«No soporto a mis padres»
Cualquier tipo de relación -amistad, familia, amor…- pasa siempre por altibajos. Hay momentos en los que estamos genial y, de repente, sentimos que no soportamos a esas personas. Seguro que también te ha pasado con tus padres alguna vez. Has tenido buenos momentos pero ahora vuestra relación no pasa por el mejor momento y es difícil hasta hablar con ellos. Sientes que no los soportas.
La relación padres e hijos es muy compleja, ya que se experimentan sentimientos ambivalentes de intenso cariñó y rechazo en otros. Ellos o uno de ellos fueron a los primeros que idealizaste y que para ti eran perfectos, pero que luego al llegar a la juventud descubriste que también tenían sus defectos.
La relación con los padres se describe siempre en términos de idealidad, sin embargo, en algunos casos tienen una relación muy compleja, donde una simple diferencia de caracteres puede hacer que no tengan un buen nivel de afinidad.
Los padres educan a sus hijos intentando hacerlo lo mejor posible. Sin embargo, son humanos y también cometen errores. Algunos de esos errores pueden dar lugar a carencias afectivas en la niñez, vacíos emocionales que perduran en la etapa adulta si el hijo no ha elaborado ese dolor interno.
Si estás en la adolescencia, entenderás que es una etapa especialmente compleja, porque intentas posicionarte ante tus padres buscando la reafirmación de tu propia identidad. Sin embargo, al mismo tiempo, eres consciente que eres dependiente de ellos a quienes necesitas realmente.
Aunque estás en un periodo de tu vida muy positivo para desarrollar tu personalidad, también se producen esas situaciones contradictorias en un momento que todavía careces de habilidades sociales que te hagan proveedor de ideales firmes y de la capacidad de concentración necesaria para hacerles frente y saber reaccionar bien.
Normalmente el rechazo que manifiestan algunos adolescentes hacia sus padres se debe a algo que les ha disgustado, es un enfado, una disconformidad ante un hecho, aunque pueda parecer un malestar general. No es un odio al progenitor, pese a que así puedan manifestarlo verbalmente, es un disgusto ante un suceso para el que no tienen ni saben gestionar las habilidades suficientes con las que hacerle frente.
El adolescente, por norma general, apostará más por la confianza de un amigo que la de un padre. Con el amigo podrá desahogarse, exponer sus problemas encontrándose al mismo nivel…, sin ser juzgado ni recibir críticas que le hieran. En esa etapa ocurren ciertos aspectos psicológicos a raíz de las relaciones y reacciones que se tienen con los amigos que afectan a su evolución.
No es un aspecto generalizado, pero existen adolescentes que ante sus inseguridades y falta de estabilidad emocional, pueden vivir enfrentamientos con sus padres. Veamos algunas de ellas:
– Escasas o excesivas muestras de cariño – Muchas veces los padres siguen ejerciendo ese rol sobreprotector como cuando sus hijos son pequeños e indefensos. El adolescente se encuentra en una etapa de descubrimiento personal y necesita espacio para fortalecer el autoconcepto y autonomía propios. Por el lado contrario ignorarle o despreocuparse tampoco es positivo para él. El joven necesita su lugar, claro, pero no sentir que sus opiniones y sentimientos no cuentan ni importan.
– Poca comunicación – Dar por hecho que el joven está bien o simplemente no va a querer hablar, son posturas cómodas y poco arriesgadas para un padre. En ocasiones, por miedo y desconocimiento, los padres prefieren no hablar con el joven y lo único que logran es que se vaya instaurando más distancia entre ambos.
– Asalto a su mundo – Tanto el espacio físico como el personal, son necesarios para el adolescente. La privacidad es un tema al que da mucha importancia. Instaurado en su zona de confort física y emocional se siente cómodo, seguro y puede ser él mismo. Atosigarle o invadir ciertas parcelas de su vida, no permitirá que el hijo adolescente vea como una persona de confianza a sus progenitores.
– Ambiente hostil – Si el adolescente se ve inmerso en un hogar donde impera un clima de hostilidad y discusiones constantes, su salud emocional se verá dañada. Esto provocará que intente estar el menor tiempo posible cerca de su familia y disminuya su consideración hacia ellos. Una de las dos partes siempre será la que tenga menos justificación para él, si llega a verla como el culpable.
Si eres consciente que estás sintiendo un rechazo hacia tus padres, por estos o algunos otros motivos, y de verdad quieres cambiar la situación, entonces lo que te propongo a continuación es para ti, no es lo que tus padres tienen que hacer, es lo que tú como hijo e hija tienes que hacer hoy sin perder tiempo. Si estás de acuerdo, sigue leyendo:
– Diles cómo te sientes de verdad. Aunque te pueda costar bastante, es importante reunir valor y ser sincero. Hablamos de que les cuentes cómo te sientes si algo de lo que hacen te hace sentir mal, de que no te parece bien o qué te parece injusto. Pero ¡ojo! ¡Ten cuidado! Todo esto debe ser hablado sin gritar o exagerar la situación pues, en esos casos, perderías toda la razón. Para ello, elige un momento en el que estés sosegado, poco nervioso y veas que pueden controlar la situación. Si te resulta más fácil escríbeles una carta y que la lean juntos.
– Pregúntales tú también. Para mejorar las relaciones familiares y que tus padres te dejen “tranquilo” debes demostrar que tienes la suficiente madurez para que no estén encima de ti. Esto significa hacer lo que tengas que hacer sin que te lo repitan mil veces, hablar de cómo te sientes con sinceridad y también preguntarles “¿Qué tal estáis? ¿Qué habéis hecho hoy?”. Esta es una forma de que ellos se sientan queridos y se relajen en lo que respecta a las relaciones contigo.
– Haz el esfuerzo y propón un plan junto. Relajar tensiones a veces pasa simplemente por relajarse haciendo una actividad. Yendo de excursión, de senderismo, a comer fuera o al cine. Olvidándose de las cosas que pueden separarnos. Aquí es necesario esfuerzo por las dos partes pero tú puedes proponerlo. También podéis meter diferentes planes en una casa y sacarlo al azar. Sí, sabemos que no son tus colegas pero venga… Pasar un día de ocio con tus padres no te matara ![]()
– Cambia la visión sobre ellos. Cuando te acercas a una persona pensando que “no la soportas” es difícil hacerlo de buenas maneras. Igual pasa con tus padres si te acercas pensando: “van a ir contra mí” o “no puedo llevarme bien con ellos”. Esto es un ejercicio mental para cambiar la forma de enfrentarte a ellos. Quizás puedas tirar de un buen recuerdo que tengáis juntos o mirar una foto bonita antes de ir a hablar con ellos. Cambiar la mentalidad os ayudará a todos a cambiar de actitud.
– Sé agradecido. Al igual que cuando nos imponen algo sacamos lo peor que llevamos dentro, cuando recibimos algo bueno por su parte, debemos ser agradecidos y DAR las gracias. ¡Qué difícil es, a veces!. Piensa en algo que puedas agradecerles, más allá de sus defectos, reflexiona con el corazón para comprender todo lo que hacen por ti a lo largo de su vida.
– Perdona sus errores. No solo tus padres han podido decepcionarte a ti en algún momento, sn humanos. Tú también has podido decepcionarle en otros. Por tanto, libérate del peso del rencor por medio del perdón que nace del amor. Ellos son la raíz de tu vida, una referencia constante para ti. Por tanto, no puedes ser feliz dando la espalda a tus orígenes.
– Ten humildad. Muchos hijos comprenden muchos de los comportamientos de sus padres justo cuando ellos forman su propia familia y descubren en primera persona las dificultades y los miedos de esta responsabilidad familiar.
– Abraza a tu padres. Tal vez el rechazo te ha llevado a desarrollar corazas. Sin embargo, el poder de un abrazo es tan fuerte que debilita cualquier muro que hayamos creado.
– Intenta tener empatía en lugar de juzgarlos. La diferencia de edad, la diferencia generacional, marca una circunstancia concreta en esa relación, tus padres han vivido y experimentado circunstancias en su vida que hacen que sus observaciones sean distintas a las tuyas. Los tiempos y las generaciones cambian, pero hay principios estables que no cambian.
Los padres también pueden aplicarse esta lista, aunque con ellos hay cosas más específicas que deben hacer como padres que son, pero eso lo reservamos para cuando sean ellos los protagonistas de este tema, hoy el protagonista eres tú.
«No soporto a mis padres»
Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos que todos padres e hijos nos podemos identificar como hijos frente a Dios, porque Él nos creó y Él se presenta como el Padre.
Podemos ver también que el rechazo de los hijos hacia los padres está presente en muchas ocasiones a lo largo de toda la Palabra de Dios, y eso es así porque es algo que heredamos y transmitimos a las nuevas generaciones.
La Biblia le llama pecado, y comenzó con el rechazo de Adán hacia Dios en el huerto del edén. Sí, allí Adán rechazó a Dios buscando otra fuente de sabiduría, desobedeciendo lo que su creador le había dicho y aquello causó que el rechazo fuera generalizado en toda la raza humana. Rechazamos porque es una manifestación del pecado que llevamos dentro.
El pecado hace que rechacemos a Dios, y el pecado hace que en algún momento sintamos rechazo los unos de los otros, aún dentro de las relaciones familiares, así lo dice la biblia.
Salmo 53:2-3 “Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido Que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; No hay quién haga lo bueno, no hay ni aun uno.”
Dios que no quiere ni puede ser indiferente a esta situación, nos ofrece el perdón de nuestros pecados, la desaparición de ese rechazo que sentimos y desea restaurar esa relación con nosotros y para ello hizo esto con su hijo Jesús a favor nuestro:
Isaías 53:6 “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
Isaías 53:3-12 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”
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