Taller familiar 64

Taller familiar
Samuel Clark
El Impacto de Nuestras Palabras

Queridos amigos:

Cuántas veces he oído testimonios de parejas que muestran el tremendo impacto de las palabras de nuestra boca. ¡Para el bien … o para el mal! Desgraciadamente, la mayoría de los testimonios han sido para el mal, aun en matrimonios y familias cristianos. He aquí un poco de estos:

No te amo. –––––––––––––––––––––––––––––––¡Nunca vas a cambiar!
Nunca te amé. ––––––––––––––––––––––––––––¡Buey!
No sé por qué me casé contigo. ––––––––——––¡Estúpido!
No te aguanto más. –––––––––––––––––––—–––¡Inútil!
Estoy pensando irme de esta casa. –––——––––¡Imposible!

Según los testimonios, algunos de estos comentarios habían sido entregados años atrás, pero siguen en las mentes como si fuera ayer. Estas palabras son ejemplos del mal uso de la lengua como se describe en Santiago 3:1-12. La esposa de Job dijo exactamente lo que Satanás quería decir a Job (Job 2:9 con Job 1:11 y Job 2:3). Nuestras palabras pueden ser mensajes del diablo.

“La lengua es un fuego…” (Santiago 3:6). Un enorme incendio forestal puede comenzar con una pequeña chispa. Hasta con la colilla de cigarro (Santiago 3:5). Tantos daños a la ecología, los recursos necesarios para la vida y la economía de muchas personas resultan de los incendios de bosque.

Se destruyen casas y otros edificios. Así es la lengua para destruir el amor matrimonial o familiar, porque quita la confianza necesaria para convivir en un hogar. Quita la esperanza de un cambio para el bien. Y aumenta el estrés y el temor entre los cónyuges e hijos, causando más problemas.

“La lengua es un mundo de iniquidad…” (Santiago 3:6). Un cosmos de pecado, un universo de malos pensamientos y emociones tan dañinos. Cuando la lengua no está bajo el control del Espíritu de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe y mansedumbre, es como un sol que no controla sus planetas que luego van chocando y causando desastres en el sistema. Las palabras no controladas sólo pueden cometer pecados – mentiras, blasfemias, maledicencias, griterías y otras obras de la carne. Miren cuántas obras carnales en Gál. 5:19-22 tienen que ver con las palabras (Efesios 4:25-31).

“La lengua es un mal turbulento…” (Santiago 3:8). Una mala tormenta, como huracán o tornado, es la idea. Son vientos fortísimos que destruyen casas, autos, camiones, aviones, y por supuesto matan a muchas personas y animales. El aire de nuestra atmósfera es casi invisible y no se siente … hasta que haya una tormenta. Así las palabras pueden ser tan calmadas y hasta bonitas, pero en un instante cambian a fuerzas tremendamente dañinas, increíblemente destructivas. La brisa fresca es agradable pero la tormenta es horrible para el que está en medio de ella sin protección. Así están los miembros de la familia ante los embates de palabras turbulentas.

“La lengua es lleno de un veneno mortal” (Santiago 3:8). Se dice que el veneno de una abeja o avispa en pequeñas cantidades no mata, pero si juntáramos el veneno de muchas, mataría a cualquiera. Por esto las abejas asesinas matan, pues, centenares de ellos atacan a un ser vivo, llenándolo con tantos piquetes que matan por fin al objeto de su ataque. Esta es una descripción del impacto de muchos comentarios como los de arriba, en el alma de un cónyuge o hijo.

Así que, la lengua y las palabras son “maldiciones” en vez de “bendiciones” (Santiago 3:10). La maldición es un cáncer en el alma que luego llega al cuerpo y a veces quita la vida. ¿Por qué queremos hacer el mal a alguien de la familia? Porque pensamos que él o ella nos ha hecho un mal y tenemos que pagarles. O no nos agrada lo que hacen. O pensamos que lo merecen porque no hacen el bien que “necesitamos”, o mejor dicho, lo que deseamos y requerimos para nuestro bienestar. Esto es egoísmo. Egoísmo es lo opuesto del amor. No es el odio ni la ira. Es simplemente lo que yo quiero, lo que yo demando.

Entonces, la solución de este problema es el amor AGAPE que busca primero el bien del otro. El amor va a usar palabras para bendecir a otros. Va a hablar para animar a otros. Va a ayudar, servir y dar gracia a los demás. Como el amor no se ofende con un mal que se ha hecho o dicho otra persona, siempre puede responder con algo positivo y edificante. Como el amor no busca lo suyo propio, puede dar a otros siempre lo que necesitan. Como el amor no es envidioso, puede decir cosas que hacen a otros felices y animados. El amor vence lo malo con el bien.

Las palabras que brotan del corazón lleno de amor (no la emoción sino la decisión de hacer el bien) son un cosmos de bien, ordenadas y funcionando para el bien. Son una brisa suave que enfría las emociones súper calentadas. Son un antídoto perfecto para el veneno que a veces sale en las relaciones familiares. La buena palabra es como una medicina, un perfume, una loción o un bálsamo agradable.

¿Qué diferencia habría si oyésemos y dijésemos estas palabras amorosas:

Te amo. ––––––––––––––––––––––––––––––––––¡No sé qué haría sin ti!
Gracias. ––––––––––––––––––––––––––––––––––¡Te necesito, mi amor!
Qué bueno que te ves. ––––––––––––––––––––––¡Qué bueno es estar juntos!

Aún a Dios le gusta oír estas palabras de Sus hijos.

Interesante, que aunque las malas palabras no se olvidan fácilmente, las buenas son más necesarias porque se tienen que repetir a menudo para no olvidarse. ¡Nunca nos cansamos de oírlas!

¿No les parece que es una estupidez enorme usar la lengua para lo malo cuando puede ser usada para tanto bien? Por qué no nos proponemos la meta de no dejar pasar un solo día sin usar nuestra lengua en formas positivas? Especialmente en el hogar. Si tenemos este propósito, es mucho más fácil controlar las malas palabras porque estaremos pensando el bien.

Recordemos que el Señor escucha cada palabra que decimos. No sé si El usa una grabadora de palabras, o qué es lo que hace, pero Cristo dijo:

“Yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36,37).

Si es así para los incrédulos en el día del Gran Trono Blanco de Juicio, ¿qué será para nosotros los cristianos en el Tribunal de Cristo? Ciertamente no la condenación, pero cuánta pérdida de las bendiciones que habríamos tenido si hubiéramos usado bien la lengua. Me parece que hay una fuerte amonestación aquí que debemos oír y atender con diligencia.

“Procurad con diligencia ser hallados por El en paz, sin mancha e irreprensibles”
(2 Pedro 3:14).

Amigos, es un asunto serio cómo usamos la lengua. Para el bien de nuestro matrimonio y familia, yo les exhorto a buscar la gracia de Dios para controlar la lengua y siempre usarla para el bien.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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