Taller familiar 129

Taller familiar
Samuel Clark
la enorme diferencia entre acciones y reacciones

Queridos Amigos:

Muchas personas no reconocen la diferencia entre acciones y reacciones. Por eso son víctimas de los resultados que nacen de éstas en vez de ser vencedores como fruto de aquellas. La diferencia es, en la mayoría de los casos, sencillamente que las acciones son fruto de los pensamientos en que buscamos hacer lo mejor, escogiendo la acción apropiada sin prisa y con el buen juicio. Por otra parte, las reacciones salen sin pensar mucho como respuesta a nuestras emociones, y el resultado, la mayoría de las veces, es una ofensa o comentario negativo y suele ser completamente egoísta. El amor AGAPE es fruto del Espíritu Santo quien nos guía por pensamientos positivos que buscan el bien de la otra persona o personas, mientras que las reacciones emotivas son expresiones de nuestro Yo enojado, auto justificaciones de nuestras emociones.

En el hogar necesitamos poner la norma de la comunicación basada en pensamientos positivos en vez de las dañinas reacciones carnales. Entre esposo y esposa necesitamos tener dos reglas muy sanas: escuchar antes de hablar sin pensar en lo que hemos oído, y luego sólo hablar lo que puede ayudar, edificar y bendecir a nuestro cónyuge. ¿Cuántas discusiones feas podríamos evitar usando estas dos reglas? Es así como el Espíritu Santo nos puede guiar. Romanos 8:5-7 dice:

“Porque los que viven según la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.”

Aquí vemos que no es sólo pensar antes de hablar sino pensar guiados por el Espíritu de Dios, como hijos de Dios (Rom. 8:14). Si llevamos “todo pensamiento a la obediencia de Cristo” (II Cor. 10:5) no vamos a hablar aquello que no agrada a Dios. Y este es el secreto del dominio propio en nuestras comunicaciones. El que ha estado pensando mal hablará mal sin pensar lo que está diciendo. El que ha estado pensando bien hablará cosas buenas que vendrán a su mente en los momentos de comunicaciones con su cónyuge.

Lo mismo sucede en las comunicaciones con los hijos. A veces creemos que la mejor manera de corregir a nuestros hijos es “mostrar carácter” con gritos, insultos, ofensas y enojo. Esto es sólo reaccionar; no es actuar con palabras que convencen por ser de una fuente de amor y el deseo de construir relaciones buenas para toda la vida. Recordando mis reacciones con mis hijos en los días de su niñez, veo que cometí muchos errores que no habría hecho si sólo hubiera pensado con amor y comprensión del punto de vista de ellos. Compasión y paciencia no son reacciones sino acciones bien pensadas con oración a Dios.

¿Qué es lo que causan las reacciones carnales? Cuando los demás no hacen lo que nosotros queremos que hagan (y cuándo queremos que lo hagan y cómo queremos que lo hagan). Detrás de cada reacción está nuestra propia voluntad, nuestro plan o nuestra forma de hacer las cosas que consideramos como “lo mejor”. Lo que nos ayudará es pensar con la luz de Dios en Su Palabra en lo que es la verdad divina. Pocos pueden pensar en las cosas de Dios rápidamente. Se necesita un tiempito para que el Espíritu de Dios nos pueda guiar por la Palabra del Señor.

Recuerden, lo que nosotros hacemos con nuestros hijos es lo que ellos van a reproducir naturalmente en sus propios momentos de fricción y disgusto con sus hermanos, sus compañeros en la escuela y los amigos en sus tiempos de juego. “La blanda respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira” (Prov. 15:1). Lo que sembramos en el hogar es lo que vamos a segar en las vidas de nuestros hijos en la escuela y en sus relaciones con sus amigos. Tenemos la oportunidad de sembrar cosas buenas por unos pocos años y luego ellos van a salir a reproducir lo que han visto y experimentado con nosotros.

Un hogar de mucho amor y comprensión es más fácilmente aprendido de nuestro ejemplo que de nuestras enseñanzas aun cuando sean la verdad. ¿Qué han visto y oído nuestros hijos a lo largo de su estancia en nuestra familia? Esta es la tragedia de nuestra cultura que ha dejado las normas de Dios para vivir egoístamente.

Quiero asegurarles que el Señor va a ayudarles a cambiar viejas costumbres malas y comenzar a sanar las comunicaciones si están dispuestos a aprender a disciplinar sus mentes para pensar positivamente. No hay otra herramienta tan poderosa como la meditación en la Palabra de Dios para sanar los pensamientos. El problema de la mayoría de los cristianos es que para meditar se necesitan unas buenas prácticas de oír la Palabra de Dios consistentemente – y no las tienen. Sólo podemos pensar en lo que conocemos y recordamos. Esto cuesta tiempo y el deseo de aprender de Dios. No va a llegar a nuestro corazón si no estamos oyendo, leyendo, estudiando y memorizando la Palabra del Señor con regularidad. Los buenos pensamientos no vienen sin estas entradas de la luz de Dios a nuestros corazones.

Una vez más vemos que siempre hay un costo para tener vidas guiadas por Dios. Decisiones de buscar a Dios implican una disposición de disciplinarnos en aquellas cosas que van a producir lo que necesitamos. Que Dios nos ayude a vivir de la manera que El puede darnos buenos pensamientos que van a cambiar nuestros hogares.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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