Taller familiar 66

Taller familiar
Samuel Clark
Tarde o Temprano, Tu Pecado Saldrá a la Luz

Queridos amigos:

La vida de los espías es una de alta tensión y mucho estrés porque viven una vida doble, o aún triple a veces. Una vez conocí a un hombre que era doble agente secreto. Recibía un pago en una tienda del mercado de Rusia y otro en una perfumería elegante de EUA. ¡Qué vida más difícil! Tenía que guardar cada palabra, acción y aún sus actitudes y los ojos porque le podían delatar en cualquier momento. Terminaría muerto.

La vida de un casado que está engañando a su cónyuge es igualmente estresante. ¡Cómo suda cada vez que suena el teléfono! Tiene que ser un actor que merece un “Oscar” para salir vivo de una doble (o triple) vida así.

Yo quiero asegurarles que no es posible engañar a otros, especialmente a los que nos conocen mejor, por siempre. Es más, la Biblia dice “…tened por seguro que vuestro pecado os alcanzará” (Núm. 32:23b). ¿Qué quiere decir esto? Que no es posible esconder el pecado por mucho tiempo. Siempre habrá una desliz, un descubrimiento, un momento cuando sale la verdad. La luz siempre vence a las tinieblas. Los que andan en las tinieblas para esconder sus pecados de repente son iluminados y se revela lo que son en verdad.

El pecado de David con Betsabé fue conocido y hablado. Los enemigos de Dios y de David blasfemaron a Dios por ese pecado que David trató de esconder por más de un año. El Salmo 51 no se escribió inmediatamente después del pecado sino cuando el bebé nacido del adulterio fue un niño y el profeta Natán fue enviado de Dios a descubrir toda su maldad.

Judas era un ladrón. Sustraía de la bolsa de dinero que era su responsabilidad antes de decidir entregar al Señor, pero nadie lo sabía. ¿Cómo? Robaba cuando los discípulos no lo veían. Pero no lo podía esconder de Jesús. El se lo revel ó a los once después de Su resurrección.

Tarde o temprano será descubierto el pecado de los que por años han engañado a casi todos sus conocidos. Un caso muy tempranero era el pecado de Ananías y Safira. El Señor reveló a Pedro que Ananías estaba mintiendo acerca del precio de una heredad vendida. Luego fue fácil deducir que Safira también estaba involucrado. La muerte súbita de estos dos engañadores y mentirosos debería aumentar el temor de Dios entre todos nosotros. Pero me parece que todavía muchos creen que pueden burlarse de Dios y engañar a su cónyuge. ¡Qué tontos son los que así piensan!

Si fuese castigado por Dios cada vida doble matrimonial tan rápidamente como en el caso de Ananías y Safira, ¿cuántos viudos/viudas habría hoy? Según las estadísticas, hay muchas vidas dobles entre “la cristiandad”, o sea, los que nominalmente dicen que son cristianos, y los que verdaderamente lo son pero eligen vivir en la carne. Sólo Dios sabe qué porcentaje de matrimonios hay en que por lo menos uno de los cónyuges vive la vida doble de un hipócrita. Ante el gran número de divorcios hoy en día, podíamos asegurar que este pecado de infidelidad ha roto muchos vínculos matrimoniales.

Yo esperaría que la incidencia entre los que leen estos Fundamentos es menor, hasta mucho menos, pero no puedo darme el lujo de creer que no haya hasta varios. Ya ha salido el secreto en algunos casos y se va revelando en otros. Recuerda que todos serán expuestos a la luz; si no ahorita, ciertamente después se aclarará todo. Es un hecho, porque es una promesa de Dios. Mi amigo Felipe Gray nos decía: “Dios no amenaza, El sólo promete.”

Puesto que es así, me voy a permitir prometer a cualquiera que está engañando a su cónyuge varias consecuencias, entre otras, de su pecado.

Una gran vergüenza más o menos pública, a veces un escándalo mayor que causa una profanación del Nombre del Señor y del grupo donde pertenece. Es inevitable que tales cosas puedan suceder sin causar tales resultados. ¿Por qué? Porque así no debe de ser; nuestro Señor Jesús nos mandó ser diferentes, especialmente en el matrimonio y hogar cristiano.

Un gran daño a las relaciones, no solamente del cónyuge engañado sino de las dos familias unidas por el matrimonio, la del esposo y la de la esposa. También un gran daño a los hijos. Miente y rechaza la luz aquel que dice que no va a dañar a otros con su infidelidad. Siempre es dañino, especialmente en la familia de la fe.

El que vive una vida doble por algún tiempo resulta incapaz de entregarse a otro en una manera saludable y fiel. Ya es parte de su personalidad. Este es el “auto-daño” que resulta de este pecado. El engañador casi siempre tiene que seguir engañando porque su carácter se ha contaminado con tantas mentiras que ya no sabe vivir la verdad.

Su vida espiritual se daña de tal manera que resulta sumamente difícil volver a ser lo que antes era. David fue un gran siervo de Dios, pero nunca fue igual después del episodio con Betsabé. Perdonado, restaurado, activo en el servicio de Dios pero cargaba con muchos problemas como consecuencia de sus pecados. Tal vez alguien me podría mostrar a algunos que aparentemente volvieron a Dios plenamente, pero me gustaría hacerles estas preguntas:

¿Valió la pena?
¿Está igual, peor o mejor en su relación con Dios y con otros?
¿Que aconsejaría a un joven atrapado en este pecado?

Amigos, escribo con el deseo de prevenir los malos resultados inevitables entre nosotros.

Recuerden, hay que pensar en las consecuencias antes de entrar en un acto pecaminoso. Y tal vez escribo para que alguno logre salir a tiempo de esta clase de vida de engaño. Si tú estás en tal embrollo y quieres salir, tienes que hacer esto:

  • -Reconocer que es un pecado contra Dios, su cónyuge y su familia natural y espiritual.
  • -Confesarlo ante Dios y las personas heridas y dejarlo inmediatamente.
  • -Conseguir la ayuda de uno o más amigos de gran confianza a quienes estarás dispuesto a rendir regularmente cuentas honestas.
  • -Mantener una vida devocional muy disciplinada para tener fuerzas espirituales para con la ayuda del Espíritu de Verdad no vuelvas a la vida doble.

Ojalá que nunca fuera necesario escribir esta clase de carta, pero un siervo de Dios tiene que obedecer a su Señor. He sentido Su guía en esta carta. Espero con todo mi corazón que sea de ayuda y muy “a tiempo”.

Abrazos, Samuel

Publicado en los navegantes

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