¡¡Bienvenido al club de los incomprendidos!!
Quienes tenemos ya una edad, seguro nos recordamos de aquel dibujo animado que se llamaba “calimero”, que siempre decía “soy un incomprendido”, y también esa frase “Que solo estoy!!! Qué triste me siento!!! Mi existencia es vacía y no tengo amigos… no tengo a nadie!!!
Seguro que a veces te ves diciendo cosas como “no era mi intención” o “nunca pretendí hacerte sentir así”. Sientes que haces y dices las cosas teniendo en cuenta a los demás antes que a ti pero aun así los malentendidos siguen ocurriendo. Una y otra vez.
La vida es demasiado corta como para preocuparse de las personas que eligen no ver toda la grandeza que tienes. Mantén la cabeza alta y deja que seas tú quien defina quién eres.
Tú eres responsable de lo que dices, no de lo que otros entienden. Si deciden no entenderte es su problema. Tú sigue siendo la mejor versión de ti misma que puedas ser y no tengas en cuenta a la gente que decide malinterpretarte. Alguien que no es capaz de esforzarse por entenderte no te merece.
No pierdas el tiempo intentado justificarte ante personas que están dispuestas a malinterpretarte.
Sentirse incomprendido lleva consigo una soledad y somos propensos a deprimirnos, tener sentimientos de tristeza, desgana, angustia insoportable…
A veces ni nosotros mismos distinguimos con claridad cuál es nuestro estado anímico en ese momento, como para intentar explicarlo a alguien. Lo que sí sabemos es que necesitamos que nos apoyen y no que nos culpabilicen.
Te presento a una mujer que le pasaba esto mismo, pero quizá sea tu caso como soltero.
“Mi problema es que últimamente no encuentro mucho sentido a lo que hago y cada vez que se lo cuento a mi marido me consuela quitándole importancia pero eso no hace que desaparezca. No suelo contarlo porque no quiero preocupar a nadie y me gustaría resolverlo sola. Además no sé a quién puedo decírselo si preocuparlo y que me escuche y comprenda.
Incluso mi marido, si continúo mal, me dice que le doy demasiada importancia y que lo tengo que asumir.
Yo me dedico a pintar, hago murales en muchos lugares, soy pintora e ilustradora. Además hago de profesora de mis hijos de 9 y 15 años ya que estudian a distancia y hago todo el trabajo de casa. Mi marido no está mucho en casa.
Yo soy una persona muy entregada en todo lo que hago y me encanta hacerlo así, me motiva mucho, me apasiono con todo pero no suelo ver recompensado mi trabajo y todo cuanto hago parece que pocos lo ven.
Mis hijos son los únicos que lo expresan.
Últimamente me siento bastante fracasada y como si nadie me valorase.
Yo soy muy activa artísticamente y subo a mi Instagram y Facebook mis trabajos cada día, pero tampoco en eso veo muchos frutos.
Estoy empezando a pensar que tal vez mi trabajo sea bastante mediocre y me gustaría saberlo para no sentirme así y encontrar una solución.
Tampoco sería para tanto, casi lo preferiría a estar haciendo algo toda mi vida que nadie disfruta ni le saca partido.
Para mí sentirme útil es algo bastante importante.
Bueno, muchísimas gracias por su atención.”
Seguramente te sientas identificada o conozcas personas identificadas con este testimonio, como decía J.Narosky “La incomprensión, más que la posibilidad de comprender, es la imposibilidad de sentir”.
Estas personas en las cuales podemos vernos reflejados nosotros en algún momento, son personas que están a punto a dar el salto que transforme sus vidas, un salto hacia su felicidad, un paso que les llevará a reafirmar quienes son de verdad. Pero tienen miedo. Más bien, les han infundido más miedo del que tienen y les bloquea por completo.
Desde pequeños, empezamos este viaje llamado vida, queriendo satisfacer siempre a nuestros padres, a la familia. Queremos sacar las mejores notas posibles para que se sientan orgullosos de nosotros, queremos ser los mejores en todo lo que nos propongamos, para oír por parte de nuestros progenitores: “Que orgullosos estamos de ti”.
Pero hay situaciones, en las que el resultado no es el deseado.
Aunque nuestros padres, siempre quieren lo mejor para nosotros, con toda su buena intención, ven con malos ojos, que nuestros deseos profesionales o personales, vayan por otro camino diferente, al que la sociedad, podría denominar, como “normal”.
Estamos buscando nuestra felicidad, lo que sentimos que tenemos que hacer y decir, cosa que no habíamos hecho hasta entonces. En esos momentos, nos encontramos ante un camino que se bifurca en dos, por un lado tenemos el camino, que la sociedad “recomienda” y por otro, el que el corazón, nos dice que tenemos que tomar.
A eso hay que añadirle, que hemos pasado por mil y una situaciones que no teníamos que haber vivido, todo por no expresar lo que sentíamos de verdad.
Muchos han estudiado, carreras que sabían que no les llenarían, sólo porque sus padres se lo habían recomendado. Y había que tenerlos contentos.
Otros en trabajos, que sabían que no llegarían a nada, porque su sueño estaba en otra parte. Tenemos miedo a expresar quiénes somos y queremos de verdad. Todo por el qué dirán.
Y cuando lo expresamos, la “sociedad” nos pone en evidencia, nos intenta avergonzar para que esa idea que tenemos, la desechemos lo antes posible.
“¿A dónde vas? Eso es imposible, jamás lo conseguirás. No tienes ningún conocimiento de eso, ¿para qué lo intentas?, Nunca sucederá…” O comentarios peores que seguro te habrán dicho a ti.
Ante estos augurios, ¿Quién quiere dar el primer paso? NADIE. ¿Tan difícil es que entiendan que quieres sentirte viva, con energía y creativa, que quieres tener un trabajo con mayor libertad para diseñar el estilo de vida que deseas?
No lo sé, pero… O estás loca o el mundo se ha vuelto loco.
Veamos el testimonio de una joven con sus padres, cuando se ha vuelto “loca”, porque quiere dejar de sentirse incomprendida:
“Así que llegas tú, toda emocionada y con dudas a la vez, le dices a tus padres..
«Estoy pensando que quiero dejar mi trabajo»
¿Por qué?- dice tu padre
«Porque no me siento a gusto. Ya no me gusta lo que hago.
¿Pero si lo elegiste tú?, ¿Si te gastaste un montón de dinero en la carrera?, ¿Si tienes un sueldo decente? Además, es un puesto bueno.
«Ya… pero no me llena, no va con mis valores»
¿Con tus valores…?», Anda, anda, déjate de tonterías que tienes niños pequeños a los que alimentar y la vida está muy mal.
Y te vas a tu casa, con la moral por los suelos, sintiéndote una fracasada porque quieres cambiar de profesión, porque quieres una nueva vida.
¿Te resulta familiar esta conversación?
Cambiar no significa que seas una fracasada, significa que vas evolucionando y que cada etapa de tu vida te pide una cosa. Si sigues a tu corazón es cuando conseguirás cosas maravillosas y dejarás de sentirte bloqueada y sin poder avanzar.
Cuando comienzas a sentir que los demás no te entienden, que no te comprenden por lo que estás pasando, no comprenden el dolor que está causando esta situación, es importantísimo PEDIR AYUDA.
Porque si no pides ayuda eso se convertirá en silencio. Y el silencio, en este caso, solo lleva al sufrimiento. Si tú no te sientes comprendida por tu familia o por los amigos no hablarás del tema y eso te llevará a no encontrar una solución positiva ni a que nadie te pueda ayudar y a que cada día tus pensamientos y sentimientos sean más difíciles de controlar.
Así que por favor, pide ayuda, invierte en ti, comparte tus experiencias, porque no estás sola.
¡¡Bienvenido al club de los incomprendidos!!
Cuando vamos a la Palabra de Dios, podemos ver a la persona más incomprendida de toda la historia y de toda la humanidad. Esa persona es el Señor Jesús
1 Corintios 1:22-24
22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría;
23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;
24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.
Si tú te acercas a la Palabra de Dios, puede ser por alguna de estas dos razones, buscas señales o buscas sabiduría, pero lo que te encuentras es a una persona que está siendo matada en una cruz, como un malhechor, y esto produce o tropezadero o locura en tu mente.
Es incomprensible aceptar esto en tu mente, es incomprensible que este Jesús crucificado tenga algún significado.
Y es por eso que en medio de esa “incomprensión”, aparece la luz del evangelio que pone orden, y pone claridad en lo que significa todo eso.
Si no te quieres quedar con esa incomprensión de la Palabra de Dios y del Señor Jesús, te invito a acompañarme y ver ese misterio:
