¿Eres de mar o montaña?
¿Sabías que el lugar que eliges de vacaciones demuestra tu personalidad?, porque con esa decisión estás entregando mucha información sobre tu personalidad.
Si se opta por la playa, por ejemplo, se está entre la mayoría. Eto es así porque más personas eligen la playa que las montañas y la elección depende en gran parte al tipo de personalidad. Es decir, habría una tendencia a que las personas sean mayormente extrovertidas que lo contrario.
Los que eligen mar tienden a ser más extrovertidos, prefieren espacios abiertos lo que incluye la playa y disfrutar de situaciones estimulantes, y requieren más de dos elementos indispensables en su desarrollo: «afiliación», es decir, «estar con y conversar con los demás»– y «exposición», o sea, «llamar la atención de otras personas y divertirlas», con entornos sonoros.
Mientras que los introvertidos se sienten atraídos hacia entornos con bosques y montañas, buscan zonas más tranquilas, porque ofrecen espacios de soledad y reflexión, y no requieren tanto de esas dinámicas
Por ello, la elección de las vacaciones -efectivamente- dice mucho en torno al perfil de las personas. Lo cierto es que los entornos naturales ayudar a cumplir con ciertas necesidades psicológicas que todos tienen.
Ciertamente, la visita a una playa o a un bosque no determina la personalidad, pero sí se puede asegurar que hay un efecto en el ser cuando se visita un área en especial. Algo hay en las montañas que atrae la tranquilidad de la mente. De igual forma, hay algo en la playa que nos invita a conectar con otras personas.
¿Qué no sabes que elegir?, quizá esto te ayude un poco, miremos que efectos hacen sobre nosotros el mar y la montaña.
Este es el efecto que el mar tiene sobre tu cerebro
El mar y el océano causan un gran impacto en nuestra manera de pensar, de sentir y de relajarnos.
Es bien sabido que nuestro cerebro está constantemente cambiando, incluso cuando se duerme o cuando creemos que tenemos la mente en blanco.
Es lo que se conoce como plasticidad cerebral: todo lo que experimentamos hace que nuestro cerebro (y nuestro sistema nervioso) cambie en tiempo real. Eso significa que no hay un momento en el que nuestra mente permanezca tal y como estaba un tiempo atrás.
Sin embargo, hay ciertas experiencias que modifican nuestra vida mental de un modo más consistente que otras. Es decir, que el tipo de cambios que introducen en nuestro cerebro son más reconocibles y uniformes. Es el caso de lo que ocurre durante la meditación o, por ejemplo, al sentir que estamos frente al mar o el océano.
Nuestra mente cambia cuando el mar nos rodea
Son muchos los poetas para quienes el mar ha sido un elemento de clara inspiración; Pablo Neruda, por ejemplo, siempre hacía referencia a esta gigantesca masa de agua en sus poemas. Y eso no es por casualidad: el mar causa un gran impacto cuando se ve, y permanecer en sus orillas o aguas durante un rato hace que la actividad de nuestro cerebro cambie mucho.
Veamos de qué manera nos influye.
1. Consigue relajarnos y salir del estado de alerta – El mar transmite una sensación de tranquilidad que se extiende por todas las partes del cuerpo. El sonido continuado y suave de las olas y la omnipresencia del color azul (que no solo aparece en el agua, sino también en un cielo que en el mar no aparece tapado por las montañas o los edificios) hacen que nos relajemos profundamente.
2. Facilita la meditación – Los estímulos visuales y sonoros relacionados con el mar y con el rumor del oleaje son muy característicos, y alteran la actividad de nuestro cerebro. Concretamente, potencian la aparición de ondas alfa, relacionadas con un estado de relajación y de poco esfuerzo en el que, sin embargo, la capacidad para gestionar el foco de atención no desaparece, algo que no ocurre durante el sueño.
3. Permite romper con la rumiación – La rumiación es ese círculo vicioso que sigue nuestro pensamiento cuando una preocupación nos obsesiona. Los entornos naturales como los bosques han demostrado ser buenas localizaciones por las que pasear para que la rumiación desaparezca, y lo mismo ocurre con el mar.
4. Genera bienestar de bajo coste- Experimentar la inmensidad del mar produce una curiosa forma de bienestar que nace de algo tan sencillo como atender a los estímulos relacionados con este tipo de parajes naturales. Se trata de una especie de efecto hipnótico en el cual podemos permanecer durante mucho rato y en el que, seguramente, nuestra herencia cultural juega un papel importante.
5. Potencia la creatividad – El mar, al facilitar la relajación y al proveer de un entorno sencillo compuesto por pocos elementos, facilita que nuestra creatividad se libere, haciendo que se conecten entre sí ideas que nunca antes se habían relacionado.
Ahora veamos los fascinantes cambios cerebrales que nos produce sumergirnos en la montaña o la naturaleza
No se necesita ser un experto para saber que las caminatas y el contacto con la naturaleza son unos estupendos relajantes para nuestras estresadas mentes. Simplemente te sientes más vital y más ligero mentalmente. Lo detectas enseguida. Esto es así porque primero, nos oxigenan. Si la respiración es más limpia y fluida, también los mecanismos cerebrales funcionan mejor. El cuerpo, y por supuesto el cerebro, se nutre de ese oxígeno limpio que puedes respirar en un bosque, por ejemplo.
A esto se suma que el propio ejercicio activa la circulación y con ello fortalece todos los órganos del cuerpo. Está probado que la actividad física genera cambios cerebrales positivos. Incrementa la producción de algunas hormonas benéficas e inhibe la segregación de la llamada “hormona del estrés”.
La National Academy of Sciences llevó a cabo un estudio sobre los cambios cerebrales que se producen cuando subes una colina. En principio, hicieron una encuesta. Entrevistaron a personas que hacía poco que se habían sumergido en la naturaleza de esta manera. Después compararon los resultados con los de otras personas que habían dado paseos por la ciudad. El resultado fue que los primeros dijeron sentirse en calma, mientras que en el segundo grupo la variedad de respuestas fue mayor.
Más adelante los científicos hicieron un monitoreo para detectar los cambios cerebrales que se habían producido entre quienes practicaban senderismo. Así pudieron comprobar que se presentaba una disminución del flujo de sangre en la corteza prefrontal subgenual de sus cerebros, después de realizar esta actividad.
Esto, traducido en términos prácticos, tiene varios significados. El más importante de ellos es que el cambio central se daba en una zona relacionada con los estados de ánimo. En particular, esa área de la corteza regula el mal humor y los sentimientos de preocupación y tristeza. Todo indica que subir a una colina disminuiría la activación de esa zona: no existiría un estado de irritabilidad o tristeza con el que nuestros cerebros tendrían que “pelear”.
En otro estudio se llegó a una conclusión relacionada. En este caso se estudiaron los cambios cerebrales que se producían entre personas que extendían su caminata por un medio rural durante cuatro días. Estas personas se desconectaban completamente de los aparatos tecnológicos. Al final se les sometió a todos a una prueba de capacidades intelectuales. El resultado fue que todos fueron capaces de obtener un 50% más de puntaje que quienes no hacían senderismo, especialmente en su potencial creativo.
En 2004 se hizo un estudio con personas que padecían el llamado “trastorno de déficit atencional”. Se le pidió a un grupo de ellos que subieran una colina. Después de hacerlo se comprobó que los síntomas del trastorno disminuyeron en intensidad y frecuencia.
Algo similar ocurrió con un grupo de personas que sufrían de demencia senil. Las caminatas por espacios verdes y en sitios altos, que exigen mayor esfuerzo, ejercían una notable influencia sobre su memoria. Todo parece indicar que este tipo de actividades incrementan la capacidad de concentración y la habilidad para retener información. En definitiva, todas las funciones intelectuales se ven enriquecidas con un simple paseo largo por una colina.
El senderismo también ejerce una buena influencia sobre el estado emocional. En un artículo del Journal of Environmental Science and Technology se indicó que solamente cinco minutos de paseo por un entorno natural tiene poderosos efectos sobre las emociones. Basta ese pequeño lapso para que se observen cambios en la autopercepción y la autoestima. Quienes hacen este tipo de paseos con regularidad tienen más confianza en sí mismos y les cuesta menos ejercer un autocontrol.
Lo mejor de todo es que prácticamente no necesitas nada para llevar a cabo este tipo de actividades. Solamente una ropa adecuada y llevar contigo agua. Además de propiciar magníficos cambios cerebrales, también te ayuda a tener mejor salud en general. Y si haces tus caminatas con amigos, mejor que mejor. Es un camino fácil y rápido para mejorar notablemente tu calidad de vida.
Visto así con estos detalles, ahora quizá pueda resultar más difícil elegir mar o montaña.
Nosotros cuando podíamos coger vacaciones teníamos siempre un lugar en donde podíamos disfrutar de ambas cosas, de esa forma compaginábamos un día montaña y otro día playa, y regresábamos como nuevos.
Ahora que no escucha nadie, te cuento que una vez, subimos una montaña de 3km llega de eucaliptus, era un aroma que invitaba a caminar, mi esposa embarazada de 7 meses, llevaba una velocidad que era imposible alcanzarla, varias veces le dije de parar, y hasta se enfadó un poco porque le hacía perder el ritmo. El porqué de mi retraso, te lo cuento otro día. Lo que sí le encantada era meterse en el mar porque decía que allí se sentía más aliviaba del peso y el movimiento del agua con el sonido de las olas, le relajaba mucho. ¡Cuántas cosas vienen a la mente!
Ambos sitios tienen su atractivo, y quizá con estos detalles aún te sea más difícil la decisión, pero si es así, prueba un sitio donde te ofrezca ambas y las pruebas.
¿Eres de mar o montaña?
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, no nos dice si debemos elegir mar o montaña para pasar nuestras vacaciones o para establecer nuestra residencia.
Pero sí vemos personas que vivían en ambos lugares, y personas con las mismas necesidades, de que La Palabra de Dios llegara a ellos, y por eso vemos al Señor Jesús que va recorriendo toda la zona en dónde se desarrolló su vida, buscando a esas personas, para llevarles la oferta del perdón de sus pecados y la vida eterna.
Hoy la Palabra de Dios ha llegado a ti para mostrarte a Jesús, porque este Jesús es…
Hechos 4:11-12 “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.
Ahora si quieres conocer más de este Jesús y lo que tiene que decirte, te invito a acompañarme:
