Taller familiar 12

Taller familiar
Samuel Clark
La Crianza de los Hijos 5

Queridos amigos casados:

Continuamos en los deberes de los padres para con sus hijos, partiendo de los textos paulinos:

“ Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación en el Señor” (Ef. 6:4)

“ Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Col. 3:21).

Primero, debemos pensar en cómo podemos provocar o exasperar a nuestros hijos. Provocar es “enojar profundamente, continuamente”. Exasperar es “irritar, llevar a una alteración de su ánimo”. Los padres hacemos esto con regaños continuos, críticas de todo lo que hacen, ironías que no pueden captar, chistes malos acerca de su persona, su ropa, sus amigos, etc. También con correcciones fuertes, castigos espontáneos no bien medidos a la situación o lo que les parece injusto. Pasar por alto muchas veces algo que hacen y luego explotar por la misma cosa también les afecta mucho. Con razón se desalientan.

Un amigo y mentor nuestro, Jorge Sánchez, nos enseñó a usar “Las Tres C” en la disciplina de nuestros hijos: Consideración, Corrección y Consistencia. La consideración es recordar que son pequeñas personas con todos los sentimientos de un ser humano y que son indefensos, asustados y vulnerables ante sus padres grandes y fuertes. Consideración es ponerte en los zapatos del otro. ¿Cómo te gusta ser tratado? La Regla de Oro en la práctica. Por falta de consideración se cometen los abusos mentados en la televisión y los periódicos.

La corrección no es siempre castigo. Toda buena corrección muestra lo que es malo y lo que es bueno. El castigo o la disciplina es necesario para reforzar la corrección en el caso de una desobediencia, una rebelión contra la autoridad, un desafío a las reglas. A propósito, las reglas deben ser unas pocas esenciales en los niños chicos y aumentadas a la medida de que se desarrollan en capacidad de entender el porqué de ellas. Pero, amigos, la Biblia está claro en que la disciplina es necesaria. Niños indisciplinados son una segura aflicción futura para sus padres, un problema para educadores, familiares y amigos que tienen que aguantar los y una amenaza contra la sociedad futura. El libro de Proverbios muestra cómo Dios quiere que la corrección física sea aplicada, especialmente en los primeros años, cambiando a otras clases de castigo en la pubertad y adolescencia. Consideren las siguientes citas y anoten lo que observan de ellas en este aspecto vital:

Proverbios 3:12
Proverbios 13:24
Proverbios 19:18
Proverbios 22:15
Proverbios 23:13,14
Proverbios 29:15,17

La consistencia es otra clave. Todo se echa a perder si decimos que vamos a hacer algo y no lo hacemos. Las promesas deben ser cumplidas – las cosas buenas como las consecuencias de una desobediencia. Si no somos consistentes y constantes, los niños no tendrán seguridad. Es muy difícil cumplir con planes y propósitos que hacemos con los mejores objetivos en nuestra mente cuando estamos cansados o desanimados o distraídos por nuestras propias ondas egoístas.

La disciplina debe ser equilibrada con la amonestación, la instrucción, y el entrenamiento por palabras bien pensadas y expresadas. La buena comunicación padres-hijos incluye palabras de ánimo cuando hacen bien, de motivación cuando están desanimados, de placer cuando triunfan, pero, cuando sea necesario, de reprobación de actos malos (no de su persona), de advertencias en tiempos de peligro y de reprensión de malas actitudes.

El ejemplo del Sumo Sacerdote Elí en el tiempo de los jueces es de pésima disciplina y amonestación. Dios le acusó de menospreciar a Dios y de honrar a sus hijos más que a El porque Elí “no los reprendió” (1 Samuel 2:1-36 y 1 Samuel 3:1-21). Elí era muy anciano y trató de amonestarlos tímidamente, como muchos padres modernos, pero para Dios eso no era nada. Creo que Elí los reprendió poco cuando eran chiquitos, menos cuando eran jóvenes y nada cuando eran grandes. Este es el resultado: hijos menospreciados, rechazados y castigados por Dios.

David cometió el mismo error con algunos de sus hijos, con terribles consecuencias. La Biblia nos da estos malos ejemplos para que aprendamos y no tengamos que sufrir los mismos resultados. Si no queremos seguir la Palabra de Dios sino las siempre cambiantes teorías del mundo, vamos a tener que experimentar estas tragedias familiares.

Proverbios 22:6 dice que debemos enseñar al niño en el camino en que debe andar. El resultado será que aún cuando sea viejo no se apartará de él. Algunos entienden esto como el iniciar al niño en un camino según sus aptitudes, anhelos, sueños o preferencias. El problema de esto es que pocos niños saben lo que realmente quieren. Tienen planes muy idealistas o pasajeros. Otros sí saben y sus padres pueden y deben ayudarles, prepararles e instruirles en todo lo que puedan para conseguir sus metas, si son dignas. Si no las son, hay que mostrarles por qué no las son. A todo costo debemos entender esto y no tratar de forzarlos a ser lo que nosotros queremos. Tristes son las vidas de los que tuvieron que luchar contra los planes paternales para llegar a ser lo que realmente deseaban ser.

Yo tomo la posición que esta instrucción es la espiritual más que la vocacional. Los caminos nuestros (humanos) no son los del Señor (Is. 55:8,9). No es natural el deseo de conocer a Dios y Sus caminos. El niño tiene que ser enseñado en este camino divino. No es el cristianismo como religión sino la realidad de una relación personal con un Dios de amor que dio a Su Hijo, el Camino a Dios. Enseñar al niño a conocer a Jesucristo y así al Padre y al Espíritu de Verdad (el Consejero) es la tarea primordial de los padres. No es la de la Iglesia, las escuelas religiosas, organizaciones para evangelizar a los niños, ni nadie más. A nosotros los padres nos ha sido dada esta responsabilidad. Desde el Antiguo Testamento hasta el día de hoy Dios responsabiliza a los padres por la instrucción espiritual de sus hijos.

Si no sabes hacerlo, busca ayuda en librerías cristianas y apoyo de cristianos que han tenido éxito en esta educación de sus hijos. Deuteronomio 6 nos da un pequeño currículum de los temas mayores: Amor a Dios, Obediencia de Su Palabra, Temor de Dios (reverencia) y el Conocimiento Verdadero de Dios. Nos dice cómo, dónde y cuándo hacerlo. Lee Deuteronomio 6:1-15 juntamente con Deut. 5:16 para ver cómo nos toca a los padres motivar y animar a nuestros hijos a obedecernos para que les vaya bien y vivan largas vidas productivas. Si faltamos en esta educación espiritual, estamos dejando que nuestros hijos sigan caminos que no son buenos y les causarán muchos problemas y la pérdida de las bendiciones que deberían heredar de una familia cristiana de verdad.

Que Dios les ayude a aceptar esta fuerte exhortación que sólo pretende traer la bendición divina a nuestros hogares.

Para hijos bien encaminados, Samuel

Publicado en los navegantes

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