Taller familiar 116

Taller familiar
Samuel Clark
sembrando y cosechando

Queridos Amigos:

Hay un pasaje que todos los padres de familia debeos estudiar, aplicar, repasar y compartir con nuestros hijos: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos” (Gál. 6:7-9).

Les invito a profundizar esta gran verdad relacionándola con la familia. Primero pensemos en la locura tan común de pensar que podemos burlar a Dios. ¿Cómo? Por nuestra manera de vivir. Muchas veces es obvio que creemos que Dios no ve lo que hacemos. O que no le importa. O que no importa cómo nos comportamos ya que “hemos creído en El”. Me parece que burlarse de Dios es tratar de vivir como si no habrá un Día de Rendimiento de Cuentas en que todos debemos comparecer ante el Tribunal de Cristo (II Cor. 5:10 y Rom. 14:10). Cuando no hacemos caso a las amonestaciones de los profetas y apóstoles y vivimos como queremos, “a mi manera”.

Hebreos 4:13 dice que “no hay cosa creada oculta a Su vista, sino que todas las cosas están al descubierta y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Por esto es una locura pensar que podemos esconder nuestra conducta diaria de Dios. Cuando Caín mató a Abel, pensó que Dios no lo sabría pero el Señor le preguntó, “¿Dónde está tu hermano?” Y luego le dijo “la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Gén. 4:9,10). Abundan historias bíblicas de personas que pensaron que Dios no vio su pecado y que no pasaría nada al respecto. No nos debemos dejarnos engañar por “el engañador” con semejantes ideas.

Sí, hay consecuencias, amigos. Hay perdón y limpieza si confesamos y abandonamos el pecado. Y hay vida y servicio posible como vemos en el Salmo 51 donde David confiesa y pide misericordia por su doble pecado tan terrible de adulterio y asesinato. Pero por muchos años hubo consecuencias terribles en la vida y la familia de David. No permitan que maestros errados les convenzan que no hay consecuencias por lo que hemos hecho.

Ahora bien. ¿Cuáles son esas consecuencias? La ley de la siembra y la cosecha. Todo lo que se siembra se segará. Lo malo y lo bueno, la carne y el Espíritu producen “frutos”. Pablo explicó (Gál 5) que la decisión básica del cristiano sobre cualquier plan de acción debe ser la elección de someterse al Espíritu Santo y que El nos guiará a cumplir según la voluntad de Dios. Sí, el Espíritu nos guía, recordando todo lo que hemos conocido en Su Palabra. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios” (Rom. 8:14) También Cristo nos prometió: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14:26). Tal vez esto no sucede en muchos porque no oyen, leen, estudian, memorizan o meditan mucho las Escrituras.

Cuéntalo por seguro, amigo, esta ley de la siembra y siega va a funcionar cada vez que elegimos andar en el Espíritu y obedecer Su Palabra, o elegimos hacer lo que nos dé la gana. Cuando la Biblia nos dice “todo” esto quiere decir “sin excepciones”. Hay grandes bendiciones y gozo en los caminos del Señor, pero sólo hay tristeza, vergüenza y problemas cuando no andamos en Sus caminos. Moisés dijo a la Nación de Israel: “Y ahora, Israel, ¿qué requiere de ti el Señor tu Dios, sino que temas al Señor tu Dios, que andes en todos sus caminos, que le ames y que sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y que guardes los mandamientos del Señor y sus estatutos…?” Cristo nos dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:10). Y también “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14).

En la familia cristiana debe haber un compromiso con nuestro Señor para buscar Su voluntad en todo y luego hacerlo. Nos debemos animar unos a otros a vivir en esta manera, “sembrando para el Espíritu” y no a la carne. Sólo así podemos evitar aquellas consecuencias malísimas que tendremos que segar si seguimos los deseos de la carne.

Quiero decir una palabra de ánimo a todos también. Errores no tienen que ser fatales, caídas no tienen que ser terminantes para el cristiano. Somos débiles y la carne es fuerte. Pero el Apóstol Juan nos dio esta gran promesa precisamente después de hablar de la amonestación de andar en la Luz y no en las tinieblas (1 Juan 1:5-10) cuando escribió: “…os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). Esto es para que no nos desanimemos con nuestras caídas y errores.

Pablo termina su exhortación con una nota de seguridad, diciendo que si no nos cansemos segaremos en el tiempo perfecto de Dios. Esto es de mucha ayuda a los padres de familia. A veces creemos que el trabajo que hemos hecho con nuestros hijos no está produciendo los frutos que queríamos. Tenemos muchos amigos de nuestra edad avanzada que han experimentado lo mismo que nosotros y tuvieron que orar por 15, 20 ó 25 años para cosechar lo bueno que trataron de sembrar en algunos hijos. Pero qué gozo es ver la verdad de esta promesa después de tantos años de fracasos y rebelión. Amigos, padres, si no están viendo la cosecha deseada, no se cansen, no se desmayan. Dios es fiel y cuando menos piensan puede dar esa cosecha de bendición en sus hijos más difíciles.

Nos toca vivir la vida de fe y seguir sembrado con la Palabra y la oración sin cesar para ver el fruto, o tal vez aún después de morir nosotros Dios cumplirá Su propósito y promesa. Así que tengamos ánimo.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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