diciendo al pueblo que es el tiempo, que se prepare porque el tiempo se ha acercado.

Créeme, Jesús está próximo a venir, no sabemos el día, no sabemos la hora, esto es algo exclusivo que sabe el Padre, nadie más lo conoce ni siquiera lo conoce Jesucristo, solamente el Padre. Entonces cuando alguien se levanta y dice: ya va a venir el Señor Jesús para tal fecha… ¡No es cierto, es mentira, es una falsa profecía! El otro día me dijeron: es que ya hay una persona que dice que el Señor le reveló que va a venir el año 2017. ¡Es falso! De acuerdo a lo que dice la Palabra es falso porque ni siquiera Jesús sabe el día ni la hora; por lo tanto no es así.

El Señor quiere que nosotros nos preparemos, quiere que nosotros seamos aquellos que se irán junto con él en su venida. Quiere que seamos esa Iglesia pura, limpia y sin mancha, sin contaminación, sin arruga, esa Iglesia perfecta que se va a ir con él, con Jesús.

Una de las ocasiones que nuestro Señor Jesucristo anunció a sus discípulos que moriría, le dijo que era necesario que así fuera, que esto se tenía que dar de este modo. No solamente porque iba a morir por nuestros pecados, no solamente porque íbamos a encontrar en él salvación; sino le hizo una revelación muy importante y le dijo: porque en la casa de Dios hay muchas moradas. Y les dijo: y yo voy a ir para allá. En otras palabras: yo me voy a adelantar precisamente para prepararles un lugar a cada uno de ustedes.

Esto mí me agrada mucho y me encanta ¿por qué? Porque cuando venga Jesús por nosotros nos vamos a ir con él y ya tenemos un lugar dispuesto en donde vamos a habitar, donde vamos a morar. Y esto es extraordinario. No vamos a tener que estar luchando con que y ahora ¿cómo le hago para tener una casita, pido un crédito a INFONAVIT, a alguna de esas instituciones crediticias, al banco? No, nos van a cobrar un dineral con los intereses. No, mejor vamos a hacer una cosa, pues vamos a rentar.

Y tenemos problemas aquí en esta tierra con todo esto. Y es maravilloso saber, al menos para mí, que el día que lleguemos al cielo vamos a tener un lugar cada uno de nosotros dispuesto por Jesús, donde vamos a morar. Esto es extraordinario, no vamos a ir y preguntarnos, ¿a dónde nos acomodamos? No, porque ya hay un lugar para nosotros, y Jesús ya se adelantó para prepararnos este lugar, y así se los dijo.

Entonces al mismo tiempo que les dijo esto a sus discípulos que les reveló esto, también les dijo que regresaría por ellos. Cuando la Biblia, y nosotros lo analizamos en el Nuevo Testamento, habla de este extraordinario acontecimiento que un día va a ocurrir, que no sabemos cuándo va a ocurrir, pero que sí sabemos que va a pasar, y es que vendrá el Señor por nosotros, dice el apóstol Pablo, y aun nuestro Señor Jesucristo lo dice en el Evangelio; se oirán las trompetas en el cielo.

Lo he comentado muchas ocasiones, lo hemos leído pero me gusta repetirlo porque es algo maravilloso, yo sé que ese día se va a dar, y vamos a escuchar las trompetas. De repente donde quiera que tú te encuentres vas a escuchar el sonido de las trompetas, y te va a hacer voltear y mirar al cielo y preguntarte, ¿qué está pasando? Y te vas a dar cuenta que es el tiempo en el cual Jesucristo viene por su Iglesia, viene por nosotros.

Y entonces vas a mirar después y al mismo tiempo que estás oyendo las trompetas, vamos a mirar descender del cielo a nuestro Señor Jesucristo. Lo vamos a mirar de entre las nubes; y dice el apóstol Pablo que los muertos en Cristo resucitarán primero se levantarán e irán hacia el Señor Jesús. Y después dice, los que estén vivos en Cristo, aquellos que aceptaron a Jesús, que están haciendo lo que el Señor establece también se irán con el Señor Jesús.

Y el Señor Jesús ahí entre las nubes recibirá a toda su Iglesia, a su Iglesia Universal y entonces, se irá a la presencia del Padre y ahí se celebrarán las Bodas del Cordero, y todos nosotros yo sé y así lo declaro por fe, estaremos ahí. Sabemos que se irán los miembros de toda la Iglesia Universal, y la pregunta aquí podría surgir, ¿habrá alguna selección o nos iremos todos con el Señor, todos los que estamos en la Iglesia, qué va a pasar?

¿Cómo puedo yo saber como cristiano si yo me voy ir con el Señor Jesús, si en el momento en que yo lo vea en las nubes si me voy a ir? Porque una cosa es que yo lo declare por fe y diga: me voy a ir. Y otra cosa es que esté dentro de la voluntad de Dios, que yo esté haciendo las cosas como Él las establece para irme con Él. ¿Qué va a pasar? ¿Cómo lo puedo yo saber?

Una ocasión platicando hace muchos años con un pastor denominacional me decía: nadie lo sabe, nadie sabe quién se va a ir y quién se va a quedar, solamente se sabrá hasta ese momento. Y yo no estoy de acuerdo, ¿por qué? Porque nuestro Señor Jesucristo establece de una manera bien clara quién se va a ir y quién no. y nosotros tenemos que mirar con transparencia, con honestidad a nuestro interior para saber si nos vamos a ir o nos vamos a quedar.

Después de que nuestro Señor Jesús les dijo a sus discípulos que se iba con el Padre para preparar moradas para nosotros, para sus discípulos les reveló que regresaría y les dijo qué sucedería.

Juan 14:3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Analízalo, no dice: los tomaré y los llevaré. No dice esto. Esto sería lo lógico, que venga Jesús, te tome y te lleve. Y así lo debería decir, es como cuando tú quedas de acuerdo con una persona y le dices: mira vamos a hacer una cosa, vamos a ir a tal lugar, yo paso por ti y te llevo. Nos vemos en tal lugar. Eso es lo lógico, es lo normal. Es lo normal que Jesucristo le pudo haber dicho a sus discípulos: Miren yo voy a preparar morada para ustedes, pero vendré otra vez en una condición diferente ya no va a ser como la primera vez que vine a la tierra, ahora va a ser distinto; yo vendré.

Y debería decir: Y los tomaré y me los llevaré con el Padre, eso es lo lógico. Sin embargo dice: os tomaré a mí mismo. En otras palabras, ¿qué es lo que tiene que suceder para que una persona se vaya con Jesús, para que Jesús se tome él a sí mismo? Nosotros sabemos que nuestro Dios es Omnipresente, es Omnipotente y Omnisciente. Pero Omnipresente, es decir que está en todo lugar al mismo tiempo, él tiene esta capacidad.

Por lo tanto, en estos momentos nuestro Señor Jesucristo está en cada uno de nosotros, en cada uno: y está en cada uno de los creyentes en todo el mundo, en cada uno de los que le han aceptado, vive en cada uno. Por lo tanto, al estar él en cada uno, cuando él venga dice: yo me voy a tomar a mí mismo. Es decir, de la persona en la que esté, no importa con quién esté él, él se va a tomar a sí mismo.

Esto es como un imán. ¿Cómo actúa un imán? Tú tienes un imán, lo acercas a un objeto, y el objeto es atraído por ese imán. Hay imanes muy potentes, y esos imanes muy potentes los acercas a objetos más grandes y los jala rapidísimo. Hay maquinarias especiales que tienen imán para apretar las piezas; entonces pones la pieza, activas el imán y puedes trabajar sobre esas piezas a unas velocidades tremendas porque no se va a mover por el imán tan fuerte que tienen que es lo que los sostiene.

Entonces yo veo que nuestro Señor Jesucristo va a ser como un imán, que a la hora que él venga, él se va a atraer a sí mismo en nosotros y nos va a jalar, nos va a llevar. Eso es lo que dice: me tomaré a mí mismo. Yo me tomaré a mí mismo, dijo Jesús, en cada uno. ¿Cómo garantizar esto yo como cristiano? De una manera muy sencilla, es necesario que Jesús crezca y que yo mengue, no hay de otra. Si yo no tengo en mí un crecimiento de Jesús, entonces va a haber un problema, no va a funcionar ese imán, no voy a ser atraído por Jesús.

Esta es la importancia de tener a Jesucristo en nuestro interior. Si no, Jesucristo lo hubiera planteado de otro modo, lo hubiera dicho de otro modo. ¿Sabes qué? No hay problema, tú sé lo que quieras ser, acéptame, y si tú me aceptaste como dice la iglesia denominacional, tradicionalista, porque así les conviene decir: no te preocupes lo importante es que tú ya recibiste al Señor, y después de haberlo recibido nadie te va a poder borrar del Libro de La Vida donde se anotó tu nombre.

Pero eso es falso, sí puede ser borrado nuestro nombre, sí nos podemos quedar, podemos no ser atraídos por Jesús. Por eso la Palabra nos insiste tanto, y el Señor insiste tanto en el trabajo que nosotros tenemos que hacer a nivel espiritual. Yo tengo que menguar a todo lo que yo soy, no importa cuántos años fui de un determinado modo, no importa lo que yo era, no importa todo lo que yo traía. Yo todo eso lo tengo que hacer a un lado, lo tengo que quitar y tiene que crecer en mí Jesucristo. Tengo que ser a la imagen y a la semejanza de Cristo Jesús.

Entonces necesitamos que Cristo Jesús crezca en nosotros, y yo tengo que trabajar en ello. En ello no va a trabajar nadie más, yo de una manera personal lo tengo que hacer. Juan el Bautista lo tuvo que reconocer, tuvo que reconocer que él había hecho un ministerio, que él había hecho ciertas cosas pero que ya era el momento en que Jesucristo creciera. Y así en nosotros. Tal vez ha habido cierta apatía, tal vez no hemos hecho lo que debemos hacer de una manera plena, tal vez nos ha faltado mayor decisión, tal vez no hemos sido del todo radicales para crecer en el Señor, ¡ES TIEMPO QUE LO HAGAMOS!

Acaba de haber este viernes y sábado pasados un congreso en Cuautitlán Izcalli, uno de los predicadores es profeta, ustedes lo conocen a Roberto Evans. Él al igual que otros predicadores que ahí estaban, estuvo Ernesto Alonso, Juan Speaker, hubo varios y dijeron que el Señor les ha mostrado que el tiempo es breve, que viene por su Iglesia, y que la Iglesia tiene que estar preparada.

Nuestra preocupación en el liderazgo es que la iglesia, la congregación esté preparada, que todos nos vayamos con el Señor. Ese es nuestro deseo, ese es nuestro anhelo como dijo el apóstol Pablo, que la Iglesia se fortalezca, que crezca y que nos vayamos. Es por ello que Dios quiere que cada uno de nosotros miremos a nuestro interior para quitar todo aquello que no sirve, para alcanzar una estatura, la estatura de su Hijo amado. ¿Cómo puedo yo alcanzar la estatura de Cristo Jesús? No la voy a alcanzar yo, no nos engañemos, es Cristo Jesús en mí, Jesucristo en mí, ahí tiene él que crecer.

Efesios 4:13 Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

¿Cómo poder alcanzar la estatura del Varón perfecto, cómo poder alcanzar esta plenitud que existe en Jesucristo? Dejando que Jesucristo crezca en nosotros, no hay de otra forma. Ya es un tiempo en el cual tenemos que mirar hacia las cosas espirituales, y mirar un poco hacia el futuro y ver el tiempo que nosotros podremos estar en la presencia de Dios, que es por la eternidad. Ya no le demos tanta importancia a las cosas terrenales, ya no le demos tanta importancia a todo lo que nosotros hemos sido durante todos estos años.

Es tiempo de menguar, y que Cristo Jesús crezca en nosotros, que tengamos el pensamiento, que tengamos el sentimiento de Cristo Jesús. Que nosotros seamos a la imagen y a la semejanza del Señor. Eso es lo que el Señor quiere. Si nosotros lo hacemos así, nosotros vamos a tener la seguridad y lo podremos declarar, que el día que Jesús venga por su iglesia decir de una manera categórica: ¡Yo me voy!

Y yo me voy porque Cristo Jesús ha crecido en mí. Y yo puedo ver que todo lo que yo era, ya no soy. Ahora es Cristo en mí y está creciendo y sigue creciendo, y no vamos a dejar de crecer. Siempre vamos a crecer más conforme y la voluntad de Dios. Dice la Palabra del Señor que nosotros necesitamos tiempos de oración, tiempos de comunión con Dios; esto es lo que perite que el Señor se manifieste en tu vida y que tú crezcas. Tiempos de lectura de la Palabra, para conocer la voluntad de Dios y ponerla por obra.

Necesitamos esos tiempos, necesitamos tiempos de alabanza, tiempos de adoración con Dios. Meternos en su presencia y alabarlo, tenemos que dedicar tiempo a ello. Tenemos que hacer dentro de todas nuestras actividades espacios, tiempos para estar en comunión con Dios, ¿por qué? Porque esta es una inversión, una inversión para el reino de los cielos. ¿Te quieres ir con el Señor? Tienes que hacer esto, no hay de otra. ¡Tienes que menguar!

Ya no podemos decir: ah es que yo soy Cano y así este es mi apellido y así eran todos los Cano. ¡NO, ya no! Yo ahora el Cano ya no me sirve para nada, tal vez para identificación en este país. Pero la verdad es que en mí tiene que crecer Jesucristo, yo tengo que menguar, y lo debemos tener bien claro en nuestra mente. Dale el tiempo que necesita el Señor, dáselo. No estamos haciendo todo lo que debiéramos, nos estamos quedando cortos, no estamos dándole todo lo que le debemos dar al Señor.

Y te voy a hacer dos invitaciones, si tú no has recibido a Cristo Jesús en tu corazón, en tu vida y lo quieres recibir en esta hora, dile al Señor: Señor ven a mí. Y dile al Señor en esta hora: Señor en el nombre de Jesús, en esta hora yo te quiero recibir en mi corazón, yo ya no quiero seguir viviendo como vivía, ahora quiero vivir conforme y tu voluntad. Y para ello sé que necesito que tú estés en mi interior.

Perdóname de todos mis pecados, quiero vivir una vida conforme y tu voluntad, una vida nueva por lo cual yo quiero que tú me llenes de ti en esta hora, para que yo pueda caminar dentro de lo que tú estableces, y tú crezcas en mí conforme y tu voluntad y propósito. Yo anhelo estar contigo por la eternidad, por lo tanto Señor tú eres el Camino, la Verdad y la vida, y quiero que me lleves contigo a tu presencia.

Y el segundo llamado es el siguiente: Muchos no hemos menguado al Señor, no hemos menguado a nuestra vida y no hemos permitido que el Señor crezca. Si tú quieres menguar dile en este momento al Señor, ahí donde estás: Señor quiero menguar, así como lo dijo Juan el Bautista, quiero menguar a lo que yo soy, quiero menguar a todo lo que yo he sido en todos estos años. Hay áreas que yo te he entregado, áreas en donde tú te estás manifestando con poder y estoy haciendo tu voluntad, pero hay áreas en donde no he permitido que tú entres.

Áreas en las cuales yo sigo viviendo como antes las vivía, y quiero en esta hora menguar. Por lo tanto, yo te pido Señor que esas áreas que me son difíciles, yo pueda menguarlas, pueda hacerme a un lado y que tú crezcas. Señor Jesús quiero que crezcas en mí, quiero ser conforme a tu imagen, conforme a tu semejanza, quiero sentir, pensar y actuar de la misma manera que tú, por lo tanto, sé tú creciendo en mí en todo momento.

Tú eres el único que puede agradar al Padre, sé en mí para que yo lo pueda agradar en ti. Manifiéstate con poder a mi vida y gracias te doy Señor por tu inmensa misericordia. Sé que vienes pronto, sé que los tiempos se acortan, que los tiempos se han acercado y tengo la plena convicción hoy, que el día que tú vengas me iré contigo, y en tu propio nombre Señor Jesús a ti sea la honra y la gloria por la eternidad, amén.

Dios los bendiga.
Por: Instituto levantaré


Por Su Causa ’10: 04 — Viviendo Bajo la Cruz

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