¿Cómo está tu memoria?

La memoria es lo que nos queda y lo que más ejercitamos cuando hemos perdido o estamos perdiendo a un ser querido.

Para hablar de recuerdos, tenemos que ver primero la memoria que es la parte en donde grabamos la información, haciendo posible recuperarla posteriormente. La memoria humana es la función cerebral resultado de conexiones sinápticas entre neuronas mediante la que el ser humano puede retener experiencias pasadas, y se clasifican, convencionalmente, en memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.

Los recuerdos son esas imágenes del pasado que se archivan en la memoria. Esos recuerdos nos sirven para recordar algo o a alguien. Así mismo, los recuerdos también se definen como una reproducción de algo anteriormente aprendido o vivido, por lo que están vinculado directamente con la experiencia.

Los recuerdos van relacionados con los tipos de memoria que tenemos:

Memoria a corto plazo – donde se encuentra toda la información que se ha tratado desde la última vez que se hizo la labor de mantenimiento o limpieza del sistema, es decir, desde la última que se durmió el tiempo suficiente para realizar dicha labor, y el grado de conservación o estado de la información dependerá del tiempo mencionado y, por supuesto, de la capacidad fisiológica o genética de cada individuo.

Memoria a medio plazo – aquí mantenemos la información lo más ordenada posible y ello nos llevará, seguramente, a tomar muchos datos que no podemos ordenar en el momento pero que se almacenan para tratarlos y ordenarlos posteriormente hasta conseguir un objetivo por ejemplo un examen y después lo olvida por completo.

Memoria a largo plazo – aquí mantenemos la información retenida meses o años, y sólo requiere de pequeños estímulos para mantenerla nítida en nuestro recuerdo. A modo de ejemplo puede valernos: el nombre de la ciudad donde nacimos, la imagen de la cara de un hermano o la voz de nuestro padre. Son datos de gran importancia personal, y la mente los guarda en un lugar especial del subconsciente. De modo que la memoria va por libre, ya que reside en el subconsciente, por lo que es difícil de controlar de manera consciente. No obstante, estudiando su funcionamiento y con la práctica y entrenamiento podremos llegar a dominarla… en un alto porcentaje de las ocasiones.

Además de los tipos de memoria que hemos descrito, también hay otros tipos de memoria mejor conocidos y que están relacionada con el tipo de recuerdos que hemos almacenado:

Autobiográfica. Involucra los recuerdos conscientes de eventos pasados. Existe un cuándo y un dónde lo aprendimos. Ejemplos: el viaje de estudios o cuando nos caímos de la bicicleta.

Facciones y caras. Incluye los recuerdos visuales. A veces es más fácil recordar caras que nombres. Ejemplo: si vemos una foto de nuestra clase de séptimo grado es muy probable que reconozcamos la cara de un compañero, pero es más difícil que recordemos su nombre.

Semántica. Es el conocimiento del significado de las cosas. No existe un dónde ni un cuándo lo aprendimos. Ejemplos: saber que Madrid es la capital de España, qué significa auto, cuchillo, o qué países pertenecen a Europa.

De trabajo. Es un tipo de memoria dinámica, a corto plazo u «online», de capacidad limitada. Ejemplo: marcar un número de teléfono instantes después de haberlo aprendido sin anotarlo.

Para objetos. Existen áreas cerebrales que se activan selectivamente cuando se presentan objetos y no otros estímulos. Una forma de evaluar ese fenómeno es pidiéndole al su jeto que discrimine entre objetos de formas posibles y de formas no posibles. Siendo los objetos de formas no posibles los que no existen en una forma tridimensional.

El estudio de cómo falla esta función cognitiva ha ayudado mucho a conocer qué es la memoria realmente y cómo funciona. Al ser una función cognitiva tan compleja, puede verse afectada de diferentes formas y por diferentes causas. Por una parte, pueden producirse daños muy específicos debido a la doble disociación de los sistemas de memoria. Esto significa que se puede alterar un sistema, manteniendo otro intacto (por ejemplo, se puede dañar nuestra memoria a largo plazo, permaneciendo intacta nuestra memoria a corto plazo).

Por otro lado, la memoria puede alterarse a causa de una enfermedad neurodegenerativa (como las demencias y Alzheimer), por daño cerebral adquirido (traumatismos craneoencefálicos, ictus, infecciones y otras enfermedades), por problemas congénitos (como parálisis cerebral o distintos síndromes), por trastornos psicológicos y del estado de ánimo (como la esquizofrenia, o la depresión y la ansiedad), por el consumo de sustancias (drogas y medicamentos), etc. Además, también pueden encontrarse dificultades en algunos tipos de memoria en trastornos del aprendizaje como el TDAH, la dislexia o la discalculia.

El tipo de alteración de memoria más habitual consiste en la pérdida de memoria, como ocurre en el Alzheimer. Esta pérdida de la capacidad de recordar es lo que se conoce como amnesia. Las amnesias pueden ser anterógradas (incapacidad de incorporar nuevos recuerdos) y las amnesias retrógradas (incapacidad de acceder a los recuerdos pasados). No obstante, también puede darse una alteración en el contenido los recuerdos (confabulaciones o fabulaciones) o, incluso, hipermnesias. Las confabulaciones, características del Síndrome de Korsakoff, consisten en la invención involuntaria de recuerdos, rellenando con información incorrecta aquello que no recuerdan. Las hipermnesias, por su parte, consisten en el acceso involuntario a vívidos y detallados recuerdos, como ocurre en los flashbacks del trastorno de estrés postraumático, por ejemplo.

Medir el estado de nuestra memoria es de gran utilidad, para todas las áreas de nuestro día a día (escolar, trabajo, cuidado personal), mediante diferentes test se puede valuar y medir de forma eficaz la fiabilidad y habilidades de nuestra mente. Así también todas las habilidades cognitivas, incluidas la memoria, pueden ser entrenadas para mejorar su rendimiento.

La plasticidad cerebral es la base de la rehabilitación de la memoria y de las demás capacidades cognitivas. El cerebro y sus conexiones neuronales se fortalecen con el uso de las funciones que dependen de éstos. De modo que, si ejercitamos frecuentemente la memoria, las conexiones cerebrales de las estructuras implicadas en esta capacidad se fortalecerán.

Es imprescindible llevar a cabo un entrenamiento constante y apropiado para mejorar la memoria. Hay gran variedad de actividades interactivas, en forma de divertidos juegos mentales, que pueden realizarse mediante ordenador de tal forma que se puede ejercitar y crear rutinas de habilidades que nos lleven al máximo potencial intelectual de cada persona.

Vivir de los recuerdos en momentos concretos puede ser un gran momento para con nosotros mismos o para compartirlo con los demás. Es una manera de conocernos y darnos a conocer. Para la memoria, nuestros recuerdos son nuestra historia, y poder evocarlos es muy nutritivo,

puede ser reparador y también puede ayudarnos a reconstruirnos en ciertos momentos. Sacar provecho de nuestros recuerdos o vivencias pasadas convirtiéndolos en aprendizaje.

Sin embargo, muchas veces nos quedamos anclados ahí. Ahí es el pasado y esto es contraproducente en todos los sentidos. Cuando lo alargamos en el tiempo podemos experimentar sensaciones de manera frecuente, duradera e intensa relacionadas con la depresión: nostalgia, melancolía, desesperanza, tristeza, desánimo, desilusión, etc.

Porque el aferrarse a un recuerdo puede generar depresiones y, en casos extremos, hasta un ruptura con la realidad actual. Parece también bastante evidente que el aferrarse a los recuerdos de una etapa anterior dificulta de manera evidente la adaptación y el aprendizaje en las nuevas etapas y los nuevos retos que la vida nos brinda, llegando a producir inadaptación a la nueva situación por parte de la persona que practica este «anclaje» a los recuerdos pasados.

Podemos vivir en el pasado de dos formas diferentes. A algunas personas los sucesos vividos les perturban, mientras que otras viven echando de menos los momentos ya experimentados, conocer si estás viviendo de recuerdos, es posible si muestras algunas de estas señales:

– Cuando realizas un análisis de una o varias situaciones vividas de manera frecuente.

– En el momento que quieres cambiar lo que fue.

– Experimentas de manera constante emociones como la nostalgia, la culpa, la frustración, el dolor o la impotencia por algo que ya pasó.

– Tener la sensación de no pasar de página.

– Considerar que te pierdes momentos del presente, o directamente, no quieres experimentar según qué experiencias debido a las emociones a las que lo asocias por ya haberlo vivido anteriormente.

Vivir en los recuerdos pasados lleva a la mente a la trampa de vivir en la nostalgia, que es esa emoción que tiene que ver con el anhelo que experimentamos hacia situaciones, actitudes, rasgos, habilidades, experiencias pasadas, etc, y que, ahora no sentimos o no encontramos. Creemos que todo lo pasado fue mejor. Esto no es cierto, es un efecto que nos produce sentir nostalgia, una jugarreta de nuestro cerebro.

Uno de los problemas que experimenta una persona que vive de los recuerdos es que considera que su pasado siempre fue mejor que el presente o el futuro que le espera, produciéndole, además, sensaciones como la insatisfacción.

El exceso de nostalgia puede ser destructiva porque nos aleja de la capacidad que tenemos de valorar el presente y construir nuestro futuro. Por ello si esto sucede, lo primero que necesitamos hacer es ser conscientes e identificar que estamos escapando de nuestro presente. Esto quiere decir que estoy prestando atención al pasado o al futuro en otro caso, pero que habrá ocasión de tratarlo en otro artículo), por lo que será necesario hacer dos cosas:

– Trabajar ese recuerdo que me perturba. Aceptarlo, resignificarlo, poder evocarlo sin tanto movimiento emocional.

– Aprender a vivir en el momento presente gracias al entrenamiento de nuestra atención. Lo bueno de esto es que tú eres quien diriges a la atención, y no al contrario. Siempre y cuando te des cuenta y te esfuerces en dirigir ésta hacia el presente.

¿Cómo está tu memoria?

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos palabras y expresiones como “acordaos”, “recordad”, “haced memoria”, “traed a vuestros pensamientos”… , que nos transportan a momentos concretos de nuestra vida, para que consideremos quién es ese Dios que se presenta a nosotros.

Si hay un ejercicio en la Palabra de Dios para ejercitar la memoria, lo tenemos en Efesio 2:11-22

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Para conocer más de este ejercicio en la Palabra de Dios, te invito a acompañarme.

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