Taller familiar 118

Taller familiar
Samuel Clark
la diferencia entre casa y hogar

Queridos Amigos:

¿Saben Uds. la diferencia entre una casa y un hogar? En primer lugar, una casa significa un edificio hecho para habitar, pero puede ser ocupada o vacía. La misma palabra griega OIKOS a veces es traducida “su casa” o “su hogar”. Esto me hizo pensar en otra diferencia: la casa puede ser su habitación pero el hogar es donde está su familia. Hay un dicho bonito: “El hogar es donde está el corazón.” En otras palabras, no se trata tanto de dónde mi cuerpo duerme, se baña, come o trabaja, sino donde están los que más amo.

Creo que es por esto que se dice que algunos tienen “otra casa” pero no “otro hogar”. Entonces, el hogar es donde una pareja está establecida legalmente y ojalá espiritualmente unida también. Normalmente, decimos “Voy a mi casa” en el sentido de la dirección donde habito. Pero cuando estamos lejos decimos “Voy a mi hogar”, porque allí está mi familia y mi corazón.

El corazón nunca debe estar dividido. El de “doble corazón” es el que no puede fijar su corazón en un solo lugar sino que está pensando luego en esta y luego en otra casa o persona. Dios nos manda tener un corazón unido que le ama a El únicamente o “de todo corazón, alma y mente” (Mt. 22:37). Asimismo debemos amar a nuestro cónyuge e hijos para tener un hogar donde el corazón encuentra un eco de amor de todos los demás.

Es muy triste hoy en día oír a unos decir: “Ya no le amo a mi cónyuge”, o ver casas donde los hijos no aman a sus padres o hermanos. El hogar es el lugar donde el amor debe abundar y rebosar a todos los que entran en él. La tragedia de nuestra generación es que no entiende esta diferencia entre casa y hogar.

El amor que hace falta es el amor AGAPE, o sea, el amor que busca el bien del otro antes que el propio bien. 1 Corintios 13:5 dice “no busca lo suyo…” En un ambiente de este tipo de amor el corazón echa sus raíces y siempre quiere volver allí.

Me ha tocado viajar mucho en mi vida – para estudiar en la universidad, para servir en el ejército, para prepararme para servir a Dios y luego en el servicio del Señor en la América Latina. Tuve que poner mi amor a mi familia en segundo lugar porque muchas veces mi llamamiento requería esta separación de mi familia. Siempre fue tan agradable volver a mi hogar porque el amor era un imán gigante que me atraía a mi familia.

Cuando no hay ese amor, el hogar se reduce a un sitio de servicio completo: comida, ropa, cama y poco más. En esa situación no es nada raro que uno deja de llegar y encuentra otro sitio donde puede recibir lo mismo pero más en el aspecto emotivo. Luego, hay dos casas hasta que se rompa formalmente los nexos y hay esa separación total con todos los dolores que causa.

He observado a parejas que vivían juntos por 20 años o más así y luego se separan. Cuando falta este pegamento del amor AGAPE todos los otros amores empiezan a faltar también, hasta el EROS, la parte sexual; el FILEO, la parte amistosa, y por fin el STERGO, la parte de la lealtad y fidelidad.

Es por esto que yo busco con esta reflexión sobre el hogar fortalecer lo único que puede unir nuestros corazones, el amor que emana del Espíritu de Dios, el AGAPE que no compite con los otros amores sino que los completa en amor total. Los que tenemos esta clase de hogar unido y completo hemos experimentado un poquito de lo que es aquel Hogar Celestial donde no existe el egoísmo sino el fenómeno llamado Comunión donde se da y se recibe plenamente sin interés personal. Si Dios es Amor (AGAPE), entonces Su Hogar va a ser un amor perfecto.

Meister Eckhart, viejo maestro del Siglo 17, dijo: “Para que dos lleguen a ser uno, uno tiene que morir”. Hemos encontrado que ésta es la verdad y una fórmula para experimentar el AGAPE porque morir significa decir no a mi mismo, a mi ego, para amar, servir, ayudar a mi pareja. Hemos encontrado que a veces ella tiene que morir, a veces yo, a veces los dos al mismo tiempo para vivir esa experiencia de amor divino. ¡Que poco cuesta este tesoro tan grande!

Muchos nos creen anticuados cuando tratamos de vivir así y hay quienes nos critican como ”locos, fanáticos, e ignorantes”. Pero podemos decir que el tener un corazón unido entre los dos ha sido el secreto principal de estos 50 años de matrimonio que estamos cumpliendo en 2012. No somos perfectos, pero somos tan felices y no tenemos tristezas que lamentar. Claro que hemos tenido problemas que superar, pero hemos encontrado la mano ayudadora del cónyuge y no la agresión, la crítica o el abandono. Con todas nuestras imperfecciones tuvimos mucho que aprender en el área de la tolerancia de las debilidades del cónyuge, pero fue posible porque decidimos hace muchos años nunca “pelear” sino amarnos aun más en los problemas.

El amor AGAPE tiene poder porque es una decisión, no una emoción. Así que cada vez que yo o mi cónyuge decide amar y no pelear es una victoria. Aunque puede ser victoria de uno y no el otro al principio, el amor siempre gana la victoria y ya son dos y no uno solo. Aprendimos a hacer lo que ayude al cónyuge con alegría y no con tristeza, porque la tristeza sólo entristece al otro. El amor sin gozo no es el amor AGAPE (porque no ayuda al otro salir de su tristeza).

Con estos pensamientos acerca de cómo debería ser un hogar cristiano, doy gloria a Dios. Él nos bendijo con excelentes ejemplos (y reto). Crecimos en hogares así. Como solteros vivíamos en hogares de amor y vimos las tremendas bendiciones que Dios dio a esas familias cuando los esposos prefirieron morir para vivir en amor. Cari por su parte y yo por la mía recibimos fuertes lecciones en las pruebas de la vida normal que observamos. Años después, al conocernos y amarnos propusimos vivir así. Damos testimonio de que sí funciona.

Damos tantas gracias a Dios por las victorias que hemos visto en matrimonios jóvenes al oír y comenzar a practicar estas mismas lecciones. No se desanimen si su hogar no es un nido de amor AGAPE todavía, pues, puede serlo si están dispuestos a buscarlo en oración y sumisión al Espíritu Santo.

¡Que Dios multiplique estos hogares de amor en toda la América Latina como fuerte testimonio al poder de Jesucristo para transformar vidas y familias enteras!

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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