No tienes que afrontarlo a solas.

🆘 ¿Estás pensando ahora mismo en hacerte daño o en quitarte la vida?

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Quizá ahora mismo sientas que nadie puede entender lo que te está pasando.

Puede que estés cansado/a de luchar, que hayas perdido la esperanza, que el dolor sea demasiado grande o que estés pensando que desaparecer sería la única manera de dejar de sufrir.

No queremos juzgarte ni darte una respuesta fácil. Queremos escucharte.

No tienes que ordenar tus pensamientos antes de hablar. Tampoco necesitas saber explicar exactamente qué te ocurre.

Puedes empezar simplemente diciendo:

«No estoy bien y necesito que alguien me escuche.»

Hablar no te hace débil

Pedir ayuda no significa que hayas fracasado.

Tampoco significa que te falte fe.

Cuando una persona está atravesando una crisis, necesita compañía, seguridad y ayuda. Buscar ayuda profesional también puede ser una forma de cuidar la vida que Dios nos ha dado.

¿Qué puedes hacer ahora?

No te quedes solo/a.
Busca a alguien con quien puedas estar y dile cómo te encuentras.

Habla.
No necesitas encontrar las palabras perfectas. Empieza por contar cómo te sientes.

Déjate acompañar.
Permite que alguien esté contigo mientras atraviesas este momento.

No tienes que resolver hoy toda tu vida.
Solo necesitas dar el siguiente paso.


«Mi alma está muy triste, hasta la muerte.»
Mateo 26:38

Hay momentos en los que el dolor puede hacernos pensar que algo está mal en nosotros.

Quizá te preguntes:

«¿Por qué me siento así?»
«¿Qué me está pasando?»
«¿Será que me falta fe?»
«¿He hecho algo que ha provocado todo esto?»

Tu sufrimiento no significa que hayas fallado ante Dios.

Jesús conoció también la angustia, el miedo y una tristeza profunda. En Getsemaní no escondió lo que estaba viviendo. Lo compartió con sus discípulos:

«Mi alma está muy triste, hasta la muerte.»

Jesús no trató el sufrimiento como una señal de que una persona era culpable o tenía menos fe.

Cuando sus discípulos preguntaron si el sufrimiento de un hombre era consecuencia de su pecado, Jesús rechazó esa manera de entenderlo:

«No es que pecó este, ni sus padres.»
Juan 9:3

Puedes estar sufriendo sin ser culpable

Estar triste no significa estar lejos de Dios.

Sentir miedo no significa que hayas perdido la fe.

Necesitar ayuda no significa que seas débil.

Y pedir ayuda profesional no significa que estés dejando de confiar en Dios.

A veces, cuidar nuestra vida significa precisamente reconocer que necesitamos que otros nos ayuden.

Dios no te pide que escondas tu dolor

Puedes acercarte a Dios tal como estás.

No necesitas aparentar que estás bien para hablar con Él.

Puedes llorar.
Puedes reconocer que tienes miedo.
Puedes decir que estás cansado/a.
Puedes incluso no saber qué decir.

Dios no se aleja de ti porque estés sufriendo.

Y nosotros tampoco queremos alejarnos.

Queremos escucharte, acompañarte y ayudarte a encontrar el siguiente paso.

Tu dolor no te hace menos valioso/a.

Tu dolor no te hace culpable.

Y no tienes que llevarlo a solas.


Quizá no seas tú quien está pasando por este momento, sino alguien a quien quieres.

Tal vez te ha dicho que no quiere seguir viviendo, que no puede más, que quisiera desaparecer o que estaría mejor muerto/a.

O quizá no ha dicho nada, pero algo en su comportamiento te preocupa.

No necesitas estar seguro/a de lo que está pasando para acercarte y preguntar.

Acércate

No necesitas encontrar las palabras perfectas.

Puedes comenzar simplemente:

«Te noto diferente y me preocupa cómo estás.»

«¿Quieres contarme qué te está pasando?»

«Estoy aquí para escucharte.»

Y si lo consideras necesario, puedes preguntar directamente:

«¿Has pensado en hacerte daño o en quitarte la vida?»

Preguntar directamente no significa poner una idea en la cabeza de la persona.

Puede ser precisamente la oportunidad que necesita para poder hablar de algo que hasta ese momento estaba viviendo en silencio.

Escucha

Cuando alguien está sufriendo, no siempre necesita que encontremos una solución inmediatamente.

A veces necesita encontrar a alguien que pueda permanecer a su lado y escuchar sin juzgar.

Escucha antes de aconsejar.

No minimices lo que siente.

No le digas que «tiene que ser fuerte», que «hay personas que están peor» o que «todo se arreglará».

Tampoco conviertas ese momento en una discusión sobre su fe.

Puedes decir:

«Entiendo que ahora mismo estés sufriendo mucho.»

«Gracias por habérmelo contado.»

«No tienes que pasar por esto solo/a.»

Si te dice que está pensando en quitarse la vida

Tómalo en serio.

No prometas guardar el secreto.

No dejes sola a la persona si existe un peligro inmediato.

Busca ayuda y permite que profesionales preparados intervengan.

Acompañar no significa que tengas que resolver tú la situación.

Significa ayudar a que esa persona no tenga que afrontarla sola.

Y si eres cristiano/a…

Puedes orar con ella si lo desea.

Puedes recordarle que Dios la ama.

Puedes acompañarla a buscar ayuda.

Y puedes seguir estando a su lado.

La fe y la ayuda profesional no son caminos enfrentados.

Dios puede servirse también de personas preparadas para cuidar, escuchar y ayudar en momentos de sufrimiento.

«Sobrellevad los unos las cargas de los otros.»
Gálatas 6:2

No tienes que hacerlo todo tú

Si estás acompañando a alguien que sufre, recuerda que tú también necesitas apoyo.

Busca personas con las que puedas compartir lo que estás viviendo y no cargues tú solo/a con una situación que necesita una red de ayuda.

Acompañar es estar cerca.
Cuidar es pedir ayuda cuando hace falta.


La crisis puede haber pasado, pero no tienes que afrontar solo/a lo que viene después.

Haber pedido ayuda es ya un paso importante.

Quizá sigas sintiéndote triste, cansado/a, confundido/a o sin saber qué hacer. Es posible que el dolor no haya desaparecido.

No esperamos que todo se solucione de repente.

Ahora puede comenzar otro camino: el de dejarte acompañar.

Sigue hablando

Busca personas con las que puedas hablar de lo que estás viviendo.

Continúa, si te lo han indicado, con la ayuda de los profesionales que te estén atendiendo.

No tengas miedo de decir que vuelves a sentirte mal.

Pedir ayuda una segunda vez también es pedir ayuda.

No tienes que hacerlo todo solo/a

Hay momentos en los que necesitamos que otros caminen a nuestro lado.

Familia, amigos, profesionales, personas de confianza…

Y también una comunidad que pueda escucharnos y acompañarnos.

Si quieres, podemos caminar contigo

Somos una iglesia.

Creemos que Dios está cerca de quien sufre y que ninguna persona debería tener que esconder su dolor para acercarse a Él.

Si lo deseas, podemos:

Escucharte.
Sin juzgarte ni intentar darte respuestas rápidas.

Acompañarte.
Estar cerca mientras atraviesas este momento.

Orar contigo.
Solo si tú lo deseas y en la manera que te ayude.

Ayudarte a encontrar apoyo.
Porque acompañarte también significa reconocer cuándo necesitas ayuda profesional.

No queremos sustituir a quienes pueden ayudarte.

Queremos caminar contigo mientras encuentras y recibes esa ayuda.

Un paso cada vez

No tienes que saber ahora cómo será mañana.

Hoy puede ser suficiente con haber pedido ayuda.

Mañana podremos dar otro paso.

Tu vida importa.

Y no tienes que caminar solo/a.

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