Urgente necesidad de Salvación

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… he aquí ahora el día de salvación

2 Corintios 6:2

TU URGENTE NECESIDAD DE SALVACIÓN
por Dr. Kreighton L. Chan

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 9 de Noviembre, 2014

“He aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

Si estuvieras cara a cara con la muerte, pensarías solo en eso. Imagínate que tuvieras el virus de Ebola. Estarías desesperado en hallar un hospital. Tendrías miedo. Tu corazón palpitaría fuerte y rápido. Temblarías y sudarías de miedo. Y sentirías una gran urgencia de ser sanado.

Y estás en peligro ahora. No del Ebola sino del juicio de Dios. La Biblia dice: “Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmo 7:11). Él está airado con tu corazón pecaminoso. Él está lleno de ira por tus muchos pecados. Tú estás en peligro de ir al Infierno ahora mismo. Pero no tienes temor de Dios. No tienes temor de Su juicio. ¿Por qué no tienes temor? Es porque estás muerto espiritualmente. La Biblia dice que estás “muerto en…delitos y pecados” (Efesios 2:1). Tú puedes sentir miedo en tu cuerpo. Pero estando espiritualmente muerto, no sientes temor por tu alma espiritual. ¡En qué situación tan peligrosa te hallas! Nuestro cuerpo y esta vida son importantes. Pero solamente son temporales. En unos cortos años todos estaremos muertos. Pero tu alma vivirá para siempre. Jesús dijo:

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

Jesús dijo que temas a Dios y no temas al hombre. Él también dijo que nuestras almas son más importantes que nuestros cuerpos. Oh, haz lo mejor que puedas para cuidar tu cuerpo. Trata lo mejor de vivir una vida larga y saludable. Yo soy doctor en medicina. Y mi negocio es cuidar los cuerpos de mis pacientes. Pero también soy ministro del Evangelio. Y quiero decir: “¡No descuides tu alma eterna!” Créeme cuando digo que estás bajo la ira de Dios. Y tu alma está en peligro de ir al Infierno.

Y este Dios Todopoderoso está en contra tuya. Tú no puedes venir a Él para pedir misericordia porque Él está airado contigo. La Biblia dice:

“Pero vuestras iniquidades [pecados] han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro…” (Isaías 59:2).

¿Qué harás cuando estés de pie ante Dios? ¿Cómo podrás salvarte del enojo y la ira de Dios? Tú no puedes hacer nada. Estás en una situación sin esperanza. Pero lo que tú no puedes hacer, Jesús sí puede. El Apóstol Pablo dijo:

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo…os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”
(II Corintios 5:20).

Yo hablo por Jesús. ¡Sé reconciliado a Dios! Estar reconciliado con Dios significa que Dios ya no está enojado contigo. Significa estar en paz con Dios. Significa ser llevado cerca de Dios. Pecador, tú no tienes paz con Dios porque tu pecado lo enoja a El. Tu pecado te separa de Él. Pero Jesús te puede traer a Dios. Él puede hacer esto al ser tu sustituto. La Biblia dice:

“Al que no conoció pecado [Jesús], por nosotros [Dios] lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él [Jesús]” (II Corintios 5:21).

El pecador es hecho justo por medio de la fe en Jesús, y Jesús es hecho nuestro pecado. Jesús nos da Su justicia, y Él quita nuestro pecado. ¡Qué bendito intercambio! Nosotros recibimos estos grandes dones por medio de la sustitución de Jesús. ¡Pero con tan gran costo para Jesús! En Su pasión Él padeció la ira de Dios por nuestro pecado. Nosotros merecíamos los azotes. Nosotros merecíamos coronas de espinas. Y nosotros merecíamos ser clavados a la Cruz para morir por nuestros propios pecados. Pero Jesús llevó todo el enojo y la ira de Dios por nosotros. Las heridas de Jesús fueron hechas como un castigo por nuestro pecado. Oh, el amor de Jesús que trae esta gran salvación. ¡Esta es la salvación completa y gratuita! Pero te advierto:

“He aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

I. Primero, tú necesitas salvación del enojo y la ira de Dios.

Tú no sentirás la necesidad de la salvación que ofrece Jesús a menos que tengas algún sentido de la ira de Dios. Tú no buscarás ser salvo de una amenaza que no es real para ti. Oh, que las palabras del Apóstol Pablo te despierten a tu juicio terrible. Él escribió:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres” (Romanos 1:18).

Pecador, tú eres impío e injusto. Y Dios está airado y lleno de gran ira por tu pecado. Dios es perfecto y santo. La Biblia dice acerca de Dios:

“Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto”
(Deuteronomio 32:4).

Dios es el modelo de lo que es correcto y bueno. Y Dios exige que tú guardes su modelo para la perfección. El mundo no pone el modelo. Tus amigos y familia no ponen el modelo. Aún la gente mejor en el mundo no pone el modelo que Dios exige. Tú te consuelas porque piensas por dentro que eres bueno. Pero basas tu pensamiento en un modelo falso. Dios piensa que eres un pecador malvado. ¡Y Su opinión es la única que en realidad importa!

Muchos de ustedes saben que la Biblia dice que tu corazón es depravado. Pero no sientes nada de su fealdad. No aborreces la maldad de tu corazón. Lo que la Biblia dice de tu corazón para ti simplemente no significa nada. No te ha preocupado. En realidad no sientes que eres un pecador malvado. Entonces piensa en estos pecados malvados que salen de tu corazón depravado. Ellos muestran la verdadera naturaleza de tu corazón.

“Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3:5-6).

El enojo y la ira de Dios están sobre tí por estos pecados viles. Y hay muchos otros pecados que vienen de tu corazón que muestran su maldad. Está el pecado de no pensar nunca en tu corazón pecaminoso. Sí, eso es un pecado terrible. Está el pecado de rechazar a Jesús repetidamente cuando el Evangelio se te predica semana tras semana. Y luego están los pecados de poner a tu familia antes que a Dios y amar a los placeres más que a Dios. Estos pecados no te hacen un pecador. No, estos pecados muestran que eres un pecador impío. La mención de estos pecados debe avergonzarte. Al oírlos deberían convencerte de la gran depravación de tu corazón. Y Dios tiene razón de estar enojado y lleno de gran ira contigo. El Infierno espera a los pecadores que permanecen bajo la ira de Dios.

Yo hablé con mi madre la semana pasada. Ella estaba molesta por lo que yo dije en un sermón cuando dí mi testimonio. En aquel sermón yo dije que cuando era joven yo me sentía miserable, desesperado, y solitario. Dije que sentía un gran vacío en mi alma. Yo no conocía a Dios, y no tenía paz. Mi madre me dijo: “Me asustaste cuando dijiste eso. Yo pensé, ‘¿quién es esa persona?’ Ese no era mi hijo. Mi hijo era un niño bueno y feliz. Y él siempre ha conocido a Dios y a Jesús”. Ella me dijo: “Jesús siempre ha estado en tu vida. Tú has sobrevivido por las oraciones a Jesús”. Yo le dije: “Mamá, yo sé que Jesús me ha bendecido grandemente, pero en realidad yo no lo conocía personalmente. Yo creía en Dios y hasta había sentido Su presencia a veces, pero Él se sentía distante a mí”. Le dije: “Yo sabía que no estaba bien con Dios, pero no sabía por qué. Entonces cuando oí a mi pastor, Dr. Hymers predicar el Evangelio, sentí que yo tenía que tener a Jesús. Tenía que tener Su Sangre para lavar mis pecados. La experiencia fue tan poderosa y tan real para mí. El Espíritu de Dios me agarró y me llevó a Jesús. Mis pecados fueron lavados en la Sangre de Jesús. Fue solamente entonces que mi vacío y tristeza me dejaron. Sentí paz con Dios”. Pero mi despertamiento comenzó con la verdadera convicción de pecado. Si nunca sientes convicción de pecado, nunca experimentarás a Jesús en la conversión.

Y muchos de ustedes que están perdidos piensan igual que mi madre. Crees en Dios, y crees en Jesús. Pero no eres convertido. Ves muchas bendiciones de Dios en respuesta a la oración en tu vida y en las vidas de otros. Crees que Dios ha hecho un milagro al ayudar a “Los Treinta y nueve” a pagar el edificio – $16,000 al mes por 20 años. Crees en el evangelismo, en traer a jóvenes a la iglesia. Crees en y amas al pastor. Y tú lo apoyas y quieres que nuestra iglesia tenga éxito. Muchos de ustedes dan fielmente diezmos y ofrendas. Tú crees en nuestro ministerio del Internet y que es una gran bendición para mucha gente en todo el mundo. Te sientes bendecido por Dios de ser parte de nuestra iglesia. Y sientes como si la iglesia es tu hogar. Pero también crees que no eres tan malo. Piensas: “Yo no soy como la gente afuera de la iglesia que no hace tiempo para Dios”. Tú piensas: “Esta es mi iglesia, la ayudaré a crecer, y seré salvo algún día”. El Diablo te ha dado un falso sentido de consuelo. Y no te sientes pecaminoso. No sientes que Dios está airado contigo. Y así no tienes ninguna urgencia de ser salvo. Todas estas bendiciones serán una maldición para tí si te detienen de tener convicción de pecado. Algunos de ustedes hasta oran por avivamiento. Oras para que otros vengan a la iglesia y sean salvos. Pero tú no eres salvo. Y no tienes el peso de orar por tu propia alma. En cierto sentido tú sí eres parte de nuestra iglesia. Pero no tienes parte en Jesús. ¡Oh, amigos, están perdidos! ¡Están perdidos! ¡No estás convencido de pecado! ¡No sientes nada de la ira de Dios! Y yo te debo advertir. ¡Peligro! ¡El juicio viene! ¡Despierta! ¡Despierta!

“He aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

II. Segundo, tú necesitas la salvación ahora.

Muchos de ustedes usan la soberanía de Dios para consuelo en su pereza pecaminosa. Razonas que si Dios tiene que hacer todo en la salvación, entonces yo no necesito hacer nada. Pero esa es la actitud errónea que tomar. Sí, Dios es soberano. Y sí, la salvación es del Señor. Pero no debes permanecer espiritualmente dormido. Tienes que estar incómodo en tu pecado. Nunca recibirás la salvación de esa manera. En vez, la Biblia dice que te esfuerces para entrar a Jesús. Dice que seas violento por tu salvación. La salvación en Jesús tiene que volverse la cosa más importante en tu vida. Tienes que tratar la salvación de la ira de Dios con urgencia, o jamás vendrás a Jesús y ser salvo.

Tú necesitas la salvación ahora porque la ira de Dios hacia ti solo crece con tu tardanza. El Apóstol Pablo dijo:

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira” (Romanos 2:5).

El enojo y la ira de Dios ya están fuertemente en contra tuya. Pero lo más que demoras la salvación en Jesús, más pecas contra Dios. Y Su ira hacia ti crece más y más. Tu lugar en el Infierno solamente se pone peor y peor. Cada sermón que oyes sin confiar en Jesús trae más de la ira de Dios sobre ti. El enojo de Dios crece hacia ti cuando tú rehúsas pensar en la pasión de Jesús, Su muerte en la cruz, y la Sangre que Él derramó en la cruz por ti. Tu condición se empeora cada día que permaneces perdido y rehúsas venir a Jesús.

“He aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

Tú necesitas la salvación ahora porque tal vez el Espíritu de Dios nunca te vuelva a hablar. El Profeta Oseas dijo:

“Efraín es dado a ídolos; déjalo” (Oseas 4:17).

Oh, como menosprecias el Evangelio que es predicado a ti semana tras semana. Tú tratas el consejo que recibes en el cuarto de consejería como sin importancia. Y tú piensas ligeramente de cualquier convicción de pecado que recibes del Espíritu de Dios. Dios dejó a Israel porque ellos continuaron uniéndose a ídolos pecaminosos. Y el Espíritu de Dios te dejará a ti si continúas en tu rebelión pecaminosa en rehusar a Jesús. Y si el Espíritu de Dios nunca te visita otra vez, jamás podrás confiar en Jesús y ser salvo.

“He aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

Tú necesitas la salvación ahora porque te irás al Infierno cuando mueras. La Biblia dice:

“Y en el Hades [el Infierno] alzó sus ojos, estando en tormentos” (Lucas 16:23).

El hombre rico vivía solo para los placeres de su vida y no pensaba en su alma. Él no pensaba nada de su pecado. Y no pensaba en Jesús. Él ha pasado los últimos 2,000 años en el Infierno lamentando su descuido pecaminoso. Y tú, igual que el rico, no tienes temor del Infierno porque no tienes un sentido de la ira de Dios. Si sintieras que mereces el Infierno por tu depravación pecaminosa, buscarías urgentemente la salvación en Jesús. Tú no sientes la ira de Dios por tu pecado ahora, pero sí la sentirás en el Infierno. Oh, despierta y ven a Jesús ahora. No arriesgues despertarte en el Infierno donde será para siempre demasiado tarde para ti.

“He aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

Tú necesitas la salvación ahora porque tardar solamente hará más difícil que confíes en Jesús. Piensa en las muchas razones por las que esto es. Resistir la convicción del Espíritu Santo de Dios endurecerá más tu corazón. Hará más fácil que la próxima vez resistas la convicción de pecado. Pronto ya nunca experimentarás la convicción de pecado. El Evangelio se volverá una cosa común. Y tú lo apagarás completamente de tus pensamientos. Algunos ya hicieron esto. ¡Qué fácilmente entonces el Diablo podrá arrancar el Evangelio de tu corazón! Por demorar la salvación en Jesús algunos ahora sienten que estar perdido no está tan mal. Te has acostumbrado a ello. No te importa ir al cuarto de consejo vez tras vez. Ves como demorar te ha endurecido. Y algunos por tardar se han llenado de tal incredulidad que ya te has dado por vencido de ser salvo. Oh, tú necesitas la salvación ahora antes de que te quedes endurecido sin esperanza y perdido para siempre.

Tú necesitas la salvación ahora porque tal vez nunca tendrás otra oportunidad de confiar en Jesús. La Biblia dice:

“No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día” (Proverbios 27:1).

Con tu tardanza en venir a Jesús te jactas de otro día y otra oportunidad de venir a Jesús. ¡Qué insensato! No tienes idea de lo que sucederá mañana mucho menos el próximo Domingo. Estas jugando con tu alma eterna. Y perderás. Dios te ha dado este día para venir a Jesús. No lo desperdicies. No asumas que tendrás otro día para venir a Jesús. Muchos en el Infierno pensaron que tendrían otro día para venir a Jesús. Pero estuvieron equivocados. Y ahora ya es demasiado tarde para ellos. No hagas el mismo error. Ven a Jesús ahora.

Algunos de ustedes sienten que no pueden hacer nada para obtener la salvación. Cada vez que tratas fallas vez tras vez. Perfecto. Estás medio correcto. Sí, ríndete de ti mismo. ¡Pero no te rindas de Jesús! Él es tu única esperanza. Ahora como pecador inútil convencido Jesús te puede salvar. Nunca tendrás tu corazón preparado perfectamente. Quizá nunca estés más preparado de lo que estás ahora. Y al tardar, arriesgas perder tu alma. Tú necesitas a Jesús. Tú lo necesitas ahora. Echa a un lado tus dudas. Echa a un lado todos tus temores. Ven a Jesús como eres. Ven a Jesús ahora.

Jesús murió en la cruz y derramó Su Sangre para lavar tus pecados. Él resucitó [en] carne y hueso del sepulcro para darte vida. Él está en el Cielo a la diestra de Dios. No te quedes bajo la ira de Dios. ¡Escapa a Jesús! Arrójate sobre Él. Él te recibirá. Él lavará tus pecados en Su propia Sangre. Amen y Amen.

Doctrina de Salvación – Samuel Perez Millos (2-6)

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