Taller familiar 38

Taller familiar
Samuel Clark
La Vida Familiar

Queridos amigos casados:

Se dice que una de las razones mayores para la sobrevivencia de la raza judía es el énfasis que tiene en la familia y el hogar. Creo que esto es cierto. Donde la familia florece, el fruto de la religión fuerte casi siempre resulta. También creo que el cristianismo no está siguiendo ese buen ejemplo de los Hijos de Abraham. Por ende la vida espiritual de las familias cristianas esta perdiendo no sólo fuerza sino que estamos perdiendo a los hijos al mundo y sus filosofías anticristianas, o a las doctrinas de la Nueva Era, religiones pseudo-cristianas, Islam o religiones orientales.

La batalla por la fe no será ganada en los templos sino en los hogares. ¿Me escuchan, amigos? Los hebreos aprendieron a basar su fe en actividades, disciplinas y cultos del hogar. Por esto han podido sobrevivir las crueles persecuciones, esclavitudes, destierros y la destrucción de sus dos templos y de la capital Jerusalen. Siguieron produciendo hijos creyentes y comunidades de creyentes dondequiera y en cualesquiera situaciones donde se encontraran. Las sinagogas no son templos. Son lugares para orar, oír las Escrituras y oír enseñanzas de sabios pero no para hacer el culto del Templo. De hecho, por 1900 años no ha habido un Templo ni Sumo Sacerdote ni rituales de su culto a Dios. Y siguen adelante.

¿Cuáles son los secretos de su vitalidad y fidelidad? En un libro llamado “Los Hijos de Abraham” he encontrado algunos puntos fuertes de los hogares hebreos. Pienso que nos podrían servir a nosotros, especialmente a los que son esparcidos por razones de su trabajo o que viven lejos de un grupo de compañerismo. Permítanme compartir estos puntos con algunos pensamientos acerca de cómo podemos practicarlos nosotros.

Primero, después de la destrucción del Templo y el destierro, los rabinos enseñaron a los desterrados a hacer de sus hogares pequeños santuarios donde Dios es adorado, obedecido y buscado. Ellos celebran los viernes al atardecer el SHABAT, el comienzo de su descanso del día sábado. El padre y la madre toman sus papeles en la ceremonia sabática con oraciones, alabanzas, una comida especial y una actitud de reverencia ante Dios. Esta ceremonia semanal ha hecho mucho para los judíos. Lo han hecho en culturas muy diferentes y hasta adversas, pero lo han hecho y les ha servido.

Ahora, no debemos imitarles en todo pero ¿por qué no insistir en tener un día de la semana, una ceremonia de quieta búsqueda de Dios con lectura de la Biblia, oraciones, unos cánticos sencillos y compañerismo en una comida especial de honra a nuestro Señor? Cristo dijo a la samaritana que Dios busca a adoradores en espíritu y en verdad, en cualquier lugar o tiempo (Juan 4:20-24) y que donde dos o tres se congregan en Su Nombre, allí está El (Mateo 18:20). !Tenemos la ventaja de poder hacer esto en nuestra propia casa! Pero, ¡cuán poco hacemos uso de estas verdades en nuestros hogares!

Piénsalo, amigo. Puedes hacerlo en tu hogar y tus hijos van a beneficiar tanto de la presencia de Cristo. Pero no lo hacemos por nuestro tren de vida, nuestro trabajo, nuestra falta de tiempo y nuestro cansancio — y perdemos la bendición. Y nuestros hijos crecen sin tener esos tiempos preciosos de comuni ón con El.

Ó yeme bien, amigo. No tienes que ser seminarista ni teólogo para adorar a Dios en tu hogar con tu familia. Cualquier pasaje ameno, cualquier historia de la Biblia, cualquier vistazo de Jesucristo en los Evangelios puede ser de enorme bendición si tú lo compartes con fe y reverencia. ¡Dios mismo hablará! Eso sí, tenemos que ser sinceros con la familia y junto con ellos buscar el perdón y la limpieza de Dios para gozar de Su comunión y no hablar cosas que no estamos dispuestos a vivir. Sí, nos exige más vivir así pero esto es el meollo del asunto: mayor compromiso con Dios en nuestro hogar.

Otro valor hebreo para el hogar era la experiencia de la paz, “Shalom”, en la familia. Los rabinos enseñaban que la ira en el seno de su familia “es como gusanos en el granero”. Dijo un sabio: “Un hogar con disensión no permanecerá.” Paz es lo que todos anhelamos cuando entramos en nuestra casa. Tal vez por esto muchos no frecuentan mucho sus hogares. Nadie quiere llegar a pelear o tener contenciones constantes. Entonces ¿por qué no hay más paz en nuestros hogares? La paz es fruto del Espíritu Santo. La obra de la carne es disensión, pleitos, gritería, ira, etc. La paz viene cuando oramos a Dios y le dejamos todas las decisiones en Sus manos. La paz es el fruto de la justicia – honestidad, integridad y santidad.

Un aspecto muy positivo en el hogar hebreo es el amor a los pobres, extranjeros o viajeros que llamamos “hospitalidad”. Hay mucha bendición de tener a visitas en la casa y compartir con otros lo que Dios nos ha dado. Nuestros hijos aprenden mucho de estas visitas. Dejemos que otros les enseñen. La hospitalidad es una costumbre que los hijos van a aprender y continuarán cuando ellos tengan su hogar. Así multiplicamos las bendiciones. Dios bendice a los generosos que comparten Sus bendiciones. Creo que es por esto que los judíos prosperan. Pocos sufren de la pobreza de otras naciones. El cristianismo primitivo enfatizaba esta virtud (Rom. 12:13; Heb. 13:2; 1 Pedro 4:9; Santiago 2:14-17; 1 Juan 13:17,18). Estas son las bendiciones que hacen que nuestro hogar sea un testigo de Su gracia.

Un problema grave de nuestros hogares modernos es que no hay tanto contacto con abuelos, tíos y familiares como en otros tiempos cuando todos vivían en sus ciudades natales (y a veces en la misma casa). Los padres deberían enseñar a sus hijos a respetar a los adultos, especialmente a los ancianos. Es triste ver hoy en día que muchas veces los niños tratan a los adultos como si fueran niños. ¿Cómo van a aprender de la sabiduría de los más viejos si no tienen contacto con ellos y no han aprendido a respetarlos?

Solamente lo aprenden si sus padres lo muestran a sus mayores en el mismo hogar. Creo que los niños y jóvenes modernos creen que son más sabios porque saben más que los viejos. Hay una gran diferencia entre “saber” y “ser sabio”. No he visto a muchos niños y jóvenes sabios, ni a muchos que creen que deberían ser sabios. Supongo que esto es porque sus padres tampoco son sabios ni buscan la verdadera sabiduría. Busquen las oportunidades de tener a los verdaderos sabios en sus hogares y hagan el esfuerzo de aprender de ellos, de las experiencias y lecciones que han tenido.

Bueno, amigos queridos, estos son algunos de los valores que nosotros podríamos aprender de aquellos hijos según la carne de Abraham, quien es nuestro padre por la fe (Gál. 3:29). Nosotros debemos aprender de ellos las lecciones de cómo criar a la familia en Dios. Lo malo es que nosotros los gentiles nos hemos hecho más discípulos de los filósofos paganos que de estos sabios creyentes en el Dios de sus antepasados. Hay mucho que aprender de ellos pero lo más crucial para nosotros es cómo tener hogares donde Dios mora con nosotros y es honrado, obedecido y conocido cada día mejor. Sólo así podemos “salvar a nuestros hijos” de las fuertes corrientes del mundo, la carne y el espíritu de desobediencia que reciben en casi todo lo que ven, oyen y aprenden fuera de la familia. Todo lo que podemos hacer para fortalecer a nuestra familia es de suprema importancia y necesidad hoy por hoy.

Consideren estos pensamientos y mediten en cuáles son buenos para sus familias y cómo pueden aplicarlos.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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