¿Sacrificarse por Amor?, ¿Vale la pena?

Sacrificarse por amor en un momento puntual es comprensible. Ahora bien, en el momento que se convierte en algo constante por parte de una sola persona, aparece el problema. Entonces, ¿Es lícito sacrificarse por amor?

La respuesta que a la mayoría nos viene primero a la mente es “no”. Son muchas las personas, como bien sabemos, que se suicidan emocionalmente, se desprenden de su identidad y su dignidad al dejar todo por el ser amado, convirtiéndose en otra cosa, vacía de valores y de esa autoestima que hasta no hacía mucho les definía.

En las relaciones de pareja, lo más importante es ser nosotros mismos. Es decir, deben conservarse nuestras actitudes, energías, sueños, ilusiones y aficiones. Aplicando ambos estas cualidades en un crecimiento juntos, avanzando en un mismo proyecto, donde hay nuevos descubrimientos y metas definidas.

Por ello, tanto cuanto hagamos por y para la pareja, tiene que ser por el bien de los dos, no para uno solo. Las concesiones continuadas, los desprendimientos, las barreras y los miedos vetan la felicidad y el amor. Reflexionemos en ello y seamos capaces de conformar vínculos más conscientes, maduros y felices.

Sacrificarse de forma constante en un intercambio desigual porque uno invierte mucho más que la otra parte, requiere un coste personal inmenso de recursos emocionales, económicos, de tiempo e incluso de salud, y es entonces cuando aparece el daño, el vacío, la frustración.

El sacrificio por cualquier motivo que se realice (agradar, buscar aprobación, evitar un enfado…), no es amor, lo que genera es dependencia emocional. Amar significa buscar el bienestar de la persona amada, en unas relaciones saludables que requieren siempre menos sacrificios y más compromisos. Si nuestra pareja es feliz, se siente realizada e ilusionada, su bienestar debe repercutir en nosotros.

Parece lo más contradictorio que hayas escuchado jamás, ya que el sacrificio tiene muy buena prensa y lo practican las personas más buenas del mundo, pero déjame explicarte un poco más.

Cuando nos descubrimos haciendo sacrificios, debemos preguntarnos ¿Qué obtengo yo con todo esto? O ¿Qué quiero obtener? y evaluar si es lo suficientemente valioso como para seguir haciéndolo.

Al vivir desconectados de nuestra verdadera esencia, creemos que estamos siempre carentes de dignidad, de cosas materiales, de afectos, etcétera. Y creemos que debemos estar siempre haciendo algo para alcanzar todo eso, no podemos observarnos perfectos tal cual somos y no tenemos la capacidad de amarnos y aceptarnos incondicionalmente. Por eso y por la culpa es que hacemos sacrificios.

Siempre que me sacrifico es porque estoy haciendo algo que en realidad «no quiero hacer», por ello es interesante investigar porque aun así, lo hago, si lo hago por la otra persona o por mí, por el que dirán, por cuidar mi imagen, por no sentirme culpable.

El sentimiento de culpabilidad (culpa de disfrutar un día en pareja sin los hijos, culpa de ganar más que el otro, culpa de ser feliz después de enviudar, culpa de tomarme un día libre después de tanto trabajo…) nos lleva a realizar sacrificios que no queremos hacer.

Recordemos que siempre que hacemos algo es porque queremos. Entonces dejemos de decir que es «un sacrificio que hacemos por el otro”, empecemos a llamar a las cosas por su verdadero nombre y a darnos cuenta que las cosas no «nos pasan” sino que somos nosotros los que hacemos que pasen, tenemos siempre el poder de elegir nuestras acciones.

Aunque es bueno saber que podemos elegir qué hacemos pero no las consecuencias que derivan de ello. Por eso debemos decidir sabiendo que con ello estamos eligiendo también las consecuencias que deberemos enfrentar.

¿Sacrificarse por Amor?, ¿Vale la pena?

Cuando vamos a la Palabra de Dios, lo que encontramos es el anuncio, la realización y las consecuencias de un “Sacrificio por Amor”. Y en este sacrificio Dios dice: “Vale la pena”. Vamos a personalizar esto:

El anuncio es que el mismo Creador de cielos y tierra, el Creador que te dio la vida, conociéndote como serías en el día de hoy, y la necesidad que tienes de ser perdonado y amado, decidió dejar su lugar celestial y venir a entregar en sacrificio su vida por ti, para que por el derramamiento de su sangre en la cruz, pudieras tener el perdón de tus pecados.

La realización de ese sacrificio, fue en la persona de Jesús de Nazaret, presentado el día de su nacimiento como el “Verbo de Dios hecho carne”, “Enmanuel, Dios con nosotros”, “Jesús porque Él salvaría a su pueblo de sus pecados”, “El cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, y por eso ÉL fue el sacrificio de Dios, para que la ira de Dios no nos alcance.

Las consecuencias son explicadas en este versículo, salvación si creemos, o condenación si no creemos. Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Si quieres conocer más de este sacrificio del Señor Jesús por ti, acompáñame:

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