Aquí encontrarás varias obras de teatro, para representar con tus amigos y pasar un buen tiempo mientras aprenden más sobre la Palabra de Dios.
- +Obra #1: La Gran Alegría de Josué
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“La Gran Alegría de Josué”
Resumen:
Esta es una obra de teatro para 4 personajes. La misma nos deja una gran enseñanza sobre lo valiosa que es la familia y que debemos disfrutar lo que tenemos antes de que sea tarde y tengamos que lamentarnos por lo que hemos perdido.Autora: Nathalie Marin
4 Personajes:
1. Josué (anciano abandonado en el asilo)
2. Matilda (Bella joven que aviva el alma de Josué)
3. Martha (hija de Josué)
4. Narrador (voz en off)Acto I
Narrador: Un anciano de 63 años edad llamado Josué, se encontraba un domingo por la mañana sentado en el porche del viejo asilo de la ciudad, cuando de pronto sin razón alguna llega su hija Martha con afán y con denuedo, para hacerle una ligera pero misteriosa visita.
(Martha estaciona su auto cerca de la casa de Josué)
Josué: Pero, ¿Qué estará haciendo Martha por estos lares en un día entre semana?.
(Martha se aproxima a Josué)
Martha: Bendición papá, ¿cómo está?, ¿cómo sigue de salud?.
Josué: Bien hija, un tanto deprimido por esta soledad que me inunda.
Martha: Papá, pero si nos tienes a nosotros tus hijos.
Josué: ¡Sí, lo sé!, pero como ustedes me visitan nada más que dos veces al año.
Martha: Papá tú no sabes las ocupaciones que todos tenemos, que si llevar a los niños a la escuela, preparar el desayuno, almuerzo, cena, más las largas horas en la oficina, y pare de contar.
Josué: Está bien hija, lo comprendo.
Narrador: Josué se entristece enseguida, y su hija sin prestarle atención alguna, se despide y se va rápidamente para sumergirse en los afanes cotidianos de la vida.Acto II
(Josué se levanta de su silla e inmediatamente se dirige a la capilla situada dentro de aquel asilo)
Josué: ¡Señor!, ¿dime qué puedo hacer para sanar este corazón que se ha marchitado durante estos largos años?.
Narrador: Mientras Josué realizaba esta plegaría, justo a las afueras de la capilla estaba una bella joven llamada Matilda, dedicada al servicio de ayuda desinteresada al prójimo, la cual al ver el llanto imparable del desventurado anciano, decide caminar presurosamente para consolarle con un fuerte y caluroso abrazo.
(Matilda mira fijamente a Josué)
Matilda: ¡No temas dice el Señor!. Así que mi estimado, de ahora en adelante recuerda siempre estas palabras: Detrás de cada situación hay una bella bendición.
Josué: ¡Gracias bella joven!, por tan dulces y reconfortantes palabras.
(Josué inclina su cara y su dorso ante el Cristo en señal de agradecimiento a Dios)
Matilda: ¡Ven!, acompáñame a tomar un sabroso té de limón, es muy bueno para la digestión ¿sabías?.
(Josué sonríe ante Matilda).
Josué: ¡Que maravilla! no, no lo sabía, y muchas gracias por considerar a este viejo que hasta los dientes le duelen para hablar (Risas).
(Matilda se ríe muy sutilmente)
Matilda: Tranquilo, si algo he aprendido es que debemos disfrutar cada momento de la vida.
Josué: ¡Así es jovencita!, y que sabia eres para tan corta edad.
(Matilda conversa durante largo rato con Josué)
Matilda: Y cuéntame Josué, ¿tienes hijos?
Josué: Sí, tres, pero los veo solo dos veces al año.
(Josué coloca rostro de tristeza)
Matilda: ¡No te preocupes!, de seguro pronto vendrán a compartir contigo.
Josué: ¡Dios te oiga bella joven!Acto III
Narrador: Después de aquella tarde, Matilda se queda pensativa y decide prepararle una sorpresa a Josué.
(Matilda llama por teléfono a los hijos de Josué)
Matilda: ¡Hola!, ¿hablo con la familia Sánchez Montilla?
Martha: Sí, ¿quién habla?
Matilda: Hablo del centro hospitalario asilo para ancianos “Casa de Jesús”.
Martha: Ajá, dígame, ¿pasó algo?
Matilda: Es que queremos decirle que su padre está pasando por una situación muy difícil, y requerimos de la presencia de toda la familia.
Martha: ¡Oh por Dios!, ¡vamos para allá!
Narrador: Ante tales palabras, la familia de Josué solo podía pensar que se trataba de su estado de salud, y deciden comprarle una bellas rosas y contratar mariachis, a fin de hacer de sus últimos momentos un instante inolvidable.Acto IV
(Llegada de la familia Sánchez Montilla al asilo)
Matilda: ¡Hola! Bienvenidos.
Martha: ¡Hola! venimos a ver a nuestro padre, nos dijeron que estaba pasando por una situación difícil, y queremos despedirnos de él.
Matilda: Su padre no está muriendo, pero si está muy mal del corazón.
Martha: ¿Es muy grave?
Matilde: Les explico, el problema de su papá va más allá de lo físico.
(Los tres hijos inmediatamente colocan un gesto de tristeza en su rostro)
Martha: ¡Por favor, llévanos a verlo!
Matilda: Está bien, pero antes debo decirles algo: Su padre no está aquí.
Martha: ¡Que!, pero nos dijiste que estaba vivo.
(La familia Sánchez Montilla coloca cara de asombro)
Matilda: Tranquilos su padre está bien, lleno de mucha salud gracias a Dios, justo ahora está con la señora Juana en la cocina tomando el cafecito de la tarde.
Martha: Que susto nos diste, pero ¿por qué nos mentiste?
Matilda: A veces nosotros no aprovechamos ni valoramos a quién tenemos a nuestro lado, mas cuando perdemos a ese ser querido nos lamentamos por no haber compartido con él lo suficiente. Ahora yo les insto a todos que amen a su padre y compartan con él todos los días, como si fuera el último de su vida.
Narrador: Al escuchar detenidamente todas estas fuertes pero verdaderas palabras, la familia Sánchez Montilla se queda perpleja reconociendo a su vez la sabiduría expresada.
Martha: ¡Tienes toda la razón!, y muchas gracias por quitarnos las vendas de nuestros ojos, a causa de los inevitables afanes de la vida.
(Todos se miran e inclinan su cabeza abajo)
Matilde: No se preocupen, ¡Ahora es el tiempo perfecto de vivir!. ¡Josué! te buscan…
Josué: ¡Voy!
Narrador: Ante tan conmovedor momento, Josué cae de rodillas en llanto agradeciéndole a Dios Todopoderoso por la gran dicha de ver a su familia reunida nuevamente.
(La familia Sánchez Montilla se abraza)
Matilda: (mensaje al público) Estimados, después de lo visto y representado, los invito ahora a disfrutar del tesoro más preciado que Dios les ha dado, y que siempre será una perla irremplazable que les alumbrará y apoyará en todo su camino: “la familia”.
(Todos los actores se unen y realizan la avenía de gracias). - +Obra #2: El abogado
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El Abogado
teatro:/ 2000Resumen
Una historia de teatro basada en el pasaje de 1era Juan 2:1 «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.» Jesucristo el Justo».Personajes:
Abogado
Juez
Acusador
Acusada
Policía
SecretariaEscenario: Una sala de juzgado
Acción:
La sala está vacía cuando se encienden las luces. Entra el policía, y se sienta, entra la secretaria y acomoda su escritorio.
Policía: Buenas, joven.
Secretaria: Buenas, caballero.
Policía: Parece ser que hoy será un día tranquilo.
Secretaria: Si usted lo dice.
Policía: Digo yo, a lo mejor será un día bastante cansado.
Acusador: (Entra por la derecha. Se ve muy contento) Buenos días, dama, caballero.
Policía: Veo que esta usted muy contento.
Acusador. ¿Y cómo no lo voy a estar? Hoy es el gran día.
Secretaria: (Extrañada)¿El gran día?.
Acusador: Por supuesto joven, hoy es el día del gran juicio. El honorable juez tendrá a su cargo este juicio (Con fanfarronería) Y yo, claro está, me encargaré de acusar a cada uno de los que por esta sala pasen, para que les caiga todo el peso de la ley (Golpea el escritorio y se ríe cínicamente).La secretaria y el policía se asustan.
Secretaria: (Al policía) Que hombre más malo.
Policía: ¡Oh! no lo dude usted, a este abogado difícilmente se le van los juicios, todos los gana.
Secretaria: (Mira al acusador)
Acusador: (Esta en su escritorio acomodando los papeles, y en su rostro tiene una sonrisa, una sonrisa cínica).
Secretaria: (Mira al policía. Hace un gesto como preguntándose ¿Es verdad?)
Policía: (Asiente con la cabeza).
Acusador: (Mira el reloj) Vaya (Al policía) Disculpe caballero.
Policía: ¿Sí señor?.
Acusador: ¿No sabe usted cuándo comenzará el juicio?.
Policía: Pues no, nadie acá sabe, es más, yo no sabía que hoy sería el gran juicio.
Acusador: ¿Podría usted preguntarle al Señor juez cuando comenzare- mos este juicio?.
Policía: Sí, con gusto, ya regreso (Sale por la izquierda).
Secretaria: (Con un poco de temor) Y ¿Tiene mucho tiempo de estar en este tipo de trabajo?.
Acusador: (Vuelve a ver a la secretaria) ¿Me habla a mí?.
Secretaria: Sí señor.
Acusador: (Entre cínico y orgulloso) Claro joven, son muchos años de estar en estas lides, nunca, oígame usted, nunca he perdido un juicio.
Secretaria: Vaya, es usted muy buen abogado.
Acusador: Por supuesto, soy el mejor, no hay otro como yo, ni lo habrá.
Secretaria: Está usted muy confiado.
Acusador: Por supuesto, (Con orgullo) Creo en mí, soy mi propio dios.
Policía: (Entra de nuevo) Dice el señor juez que el juicio iniciará en el momento que él lo decida.
Acusador: Muchas gracias caballero.
Policía: Ah, y también dijo que no le molestara más. (Se dirige hacia la salida de la derecha).
Acusador: Se puede saber a donde se dirige usted caballero.
Policía: (Se vuelve) Le contestaré solo porque soy muy educado, de lo contrario, no me hubiese molestado en perder el tiempo volviéndome a responder. Para su información, me dirijo a las celdas, para traer al primer acusado, según órdenes que me dio el distinguido juez. (Sale del escenario).
Acusador: (Se sienta muy molesto).
Secretaria: (Se ríe disimuladamente).
Juez: (Entra por la izquierda) Buenos días.
La secretaria y el acusador se ponen de pie.
Ambos: Buenos días, señor juez (Se sientan).
Juez: Bien, comenzaremos con el juicio. Claro está, en el momento que llegue el primer acusado (Toma uno de los folders que tiene sobre su mesa y lo revisa).
Acusador: (Saca un folder lleno de papeles. Se ríe cínicamente).
Secretaria: (Lo mira muy asustada).
Policía: (Entra con la acusada y la sienta en la silla que está al lado contario de la mesa del acusador).
Abogado: (Entra acompañando a la acusada. Se sienta en su escritorio, pero no dice nada.
Juez: Bien (leyendo el folder) Ana Lorena Díaz Castro, no es así.
Acusada: Sí señor.
Juez: ¿De que se le acusa?.
Acusador: (Se pone de pie) Se le acusa de varios delitos.
Juez: (Al acusador) Usted hablará cuando se le indique que lo haga.
Acusador: (Se sienta, muy avergonzado) Sí Señor.
Secretaria: (Se burla disinuladamente del acusador).
Juez: Bueno, procedamos con el juicio. Escucharemos primero la parte acusadora y luego la defensa.
Abogado: (Observa en silencio la acción)
Acusador: (Se pone de pie, muy confiado y con altanería) Gracias señor juez. Bien, veamos, esta mujer ha cometido varios pecados muy graves que requieren ser juzgados con todo el peso de la ley (Abre el expediente) Bien, veamos, para empezar, quiero llamar como primer testigo a la misma acusada.
Acusada: Señor juez….
Juez: Silencio, por favor, proceda a obedecer la solicitud del señor Acusador.
Acusada: (Trizte) Si Señor.
Acusador: (Sonriéndo maliciosamente) Bien, bien. Veamos. Acá están todos los pecados que usted ha cometido. Que tal si hacemos un repaso de cada uno de ellos.
Acusado: Pero señor juez…
Juez: Silencio.
Abogado: (Sigue en silencio y observa detenidamente)
Acusador: Bien, remontémonos a 10 años atrás, usted era una niña de 5 años, y se robó una manzana de la verdurería de don Juan, ajá, después le mintió a su mamá diciéndo que se la habían regalado, ¡Que barbaridad! mentirle a la mamá.
Acusada: Pero señor juez.
Acusador: A los siete años le arrancó la cabeza una muñeca para que le compraran una nueva, engañando al papá, que terrible. A los diez años se pelió con una compañera en la escuela.
Acusada: Pero ella fue la que empezó, ella me empujó, y yo me caí.
Acusador: Sí, pero nada de eso hubiece pasado si no se hubiecen fugado de la escuela.
Acusado: (Inclina su rostro)
Acusador: Bien, a los doce se fue con varios compañeros para la casa de una compañera. (A la acusada) ¿Quiere que expecifique a que fueron, o solo lo dejo así?.
Acusada: (Apenada) No, déjelo así, no vale la pena decirlo.
Acusador: NO creo que no valga la pena, hay algunas bastante interesantes que ustedes hicieron en esa casa y ganas me sobran de mencionaralas.
Acusada: Sí, pero mejor no diga nada, ya bastante ha dicho.
Acusador: Pero si no he terminado, todavía falta más. Por ejemplo, cuando compraron licor a escondidas durante el baile de graduación de la escuela. O en el colegio, las fugas para ir al pool de la esquina, y no precisamente a jugar carambola, bola negra o pool. (Al juez) Bien Señor juez, hay más, pero creo que con esto basta para acusar a la mujer esta de cadena perpetua.
Juez: (A la acusada) Bien, que tiene que decir a su favor.
Acusada: Bueno, creo que no me queda más que declararme…
Abogado: (Poniéndose de pie) Inocente.
Hay un silencio total.
Abogado: La joven se declara inocente.
Acusador: (Se queda petrificado, asustado, ya no sonríe cínicamente, ahora está nervioso)
Abogado: Ella es inocente, si bien es cierto se le acusa de muchas faltas, pero ella ha pagado por esas faltas, yo mismo me he encargado que su fianza sea pagada, si usted leyó con detenimiento, el expediente dice que esta mujer ha sido absuelta de toda falta, y que el caso es caso cerrado y que nada tiene que estar haciendo este expediente acá.
Juez: Entonces ¿Por qué está este expediente en mi escritorio? ¿Se puede saber quién lo puso?.
Todos vuelven a ver al acusador.
Abogado: ¿Quién más que este tipo? Solo él, se ha dedicado a engañar, a mentir, robar, su único objetivo es destruir la vida de quienes vienen a esta sala de juicio, su corazón está lleno de odio y maldad. Muchos de los que han pasado por esta sala han sido encarcelados porque no se les dio otra oportunidad.
Acusador: Pero señor juez:
Juez: Silencio, no tiene autorización para hablar (Al abogado) Prosiga.
Abogado: Gracias. Como le decía su señoría, este hombre ha engañado por mucho tiempo a muchos. Es más, si revisa los demás expedientes, se dará usted cuenta que la mayoría de ellos son casos cerrados.
Juez: (Revisa los folders. En su rostro se dibuja un gesto de sorpresa y de indignación) No puede ser, es cierto. (Mirando al acusador) ¿Qué tiene que decir a esto?.
Acusador: (Nervioso) Bueno, este… yo… vea su señoría, es algo muy complicado, quizá si lo vemos desde un punto de vista, donde quizá se junten ambas situaciones, es donde podre- mos encontrar la respuesta, y entonces nos metemos por huequito y nos salimos por otro y yo digo hasta lueguito (Toma el portafolio).
Juez: (Enojado) Un momento, usted no va a ningún sitio. Es usted un sinvergüenza, un canalla, lo quiero ver en mi oficina terminado este juicio.
Acusador: (Asustado) Sí señor.
Juez: (A la acusada) Queda usted en libertad joven.
Acusado: (Feliz) Gracias señor juez.
Juez: Y este caso lo doy por cerrado y la corte entra en receso (Al Acusador) Ya sabe, lo espero en mi oficina. (Al policía) Se encarga usted de acompañarlo.
Policía: Se hará como usted ordene su señoría.
Juez: Bien, me retiro.
Secretaria: (Al acusador) Tiene usted razón, no hay nadie como usted, es único, pero mejor que usted, si hay (Y vuelve a ver al Abogado).
Acusador: (Se enoja)
Policía: Vamos caballero, que el señor juez le está esperando.
El policía y el Acusador salen por la izquierda,
la secretaria lo hace por la derecha.
Acusada: (Al abogado) Gracias, si no llega usted a tiempo, quizá ahora estaría de nuevo en la cárcel, gracias, no sabe cuan agradecida estoy, no tengo como pagarle.
Abogado: Tranquila, ya usted me pagó.
Acusada: ¿Cómo? ¿Si yo no le he dado ni un cinco?.
Abogado: El hecho de darme las gracias es mas que suficiente para mí, yo no busco dinero, ni tampoco que me paguen, lo único que busco es la gratitud de aquellos a los cuales he salvado de la cárcel, y que después de ser liberados se dediquen a vivir una nueva vida, dejando la vieja manera de vivir y convirtiéndose en nuevos hombres y mujeres.
Acusada: Nunca había escuchado a alguien hablar de esa forma, en su hablar veo más que simples palabras, veo amor, un amor que en este mundo no se puede encontrar ni comprar.
Abogado: El amor no se compra, ni se vende, tampoco se fabrica, el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, solo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Toma el portafolio y sale por la derecha)
Acusada: (Pensativa) El amor no se compra ni se vende, tampoco se fabrica, el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, solo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Mira hacia la derecha) Hey, espere (Sale por la derecha y se apagan las luces)FIN
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que
no pequeís; y si alguno hubiere pecado,
abogado tenemos para con el Padre, a
Jesucristo el Justo”.1era Juan 2:1
- +Obra #3: Ariel
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Ariel
teatro shalom adolescentes:/ 2002Resumen
Una obra de teatro que conduce al enfrentamiento con aquellos padres de familia que no le dedican tiempo a sus hijos. Ariel es la historia de Karina, cuyos padres están muy ocupados en el servicio de la iglesia y han olvidido lo más importantePersonajes:
Karina
Natalia (Ariel)
Alvaro (Papá de Karina)
Yolanda (Mamá de Karina)Escenario: La sala de una casa de habita-
ción.Karina: (Entra, viene del colegio).
Alvaro: (Está sentado en un sillón, hablando por teléfono) No Ramón, no se puede, vos sabés muy bien que no, no podemos darnos el lujo de gastar más plata en ese trabajo… Si, yo sé que es muy importante y que no podemos hacer cualquier cochinada, pero para un simple trabajo como ese gastar ya casi un millón de colones me parece que es una barbaridad…
Karina: (Saluda a su papá y se sienta a esperar que termine de hablar. Coge una revista y se pone a leerla)
Alvaro: No, ya dije que no… no insistás que no voy a cambiar de opinión… Mirá, mejor no sigamos, mañana hablamos en la oficina, quiero dormir tranquilo, así que mejor no sigamos con esto… Hasta mañana. (Cuelga el teléfo- no).
Karina: Hola papi.
Alvaro: Hola hija.
Karina: (Se pone de pie para darle un beso).
Alvaro: (No le da tiempo de hacerlo, toma unos papeles y sale por la derecha)
Yolanda: (Entra por la derecha, muy apurada, poniéndose unos aretes)
Karina: Hola mami.
Yolanda: Hola hija.
Karina: (También se le acerca para darle un beso, pero tampoco puede) ¿Vas a salir?.
Yolanda: Sí hija, voy a la casa de una amiga, me invitó a tomar café, y luego vamos a visitar a una hermana enferma.
Karina: ¿Y regresás muy tarde?.
Yolanda: No, no creo, más o menos a las ocho de la noche llego.
Karina: Ah ya.
Alvaro: (Entra con unos papeles, y se sienta en un sillón a revisarlos)
Yolanda: (A Alvaro) Bueno amor, ya me voy.
Alvaro: (Sigue revisando los papeles y la despide con un gesto de la mano).
Yolanda: (A Karina) Cuidate cariño (Y le da un beso en la frente y sale por la izquierda)
Karina: (A Alvaro) Papi, ¿podemos hablar?.
Alvaro: (Sin dejar de ver los documentos) Si es acerca de la adolescencia hablá con tu mamá o con tu líder en la iglesia.
Karina: No, no es de eso, solo quiero que me prestés atención.
Alvaro: (Deja de leer los papeles) Mirá hija, vos creés que yo estoy de vago para ponerme a hablar con vos. Tengo cosas más importantes que hacer, como para que me digás que tengo que hablar con vos solo por hablar.
Karina: Ah, pero cuando te llama el pastor o algún hermanito de la iglesia ahí si vas corriendo, porque ellos sí deben de tener toda tu atención.
Alvaro: Claro hija, son siervos de Dios y hay que estar prestos para ayudarlos.
Karina: (Molesta. Habla con un poco de ironía) Ya. Que bueno, de verdad me alegro. Y mejor no te interrumpo. (Toma el teléfono y marca. Espera unos segundos) Haló, buenas, con Natalia por favor. gracias… Haló, ¿Naty?, soy yo Karina… pura vida… Mirá, ¿estás ocupada?… Es que necesito que me ayudés con un trabajo… Que dicha, te espero en el centro comercial, en la heladería… Chao. (Cuelga el teléfono y se pone de pie y sale por la derecha)
Se apagan las luces y pasados 10 segundos se encienden de nuevo.Alvaro: (Sigue revisando los papeles).
Karina: (Entra con otra ropa, jeans, camiseta y tennis) Chao papi.
Alvaro: ¿A donde vas?.
Karina: Al centro comercial, quedé de verme con mi novio allí.
Alvaro: ¿Tenés novio?.
Karina: ¿Sí, pero como casi nunca me ponés atención, no te das cuenta de eso?. Hasta luego.
Alvaro: Quiero conocerlo.
Karina: (Sonriendo) Tranquilo papi, hoy mismo lo conocerás.
Alvaro: ¿Cómo se llama?.
Karina: Se llama Ariel.
Alvaro: Parece ser que es buena persona.
Karina: Sí, claro. Adiós (Sale por la izquierda)
Yolanda: (Entra por la izquierda) ¿No sabés para donde iba Karina tan apurada?.
Alvaro: Quedó de verse con Ariel en el centro comercial.
Yolanda: ¿Ariel?, ¿Quién es Ariel?.
Alvaro: El novio de Karina.
Yolanda: ¿El novio de Karina?.
Alvaro: ¿Cómo, vos no sabías que Karina tiene novio?.
Yolanda: No.
Alvaro: Bueno, entonces hoy lo conocerás, porque dijo que lo iba a traer.
Yolanda: Que barbaridad, ¿Cómo crecen de rápido?.
Arturo: Sí, tenés razón.
Se apagan las luces y después de 10 segundos se encienden de nuevo.
Yolanda: (Está leyendo una revista)
Karina: (Entra acompañada de Natalia) Hola mami.
Yolanda: Hijita, hola. (Se pone de pie y le da un beso en le frente) Y ¿Ariel?, tu papá me dijo que lo ibas a traer para que lo conociéramos.
Karina: Mami, ella es Ariel (Señala a Natalia).
Yolanda: (Sorprendida) ¿Qué?. Esto es una broma ¿verdad?, no puede ser, Karina vos no podés hacernos esto. (Sale por la derecha) Alvaro, Alvaro, vení, no vas a creer lo que está sucediendo (Después de unos segundos entra por la derecha acompañada de Alvaro. Toma fuerzas para hablar) Alvaro… te presento a… a… a Ariel (Y señala a Natalia).
Alvaro: (Sorprendido) ¿Cómo?.
Natalia: Mucho gusto señor.
Alvaro: (Molesto) Esto es inconsebi- ble.
Yolanda: Cuando las mujeres del grupo de damas se enteren de esto me van a señalar. Hay Dios no quiero pensar en eso, y mucho menos que llegue a oídos de las coordinadoras de AGLOW, y las que estamos en lo de la mujer agredida, no, no, no. Hasta dolor de cabeza me dio de solo pensarlo.
Alvaro: Y yo, cuando lo sepan los pastores, los diáconos, los ancianos, la fraternidad de hombres de negocios cristianos. No esto va a ser terrible.
Yolanda: (A Karina) Hijita, ¿No podés hacernos esto? ¿Qué hemos hecho para merecer tal cosa?.
Alvaro: Voy a hablar con tu líder, o mejor aun con el pastor de jóvenes para ver que pueden hacer por vos.
Karina: (Molesta) Ese es el problema, ustedes no quieren ver nada con lo que es mi crianza, siempre están ocupados atendiendo otras cosas y nunca tienen tiempo para escucharme. Siempre que tengo un problema es: “-Voy a hablar con tu líder o con el pastor de jóvenes para que hagan algo por vos-“. Ustedes son mis papás, a ustedes les toca criarme, no a los líderes y maestros de la iglesia. Ya estoy harta de ver que todo lo que tiene que ver con mi vida y que les corresponde a ustedes se lo encaraman a otras personas.
Alvaro: Karina, tené más respeto para tu madre y para mí.
Karina: ¿Respeto? ¿Cuál? si ustedes no se lo han ganado.
Yolanda: Hija, no digás eso.
Karina: Es cierto mami, ustedes no se han preocupado por mí. Y algo tenía que hacer para llamar su atención, y por eso hice esto.
Yolanda: Pero es que no es justo.
Karina: ¿Qué no es justo mami? ¿Te parece justo que yo también tenga que aguantarme su indiferencia y falta de interés en mi.
Alvaro: Pero ¿Acaso te falta algo?. Tenés una casa donde vivir, tenés comodidades que muchos jóvenes se las desean.
Karina: Sí, tengo comodidades, pero no tengo amor.
Yolanda: ¡Karina!.
Karina: Sí mami, yo no tengo amor por parte de ustedes.
Alvaro: Está bien, calmémonos un poco, sentémonos y tratemos de aclarar esta situación.
Karina: Vaya, al fin.
Yolanda: (Tratando de contener el llanto) Hijita, está bien que nosotros no te hemos demostrado amor, pero no tenías por qué buscarlo en otro lugar y de esa forma.
Alvaro: Tu madre tiene razón Karina. Está bien que nosotros te fallamos, pero no creo que merezcamos algo como esto.
Karina: (Vuelve a ver a Natalia).
Natalia: (La vuelve a ver).
Karina: (Asiente con la cabeza).
Natalia: Disculpen, pero me gustaría decir algo. Yo sé que no soy la más indicada para ustedes, pero a raíz de lo que ha sucedido creo que sí soy la más indicada. Mi nombre es Natalia, y soy la mejor amiga de Karina, yo la he visto llorar muchas veces porque no sabía como solucionar un problema, donde solo ustedes podían hacerlo. Yo lo único que podía hacer era consolarla porque no sabía como aconsejarla. Por eso me ofrecí a ayudarla en esto, porque creo que es la única forma en la cual podía llamar la atención de ustedes dos. No soy Ariel y tampoco soy lo que ustedes piensan.
Yolanda: (Secándose las lágrimas) Hija… yo quiero decirte… bueno.. tu papá y yo… nosotros dos quizá.
Karina: (Se acerca a su mamá y la toma de las manos) Mami, solo hay algo que quiero escucharlos decir.
Alvaro: Perdonanos.
Karina: No eso no es, es algo mucho más profundo.
Yolanda: (Mira a Alvaro)
Alvaro: (La vuelve a ver)
Ambos asienten con la cabeza se ponen de pie. Karina tambiénAmbos: Te amamos (Y la abrazan)
Karina: (Llorando) Hace mucho que no escuchaba de sus labios esas palabras, ya me hacía falta. Gracias, porque yo también los amo.
Yolanda: (A Natalia) Joven, muchas gracias por ayudarle a mi hija y por ser ese hombro en el que ella lloró por falta de encontrar consuelo en sus padres.
Natalia: No me lo agradezca a mi, agradézcaselo a Dios, y su Santo Espíritu, quien escuchó las oraciones que juntas hicimos para que esto se solucionara, yo simplemente fui un instrumento usado por Dios.
Alvaro: De todas formas, gracias Natalia, sos una verdadera amiga para nuestra hija.
Natalia: Con mucho gusto. Bueno, y ahora me disculpan pero ya es un poco tarde y no me gusta andar sola a esta horas en la calle.
Alvaro: Tranquila, yo te voy a dejar a tu casa.
Natalia: Muchas gracias. (A Karina) Bueno amiga, fue un placer ayudarte y me alegra que todo haya salido bien.
Karina: Gracias amiga, muchas gracias (Y la abraza)
Natalia: (A Yolanda) Bueno señora, hasta luego y disculpeme por el pequeño susto.
Yolanda: No Natalia, mas bien gracias. Y que pasés buenas noches.
Natalia: Igual. (A Alvaro) ¿Nos vamos?.
Alvaro: Claro, claro, ¿como no?. Vamos.
Natalia: Hasta luego. (Sale por la izquierda acompañada por Alvaro).
Karina: (Mira a su mamá, muy feliz).
Yolanda: Hija, yo…
Karina: (Le tapa la boca con el dedo índice) No digás nada (Y la abraza)Se apagan las luces.
fin
- +Obra #4: Nada puede separarnos
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Nada puede separarnos
Erika GC
ARGUMENTO
Por desobedecer a su padre, Rebeca sufre un feo accidente y se encuentra metida en problemas. Ahora está segura de que él la va a dejar de querer. No obstante, su papá está a punto de enseñarle una valiosa lección.
PERSONAJES
Rebeca
Papá
Niños
PRIMER ACTO
Rebeca, una niña de ocho años, se encuentra jugando a ls muñecas en la sala de estar de su casa. Hay juguetes regados por todas partes. En ese momento, su padre entra para darle los buenos días y hablarle.
Papá: Mira, Rebeca. Hoy no puedes jugar en la nieve.
Rebeca: ¿Por qué no, papá? Todos los niños del vecindario van a estar allá afuera.
Papá: Solo confía en mí, Rebecca. No es lo mejor para ti hoy.
Su padre se retira y Rebeca sigue jugando, hasta que escucha las risas de sus vecinos.
Rebeca: Uy, parece que se están divirtiendo.
De pronto, alguien toca a la puerta.
Niños: ¡Rebeca! ¡Sal a jugar!
Rebeca: No puedo, mi papá me dijo que no podía salir hoy.
Se escuchan los suspiros de decepción de los niños, seguidos de más risas y gritos. Rebeca mira hacia la puerta, dubitativa.
Rebeca: Bueno, ¡creo que no tiene nada de malo que vaya a jugar solo un rato!
Rebeca abre la puerta y sale de escena.
SEGUNDO ACTO
Tras pasarse la mañana jugando en la nieve con sus vecinos, Rebeca entra en casa, sonriente y colorada. No se ha dado cuenta de que sus juguetes continúan regados por el piso de la sala de estar. De pronto, la niña tropieza y cae al suelo, lastimándose la rodilla y empujando un mueble cercano. Una fotografía de su padre, enmarcada en un portarretratos dorado, cae al suelo y se rompe.
Rebeca la mira asustada y la recoge.
Rebeca: ¡Ay, no! ¡Es la foto favorita de papá! Si se entera de que la he roto, se va a molestar mucho, ¡apuesto a que dejará de quererme!
Con algo de esfuerzo, la niña se pone de pie.
Rebeca: ¿Qué he hecho?
Llorando por lo bajo, la pequeña sale de escena, sin dejar de mirar el portarretratos con angustia.
TERCER ACTO
El padre de Rebeca entra en escena, llamándola.
Papá: Rebeca, ¿dónde estás? Ven aquí, por favor.
La niña entra en escena, avergonzada y tratando de disimular el dolor de su rodilla.
Rebeca: ¿Papá? ¿No tenías que ir al trabajo?
Papá: Me he tomado el día libre. ¿Has visto la fotografía que tenía aquí?
Rebeca (triste): No sé.
Papá: ¿Estás segura?
Rebeca saca el marco roto tras la espalda y se acerca a él con arrepentimiento.
Rebeca: Aquí está, papá, perdóname. Salí a jugar con los vecinos y al regresar, sin querer me resbalé y lo rompí. Lo siento mucho.
Papá: Eso ya lo sabía. Te vi salir desde la ventana y escuché cuando te caíste.
Rebeca: (Sorprendida). ¿En serio?
Papá: Me tomé el día libre para pasar un tiempo especial contigo, por eso te dije que no salieras a jugar. Luego te vi caer y he estado esperando que me buscaras a mí para poder curar tus heridas y ayudarte. ¿No vendrás ahora?
Rebeca: Pero, papá, ¿cómo puedes ayudarme? Si te desobedecí. ¿Es que no has dejado de quererme?
Papá: Rebeca, querida, te quise antes de que nacieras. Eres mi hija y yo siempre te querré. Aunque a veces tus acciones tendrán consecuencias que podrías haber evitado, nada puede separarte de mi amor, igual que nada puede separarnos a nosotros del amor De Dios que es nuestro padre. ¿No es eso lo que te he enseñado? ¿Ahora por qué no vienes y me dejas ayudarte con esos moretones?
Rebeca sonríe y se dirige hacia su padre, que la recibe con un abrazo.
FIN - +Obra #5: A su imagen y semejanza
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A su imagen y semejanza
Erika GC
Descripción: Cansada de las burlas, Carmen piensa someterse a una peligrosa cirugía para mejorar su aspecto. ¿Sabrá escuchar un consejo antes de cometer un error?
Personajes: Carmen, Christian, Dr. González, Diana, Amigas de Diana
PRIMER ACTO
En un pasillo escolar, vemos a Carmen guardando sus libros. Ella es una chica delgada, sin muchos atributos y con personalidad tímida. Entran escena tres chicas vestidas de manera ostentosa, todas ellas parecen algo mayores debido a su maquillaje, ropa y zapatos de tacón.
Diana: Pero miren quien está aquí, es la fea de la escuela.
Carmen: ¿Qué quieres, Diana?
Diana: Ay Carmen, yo solo te estaba saludando. No tienes porque ser así. Yo no tengo la culpa de que seas tan poco atractiva.
Amiga 1: ¿Ya vieron esa cara? ¡Ni volviendo a nacer se te quita!
Amiga 2: Pareces tabla, ¡deberías ponerte implantes!
Carmen se mira a sí misma, con el ceño fruncido, mientras las chicas se alejan riendo. Entra en escena Christian, su mejor amigo.
Christian: No les hagas caso, Carmen. Tú sabes como son.
Carmen: Pero tienen razón, Christian. Mírame, ¡estoy plana y horrible! Así no voy a gustarle a nadie.
Christian: El físico tarde o temprano se deteriora, lo importante es lo que llevamos dentro. Tenemos que aceptarnos tal y como Dios nos trajo al mundo, Carmen. Recuerda que estamos hechos a su imagen y semejanza.
Carmen: Es fácil decir eso para ti, tú sí eres guapo.
Christian: No Carmen, lo digo en serio. Tú eres linda a tu manera. No ganas nada amargándote por algo que no puedes cambiar.
Carmen: Claro que puedo, yo tengo que arreglar mi exterior. Y ya sé lo que voy a hacer.
SEGUNDO ACTO
Christian y Carmen se encuentran ahora en un consultorio que no inspira confianza. El mobiliario se ve barato y hay algunas cosas desordenadas sobre el escritorio.
Christian: ¿Estás segura de querer hacer esto, Carmen? Escuché que este cirujano no tiene muy buena reputación, ¡ni siquiera se ve que tenga título!
Carmen: Es que es el único que puedo pagar. Ya estoy harta de que se burlen de mí.
Entra en escena un hombre vestido con una bata blanca.
Dr. González: Bueno Carmen, como te comenté por teléfono, podemos programar tu cirugía para mañana mismo. Traes el dinero, ¿verdad?
Carmen: Sí, aquí lo traigo. ¿Así nada más? ¿No tiene que revisarme antes, ni nada?
Dr. González (sonriendo arrogantemente): Descuida, yo sé lo que hago.
Carmen y el doctor se estrechan la mano.
Christian: Esto no me da buena espina…
TERCER ACTO
La cirugía está a punto de comenzar. Carmen se sienta en la camilla, ya con la bata puesta y duda.
Dr. González: ¿Qué pasa, Carmen? ¿Estás nerviosa? No te preocupes, dentro de nada ya verás como todo termina.
Toma una mascarilla con anestesia y al momento de querer ponérsela, Carmen lo detiene.
Carmen: ¡No! No quiero hacer esto.
Dr. González: ¿Pero qué dices?
Carmen se baja de la camilla.
Carmen: ¡Lo siento! ¡No puedo hacer esto! ¡No confío en usted!
La chica sale del consultorio y se encuentra con Christian.
Christian: ¿Qué pasó?
Carmen: ¡No puedo hacerlo! Tenías razón, Christian, no vale la pena. Debo aprender a aceptarme como soy y no arriesgar mi cuerpo de esta forma.
Los dos amigos se abrazan.
FIN
