¿Y no queréis venir a mí? 7

marcos1231

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Mateo 22:39

Estamos viviendo en un mundo difícil, la violencia está por las nubes, la destrucción de los ecosistemas disparado, la delincuencia ni se diga; en cualquiera de las grandes metrópolis del mundo la violencia y la delincuencia alcanzan niveles inimaginables. La pobreza está excesivamente elevada a nivel mundial, la desigualdad es evidente, el desplazamiento forzado por violencia y hambre se da en la gran mayoría de los países que existen, en pocas palabras, vivimos en un escenario complicado. Lo triste es que todos somos conscientes de la realidad pero no hacemos nada para mejorarla, para cambiarla, para transformar la sociedad. Las noticias nos saturan de reportajes crueles, inhumanos, los seres humanos no se tratan como tales, por decirlo de otra manera, estamos deshumanizando a la humanidad, puede sonar triste pero es lo evidente. De alguna forma todos participamos de este desastre, precisamente porque todos vivimos en este planeta, hermoso aún, llamado tierra, así que todos somos conscientes de lo que acontece, toleramos lo cruel y ya no nos inmuta tanta violencia en el mundo.

En lo que respecta a lo económico, vivimos atropellándonos en aras de conseguir aquello que según el mercado “nos da felicidad”, nos hemos convertido en números en la gran cadena de producción mundial. Estamos dejando de ser humanos para ser convertidos por el mercado en máquinas de consumo y producción, la hermosura de la vida cada día se distorsiona, llegando al límite de pensar que sólo en las posesiones está la síntesis de la vida. Hoy vivimos en un mundo dominado por el Capital; las grandes multinacionales atropellan con su filosofía de producción, donde el empleado produce más de lo que gana, así que la balanza siempre se inclina desfavorablemente para el trabajador y no hay control del Estado ante eso, filosofía y ejecución del modelo neoliberal. Esta desigualdad lleva a que la pobreza cada día sea más evidente, pues a mayor riqueza de aquellos que tienen el capital, mayor pobreza. Tristemente el poco dinero que tiene el ciudadano común es absorbido por las diferentes técnicas de captación del modelo económico, que cada día presenta a la humanidad mayores necesidades que requieren uso del capital, de la moneda, lo que quiere decir que el dinero siempre tendrá un destino, las manos de los poderosos.

La pobreza es el resultado de la injusticia social, una sociedad egoísta que no comprende que somos parte de un todo y no el todo, el centro (posición egocentrista del ser humano). Las riquezas van a manos de un pequeño grupo selecto, mientras que una gran parte de la población muere de hambre y sed. Este egoísmo humano lleva a la corrupción, a ella no le importa el bienestar del otro. Las condiciones de trabajo digno disminuyen. Esto origina grandes grupos de pobreza que suelen habitar en las periferias de las grandes ciudades. La falta de empleo es motivo de delincuencia, ya que las condiciones para acceder a la educación se hacen menos favorables para quienes tienen que trabajar desde niños para llevar sustento a los hogares. Muchos de estos niños terminan en pandillas, donde ven que pueden obtener mejores ganancias en el mundo de la delincuencia.

Jesús y su prójimo

Jesús nace en Palestina y vive su niñez en Nazareth, un lugar bastante pobre, no se tenía en cuenta. Flavio Josefo no da referencia del lugar cuando cita 45 pueblos en Galilea, tampoco aparece en el Talmud, que menciona 65 poblaciones. Sus amiguitos eran muy pobres, muchos de ellos murieron niños, algo muy triste para él, lo experimentó, vivió el sufrimiento de muchos. Jesús experimenta de niño el dolor de la madre que ve a su hijo morir de hambre o de alguna enfermedad imposible de tratar porque los médicos son muy costosos.

Jesús nace en un contexto opresivo. Roma dominaba Palestina en el siglo I d.c., la cual atravesaba por una gran crisis económica, y eran muy comunes las migraciones en busca de trabajo y Nazareth era muy pequeña, había que salir a buscar el sustento. Encontramos dos ciudades a las que muchos constructores (Tekton) como el padre de Jesús, José, iban a trabajar. Estas ciudades eran Séforis y Tiberíades, dos localidades importantes en las que vivía la elite. Así que Jesús empieza a observar una marcada desigualdad marcada por los que tenían mucho y vivían en casas lujosas viviendo del trabajo de la gran mayoría de la población que eran pobres, los cuales tenían que vivir en condiciones precarias, inhumanas e injustas. Eso ve Jesús, así que nos lo encontramos preocupado por la gente, por los pobres. Son ellos los que están cercanos a Dios y su acción gira en torno a ellos. Jesús también observa la crueldad de Roma, su “pax romana”, principio impuesto por Augusto, es una extraña paz y una seguridad que se mantienen gracias a la violencia con la que Roma trataba a sus enemigos. Para Plutarco y Tácito esta “paz romana” estaba llena de “Sangre y Cadaveres”. Otro aspecto que observa Jesús es la forma tan deshumanizante en la que son tratados los enfermos, olvidados y apartados por una sociedad que veía cualquier enfermedad de la piel como lepra, como castigo del creador, lo que lo hacía ceremonialmente impuro, es decir, retirado de lo sagrado, de Dios mismo. Jesús se da cuenta de la forma tan deshumanizante con la que es tratada la mujer. Esto es lo que observó Jesús en su contexto. Todo lo anterior nos lleva a comprender las palabras pronunciadas por Jesús en medio de su predicación, de su ministerio itinerante “Ama a tu prójimo como a ti mismo (Marcos 12,31; Lucas 10,27; Mateo 19,19)”, es un grito desgarrador de Dios hacia los hombres y mujeres de su época, es el deseo del Creador de que cada ser humano entienda que no es el centro de la creación, es una parte del todo y que por lo tanto de su respeto, de su amor al prójimo dependerá su existencia.

¿Quién es mi prójimo?

Para Jesús es claro que el prójimo es todo aquel que no soy yo, y desde esa perspectiva le ayudo, siento compasión de él, no tengo en cuenta su condición social, raza, religión o sexo (Lucas 10,25-37). Veo en el prójimo la manifestación visible de Dios, su obra perfecta. Jesús empieza a enseñar esto a sus discípulos, a recrear en ellos la antigua alianza, donde todos eran iguales entre sí y donde las pirámides sociales no existían. Ente ellos no debe repetirse el modelo social imperante, piramidal, jamás. De hecho el mayor no es al que le sirven, sino el que sirve; todo un mensaje revolucionario para su época. El maestro enseña con el ejemplo. Recuerden a la mujer que estuvo a punto de ser apedreada; una ley sentenciaba su ejecución, pero él pone por delante la ley superior, la mayor de todas, el amor. Así que sus palabras, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, no son solo una expresión de un hombre amoroso, sino de alguien que comprende que este principio va en contra de todo el orden social, económico y político, orden por cierto tiránico, excluyente, pues solo piensa desde la individualidad y no desde la colectividad. Para Jesús, este mensaje breve pero profundo es una invitación a comprender el Reino de Dios, es decir a comprender que la justicia, la igualdad, el amor, el respeto, la tolerancia, son principios del reino, “Yo deseo que tengan vida y la tengan en abundancia (Juan 10,10)”.

Un grito, una invitación a reflexionar

En la actualidad el mensaje de Jesús se ignora en muchas comunidades de fe, las cuales se han convertido en cueva de ladrones, negociando la fe, aprovechándose del dolor del creyente, del sufrimiento de aquellos que consideran que en Dios encontrarán descanso. Pastores sin escrúpulos que aprovechan su condición para hacer creer a los fieles que a Dios se le compra con dinero. El neoliberalismo tocó las iglesias, las corrompió; el individualismo queda reflejado cuando me congrego pero no conozco a mi hermano que se sienta a mi lado, no conozco su nombre. Sólo me interesa mi salvación, mi encuentro con Dios, algo personal, nada comunitario tal y como se refleja en el ejemplo de unidad en el que vivían los discípulos de Jesús. El Pastor es al que le sirven y ya no está para servir, es una figura que está por encima de la grey. Ama a tu prójimo como a ti mismo es la invitación de Jesús para volver a las raíces del cristianismo. Ama a tu prójimo como a ti mismo es la invitación de un hombre humilde del siglo I d.c. que hoy grita el mensaje de unidad, de amor entre todos los seres humanos. En medio del dolor humano, de la desigualdad, del desplazamiento por la violencia, en medio del hambre y sed de justicia en una sociedad que se deteriora por la falta de valores, que se hunde en medio del orgullo tecnológico, de su economía “blindada” salvadora, Jesús nos invita a reflexionar, a comprender que debemos amarnos, que debemos valorarnos; reflexionar sobre nuestro verdadero papel en el universo; dejar de ser instrumentos, máquinas de producción; dejar de entrar en la dinámica consumista que vuelve esclavas a las personas. Amar al prójimo es comprender que mi prójimo no solo es humano, sino también universal, mi prójimo también es todo lo creado, la tierra, el agua, la selva, los animales, todo cuanto existe, que comparte este planeta. Todos somos uno en Cristo. En esa comprensión dejo de creer ser el rey del universo y empiezo a comprender que soy parte del cosmos, de ese universo inmenso, complejo, fantástico.

Jesús nos invita a la reflexión a empoderarnos de nuestro compromiso como cristiano en este mundo tan caótico. Jesús no habla, nos sigue gritando: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”


Y no queréis venir a mí para que tengáis vida (Parte VII)

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